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jueves, 16 de octubre de 2014

El diccionario más polifónico del español: así se hizo por Winston Manrique Sabogal

La RAE y 22 academias de la lengua publican el diccionario con más entradas (93.111)

Tiene más americanismos (19.000) y es el más depurado de sexismo


El nuevo Diccionario de la Lengua Española en el salón de plenos de la Real Academia Española, en Madrid. / BERNARDO PÉREZ | VÍDEO: EL PAÍS - LIVE!
El establishment de las 22 academias de la lengua ha dejado de amagar con el affaire de unas cinco mil palabras demonizadas al aceptarlas en la 23ª edición del Diccionario de la Lengua Española, que logra su récord con 93.111 entradas en total, y que se acaba de publicar. Una muestra de la multiculturalidad del lenguaje con palabras y acepciones nuevas o modificadas que dejan su impasse,procedan del español de siempre o del espanglish. Dos características de este diccionario son la depuración del sexismo y adjetivos malsonantes o despectivos y la vocación panhispánica con la incorporación de más americanismos, ya alcanzan las 19.000 entradas y acepciones, de las 195.439, (el 10% del total). El retrato de una de las tres lenguas de comunicación internacional, junto al inglés y el chino mandarín, con 47 millones de hablantes nativos en España y 400 es el continente americano.
Palabras usadas por todo el mundo, incluidos frikis o culturetas ogorrillas que se empoderan del idioma. Muchas de ellas surgen de la red con sus blogueros y hackers cuyo ciberespacio deja de serokupa al aceptarse términos como tableta o wifi. No faltará quien quiera patalear en chats al ver que no se han incluido más términos como feminicidio o añadido acepciones como las delmatrimonio para parejas del mismo sexo, el estado en el que terminan muchos amigovios, o quitado otras definiciones como tonto para lo gallego. Todo ello gracias al teletrabajo con las 22 academias, por lo que alguno de sus citadinos podrán tuitear este artículo pese a que solo es un identikit de este diccionario que ha jubilado 1.350 palabras tipo acupear y bajotraer. Al final, todos podrán brindar con un margarita o una birra muy chupi después de 13 años de trabajo que representa todo un sunami para un idioma con hablantes en constante inculturación.

El diccionario en 10 números

Edición número 23 del Diccionario de la Lengua Española
22 academias de la lengua
13 años de trabajo
2.376 páginas
93.111 artículos o palabras (el anterior tenía 88.431)
195.439 acepciones
19.000 palabras y acepciones de americanismos
140.000 enmiendas, sobre 49.000 artículos
5.000 palabras nuevas
1.350 supresiones
99 euros cuesta en España (en un tomo) y 70dólares en América Latina (en dos tomos).
La nueva edición del diccionario (la última fue en 2001), más polifónica y policéntrica que nunca, llega justo para cerrar con broche la celebración del tricentenario de la Real Academia Española (RAE). Es la suma de varias modificaciones que se han hecho estos 13 años. Una obra con varios cambios en su fondo y forma, asegura Pedro Álvarez de Miranda, académico y director del proyecto. “Aspira a ser panhispánico, ha eliminado muchas entradas y depurado acepciones, tiene novedades en su presentación con un esfuerzo en la modernización lexicográfica, más claridad en la organización interna gramatical referida, por ejemplo, a las acepciones, marcas sobre origen de la palabras o si es despectivo, malsonante o coloquial, y que, por primera vez, se imprime en papel semibiblia”.
¿Será el último diccionario en papel? Álvarez de Miranda dice que no lo saben porque todavía “le puede quedar cierto futuro, aunque sea minoritario. Si hay un número considerable de personas que lo quieran ¿por qué no hacerlo? Pero la edición electrónica, vigente desde 2003, se seguirá actualizando como se ha hecho desde 2004. El Diccionario, editado por Espasa, y en un formato un poco más pequeño que los anteriores, llegará simultáneamente a España (en un solo tomo a 99 euros) y Latinoamérica (en dos tomos a 35 euros). La edición de coleccionista se hizo por encargo a un precio de 200 euros. El diccionario ha sido presentado esta tarde en la sede de la RAE por José Manuel Blecua, director de la Academia; y los académicos Álvarez de Miranda y Humberto López Morales, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española.
Se trata de una obra cuyo embrión data de 1726 cuando la RAE, creada en 1713, editó el primer volumen del Diccionario de Autoridades que concluyó en 1739. Hasta que en 1780 nacería el primero de la serie del Diccionario de la Lengua Española o Diccionario de la Real Academia (DRAE), que registró 46.000 artículos. Desde entonces se han publicado 23: tres en el siglo XVIII, diez en el XIX, ocho en el XX y dos en lo que va del siglo XXI.

PALABRAS QUE LLEGAN
5.000 nuevos artículos

Los criterios generales para la incorporación tienen que ver con cierta vigencia en su uso y en el periodo de implantación, aunque este último no es cuantificable. Se estudia cada caso y se valora con criterios flexibles, aplicando el sentido común y la proyección del artículo, explica Álvarez de Miranda. Tuit, por ejemplo, a algunos les puede parecer que entró muy pronto pero su uso e implantación es muy fuerte. Los términos técnicos, añade el académico, suelen ser bastante polémicos, “pero lógicamente han entrado muchos debido a su implantación. Los extranjerismos crudos se incluyen en letra cursiva”.
antipersona. adj. Dicho de una mina: Preparada para, al ser pisada, matar o mutilar a una persona.
audioguía. (De audio- y guía). f. Dispositivo electrónico portátil de uso individual que, a través de grabaciones, proporciona información en la visita a una exposición, paseos turísticos, etc.
backstage. (Voz ingl.). m. Espacio situado detrás de un escenario o de una pasarela donde se preparan quienes intervienen en un espectáculo o un desfile de moda.
birra. (Del it. birra, y este del al. Bier). f. coloq. cerveza.
blaugrana. (Del cat. blaugrana, de blau 'azul' y grana 'grana2'). adj. azulgrana. Afición blaugrana. Apl. a pers., u. t. c. s.
(Más palabras nuevas puedes verlas en el despiece del final).

PALABRAS QUE SE AMPLÍAN
195.439 acepciones en total

Los criterios para agregar nuevas acepciones son los mismos que para las palabras nuevas, pero las acepciones son más difíciles de calibrar, según el director del Diccionario. Cuenta que es más fácil detectar un nuevo neologismo que una acepción. “Recuerdo la discusión que hubo con tableta, por tablet”, añade, “pero no era una palabra nueva. Ya estaba en el diccionario y lo que se hizo fue crear una nueva definición. La Academia apostaba por una forma española frente a la forma inglesa tablet, y estaba claro que la nuestra era la mejor opción”.
Las siguientes son algunas de las nuevas acepciones:
affaire.… [Adición de acepción]. ‖ m. 2. aventura (‖ relación amorosa ocasional).
alfombrilla2.… [Adición de acepción]. ‖ f. 2. Pieza de material liso que permite deslizar con facilidad el ratón de una computadora.
deportivo, va. … [Adición de acepción.] ‖ I 6 a. f. pl. Esp.zapatillas de deporte.
digitalizar.… [Adición de acepción]. ‖ tr. 2. Convertir o codificar en números dígitos datos o informaciones de carácter continuo, como una imagen fotográfica, un documento o un libro.
eclosionar.… [Adición de acepción]. ‖ intr. 3. cult. Dicho de un movimiento cultural o de otro fenómeno histórico, psicológico, etc.: Hacer eclosión
(Más acepciones nuevas puedes verlas en el despiece del final).

