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martes, 1 de abril de 2014

Góngora en http://centros2.pntic.mec.es/




1. INTRODUCCIÓN 
 Góngora y Argote, Luis de (1561-1627), poeta español, cima de la elegancia de la poesía barroca y modelo de poetas posteriores.
2. VIDA  
Nació en Córdoba en el seno de una ilustre familia y estudió en la Universidad de Salamanca. Recibió órdenes religiosas y en su juventud ya era bastante famoso puesto que Cervantes habla de él cuando Góngora sólo tiene 24 años. Obtuvo un cargo eclesiástico de poca importancia pero que le permitió viajar por España con frecuencia y frecuentar la Corte en Madrid. Se establece en esta ciudad y consigue que Felipe III le nombre su capellán. A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, en Góngora, ni la religión ni el amor, pese a algunas aventuras juveniles, ocupan un lugar importante en su vida o en su poesía. Parece que le domina un solo sentimiento, el de la belleza, pues el amor y la naturaleza, asuntos de los que trató con perfecto dominio, más que sentimientos en él aparecen como pretextos para la creación poética. Al final de su vida, agobiado por la deudas, se traslada a Córdoba, donde muere.
3. PERSONALIDAD CREADORA 
 Góngora tuvo en vida defensores apasionados y críticos implacables. El carácter mismo de su poesía haría que esta división de opiniones continuara después de su muerte y llegara aún a nuestros días. Los dos enemigos de más valer que tuvo fueron Quevedo y Lope de Vega, aunque contó con famosos partidarios como el conde de Villamediana o los humanistas Pedro de Valencia y fray Hortensio de Paravicino.
El motivo de esta división radical de posturas reside en el carácter innovador de la poesía de Góngora, cabeza del estilo literario conocido por culteranismo, un término que poseyó en su origen carácter burlesco, formado a partir de la palabra culto y que, de hecho, supone la fase final de la evolución de la poesía renacentista española, instaurada por Garcilaso de la Vega. Sin embargo, a pesar de su gran ornamentación verbal, y de la utilización de palabras comunes en una acepción latina, la crítica considera que el culteranismo es una manifestación peculiar del conceptismo —la escuela literaria que supuestamente se le oponía—. En realidad, y desde el punto de vista de la ideación, Góngora piensa mediante conceptos, aunque su escritura, realizada con recursos lingüísticos como los mencionados, y en ocasiones una difícil erudición, logra grados de elevación lírica y de complicación, a veces casi inalcanzables.
4. OBRA 
 Hasta hace poco la historia literaria separaba la obra poética de Góngora en dos mitades claramente diferenciadas. Por un lado, las letrillas de inspiración popular y los romances: moriscos, amorosos, pastoriles y caballerescos. De otro, su obra cultista iniciada en 1610 con la Oda a la toma de Larache, y continuada con el incremento constante de la oscuridad estilística en la fábula de Polifemo y Galatea (1613), las Soledades (1613) y el Panegírico al duque de Lerma (1617). Equidistante entre ambos aspectos, se podrían situar sus numerosos sonetos y canciones de estilo clásico, en los que no se advierte tanto el cultismo.
Para el Góngora de la primera manera, la crítica, desde la de sus coetáneos, sólo tuvo elogios. Incluso en los momentos de mayor antigongorismo nadie puso en duda la belleza de letrillas como ‘Las flores del romero’, ‘Lloraba la niña’, ‘No son todo ruiseñores’ ni de los romances: ‘En los pinares del rey’, ‘Amarrado al duro banco’, ‘Servía en Orán al rey’, entre otros. Otra vena poética que domina en Góngora es la burlesca, como demuestran ‘Ande yo caliente’, ‘Ahora que estoy despacio’ o ‘Murmuraban los rocines’. Para algunos es el autor de los más bellos sonetos que se han compuesto en lengua castellana.
4.1. Fábula de Polifemo y Galatea y Soledades  Escrita en octavas reales, la fábula de Polifemo y Galatea (1613) es la recreación más perfecta de una fábula mitológica (véase Polifemo; Galatea) en la poesía española. Al narrar el viejo tema —pasión del cíclope Polifemo por la ninfa Galatea, idilio de ésta con el joven Acis, venganza del gigante— Góngora crea una obra de brillante hermosura descriptiva, de construcción acabada, donde el arte del contraste y de lo hiperbólico queda sometido a formas rigurosas.



Las Soledades (1613) es una obra de mayor aliento y de plan más madurado. Góngora proyectaba cantar las soledades de los campos, de las riberas, de las selvas y de los yermos. Sólo compuso la primera y parte de la segunda, que constituyen un poema pictórico, panorámico, rico en color y matices. Escrito en silvas, y todavía discutido hoy, constituye una de las cumbres de la lírica de todos los tiempos.
5. INFLUENCIAS POSTERIORES  
El Góngora del Polifemo y las Soledades fue muy mal entendido por la crítica. Su estilo suscitó inmediatamente la oposición. El humanista Francisco Calcals (1564-1642) cuando leyó las Soledades afirmó que el príncipe de la luz —refiriéndose al poeta de las letrillas— se había mutado en el príncipe de las tinieblas. Una actitud que se prolongaría hasta finales del siglo XIX, cuando algunos simbolistas franceses, en especial Verlaine, y los poetas modernistas de habla española, inician la valoración del gongorismo. Una valoración que culmina en 1927, año del centenario de su muerte, cuando una nueva generación de poetas españoles, Jorge Guillén, Pedro Salinas, García Lorca, Alberti, le aclaman como a uno de sus maestros, y Dámaso Alonso, poeta también, publica su edición crítica de las Soledades, a la que siguen algunos estudios definitivos para la comprensión de Góngora. Véase también Generación del 27.

