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sábado, 22 de septiembre de 2012

RAE confirma incorporación de ‘tuitear’, ‘tuit’, ‘tuiteo’ y ‘tuitero’ al diccionario



Nuevos tiempos y desafíos. El director de la RAE, José Manuel Blecua, confirmó hoy la incorporación de ‘tuitear’, ‘tuit’, ‘tuiteo’ y ‘tuitero’ al Diccionario académico.
Blecua dijo que  ”no deben asustarnos las innovaciones ni los desafíos” y que “los dueños de la lengua son los hablantes”.
Estas declaraciones las ofreció durante la presentación del manual “Escribir en internet”, la extraordinaria publicación de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) BBVA, la cual facilita las herramientas necesarias para escribir  correctamente en las diferentes plataformas de Internet.
La Real Academia Española (RAE) abrió las puertas a blogueros y tuiteros en una ceremonia en la que se destacó “la gran oportunidad” que la red brinda a la lengua y  la necesidad de cuidarla.
“A todos nos une el deseo de escribir bien, lo mejor posible, en esta hermosa lengua que compartimos con cerca de 500 millones de personas en el mundo”, dijo Blecua. Y puntualizó que “lejos de cualquier mensaje apoc

lunes, 13 de agosto de 2012

José Manuel Blecua por Juan Cruz (Infancias-El País)


El director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua, de 73 años, tenía que cruzar la ciudad de Zaragoza de lado a lado para ir a la escuela cuando los cortes de luz impedían el uso del tranvía. “El instituto era la vida o al menos la realidad. Era una mezcla muy poderosa de clases”. Estudió Filología Hispánica y durante la carrera jamás dejó de ser un niño.“Las oposiciones ya me obligaron a ser adulto”