ACEPCIONES QUE CREAN POLÉMICA
Desde femenino hasta sudaca

La Academia, insiste Álvarez de Miranda, es notaria de la realidad, no la crea, y no juzgan el empleo del lenguaje: “Es un tema que siempre está sobre el tapete y no podemos ceder a todos los requerimientos que se hacen en nombre de lo políticamente correcto porque sería falsear la realidad”. Recuerda que la lengua sirve para muchas cosas, entre esas la descalificación, la denotación de realidades negativas. “No podemos edulcorar la lengua para así edulcorar una realidad que no siempre es dulce y que tiene sus aristas negativas. El lexicógrafo que registra palabras de este tipo no está bendiciéndolo ni incitando a nadie a nada. Se limita a cumplir con su obligación: reflejar la realidad de la lengua”, explica el académico. Lo que sí han hecho, agrega, es revisar muchas definiciones que podrían estar sesgadas de manera gratuita desde una óptica machista o excesivamente de algo que no se sostenía hoy: “Había definiciones mejorables y es lo que hemos hecho, pero eso no quiere decir que el resultado sea un producto absolutamente aséptico y ajustado a los cánones de una corrección política extrema ni mucho menos”. Las palabras que se examinan en el pleno son arduas de consensuar porque son muchas opiniones las que se vierten, pero muchas otras no pasan por el pleno porque el consenso es más fácil.
Entre las acepciones más polémicas y retocadas se encuentran algunas de las siguientes palabras: de femenino han desaparecido los adjetivos débil y endeble. De masculino desaparece, varonil y enérgico. (Sin embargo, en los artículos de débil y fuerte se señala que hay sexo débil y sexo fuerte). De gallego se elimina la definición de tonto y tartamudo. De gozar la acepción de “conocer carnalmente a una mujer”. De huérfano, que antes se refería a una persona menor edad a quien se le había muerto el padre y la madre o uno de los dos, “especialmente el padre”, se ha quitado esa coletilla. De rural se ha eliminado la acepción de “inculto, tosco, apegado a cosas lugareñas”. De chusma, que estaba definida como conjunto de gente soez, se ha cambiado por “conjunto o multitud de gente grosera o vulgar”.
Entre las que se conservan están judiada. 1. Coloquial. Mala pasada o acción que perjudica a alguien). Gitanada. f. Trapacería. Sudaca, conserva la marca de despectivo, coloquial y España que tenía desde 2001 para referirse a los sudamericanos. En el caso de marica se reordenaron las acepciones, quietaron unas palabras y se incorporaron otras y se aclara que es malsonante y despectivo, aunque ahora puede continuar la polémica. Antes una de las acepciones decía: Hombre afeminado y de poco ánimo y esfuerzo.Ahora dice: 1. Femenino. 2. Dicho de un hombre: Apocado, falto de coraje, pusilánime o medroso. 3. Dicho de un hombre homosexual.
Una de las acepciones que “más guerra dio”, dice Álvarez de Miranda, fue incorporar la segunda de matrimonio para recoger el matrimonio entre parejas del mismo sexo.
Otros artículos que han sido enmendados en sus acepciones son, por ejemplo, democracia1. f. Forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos. 2. f. País que tiene esta forma de gobierno. 3. f. Doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes. 4. f. Forma de sociedad que practica la igualdad de derechos individuales, con independencia de etnias, sexos, credos religiosos, etc. Vivir en democracia. U. t. en sent. fig. Antes decía:1. f. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. 2. f. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.
Crisis: 1. Cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o en una situación, o en la manera en que estos son apreciados. // 2. Intensificación brusca de los síntomas de una enfermedad. // 3. Situación mala o difícil y así hasta siete. Antes decía1. f. Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente. 2. f. Mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales. 3. f. Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese. 4. f. Momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes. 5. f. Juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente. 6. f. Escasez, carestía. 7. f. Situación dificultosa o complicada.

PALABRAS DE AMÉRICA
19.000 acepciones

Esta es la seña de identidad más global de esta 23ª edición del Diccionario de la Lengua Española que alcanza un total de 19.000 artículos o palabras procedentes del continente latinoamericano y el mundo hispano de Estados Unidos. Las condiciones mínimas para ser aceptadas era básicamente que dicha palabra o acepción fuera usada en por lo menos tres países. De lo contrario podía haber una inflación de americanismos que ya están contenidos en elDiccionario de Americanismos publicado en 2010 (tiene 70.000 entradas y 120.000 acepciones). Tras la palabra propuesta por una o varias de las 22 academias estas debían sustentar y documentar su uso. Una vez la palabra quedaba fijada, la RAE la envió a las academias respectivas para que la ratificaran o hicieran las enmiendas respectivas.
amague. (De amagar). m. 1. Arg.Bol.Méx.Par. y Ur. Indicio o señal de algo que finalmente no llega a suceder. ‖ 2. Ec.Guat.Nic. yP. Rico. Gesto que indica la intención de hacer algo.
amigovio, via. (Fusión de amigo y novio). m. y f. coloq. Arg.Méx.,Par. y Ur. Persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo.
apunamiento. (De apunarse y -miento). m. Arg.Bol. y Chile. mal de montaña.
basurita. (Del dim. de basura). f. Arg.ChileEc.Guat.Hond.,Méx.Nic.Pan.Par.Ur. y Ven. Partícula de suciedad, especialmente la que se introduce en el ojo.
bicicletería. f. Arg.Par.Perú y Ur. Establecimiento donde se venden o reparan bicicletas.
(Más americanismos puedes verlos en el despiece del final).

PALABRAS JUBILADAS
1.350 adioses

El criterio es si se demuestra que dicha palabra no se usa desde el siglo XV. No tienen que estar las que no sobrevivieron a la época medieval. Sí, en cambio, las que se usaron en el Siglo de Oro, XVI y XVII, porque “el diccionario pretende ser un diccionario para leer también a los clásicos”, dice Álvarez de Miranda.
También se han jubilado las que tienen un fundamento muy débil, como que estén en un único texto, por ejemplo. Se eliminaron los artículos que eran producto de erratas: por ejemplo, Boleador: Hombre que hace caer a otro. Pero se dieron cuenta que en el origen de esta inclusión lo que había era la palabra Volcador, el que vuelca a otro. Es lo que los académicos llaman “fantasmas lexicográficos”.Fenicar: echar ácido fénico a algo. “Fue una incorporación precipitada en su momento”. Calántica: tocado de tela semejante a una mitra que usaban las mujeres de la antigua edad clásica. Se dieron cuenta que se trataba de una falsa lectura de Caláutica, una confusión entre una N y una U.
“Me parece bien que ese peso muerto que hay en el DRAE salga y esas palabras queden recogidas, si acaso en ese inmenso deposito léxico que será el Diccionario Histórico”, opina Álvarez de Miranda. Cree que todavía deben depurar más el diccionario, sobre todo de acepciones fantasma que son más difíciles de detectar. El académico recuerda que “el diccionario es hijo de sus antepasados y si nuestros antepasado metieron la pata o actuaron con ligereza las consecuencias se han multiplicado y contaminado a las ediciones sucesivas, y es difícil reconstruir ese lapsus para desalojar la palabra de la obra”.
acupear. tr. C. Rica. Defender, respaldar.
alidona. f. Concreción lapídea que se suponía encontrarse en el vientre de las golondrinas.
bajotraer. m. desus. Abatimiento, humillación, envilecimiento.
bigorrella. f. Piedra de gran peso que sirve para calar las collas.
dalind. adv. desus. De allá.
sagrativamente. adv. desus. Con misterio.
Entre los aspectos más difíciles de este diccionario estuvo la armonización con los equipos de las 22 academias y con la gramática y la ortografía y, por ende, todo el trabajo técnico que eso conlleva. Ha cambiado la tipografía de la obra, la presentación de los artículos, después del lema o palabra que lo encabeza aparece un paréntesis en el que se concentran varias informaciones que antes aparecían diseminadas por el artículo como variante de la palabra, etimológica, morfológica y ortográficamente. Aparecen también unos nuevos signos tipográficos, unos cuadratines y círculo negros o blancos que separan los distintos bloques de acepciones. Es un trabajo delicado porque en cuanto en un diccionario se toca algo se rompen una serie de equilibrios internos y hay que tener todo tipo de precauciones. Hay que tener en cuenta las consecuencias de esos cambios porque si se modifica una definición hay que tener cuidado en utilizar las palabras y acepciones que estén incluidas en el propio diccionario con el mismo significado. Es un mecanismo muy complicado y una revisión tan importante como esta en la cual se han tocado y modificado poco o mucho hasta 140.000 acepciones, lo que significa tener un control verdaderamente férreo del conjunto.
El diccionario es vivo como la lengua. En lista de espera hay cientos de americanismos y palabras generales y cientos de acepciones a los artículos existentes. Pedro Álvarez de Miranda lamenta, por ejemplo que la academia no decidiera incorporar la forma Finde, que procede de la lengua juvenil pero que se ha convertido en un coloquialismo para todos. "Creo que acabará entrando por que la veo con fuerza. Es una creación muy adecuada con la ventaja de que cierra el paso al anglicismo Weekend", sentencia el académico.
Y tras ella otras como wasap, vallenatoviejuno, asere, sinvergüenzura, condoliente, estaribel, link, identitario, pibón, menso... Y entre las acepciones queda pendiente una paraperiódico de información solo contempla lo impreso y aún no registra un formato como este, digital.