domingo, 17 de junio de 2012

Poesía de Góngora


Luis de Góngora



 

Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 11 de julio de 1561 – ibídem, 23 de mayo de 1627) fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida, más tarde y con simplificación perpetuada a lo largo de siglos, como culteranismo o gongorismo, cuya obra será imitada tanto en su siglo como en los siglos posteriores en Europa y América. Como si se tratara de un clásico latino, sus obras fueron objeto de  exégesis  ya en su misma época. (Wikipedia)

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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Góngora - Quevedo, la controversia artificial

Góngora-Quevedo, la controversia artificial


El congreso sobre el poeta cordobés desmontó ayer en su primera jornada la contraposición entre los dos escritores y sus estilos literarios


Comenzó a pintarse el retrato. No será un cuadro individual, con la mirada de una única persona que se acerque a la figura de Luis de Góngora, una de las más trascendentales de la literatura en lengua española, sino un retrato a muchas manos, cada una con un estilo y una forma de tomar el pincel fingido para hablar del gran renovador de la poesía española a finales del siglo XVI y principios del XVII.
El congreso internacional «El Universo de Góngora. Orígenes, textos y representaciones», el primero que se dedica a la figura del autor de las «Soledades» dio comienzo ayer y traerá durante los próximos días a los máximos especialistas mundiales en Góngora, que abordarán una multitud de temas diferentes.
Uno de los primeros tuvo como virtud derribar un mito: el de la controversia entre el culteranismo y el conceptismo, y por ello entre Góngora y Quevedo. El profesor Antonio Carreira, del Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, tenía una conferencia bajo un título sugestivo: «Presencia de Góngora en la poesía de Quevedo», y antes y después de ella parecía dispuesto a derribar mitos. «Se inventó eso seguramente un arqueólogo malagueño, lo recogió Menéndez Pelayo y de ahí se difundió en la historias de la literatura, lo de que en el Siglo de Oro hubo dos escuelas contrapuestas, con dos jefes respectivos, que son Góngora y Quevedo», dijo, para después aclarar que no hubo dos escuelas, sino muchas escuelas.
«El culteranismo y el conceptismo son dos vertientes que se practicaron por los poetas y a veces por los prosistas», afirmó, para después insistir en que el culteranismo, al que se adscribía al poeta cordobés, «es una consecuencia del Renacimiento, porque significa tener presente la antigüedad clásica para renovar el lenguaje poético acudiendo a los procedimientos de la lengua latina». Esto, dijo, lo hacen los dos.
Por otro lado está el conceptismo, que «no es más que una moda que viene de Italia y que consiste en utilizar procedimientos retóricos cada vez más complejos», y que está presente en la literatura de toda Europa, además de en la pintura.
Los dos poetas, además, pertenecían a generaciones diferentes. Góngora era casi veinte años mayor que Quevedo, «podía ser su padre». Cuando empieza a escribir, el cordobés era un autor famoso y cuando murió, el autor de «El Buscón» apenas había publicado nada, con lo que «no tenía donde leerlo». Y tampoco iba a ocuparse por un aspirante que apenas había publicado nada entonces.
«Quevedo, que no era tonto, sí que leyó a Góngora y sabía que era el gran maestro de la renovación poética de su tiempo», manifestó. Incluso cita una décima de Góngora, «como criterio de autoridad», en una pequeña obra. A lo largo de la conferencia, fue tomando algunos versos del autor madrileño donde, a su juicio, se puede encontrar la huella del cordobés, pero también puso ejemplos de textos de Góngora que podrían pasar, por el estilo y la temática, como propios de Quevedo.
¿Contestación juvenil entonces o búsqueda de la propia voz yendo contra la gran referencia de su tiempo?
De ambas cosas podía haber, según Antonio Carreira. Quevedo escribió muy joven, unas décimas contra una letrilla de Góngora. El cordobés había estado en Valladolid en 1603, cuando estaba allí la Corte, y el río Esgueva se convirtió en cloaca. Escribió entonces una letrilla burlesca muy conocida: «¿Qué lleva el señor Esgueva? / Yo os diré lo que lleva?».

Poemas atribuidos

El otro poeta, con poco más de veinte años, arremetió contra esa letrilla, «pero no porque quisiera defender a Valladolid, sino porque quería apoderarse de la fama que había adquirido aquella letrilla», afirmó Antonio Carreira. Ese fue el primer encontronazo, «aunque seguramente no se verían nunca», y hubo unas cuantas sátiras cruzadas. «Góngora nunca mencionó a Quevedo, y hay otras sátiras atribuiadas a Quevedo, pero de dudosa autoría, que aparecen en un manuscrito muy tardío, que ponen a Góngora como no digan dueñas», aseguró, para después insistir en que son anécdotas que no tienen mayor trascendencia en la obra ni de uno ni de otro. No en vano, son grandes escritores «por lo que han hecho, no por las cuatro sátiras que se pudieran disparar».

Antes, las instituciones y los responsables habían dado por inaugurado un congreso donde se volvió a hablar del Centro de Estudios Gongorinos, promovido por el Ayuntamiento, la Diputación y la Universidad y sin ninguna actividad real desde su constitución en el año 2008. La presidenta de la institución provincial, María Luisa Ceballos, sí vaticinó un impulso pronto a esta institución, que tiene que servir para que en la ciudad haya un espacio permanente de estudio para el más importante de los creadores nacidos en la ciudad, aunque no hay nada concreto.

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