 11 AGO 2012 - El País

  • José Manuel Blecua, director de la Real Academia de la Lengua, en una imagen de su infancia.
    Conoció a la vez “la dureza de la vida” y “el encanto de vivir en libertad”, y eso supone para José Manuel Blecua, filólogo, catedrático, director de la Academia Española, la esencia de su infancia difícil, feliz e inolvidable.
    Para ir al instituto, este zaragozano de 1939 tenía que cruzar la ciudad, caminando, de lado a lado; dos horas para ir, dos horas para volver, y así por la mañana, al mediodía, por la tarde, al atardecer. Su padre, José Manuel también, profesor, su maestro, los llevaba de la mano, paso a paso, cuando los cortes de luz impedían el uso del tranvía. “El tranvía era el mundo”.
    En ese espacio que él asocia con la libertad de los veranos y con la dureza de los inviernos conoció también el racionamiento. “Teníamos un tío escolapio que no fumaba y todos los hombres de la familia se repartían el tabaco que él acopiaba”.
    Esa inclemencia que convirtió el periodo en una especie de noche del siglo tenía muy preocupados a los adultos, “así que nosotros hacíamos lo que nos daba la gana... La anatomía de ese instante por una parte es la dureza de la vida, y por otra, la del encanto de vivir en libertad... Se podía jugar al fútbol en la calle e ir en bicicleta”. Y ese era el paraíso, “al que uno podía llegar antes que ahora”.
    Zaragoza era el curso; como entonces el padre y los chicos tenían las mismas vacaciones, los Blecua se iban a Ágreda, en Soria, y ahí, en cierto modo, se hizo el filólogo. “Trillábamos, qué niño trillaría ahora, y eso me sirvió luego para mis estudios de dialectología. Lo que oía decir”. Blecua aprendió en Ágreda a nombrar las cosas del campo. “Nosotros éramos niños que sabíamos trillar, pescar cangrejos, cocinar algunas cosas o poner la rueda de un tractor. Y los niños de ciudad no sabían eso”.
    Nombrar y vivir. “Vivir al aire libre era algo maravilloso, o llevar las vacas al abrevadero... Esa doble vida, la de pescar, cazar, trabajar y disfrutar del campo por el día, y la libertad de caminar por las noches bajo el cielo del verano es lo que recuerdo de ese instante”. Y ese instante se parece, del todo, al recuerdo de la infancia. José Saramago decía que uno va con el niño que fue. En la mirada de este señor que ahora viste traje oscuro, lleva camisa blanca y utiliza corbata negra también, hay algo de aquel muchacho que él trae consigo, en la foto que aporta a este relato de su propia niñez. Ese niño recuerda a su padre, para hablar de sí mismo.
    “Recuerdo mucho las actitudes de mi padre con nosotros, que además éramos sus alumnos en el instituto. Nos intentaba enseñar a todos que nos teníamos que limpiar los dientes, era imprescindible que lleváramos las manos limpias, las uñas recortadas, que estuviéramos bien peinados... Cuando nos dormíamos en clase, nos castigaba a lavarnos la cara en la fuente y nos pasaba revista a las manos”.
    Ahora se lava, se mira las uñas, se las recorta, se peina: delante del espejo, cada día, Blecua es el niño que su padre ayudó a hacer. “Aquel era un tiempo como el que describe Rafael Azcona en sus guiones. Pobreza, no había nada, tristeza en la calle, melancolía en las casas. Comíamos boniatos, siempre comíamos boniatos. Cuando pudo, mi padre ya no volvió a comer boniato nunca más, pero a mí me parecía una cena estupenda. Él los odió para siempre”.
    Sobre las cenas y los días sobrevolaba el miedo. El miedo que implantó la dictadura, la incertidumbre atroz de una posguerra en la que se bisbiseaba la política. “El miedo era muy triste... Pero había otras cosas que nos daban una extraordinaria felicidad. El fútbol, por ejemplo. Las retransmisiones de Matías Prats. La radio fue magnífica para nosotros”.
    El instituto era la vida, o al menos la realidad. “Una mezcla muy poderosa de clases; había chicos que no tenían zapatos, aunque en algunos casos sus padres tuvieran dinero en sus casas, pero iban a la escuela así. Era un pequeño cosmos que permitía elevar la anécdota a categoría y aprender a vivir sobre la marcha. Por ejemplo, era frecuente que no tuviéramos pelota para jugar al fútbol y hacíamos una de trapo, así jugábamos, aprendiendo a hacer utilidades de las carencias”.
    Aprendió el mundo, que diría Juan José Millás. Pero eso no era suficiente. La imaginación fue enseguida el sustento del niño Blecua. “Éramos lectores desde muy chicos. Mi abuelo Antonio nos compraba El Coyote todas las semanas, y en los veranos descubrí las bibliotecas. Había una municipal, que llevaba don Arsenio, el maestro”. Ahí descubrió Kim de la India, de Kipling... “En casa teníamos la colección Araluce... Mary Luz Morales adaptó clásicos como Los argonautas o La Ilíada y La Odisea, ese fue el camino del conocimiento literario”.
    La casa era un trasiego de maestros, entre los que destacaban Ricardo Guyón y Francisco Ynduráin
    Los niños van viendo a los padres desde abajo, hasta que ya los miran a los ojos. “Cuando eran novios, mi padre era catedrático de un instituto de la República, en la comarca de Cuevas del Almanzora. El 18 de julio fue a ver a su novia a Zaragoza, ahí le sorprendió la guerra y no pudo volver a Cuevas del Almanzora. Se casaron en plena guerra, cuando mi madre tenía 21 años”. El padre era un modesto profesor de instituto, pero por su casa pasaba el mundo. Ramón J. Sender, paisano exiliado, les mandó a los chicos Blecua unos pantalones vaqueros “de los que estábamos orgullosísimos”, y la casa era un trasiego de maestros, entre los cuales fueron muy destacadas las amistades del profesor Ricardo Gullón y Francisco Ynduráin. “Teníamos un padre que viajaba mucho por el mundo, pero era un padre normal que nos llevaba al fútbol los domingos”. La madre, Irene, “era muy dulce, generosa; murió muy pronto, cuando tenía poco más de cincuenta años”.
    El padre era, como el Blecua que ahora se mira en el espejo por si aquel lo fuera a revisar, un hombre trabajador y ordenado, “que iba todos los días del año a tomarse el café con los amigos del casino...”. Había boniatos, y a veces había morcillas que el padre e Ynduráin encontraban. En una de esas tiendas, el padre compró “una gabardina inmensa con la que iba a comprar el pan negro del estraperlo...”.
    Hay un momento en la que ya el niño deja de serlo. Blecua tuvo ese momento. “Fue una semana en la que preparaba la reválida. Había unos temas que tenía que estudiar, entre los que se incluían algunas biografías. Ahí leí el primer artículo que recuerdo de Ildefonso Manuel Gil que no olvidaré nunca; era sobre Bécquer. Ahí me di cuenta de que el mundo del conocimiento era muy complejo, y obligaba a esforzarse mucho para tratar de dominarlo. En ese momento se terminó mi infancia. Tenía 17 años”.
    Pero realmente aquel joven Blecua jamás dejó de ser un niño. Por lo menos durante la carrera. “Las oposiciones ya te obligan a ser adulto... Pero sí, es cierto, mi infancia duró mucho, porque uno en el fondo siempre es un niño, lo sabemos todos”. Trajo consigo su fotografía de niño Blecua, y ahí, si miras bien a los ojos, risueños y curiosos, rodeados de los rizos infantiles, hallas al Blecua de hoy, que acude muy pulcro y muy solemne a actividades a las que seguramente asiste con el niño que fue. Aquel niño, por cierto, comparte con él, aún, el disgusto por los horarios. Por eso es tan puntual.
    En esa mirada hay una picardía que viene del abuelo paterno, Manolo, o Manolito, “era el perejil de todas las salsas, un nadador estupendo, nos enseñaba a preparar caracoles, que recogía en el cementerio de Alcolea, decía que esos eran los mejores; contaba chistes verdes divertidísimos y le gustaba ir a los cafés-cantante. Y a los treinta años decidió que ya no trabajaría nunca más”. El abuelo regentaba una pensión, y unos gritos le bastaban para ponerla en marcha. “Con el abuelo materno, Antonino, los chicos tomábamos el vermut, era el que nos compraba los tebeos”. Las abuelas vestían de negro. El otro color que también vistió aquella infancia.