Palabras nuevas, acepciones y americanismos

ARTÍCULOS NUEVOS
bótox. (De Botox®, marca reg.). m. Quím. Toxina bacteriana utilizada en cirugía estética.
burka. (Del ingl. burka, y este del ár. burqa‘). m. o f. Vestidura femenina propia de Afganistán y otros países islámicos, que oculta el cuerpo y la cabeza por completo, dejando una pequeña abertura de malla a la altura de los ojos. U. m. c. m.
cameo. (Del ingl. cameo, y este del it. cammeo 'camafeo'). m. Intervención breve de un personaje célebre, actor o no, en una película o una serie de televisión.
chupi. (De or. expr.; cf. yupi, interjección para expresar júbilo). adj. 1. coloq.Esp. Muy bueno o estupendo. Una película chupi. ● adv. 2. coloq. Esp. Muy bien o estupendamente. Pasarlo chupi.
dron. (Del ingl. drone). m. Aeronave no tripulada.
establishment. (Voz ingl.). m. Grupo de personas que ejerce el poder en un país, en una organización o en un ámbito determinado.
euríbor. (Del ingl. euribor, acrón. de euro interbank offered rate 'tipo europeo de oferta interbancaria'). m. Econ. Tipo de interés que se aplica a los préstamos en euros entre grandes bancos, y que se usa con frecuencia como referencia en los préstamos hipotecarios a tipos de interés variables.
europarlamentario, ria. adj. 1. Perteneciente o relativo al Parlamento europeo. ● m. y f. 2. Diputado del Parlamento europeo.
externalizar. (Del ingl. to externalize, de external 'externo' y -ize '-izar'). tr. 1.Econ. Dicho de una empresa o de una institución pública: Encomendar la realización de tareas o servicios propios a otra empresa. El Ministerio externalizó el servicio de fotocopias. ‖ 2. Psicol. Atribuir a factores externos el origen de sentimientos, percepciones o pensamientos propios.
feminicidio. (Del lat. femĭna 'mujer' y -cidio; cf. ingl. feminicide). m. Asesinato de una mujer por razón de su sexo.
hacker. (Voz ingl.). m. y f. Inform. pirata informático.
homoparental. (De homo- y parental). adj. 1. Dicho de una familia: Formada por dos personas del mismo sexo y los hijos. ‖ 2. Perteneciente o relativo a la familia homoparental.
impasse. (Voz fr.). m. 1. callejón sin salida. ‖ 2. compás de espera (‖ detención de un asunto).
intranet. (Del ingl. intranet, de intra- 'intra-' y net 'red'). f. Inform. Red electrónica de información interna de una empresa o institución.
medicalizar. (Del fr. médicaliser). tr. 1. Dotar a algo, como un medio de transporte, de lo necesario para ofrecer asistencia médica. ‖ 2. Dar carácter médico a algo. La medicalización del parto.
mileurista. adj. 1. Esp. Dicho de una persona: Que percibe un sueldo mensual que se sitúa en torno a mil euros y generalmente se considera por debajo de sus expectativas profesionales. U. t. c. s. ‖ 2. Esp. Perteneciente o relativo al mileurista o al mileurismo. Salario mileurista.
multiculturalidad. f. Cualidad de multicultural.
positividad. f. Cualidad de positivo.
precuela. (Del ingl. prequel, y este formado sobre sequel 'secuela', con sustitución de la primera sílaba por pre- 'pre-'). f. Obra literaria o cinematográfica que cuenta hechos que preceden a los de otra obra ya existente.
red. […]. ‖ ~ social. f. Plataforma digital de comunicación global que pone en contacto a gran número de usuarios.
serendipia. (Adapt. del ingl. serendipity, y este de Serendip, hoy Sri Lanka, por alus. a la fábula oriental The Three Princes of Serendip 'Los tres príncipes de Serendip'). f. Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual.El descubrimiento de la penicilina fue una serendipia.
tuit. (Del ingl. tweet). m. Mensaje digital que se envía a través de la red social Twitter® y que no puede rebasar un número limitado de caracteres.
tuitear. intr. 1. Comunicarse por medio de tuits. ○ tr. 2. Enviar algo por medio de un tuit.
tunear3. (Del ingl. to tune; literalmente 'afinar', 'ajustar'). tr. Adaptar algo, especialmente un vehículo, a los gustos o intereses personales.
wifi. (Tb. wi fi. ♦ Del ingl. Wi-Fi®, marca reg.). m. Inform. Sistema de conexión inalámbrica, dentro de un área determinada, entre dispositivos electrónicos, y frecuentemente para acceso a internet. U. t. en apos., y t. c. f.
ACEPCIONES NUEVAS
digitalizar.… [Adición de acepción]. ‖ tr. 2. Convertir o codificar en números dígitos datos o informaciones de carácter continuo, como una imagen fotográfica, un documento o un libro.
eclosionar.… [Adición de acepción]. ‖ intr. 3. cult. Dicho de un movimiento cultural o de otro fenómeno histórico, psicológico, etc.: Hacer eclosión
gaita. … [Adición de acepción.] ‖ I 4 bis a. coloq. Esp. Tontería o cosa sin importancia. U. m. en pl. Déjate de gaitas.
gorrilla.… [Adición de acepción]. ‖ m. y f. 1. coloq. Esp. Persona que avisa de la existencia de una plaza libre para aparcar a cambio de una propina.
lorza.… [Adición de acepción]. ‖ f. 2. coloq. Esp. Pliegue de gordura que se forma en alguna parte del cuerpo, especialmente en la cintura.
margarita.… [Adición de acepción]. ‖ f. 6. bis. Cóctel preparado con tequila, licor de naranja y zumo de lima o limón, normalmente servido en una copa con el borde escarchado con sal. U. t. c. m.
migración.… [Adición de acepción]. ‖ f. 3. Inform. Paso de los programas, archivos y datos de un sistema desde una determinada plataforma tecnológica a otra diferente.
nube.… [Adición de acepción]. ‖ f. 8. Inform. Espacio de almacenamiento y procesamiento de datos y archivos ubicado en internet, al que puede acceder el usuario desde cualquier dispositivo.
olla.… [Adición de acepción]. ‖ f. 5. coloq. Cabeza humana.
pantallazo.… [Adición de acepción]. ‖ m. 1. Inform. Captura del contenido que se visualiza en la pantalla de una computadora.
patalear.… [Adición de acepción]. ‖ intr. 3. Manifestar protesta o queja, especialmente cuando es inútil.
pestaña.… [Adición de acepción]. ‖ f. 5. Inform. En la interfaz de un programa, especialmente de un navegador, elemento gráfico que mediante un clic permite cambiar de documento o de contenido dentro de la misma ventana.
plomizoza.… [Adición de acepción]. ‖ adj. 4. Pesado o molesto.
secuela.… [Adición de acepción]. ‖ f. 3. Obra literaria o cinematográfica que continúa una historia ya desarrollada en otra anterior.
AMERICANISMOS
bíper. (Del ingl. beeper). m. Arg.ChileEc.Guat.Méx.Nic.Pan. y P. Rico.Aparato electrónico que registra llamadas y mensajes.
cajonear. (De cajón y -ear). tr. Arg.Par. y Ur. Retardar el trámite de un expediente administrativo o de un documento con el fin de retrasar su resolución.
citadino, na. (Del fr. citadin, y este del it. cittadino). adj. 1. Bol.Col.C. Rica,CubaMéx.Nic.Pan. y Ven. Perteneciente o relativo a la ciudad. ‖ 2. Bol.Col.,CubaMéx.Nic.Pan. y Ven. Dicho de una persona: Que vive en la ciudad. U. t. c. s.
conflictuar. (Conjug. c. actuar). tr. 1. Arg.Bol.Ec.Méx.Par. y Ur.Provocar un conflicto en algo o en alguien. ○ prnl. 2. Arg.Bol.Ec.Méx.Par.Ur. Dicho de una persona: Sufrir un conflicto interno o preocupación que pueden llegar a condicionar su comportamiento.
identikit. (Del ingl. identikit, acrón. de identification 'identificación' y kit'kit'). m. Arg.Bol.Ec.Nic.Par.Perú y Ur. retrato robot.
lonchera. (De lonche y -era). f. Arg.Bol.ChileCol.C. RicaEc.Guat.,Méx.Nic.Pan.PerúP. Rico y Ven. Recipiente pequeño, de plástico u otro material, que sirve para llevar comida ligera, especialmente los niños cuando van a la escuela.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Mejoras en la consulta del DRAE en internet

 Introducción
  Coincidiendo con la publicación en internet de las últimas modificaciones al Diccionario de la lengua española, se han mejorado las funcionalidades de consulta al mismo. Para ello, se han tenido en cuenta algunas de las propuestas que más frecuentemente ha recibido la Institución en los últimos años, que, una vez implementadas, constituyen un claro avance en las condiciones de uso del Diccionario.
  Las tres funcionalidades incluidas son las siguientes:
Consulta por formas flexivas
  Actualmente, el DRAE admite consultas por las «claves de acceso» de cada lema. Estas son, en los sustantivos y adjetivos con moción, las formas masculina y femenina singular (abogado,abogada); en los verbos pronominales absolutos (es decir, solo pronominales en el uso) la forma pronominal y la no pronominal (arrepentirsearrepentir) y en las palabras que no presentan estas características, el lema sin el punto ni los superíndices, si los tuviera (cazacomprar). La más importante de las nuevas funcionalidades consiste en la posibilidad de consultar el Diccionario por cualquier forma flexiva de un lema que se encuentre en el mismo (así, lamentolamentas,...). A continuación, se detallan y ejemplifican los modos de consulta:
  • Consulta por formas y lemas.
      Permite recuperar un artículo por su lema (clave de acceso) o por cualquiera de las formas flexivas que este genera. En el caso de que la forma flexiva remita a más de un artículo con lema distinto, se crea una página de desambiguación con el fin de que el usuario seleccione el artículo que busca. Puede verse un ejemplo de relación unívoca entre forma y lema en la pantalla siguiente, en la que se ha consultado la palabra libraba.
      En los casos de relación múltiple, se genera una página de desambiguación como la que se muestra a continuación para la forma fue, en la que puede observarse el correcto tratamiento de los superíndices en la relación entre formas y lemas (ser2 es un sustantivo y, por tanto, no tiene relación con fue).
  • Consulta sin acentos, diéresis ni mayúsculas.
      Todos los caracteres acentuados o con diéresis se sustituyen por su forma sin ellos; además, las mayúsculas se reducen a minúsculas. Son pocos los casos en que el DRAE incluye voces con mayúscula inicial (Adviento) y, sin embargo, pueden ser muchos los usuarios del Diccionario que carecen de competencia sobre la correcta acentuación o que simplemente no disponen de un terminal que les permita introducir acentos. Por este motivo se mantiene esta opción de consulta, que ya existía en la edición de 2001, aunque se le ha cambiado el nombre de acuerdo con el departamento de «Español al día».
  • Consulta aproximada.
      A diferencia de la búsqueda por semejanza fonético-ortográfica, activa desde el año 2001, se ha incluido esta modalidad basada en distancia de edición, que es el número de inserciones, supresiones y sustituciones necesarias para transformar una cadena de caracteres en otra (así, casa y cosa tienen una distancia de edición de 1, mientras que avisas yaprisa se encuentran a una distancia de 3). La búsqueda por semejanza fonético-ortográfica se implementó con el fin de disponer de un mecanismo lingüísticamente motivado en el que se neutralizaban las grafías que están relacionadas con la ortografía (b/vh/0g/j,...) o con el diferente tratamiento fonético de ciertos fonemas en las distinta variedades geográficas del español (seseoceceo). Este mecanismo controlado se ha revelado insuficiente para tratar buena parte de los errores que comenten los hablantes cuando consultan el Diccionario, motivo por el cual se ha decidido adoptar esta opción de consulta basada en distancia de edición.
  • Consulta escalonada.
      No se trata, en sí misma, de una opción de consulta, sino de la aplicación en secuencia de los tres modos de consulta anteriormente descritos. Los modos se prueban en el orden presentado, de forma que cuando el primero de ellos devuelve un resultado se detiene la búsqueda. Esta estrategia asegura que la opción (u opciones) presentada es siempre la más próxima entre lo que el usuario introdujo y un lema del DRAE.
Consulta por formas complejas
  El usuario del Diccionario desconoce en muchas ocasiones el artículo en que se encuentra una forma compleja, a pesar de que se incluye una detallada explicación en la sección titulada "Advertencias para el uso de este Diccionario", que forma parte de los preliminares del Diccionario en su edición en papel y que puede encontrarse en formato electrónico en el marco izquierdo de la página web de consulta del Diccionario. Por este motivo, se ha considerado oportuno implementar una consulta de los artículos del DRAE por formas complejas incluidas en voces simples. En la consulta por formas complejas, de igual modo que ocurre en la navegación por envío en la aplicación actual, navegación que permite ir al artículo correspondiente (y a la acepción implicada) desde los envíos en negrita del Diccionario, se ha conseguido que el navegador muestre el artículo desde el punto en que se encuentra el lema de la forma compleja. Se trata de una novedad de gran impacto potencial en la consulta del Diccionario y que aproxima las funciones de consulta del DRAE en internet a las que tiene la versión electrónica en CD‑ROM.
  En los casos de homografía entre forma simple y forma compleja, se ha dado preferencia a la forma simple. Ejemplos de ello son naranjas y diablo, en los que se priman la forma simplenaranja y diablo sobre dichas formas complejas. Por tanto, en ambos casos, el artículo se muestra desde el principio.
  Asimismo, en relación con esta modalidad de consulta, se han realizado todos los esfuerzos posibles para dar cuenta de las formas complejas (29 822) que incluye el DRAE. Los lemas de las formas complejas no han recibido el mismo grado de formalización que los lemas de primer nivel (la nomenclatura del Diccionario), por lo que existen casos de variantes, con y sin conjunciones, de difícil tratamiento automático. Para favorecer la recuperación, las formas complejas se han indexado de varias maneras:
  •   tal como aparecen en el Diccionario;
  •   interpretando la variación morfológica donde existe (primera ministrahuéspeda de aposento);
  •   interpretando las variantes por dobles grafías (médula espinal) o por enumeración de opciones (puerta excusadaprendido con alfileres);
  • eliminando los actantes, a pesar del tratamiento inconsistente (no entrar en docena con otros vs. estar a rabiar con alguien, querer bien alguien a otra persona vs. tener alguien a otra persona agarrada por las narices).
  Estas maneras se juzgan suficientes para encontrar una forma compleja, por lo que no se han implementado el resto de las modalidades de búsqueda en la consulta de formas complejas.
  El ejemplo siguiente muestra el resultado de la consulta mano de obra.
Enmiendas al Diccionario desde 2001
  Finalmente, se ha optado por incluir un nuevo enlace en el marco de navegación izquierdo de la página del Diccionario en internet que conduce a una página en la que se muestran, organizadas por iniciales, todas las entradas del DRAE modificadas desde que este se publicó en 2001 y el número total de entradas modificadas. En el caso de las modificaciones, aparece siempre el artículo en la redacción que tenía en la 22.ª edición con un botón que permite ver el artículo enmendado (tal como ocurre ahora cuando se consultan estos artículos). No se presentan ambas versiones en la misma pantalla en ningún caso.
  La imagen siguiente muestra la primera de las pantallas a seis columnas de las voces con enmiendas que comienzan por m-, sobre un total de 597 palabras modificadas.
  La siguiente pantalla muestra el artículo magro, gra en su redacción original de 2001, por tanto, antes de ser enmendada. Desde esta pantalla puede verse el artículo enmendado.

domingo, 29 de julio de 2012

La lengua liberada



Los judíos piden sin éxito a la RAE que elimine el vocablo judiada

¿La Academia debe ser guardián del lenguaje o también promotor?