    miércoles, 9 de mayo de 2012

    Presentación de la Ortografía básica (vídeo)




    El 8 de mayo de 2012 se presentó en la Real Academia Española (RAE) la Ortografía básica de la lengua española, obra panhispánica aprobada y publicada por la RAE y por la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). En el acto, presidido por el director, José Manuel Blecua, participaron doscientos estudiantes de primero y segundo cursos de la ESO de cuatro colegios de Madrid: Diego Velázquez (público), Rafaela Ybarra (concertado), Caude (concertado) y Santa María del Camino (privado). 
    Los alumnos, con edades comprendidas entre los 13 y los 14 años, plantearon dudas y preguntas al académico responsable de la Ortografía, Salvador Gutiérrez Ordóñez, y al equipo de redacción de la obra, dirigido por Elena Hernández, responsable del departamento de Español al día de la RAE. Además de Elena Hernández, en la preparación de la Ortografía ⎯coordinada por el académico Salvador Gutiérrez Ordóñez⎯ han intervenido Marta García Gutiérrez, Encarna Raigal Pérez, Marta Cormenzana Díez y María Ángeles Blanco Izquierdo.

    domingo, 8 de abril de 2012

    El tesoro común del español


    Nos une un español rico en diversidades, en usos peculiares y lleno de matices evocadores