La Academia está dando tiempo a 'perroflauta' a ver si se consolida. / SAMUEL SÁNCHEZ

El diccionario está hecho con el propósito de que se puedan consultar palabras que ayuden a comprender no solo un texto del español actual, sino de aquel con el que Quevedo adornaba sus páginas. Esa es la razón, explican en la Real Academia, de que algunos vocablos chisporroteen en la mentalidad moderna. Son molestos, ofensivos, irritantes, merecedores de cambios o acotaciones. Pero los académicos no encuentran motivos de expulsión: su misión se limita, señalan, a dar cuenta de lo que hay, el diccionario “no es más que un catálogo, nosotros no promovemos un uso ni una palabra”, solo se recoge con pretensión notarial, dice José Antonio Pascual, vicedirector de la Academia. El secretario de la institución, Darío Villanueva, comparte la opinión: “Recogemos las palabras que funcionan y podemos perfeccionar las definiciones, corregir errores..., pero no se puede concebir un diccionario celestial, porque las palabras definen lo conveniente y lo inconveniente, lo justo y lo injusto, como decía Aristóteles”.
 Diversos colectivos y personas llaman cada año a la puerta de la institución proponiendo cambios, matices, nuevas palabras. Estos días fueron los judíos quienes pidieron la expulsión definitiva del término judiada: acción mala, que tendenciosamente se consideraba propia de judíos. La Academia contesta a todos, pero no siempre de acuerdo con sus requerimientos. La respuesta a este colectivo ha sido no. De una forma general, Villanueva dice: “No se puede confundir la palabra con la actitud y el sentimiento. ¿Quién admitiría un diccionario expurgado?, sería inquisitorial”.
Inquisición. Eso le recuerda al escritor Manuel Rivas, académico de la lengua gallega, que también los judíos tendrían alguna palabra para definir el sufrimiento que les infligían los guardianes de la ortodoxia católica, pero ese término no se encuentra en el diccionario. ¿Por qué? “Porque ya se sabe que quien tiene el diccionario tiene el poder”. Rivas no quiere dejarse engañar con “posiciones de supuesta neutralidad, que suelen ser conservadoras” y cree que esto cabe para diccionarios y Academias. “A veces el lenguaje es un elemento de dominación y hay que desenmascararlo”. No cree que sea exacto eso de que el lenguaje recoge la realidad, sino que “el lenguaje agresivo, de dominio, de desprecio, precede a un estado real de desprecio y de dominio. No refleja, anticipa”, dice. “El lenguaje es un campo de batalla, un espacio de lucha, es ingenuo verlo de otra forma; es un espejo de las relaciones de poder, y los que trabajan con las palabras no pueden ser ajenos a ello”, añade.
"Las palabras no reflejan, anticipan", sostiene el escritor Manuel Rivas
Así que, el escritor gallego entiende muy bien “la hipersensibilidad de ciertos colectivos” con algunos términos y “como decía Elías Canetti [el escritor sefardí]: si hay palabras para producir odio y dominar, para la guerra, también las hay para liberarse”.
Pero eso no significa que se expulsen términos, aunque el escritor no lo descarta —“En el diccionario gallego se ha quitado gitanada”— porque, a su parecer, “tirar una palabra también constituye una agresión. En la quema de libros de los nazis en 1933 no se echaba a la hoguera el libro de Freud, en realidad era quemar al propio Sigmund Freud”, ejemplifica. “No hay por qué ignorar un término, pero sí significarlo”. Lo que pide es que se incluyan palabras y que se modifiquen. De nuevo cita al diccionario gallego, donde la palabra matrimonio incluye la unión entre dos personas, independientemente de su sexo. “Eso da cabida a todo el mundo”, dice. La Real Academia también ha modificado esta entrada para ajustarla a la legislación.
Reclama, finalmente, una actitud por parte de los académicos que vaya más allá del mero reflejo de cierta realidad: pide que sean promotores, no solo notarios, a la búsqueda de esas palabras para la paz, porque “hay que llamar a la gente como quiere ser llamada, siempre fruto de un consenso”. Coinciden con él en la necesidad de cierta promoción o de iniciativas sobre la lengua por parte de la Academia algunos colectivos feministas, que han batallado por modificar o incluir algunos términos desde hace años. La economista y editora Ana Mañeru Méndez, algunos años vinculada al Instituto de la Mujer, lo explica con un ejemplo, el de la poeta norteamericana Emily Dickinson: “Se saltó todas las reglas de la lengua, las de puntuación, las mayúsculas, atribuía el género como le parecía, descolocaba las estrofas y no la destrozó ni la afeó, sino que abrió otro universo de expresión”. Cree que la lengua, “una herramienta poderosa de control y poder, no necesita tantas normas —porque se excluye a aquellos que no la usan como queda estipulado—, sino una actitud por parte de los académicos de observación, de admiración, de asombro, incluso de devoción por lo que ocurre, por cómo vive y evoluciona. Sin embargo, la Academia se limita a recoger algunos términos cuando ya es inevitable, porque el ridículo sería grande, cuando el fenómeno está consolidado”. Y finaliza: “Yo tampoco estoy por eliminar palabras, pero sí por introducir algunas, como prostituidor. El papel de la RAE debe ser activo, no de propiedad, de promotores, no de guardianes”.
Los académicos están acostumbrados a las críticas y las quejas desde 1726, con aquel primer Diccionario de autoridades. En 1818, cuando ya Fernando VII había vuelto a España con su absolutismo y su Inquisición, un fraile denunció a la Academia por su definición de caos: desorden antes de la creación. “Antes de la creación no había nada, dijo el fraile, por tanto, el texto era herético”, relata Darío Villanueva. La Academia resistió el envite. Ahora tiene normas para resistir algunos otros, que no son pocos. “Quizá esto es más desconocido, pero las empresas titulares de marcas registradas son refractarias a que esas marcas se conviertan en nombre común; tenemos maicena, teflón, zodiac, y nos piden insistentemente que las quitemos. Alegan propiedad”. La respuesta que reciben es que “la gente las usa ignorando su origen y no se puede expropiar a los hablantes de sustantivos comunes. Una cosa es la patente avalada por investigación o fórmula y otra, la palabra que la designa”, dice Villanueva.
En 1818 un fraile acusó a la Academia de herética por su definición de caos
Y para aquellos que piden una actitud promotora, esta es la respuesta: “Nosotros no inventamos, ni patrocinamos, ni promovemos. Eso puede hacerlo la gente y, si tiene éxito, podemos incluir los términos”, aclara.
Cita también las llamadas marcas del diccionario (en desuso, obsceno, coloquial, vulgar) como matices ilustrativos para aquellos vocablos que pueden resultar insultantes. A la Academia se le ha acusado de muchas cosas, reconoce Villanueva, “de gazmoños y de pacatos en términos de sexo, por ejemplo, y es verdad, se han incorporado muchas palabras que tenían que estar, como mamada”. También se les dice que no están al tanto de lo que se mueve a su alrededor, que son lentos de reacción. “Tiempo al tiempo”, dicen. “Las palabras deben pasar un mínimo de cinco años de cuarentena para ver si se consolidan. El año pasado se presentó a pleno pagafantas, que incluso daba nombre a una película; se discutió y se sometió a la revisión de continuidad: ya no se usa. Estamos viendo también si se consolida perroflauta”, menciona Villanueva. Es decir, si alcanza las condiciones que le darán entrada en el diccionario, sobre todo una frecuencia de uso.
Esta es la función de la Academia, recoger lo que se habla en la calle cuando satisface las normas establecidas. De ahí la existencia de palabras malsonantes, términos incómodos o hirientes. Después de todo, dice Villanueva, “eso no significa que los hablantes tengan la obligación de usarlos”. Cierto, pero así como un uso masivo concede la entrada en el diccionario, el desuso no la hará desaparecer nunca, porque han de quedar como referentes de un habla del pasado.
El escritor Andrés Trapiello deja esta reflexión mediante un correo electrónico: “Las palabras mueren de muerte natural, no porque lo decida ninguna Academia. La palabra judiada respondía a tiempos en los que en la España tridentina se veía a los judíos como responsables de la crucifixión, igual que la palabra jesuítico remite a cuando los jesuitas se apoderaron del Estado con malas artes. La comunidad judía o la Compañía de Jesús, que saben mucho de expulsiones, están en su derecho de pedir la expulsión de esas palabras del diccionario, pero seguirán utilizándose, si hay gente que las encuentra expresivas y en según qué contexto, o se arrumbarán por desusadas. Y como en todo, si hay personas a las que molesta, no cuesta nada, por cortesía, no usarlas; tenemos otras muchas en el diccionario para significar lo que queríamos decir con ellas”, dice.
No se conforma con esa ausencia de uso la escritora “española y judía” Esther Bendahan. “Las palabras responden a un inconsciente colectivo y su percepción sobre minorías. Si no se explican, si se descontextualizan, se las despoja del significado exacto. No digo quitarlas, porque interesa la historia de esa palabra, pero sí desactivarlas, si nos ponemos ciertas fronteras el uso va desapareciendo, hay que explicarlas. Y eso también se hace en el diccionario”.