    JOSÉ MANUEL BLECUA - ABC


    Aprendemos en edad escolar que la lengua es vehículo de comunicación y también vínculo de unión entre los miembros de una comunidad. En el caso de nuestra lengua razones diacrónicas hacen que términos históricos como nación española correspondan a un amplio dominio en su territorio y en sus características lingüísticas. Hasta los movimientos independentistas americanos de inicios del siglo XIX, el concepto nación española corresponde a territorios europeos, americanos y filipinos unidos por la lengua. Anuncia la Constitución de 1812 : «La nación española es la reunión de los españoles de ambos hemisferios». Como es natural, un fondo común sistemático continúa siendo el fuerte vínculo entre todos los hispanohablantes, independientemente de que unos, los más, seseen, y otros, los menos, pronunciemos la zeta. En los últimos años se ha extendido el concepto, general a todas las lenguas, de que no existen variedades del español que sean mejores que otras, sino que un cuidadoso uso de la lengua, digno de ser imitado, puede hallarse en un hablante de un estado mexicano, en un costeño colombiano o de una muchacha vecina de Lima. La Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) sigue estos principios a la hora de establecer los criterios que rigen la elaboración de sus trabajos gramaticales o lexicográficos.

    Hace casi veinte años en un coloquio en Buenos Aires, la profesora argentina Ana María Barrenechea me reprochaba: «Eso que dices aquí del voseo, no te atreves a decirlo en Madrid». Como homenaje a tan sabia maestra no sólo me atrevo a decirlo, sino que también me atrevo a escribirlo: el uso del vos en el español de Buenos Aires es una característica del español que nos une, aunque no sea un uso habitual en el español de Zaragoza. Nos une un español rico en diversidades, en usos peculiares y lleno de matices evocadores.

    Esta lengua que nos une vive en contacto con otras lenguas en América y en España; ese contacto ha producido todo tipo fenómenos lingüísticos que se producen en estas relaciones. Vivir en el estado de Oaxaca o en la ciudad de La Antigua supone estar rodeado de una realidad plurilingüe hermosa, aunque existan problemas de normalización y de enseñanza. Afortunadamente en España ya no existen problemas de normalización, aunque tengamos todos que acostumbrarnos a considerar que las lenguas unen a los hablantes de una comunidad y que el respeto y la consideración a todos es el único camino para lograr una convivencia armónica.

    JOSÉ MANUEL BLECUA ES DIRECTOR DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

    martes, 20 de marzo de 2012

    Director de la RAE: «El Diccionario no tiene que ser políticamente correcto»


    Publicado 14/03/2012
    Agencia Efe
    Martes, 13 de marzo del 2012
     
    El director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua, se refirió hoy a las peticiones que ha recibido la RAE para que trate de evitar el sexismo lingüístico en sus publicaciones, y aseguró que el Diccionario «no tiene que ser políticamente correcto, sino descriptivamente correcto».

    Blecua se hacía eco así de la polémica que ha levantado el informe sobre Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, hecho por Ignacio Bosque y respaldado por la RAE, en el que se critican las directrices contenidas en nueve guías sobre lenguaje no sexista porque, si se aplicara estrictamente cuanto dicen, «no se podría hablar».

    Tras participar en la presentación en Madrid de un nuevo tomo de las obras completas de Francisco Ayala, dedicado a su narrativa, Blecua se mostró sorprendido por las numerosas reacciones que ha suscitado el informe de Bosque, unas en contra del mismo y otras a favor, y reconoció que todavía no ha tenido tiempo de leerlas todas.

    Tras hacerse público el informe, que está colgado en la página web de la RAE desde el pasado día 4, diferentes colectivos sociales e instituciones le han pedido a la RAE que modifique sus obras de referencia para darle mayor visibilidad a la mujer.

    Blecua aseguró que la Gramática «no se puede cambiar» porque lo que hace esta disciplina es «describir la lengua» y sus estructuras morfológicas y sintácticas, «y eso no depende de la RAE; depende de las lenguas naturales».

    Otra cosa es que el Diccionario, «con el paso del tiempo, se ha ido marcando» y ha ido recogiendo los cambios que se producían en la sociedad.

    El director de la RAE se refirió también a otro «fenómeno»: la intuición del hablante, y, a propósito de la cuestión del sexo, citó el caso del término nodriza, que en la Edad Media era nodriz, pero que luego se convirtió en nodriza porque «a la gente no le pareció suficientemente femenino». Sin embargo, continúa institutriz.

    Una de las conquistas «más importantes de las lenguas clásicas», dijo Blecua, fueron los sufijos -esa e -isa, presentes en palabras como abadesa y poetisa, que reflejaban «el acceso de la mujer a puestos de responsabilidad» o a labores intelectuales.

    «Pero ahora todo el mundo cree que 'poeta' es más importante que 'poetisa'», dijo el director de la RAE, antes de asegurar que la lengua «está llena de fenómenos de este tipo».

    Blecua cree que, como en toda polémica, en la suscitada por el informe de Bosque «hay aspectos muy interesantes» y una visión «poliédrica» de un fenómeno complejo, que «habrá que analizar», sin que ello signifique que se vayan a introducir cambios, aclaró.

    martes, 27 de diciembre de 2011

    Todas las voces del español


    LUNES, 26 DICIEMBRE 2011 - Cuarto Poder

    José Manuel Blecua *

    Con la publicación del tercer volumen de la Nueva gramática de la lengua española, Fonética y fonologíay el DVD Las voces del español. Tiempo y espacio, se cierra un periodo de trabajos de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española  que empezó hace más de una década.
    Este volumen, que completa los dos que se publicaron en 2009 dedicados a la morfología y la sintaxis, tiene por objeto la descripción de los sonidos del habla, del sistema  de unidades que estos constituyen para distinguir significados, de los cambios que experimentan en boca de los hablantes de cada área lingüística, de cómo se combinan para formar enunciados, etc.
    El objetivo era ambicioso. Por una parte, pretendía dar cuenta, en la medida de lo posible, de la diversidad y complejidad fónica hispanohablante como parte de una lengua que permite el entendimiento de más de cuatrocientos millones de personas. Por otra, quería dirigirse tanto a especialistas, profesores y alumnos universitarios como a un público más amplio, interesado por la lengua, que percibe las diferentes pronunciaciones y entonaciones y siente curiosidad por bucear en su realización y en sus orígenes. Pensó entonces la Academia en elaborar junto al libro, que constituye un manual de fonética y fonología, una herramienta informática recogida en un DVD que  aprovechase las posibilidades de este tipo de soporte para presentar de una forma más didáctica y accesible los sonidos del español, sus voces en el momento actual y en su historia.
    El volumen Nueva gramática de la lengua española. Fonética y fonología se compone de diez capítulos que abordan las unidades segmentales (vocales y consonantes) y las suprasegmentales (sílaba, acento y entonación) desde los puntos de vista articulatorio, acústico y fonológico, además de describir los procesos de cambio que estas unidades experimentan en el ámbito hispánico. El DVD, por su parte, se organiza en cinco nodos o bloques temáticos: El español hoy, El español ayer, Lecciones de fonética, Los sonidos del español Las voces del español. Los dos primeros se dedican a presentar la situación de la lengua española hoy y ayer, vinculando la fonética al espacio y al tiempo, es decir, poniendo en un contexto cultural y diacrónico los contenidos especializados; el resto de los nodos, que incluyen un curso de fonética articulatoria y acústica, así como un mapa interactivo para escuchar las entonaciones de cada uno de los países hispanohablantes, enriquecen el texto escrito con un mayor número de gráficos (resonancias magnéticas, espectrogramas, curvas de entonación, etc.) y con materiales auditivos, todos ellos reales, fruto de las encuestas realizadas a informantes procedentes de Madrid y de todas las capitales americanas.
    El amplio desarrollo de las disciplinas lingüísticas durante el siglo xx y los radicales cambios que han experimentado los métodos de investigación exigían la elaboración de un texto que, sin dejar de lado los estudios clásicos, asimilase las aportaciones de la lingüística actual y se beneficiase de las ventajas que las nuevas tecnologías aportan a los estudios lingüísticos. En el ámbito fonético, la obra responde a una línea experimental que se inicia por don Tomás Navarro Tomásen el Centro de Estudios Históricos. Nombres como los de Samuel Gili GayaMaría Josefa Canellada y Antonio Quilis han sido el puente que conduce a los estudios fonéticos en la España contemporánea. En el terreno de la fonología, hemos adaptado el camino teórico de la teoría autosegmental, una de las más fecundas en los estudios actuales, que nos permitía integrar los aspectos segmentales y suprasegmentales en un modelo amplio; al tiempo, hemos procurado continuar con  la claridad teórica y expositiva de nuestro admirado Emilio Alarcos.
    El resultado final es un conjunto armónico formado por el texto y el disco, que se complementan en sus conocimimientos. El disco presenta un carácter de introducción general a la fonética, sobre todo articulatoria, y un repertorio de materiales auténticos; el texto, mucho más denso y complejo, plantea los problemas teóricos y el desarrollo de las perspectivas acústicas y fonológicas, tanto en los aspectos de los sonidos como en las melodías de los enunciados. Con todo, las Academias, siguiendo en la línea  panhispánica que ha caracterizado sus trabajos desde hace más de una década, han querido poner a disposición de cada uno de los hablantes todas las voces del español.
    (*) José Manuel Blecua es director de la Real Academia Española.