Palabras que ofenden

ISAÍAS LAFUENTE
Es comprensible que a los judíos no les siente bien el uso de la palabra judiada para definir una mala acción. Como supongo que la Conferencia Episcopal temblará cada vez que repase el catálogo de acepciones surgidas en castellano a partir de su sagrada hostia y no es difícil intuir la indignación de cualquier colectivo de prostitutas cuando se hace referencia a sus hijos como paradigmas de malas personas o a las casas en que trabajan como lugar de desorden. Quienes no nacimos en la capital tuvimos que cargar en otros tiempos con el sambenito de ser provincianos, esto es, poco elegantes o refinados, y entre todos —la nómina a partir de los citados alcanzaría proporciones universales— podríamos constituir una nutrida organización de agraviados por la letra del diccionario si nos ponemos excesivamente finos.
Pero cargar contra él o contra los académicos que lo elaboran sería también una forma injusta de matar al mensajero. Nuestra lengua se articuló siglos antes de que se constituyese la Academia y las palabras nacieron y fluyeron durante ese tiempo libremente antes de ser atrapadas y definidas en un diccionario. En ellas se encierra lo mejor y lo peor del alma de un pueblo, y juntas constituyen un riquísimo catálogo en el que conviven términos nobles e inmundos, cultos y vulgares, hermosos y malsonantes, que proyectan una visión del mundo en parte precisa y en parte cargada de tópicos y prejuicios.
El diccionario da fe —o debería— de todos y es un instrumento que nos permite desentrañar el habla actual, pero también un rico yacimiento en el que encontramos fosilizadas palabras que nos ayudan a comprender el habla que fue. El trabajo de los académicos consiste en certificar el uso asentado de las palabras, para no acoger en el diccionario, que tiene vocación de permanencia, términos con corta fecha de caducidad. Y una vez aceptados, su misión es la de definirlos y contextualizarlos de manera precisa, con indicaciones que hagan referencia, si es el caso, a su carácter vulgar, despectivo o malsonante y a la vigencia o no de su uso. Que una palabra esté en el diccionario no significa que sea recomendable. En el caso de judiada, su carácter peyorativo está en su ADN a través del sufijo —como en alcaldada, sin que eso suponga menosprecio de las acertadas decisiones de los regidores municipales—, pero además en su cuidada definición la RAE subraya la “tendenciosidad” de su uso.
¿Podría matizarse más? Quizá. Pero, aunque todo es legítimamente discutible, pretender que la solución pasa por excluir la palabra del diccionario parece excesivo, salvo que en nombre de lo políticamente correcto mutilemos la mitad del diccionario. Casi tan absurdo como la resistencia de los académicos, que desde luego no son perfectos, a incluir términos globalmente aceptados desde hace décadas como el de violencia de género, usando argumentos que se ignoran al asumir otros neologismos.
Isaías Lafuente es periodista y escritor, responsable de la Unidad de Vigilancia Lingüística de la cadena SER.

domingo, 15 de abril de 2012

Diccionario del Sexo y el Erotismo


La obra de Félix Rodríguez recoge más de 250 voces alusivas al «pene» y más de 200 a la «vagina»

El idioma del sexo
El autor Felix Rodríguez. / Archivo


ANTONIO PANIAGUA / DIARIOSUR.ES
Día 15/04/2012

Ya hace cuatro años fue pionero en su materia al registrar el léxico que emplean gais y lesbianas. Ahora Félix Rodríguez, catedrático de Filología Inglesa de la Universidad de Alicante, ha publicado el Diccionario del sexo y el erotismo (Alianza Editorial), en el que se adentra en un mundo más explorado por la lexicografía aunque no por ello fácil de abarcar.

Diccionario del Sexo y el Erotismo
                                EFE        Rohit Chawla homenajea a Klimt
Con un afán exhaustivo, el lingüista ha hecho un registro de voces tan pormenorizado que su obra consta de más de mil páginas y unas 6.200 voces. El del sexo es un campo semántico que se renueva tan rápidamente que hay que estar atento para recoger las  expresiones del argot y sortear los tabúes que entraña la materia.

Félix Rodríguez ha buceado en el magma que representa Internet en busca de acepciones desconocidas y ha salido airoso del empeño.

De la imaginación de los hablantes para crear nuevos términos sexuales da fe este diccionario, aunque también Rodríguez confirma el acta de defunción de algunas palabras, como el de «mujer pública» para referirse a la prostituta.

«El mayor aporte al vocabulario erótico, como ocurre con el argot en general, proviene de los jóvenes. Y ellos son los que tienen más tiempo de ocio y están más inmersos en la cultura digital, convirtiéndose en usuarios habituales, cuando no adictos, a foros y blogs donde expresan de forma más libre y espontánea sus emociones y sus obsesiones relativas al sexo», comenta Félix Rodríguez.

Por ejemplo «'follamigo/a' y su precursor 'amigo/a con derecho a roce' son testimonio de una época reciente en la que se palpan mayores libertades en el campo del sexo». Asimismo, 'toy boy' y '(mujer) pantera', 'puma' (o en expresión inglesa, 'cougar') reflejan la desinhibición creciente sobre todo de la mujer ante el emparejamiento con jóvenes muy por debajo de su edad

Por último, el escritor explica que su diccionario recoge más de 250 voces para «pene», más de 200 para «vagina», y más de 150 para «acto sexual».

sábado, 28 de enero de 2012

Presentan el primer diccionario español-turco con transcripción fonética


Publicado 26/01/2012
Agencia Efe
Miércoles, 25 de enero del 2012

La Universidad del País Vasco (UPV) ha presentado hoy en la Facultad de Letras de Vitoria (España) el primer diccionario turco-español con transcripción fonética de ambas lenguas.