    sábado, 30 de julio de 2011

    400 años del Diccionario de Covarrubias


    Imagen del Tesoro de la lengua castellana o española (1611), de Sebastián de Covarrubias (Toledo, 1539-Cuenca, 1613), tomada en la Biblioteca Nacional.- ÁLVARO GARCÍA




    JOSÉ MANUEL BLECUA 30/07/2011 - EL PAÍS


    El Tesoro de la lengua castellana o española, que Sebastián de Covarrubias publicó hace cuatro siglos, no es solo un manjar para los filólogos. Quien se anime a consultarlo descubrirá mil historias. Carmen Calvo, Ouka Leele y Miguel Gallardo han elegido una palabra de este diccionario y la interpretan en imágenes para Babelia. Por José Manuel Blecua

    En el Vocabulario español-latino que Elio Antonio de Nebrija publicó a finales del siglo XV se explica lacónicamente el significado de las palabras españolas, por medio de las latinas a que corresponden. Este proceder, tomado como una virtud, se ha mantenido en nuestros diccionarios actuales, que tratan de exponer, ahora ya en español, el significado y el uso de las palabras de nuestra lengua.







    Un nutrido grupo de palabras o acepciones aparecen en nuestros diccionarios por la autoridad que concedieron al de Covarrubias
    Hay otro tipo de diccionarios que no se conforman con dictaminar qué significan las palabras o en qué situaciones se usan, sino que buscan las razones de su empleo. Es lo que ocurre en los que conocemos como diccionarios etimológicos o históricos. Son precisamente estos los caminos por los que se movió Alonso de Palencia, por la misma época de Nebrija y por los que, unos doscientos años después, volvió a recorrerlos, con más empeño, Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española, de cuya publicación se cumple este año el cuarto centenario.

    Para hurgar en el significado de las palabras contaba Covarrubias, primero, con la etimología -ciertamente muy apoyada entonces en la imaginación del lexicógrafo-; después, con algo de lo que se huye en los diccionarios normales: las explicaciones enciclopédicas de la realidad -también en muchos casos pintorescas- y, finalmente, con las relaciones que se establecen entre las palabras de una misma familia. Con todo, la obra tiene una importancia que voy a tratar de resaltar por medio de dos rasgos: es el primero, la incorporación de algunas de sus voces al diccionario académico; y el segundo, la información que proporciona para comprender nuestros textos clásicos.

    Tratándose del diccionario de la Academia, nos encontramos, por ejemplo, con la voz fregadero, definida como el mueble en el que se friegan los platos, significado que se extiende a la propia pila de fregar, hoy prácticamente desaparecida. Esta definición, que tiene alguna relación con la de Covarrubias, reduce considerablemente la realidad más compleja que había acogido el Tesoro, en la que se desciende a lo que se friega, que son "los platos, escudillas, sartenes y los demás vasos de aparador y espetera". Por otro lado, se relacionan en ese mismo artículo otras palabras de la misma familia: ya se trate de la fregona, es decir, "la moza de servicio que anda en la cocina entre las ollas y los platos, a estas llama Lope de Rueda platerillas" o de lo que supone un refregón: "un arrimarse de paso, como el que se arrimó a la pared, pasando de largo, y se enyesó la capa" o de una refriega: "la revuelta y pendencia de unos contra otros". Esas relaciones que se dan entre los miembros de la familia de palabras le llevan a explicar frases como "Muger de buen fregado: la deshonesta que se refriega con todo" o "Refregarse con las mujeres es allegarse mucho a ellas". A las palabras emparentadas se agregan otras de linaje distinto, como es el caso de las platerillas o de los platos, escudillas, aparador o espeto.