El diccionario ha sido elaborado a lo largo de una década por Carmen Uriarte, Sonsoles Taltavull y Bilge Cerah Sunal, en colaboración con filólogos, lingüistas, intérpretes e ingenieros y consta de 1.088 páginas.

La obra ha sido presentada en el campus de Vitoria como muestra de agradecimiento hacia una de sus autoras, Carmen Uriarte, por su labor como profesora lectora en la Facultad de Letras.

El diccionario, según ha informado en una nota la UPV, es una herramienta didáctica para todas las personas que quieran iniciarse o profundizar en el aprendizaje de alguna de estas dos lenguas.

La UPV/EHU mantiene una intensa colaboración con universidades turcas, con las que tiene 17 convenios.

Uno de esos acuerdos firmado con la Universidad de Ankara hizo posible que Carmen Uriarte ejerciera, desde 2005 y hasta 2010, como lectora de turco en la Facultad de Letras.

Durante la presentación, el rector de la UPV, Iñaki Goirizelaia, ha destacado que el diccionario hace posible un mayor acercamiento entre las lenguas y culturas de España y Turquía y favorece la colaboración, a todos los niveles, entre las universidades de estos países.

sábado, 22 de octubre de 2011

Medio siglo de lupa sobre el español






El 'Diccionario de dudas y dificultades', de Manuel Seco, actualizado 50 años después de su aparición, reprueba algunas normas ortográficas de la RAE


TEREIXA CONSTENLA - Madrid - 21/10/2011 - El País

Al despedirse, Manuel Seco Reymundo (Madrid, 1928) desmonta en pocos minutos un viejo prejuicio: la erudición y el envaramiento son indisolubles. Podría afirmarse sin exagerar que este señor bienhumorado es de los pocos lingüistas que ha tocado la cima. ¿Acaso hay mayor gloria para un lexicógrafo que dar nombre a un diccionario? Puede: dar nombre a dos.

"En realidad tengo dos hijos. A uno le llaman el Seco. Y al otro, el Diccionario del español actual, también. Les quiero a los dos".

La entrevista es para hablar de la actualización del primero: el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española que, desde su publicación, hace cincuenta años, no ha cesado de reeditarse y reimprimirse. Ni el autor ni su actual editorial, Espasa, se atreven a calcular cuántos ejemplares se han vendido de esa obra que aspira a resolver cuestiones esenciales del español (en su versión europea), aunque nadie duda de que viene de un periodo de gloria: en estos cincuenta años se universalizó la enseñanza, demandante voraz de manuales semejantes. Un tiempo lo bastante largo como para dejar huellas: "Medio siglo se nota en la vida de la lengua y en una persona. Como observador he notado cambios reales, que me han conducido a algunas supresiones de artículos o a dar soluciones más ambiguas que al principio".

A los 50 años, el Seco se ha actualizado en un Nuevo Diccionario de dudas y dificultades del idioma español, que ahora publica Espasa. Se ha aligerado en algunos aspectos, aunque aclara su autor que la lengua se resiste a la crónica forense. "Es dificilísimo certificar la muerte de una palabra. Cuando creemos que ha muerto, de pronto aparece en un periódico o una novela. Yeyé fue una palabra que hizo furor unos años, y ahora alguien de 20 años no sabría qué significa. La circulación de palabras que decaen con el paso de los años se da mucho más en la lengua hablada que en la escrita".

Alguien de 20 años no sabrá qué significa yeyé, pero seguro que escribe en su móvil a la velocidad de la luz mensajes de palabras tan adelgazadas de letras que parecen lenguajes nuevos. "El sms es un sistema taquigráfico, no tiene otro valor. Todos hemos usado nuestros sistemas taquigráficos para tomar apuntes en la universidad y luego hemos vuelto al lenguaje en una situación normal. Lo malo es si los chicos que usan sms son incapaces de escribir frases enteras. Un escritor de primera fila puede usar sms, pero fuera del móvil cambia de traje". El académico tiene móvil, pero no cultiva los sms. Y en los correos electrónicos se esmera en evitar errores ortográficos que le colocarían en un delicado lugar. "Nunca sabes quién puede leer los correos".

Mayor amenaza que en los sms percibe en una enseñanza fallida, en periódicos, que por deformación profesional el lingüista lee con la ceja alta del examinador, y en los libros mal traducidos. Recuerda Seco que de Rafael Cansinos Assens, que tradujo a Tolstoi y Dostoievski, entre una larga colección de valiosos escritores, "se decía que mejoraba el original". Ahora proliferan ejemplos de lo contrario. Seco ajusta cuentas con un reciente best-seller de John Boyne mal titulado: El niño con el pijama de rayas. "El título debería haber sido El niño del pijama a rayas. Es grave que ocurra en el título aunque no he leído la novela, quizá me atreva ahora para analizar si hay más errores, aunque no pasa nada, la gente sigue respirando y alimentándose...".

La ortografía, dirá más adelante con ironía y tal vez resignación, "es una cosa personal". "Si uno quiere saltársela, se la salta", bromea. En realidad, el lexicógrafo cree que la ortografía es el único terreno donde está justificado ser hiperconservador, una afirmación que toma prestada del académico Pedro Álvarez de Miranda. "Las lenguas cultas como el inglés, el francés y el alemán son conservadoras. Las primeras no han hecho ninguna reforma a pesar de sus grafías descabelladas".

Seco, académico desde 1980 (sillón A), ha sido crítico con las revisiones elaboradas por la casa. La nueva Ortografía de la lengua española de la Real Academia Española (RAE) se presentó en 2010 y sustituyó la que estaba vigente desde 1999. "No me parece aceptable publicar una ortografía a los diez años de la anterior. Solo añadía algunas ideas geniales y confirmaba la anterior". En su nuevo Diccionario, el lingüista ajusta cuentas y no duda en reprochar a la RAE que "siembre la confusión" con la supresión de tildes en palabras como guion, hui o fie con el argumento de que son monosílabos. Y, citando a Larra, escribe que el Diccionario de la RAE "tiene la misma autoridad que todo el que tiene razón, cuando él la tiene". "En algunos aspectos la Academia se toma una libertad discutible y discutida. Las normas se introdujeron sin consultar a los académicos, lo hizo una comisión. Aunque luego lo tenemos que suscribir todos, yo soy inocente". Y desliza finalmente, sin que una acierte a dilucidar si bromea o expresa pesar:

-Tendría que haber llevado a la Academia a los tribunales.


*El Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, de Manuel Seco, es sin duda uno de los diccionarios más consultados e influyentes de nuestra lengua, como demuestran sus múltiples ediciones y reimpresiones, las imitaciones a que ha dado lugar y sus cifras de ventas. En esta nueva edición, la úndecima, todo el texto se ha sometido a una revisión integral con la doble intención de actualizar su contenido por medio de una documentación más completa y de ampliar el número de las cuestiones estudiadas.
Es una obra concebida para responder a algunas de las mil pequeñas dudas que a los españoles de hoy se les pueden presentar en el propio uso de su lengua, o a algunas de las mil preguntas que se les pueden ocurrir al observar el uso por otros de este mismo idioma. No es una simple colección de recetas o consejos, sino una invitación abierta a todos sus lectores para que reflexionen sobre su propia lengua.

sábado, 30 de julio de 2011

400 años del Diccionario de Covarrubias


Imagen del Tesoro de la lengua castellana o española (1611), de Sebastián de Covarrubias (Toledo, 1539-Cuenca, 1613), tomada en la Biblioteca Nacional.- ÁLVARO GARCÍA




JOSÉ MANUEL BLECUA 30/07/2011 - EL PAÍS


El Tesoro de la lengua castellana o española, que Sebastián de Covarrubias publicó hace cuatro siglos, no es solo un manjar para los filólogos. Quien se anime a consultarlo descubrirá mil historias. Carmen Calvo, Ouka Leele y Miguel Gallardo han elegido una palabra de este diccionario y la interpretan en imágenes para Babelia. Por José Manuel Blecua

En el Vocabulario español-latino que Elio Antonio de Nebrija publicó a finales del siglo XV se explica lacónicamente el significado de las palabras españolas, por medio de las latinas a que corresponden. Este proceder, tomado como una virtud, se ha mantenido en nuestros diccionarios actuales, que tratan de exponer, ahora ya en español, el significado y el uso de las palabras de nuestra lengua.







Un nutrido grupo de palabras o acepciones aparecen en nuestros diccionarios por la autoridad que concedieron al de Covarrubias
Hay otro tipo de diccionarios que no se conforman con dictaminar qué significan las palabras o en qué situaciones se usan, sino que buscan las razones de su empleo. Es lo que ocurre en los que conocemos como diccionarios etimológicos o históricos. Son precisamente estos los caminos por los que se movió Alonso de Palencia, por la misma época de Nebrija y por los que, unos doscientos años después, volvió a recorrerlos, con más empeño, Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española, de cuya publicación se cumple este año el cuarto centenario.

Para hurgar en el significado de las palabras contaba Covarrubias, primero, con la etimología -ciertamente muy apoyada entonces en la imaginación del lexicógrafo-; después, con algo de lo que se huye en los diccionarios normales: las explicaciones enciclopédicas de la realidad -también en muchos casos pintorescas- y, finalmente, con las relaciones que se establecen entre las palabras de una misma familia. Con todo, la obra tiene una importancia que voy a tratar de resaltar por medio de dos rasgos: es el primero, la incorporación de algunas de sus voces al diccionario académico; y el segundo, la información que proporciona para comprender nuestros textos clásicos.

Tratándose del diccionario de la Academia, nos encontramos, por ejemplo, con la voz fregadero, definida como el mueble en el que se friegan los platos, significado que se extiende a la propia pila de fregar, hoy prácticamente desaparecida. Esta definición, que tiene alguna relación con la de Covarrubias, reduce considerablemente la realidad más compleja que había acogido el Tesoro, en la que se desciende a lo que se friega, que son "los platos, escudillas, sartenes y los demás vasos de aparador y espetera". Por otro lado, se relacionan en ese mismo artículo otras palabras de la misma familia: ya se trate de la fregona, es decir, "la moza de servicio que anda en la cocina entre las ollas y los platos, a estas llama Lope de Rueda platerillas" o de lo que supone un refregón: "un arrimarse de paso, como el que se arrimó a la pared, pasando de largo, y se enyesó la capa" o de una refriega: "la revuelta y pendencia de unos contra otros". Esas relaciones que se dan entre los miembros de la familia de palabras le llevan a explicar frases como "Muger de buen fregado: la deshonesta que se refriega con todo" o "Refregarse con las mujeres es allegarse mucho a ellas". A las palabras emparentadas se agregan otras de linaje distinto, como es el caso de las platerillas o de los platos, escudillas, aparador o espeto.

Hay que reconocer que un nutrido grupo de palabras o acepciones aparecen en nuestros diccionarios por la autoridad que concedieron al de Covarrubias, como es el caso de un bobillo, que significa "Jarro vidriado y barrigudo, con un asa como la del puchero", que el diccionario académico tomó de esta obra: voz sobre cuya existencia algún tiempo tuve dudas, hasta que la encontré en inventarios abulenses del siglo XVII; o de brizar 'acunar' que aún se puede oír en territorio leonés; o de la acepción de brújula 'punto de mira', que el diccionario da como desaparecida y que sirve para explicar el camino que ha recorrido el italiano bussola, 'cajita' para convertirse en brújula; o del juego del abejón; o del uso de aburrir con el significado de 'aborrecer'; o de los azacanes, que, curiosamente solían ser "gabachos".

Sirve admirablemente, en segundo lugar, la obra para comprender mejor el léxico de la literatura del pasado, por más que su consulta no carezca de problemas, al reunirse en un mismo artículo esas familias de palabras a que me he referido antes y al no poder sospechar que vamos a encontrar, por tanto, dentro de una palabra otra que puede interesarnos; aparte de que algunas voces estén situadas fuera de su lugar alfabético. Pero son problemas (que se resuelven además con la consulta en soporte electrónico del diccionario) que no han de afectar a un lector que renuncie al apresuramiento, si en vez de buscar con urgencia un dato, trata de leer el Tesoro con la pasión con que se leen las obras de creación. Asistirá a mil historias -a cual más fabulosa-, se asomará a la literatura latina, se embeberá de refranes, se topará con palabras que han desaparecido, pero que las emplean nuestros clásicos: ahí están esas platerillas citadas, que yo solo conocía de la Picara Justina, en un pasaje en que un personaje se refiere a un joven al que vio "en algunos buenos tiros que hizo a inocentes platerillas".

No todo en la vida ha de ser pensado a corto plazo y franqueado con sello de urgencia: hemos de reservarnos, también en los diccionarios, placeres que no son los comunes, como estos de bucear en los veneros en que nacen las palabras y en que se da cuenta de su explicación. Es este el ámbito que más ha de interesar al lector del Tesoro de la lengua española: desde luego, cuando se adentra, por ejemplo, por artículos tan desmesurados como los referentes a abeja o buey, pero tan llenos de datos para entender la organización de las cosas que se hacían nuestros antepasados más cultos, de un modo particular los escritores. También en casos como el del cocodrilo, en que parece que estuviéramos ante una página de una pintoresca enciclopedia, donde encontramos de todo: una curiosa e insostenible etimología a partir del latín croco 'azafrán', la explicación de la vida del animal, y finalmente su utilización simbólica. Estos datos pueden resultarnos curiosos, pero sin ellos, difícilmente podríamos entender la idea de las cosas que se hacían las personas para las que escribía Covarrubias, tan pintorescas, pero tan reales como supone pensar que la berenjena produce melancolía o que el bollo maimón sea "pan mezclado con hechizos de bienquerencia". Con todo, he de precaver a los futuros lectores de este benemérito diccionario que han de desentenderse de las sorprendentes etimologías que nos brinda, la mayor parte de las cuales pertenece al mundo de la pura fantasía. Para hacerlo comprender no necesito fijarme en sus étimos hebreos o árabes, basta con recurrir a las romances, como la de abarca "por tener forma de barcas" o cetrería "díjose, de cetro".

He querido ponderar por medio de dos características la importancia que tiene esta obra cuyo centenario conmemoramos. Querría añadir que su lectura no solo es manjar reservado al gusto de los filólogos, sino un banquete para lectores refinados, como Luisa Alday, personaje de la última novela de Javier Marías, Los enamoramientos, que acude a ese "voluminoso libro verde" que es el diccionario de Covarrubias, para introducir a la envidia en el relato, en tanto que, según el lexicógrafo, se trata del veneno que "suele engendrarse en los pechos de los que nos son más amigos, y nosotros los tenemos por tales fiándonos dellos".

Para este monumento de la lexicografía tenemos además la ventura de contar con buenas ediciones, no solo accesibles, sino que merecen un elogio desde el punto de vista filológico y técnico: me refiero a la de Martín de Riquer, que durante tanto tiempo fue la usual entre filólogos, y la más reciente de Ignacio Arellano y Rafael Zafra, que puede considerarse como la edición definitiva y que cuenta además con un CD que facilita notablemente el acceso a la obra.


Tesoro de la lengua castellana o española según la impresión de 1611, con las adiciones del Padre Benito Remigio Noydens, publicada en Madrid, 1674. Sebastián de Covarrubias. Edición de Martín de Riquer. Barcelona: SA. Horta, 1943. Alta Fulla Editorial. Barcelona, 2003 (reproducción de la edición de M. de Riquer). 1.120 páginas. 60 euros. Tesoro de la lengua castellana o española. Sebastián de Covarrubias Horozco. Edición integral e ilustrada de Ignacio Arellano y Rafael Zafra (reimpresión de la edición de 2006). Iberoamericana. Madrid / Fráncfort, 2009. 1.639 páginas + CD. 120 euros. José Manuel Blecua (Zaragoza, 1939) es director de la Real Academia Española.

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