    Hay que reconocer que un nutrido grupo de palabras o acepciones aparecen en nuestros diccionarios por la autoridad que concedieron al de Covarrubias, como es el caso de un bobillo, que significa "Jarro vidriado y barrigudo, con un asa como la del puchero", que el diccionario académico tomó de esta obra: voz sobre cuya existencia algún tiempo tuve dudas, hasta que la encontré en inventarios abulenses del siglo XVII; o de brizar 'acunar' que aún se puede oír en territorio leonés; o de la acepción de brújula 'punto de mira', que el diccionario da como desaparecida y que sirve para explicar el camino que ha recorrido el italiano bussola, 'cajita' para convertirse en brújula; o del juego del abejón; o del uso de aburrir con el significado de 'aborrecer'; o de los azacanes, que, curiosamente solían ser "gabachos".

    Sirve admirablemente, en segundo lugar, la obra para comprender mejor el léxico de la literatura del pasado, por más que su consulta no carezca de problemas, al reunirse en un mismo artículo esas familias de palabras a que me he referido antes y al no poder sospechar que vamos a encontrar, por tanto, dentro de una palabra otra que puede interesarnos; aparte de que algunas voces estén situadas fuera de su lugar alfabético. Pero son problemas (que se resuelven además con la consulta en soporte electrónico del diccionario) que no han de afectar a un lector que renuncie al apresuramiento, si en vez de buscar con urgencia un dato, trata de leer el Tesoro con la pasión con que se leen las obras de creación. Asistirá a mil historias -a cual más fabulosa-, se asomará a la literatura latina, se embeberá de refranes, se topará con palabras que han desaparecido, pero que las emplean nuestros clásicos: ahí están esas platerillas citadas, que yo solo conocía de la Picara Justina, en un pasaje en que un personaje se refiere a un joven al que vio "en algunos buenos tiros que hizo a inocentes platerillas".

    No todo en la vida ha de ser pensado a corto plazo y franqueado con sello de urgencia: hemos de reservarnos, también en los diccionarios, placeres que no son los comunes, como estos de bucear en los veneros en que nacen las palabras y en que se da cuenta de su explicación. Es este el ámbito que más ha de interesar al lector del Tesoro de la lengua española: desde luego, cuando se adentra, por ejemplo, por artículos tan desmesurados como los referentes a abeja o buey, pero tan llenos de datos para entender la organización de las cosas que se hacían nuestros antepasados más cultos, de un modo particular los escritores. También en casos como el del cocodrilo, en que parece que estuviéramos ante una página de una pintoresca enciclopedia, donde encontramos de todo: una curiosa e insostenible etimología a partir del latín croco 'azafrán', la explicación de la vida del animal, y finalmente su utilización simbólica. Estos datos pueden resultarnos curiosos, pero sin ellos, difícilmente podríamos entender la idea de las cosas que se hacían las personas para las que escribía Covarrubias, tan pintorescas, pero tan reales como supone pensar que la berenjena produce melancolía o que el bollo maimón sea "pan mezclado con hechizos de bienquerencia". Con todo, he de precaver a los futuros lectores de este benemérito diccionario que han de desentenderse de las sorprendentes etimologías que nos brinda, la mayor parte de las cuales pertenece al mundo de la pura fantasía. Para hacerlo comprender no necesito fijarme en sus étimos hebreos o árabes, basta con recurrir a las romances, como la de abarca "por tener forma de barcas" o cetrería "díjose, de cetro".

    He querido ponderar por medio de dos características la importancia que tiene esta obra cuyo centenario conmemoramos. Querría añadir que su lectura no solo es manjar reservado al gusto de los filólogos, sino un banquete para lectores refinados, como Luisa Alday, personaje de la última novela de Javier Marías, Los enamoramientos, que acude a ese "voluminoso libro verde" que es el diccionario de Covarrubias, para introducir a la envidia en el relato, en tanto que, según el lexicógrafo, se trata del veneno que "suele engendrarse en los pechos de los que nos son más amigos, y nosotros los tenemos por tales fiándonos dellos".

    Para este monumento de la lexicografía tenemos además la ventura de contar con buenas ediciones, no solo accesibles, sino que merecen un elogio desde el punto de vista filológico y técnico: me refiero a la de Martín de Riquer, que durante tanto tiempo fue la usual entre filólogos, y la más reciente de Ignacio Arellano y Rafael Zafra, que puede considerarse como la edición definitiva y que cuenta además con un CD que facilita notablemente el acceso a la obra.


    Tesoro de la lengua castellana o española según la impresión de 1611, con las adiciones del Padre Benito Remigio Noydens, publicada en Madrid, 1674. Sebastián de Covarrubias. Edición de Martín de Riquer. Barcelona: SA. Horta, 1943. Alta Fulla Editorial. Barcelona, 2003 (reproducción de la edición de M. de Riquer). 1.120 páginas. 60 euros. Tesoro de la lengua castellana o española. Sebastián de Covarrubias Horozco. Edición integral e ilustrada de Ignacio Arellano y Rafael Zafra (reimpresión de la edición de 2006). Iberoamericana. Madrid / Fráncfort, 2009. 1.639 páginas + CD. 120 euros. José Manuel Blecua (Zaragoza, 1939) es director de la Real Academia Española.

    viernes, 17 de diciembre de 2010

    El filólogo José Manuel Blecua, nuevo director de la RAE


    El académico es experto en fonética y fonología y ha sido coordinador del volumen de la nueva Gramática en estos campos

    JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 16/12/2010

     
    El nuevo director de la RAE, el profesor José Manuel Blecua
    a nueva Gramática académica dedicado a estas disciplinas, fue elegido hoy director de la Real Academia Española en sustitución de Víctor García de la Concha, que ha estado 12 años al frente de la RAE.

    Durante años, los estudiantes de Gramática de toda España se manejaron con un impagable ladrillo blanco publicado en 1979 por la editorial Ariel al que llamaban "el Alcina-Blecua". La A era de Juan Alcina Franch. La B, de José Manuel Blecua Perdices, hijo de un histórico de la filología española, José Manuel Blecua Teijeiro, y hermano de otro filólogo que también va camino de la historia, Alberto Blecua. Nacido en Zaragoza en 1939 pero ligado desde muy pronto a la Universidad Autónoma de Barcelona, de la que es catedrático, el nuevo director de la RAE tendrá entre sus nuevos deberes la presentación en los próximos meses de su propia contribución a la Nueva gramática académica, el tomo de Fonética y Fonología, que completa los de Morfología y Sintaxis coordinados por Ignacio Bosque.
    José Manuel Blecua fue elegido académico en 2003 pero no leyó su discurso, dedicado al Diccionario de Autoridades, hasta tres años después. Por el medio presidió la Comisión Estatal para el IV Centenario del Quijote, una celebración a la que la propia RAE contribuyó con una edición conmemorativa de la obra de Cervantes que vendió dos millones de ejemplares en todo el mundo. La divulgación, de hecho, ha sido siempre una de las principales preocupaciones del nuevo encargado de pilotar la casa que "limpia, fija y da esplendor". No solo fue director académico del Instituto Cervantes, también participó, con su compañero de Academia José Antonio Pascual, en Más que palabras un mítico programa de Televisión Española empeñado en demostrar que los asuntos de la lengua no son exclusiva de los excelentísimos señores (y señoras) que ayer eligieron nuevo director.

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