Mostrando entradas con la etiqueta etimología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta etimología. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de diciembre de 2015

Etimología de ‘alcohol’ por Blog de Lengua española

 Resultado de imagen de Etimología de ‘alcohol’


El nombre alcohol viene del árabe hispánico al-kuhúl. Como es habitual con los arabismos castellanos, el artículo de la lengua de origen va incorporado: es la forma al- que aparece al principio de la palabra.
El significado de la palabra alcohol en la Edad Media era muy diferente del de hoy. En realidad es el antepasado del rímel. Se trataba de un polvo finísimo de antimonio que utilizaban las mujeres para pintarse los ojos. Este cosmético, por cierto, fue muy criticado en toda la literatura misógina de la Edad Media y de los Siglos de Oro (el caso era criticar a las mujeres).
La palabra se extendió desde la península ibérica a las otras lenguas de Europa. En este paso, empezaron a utilizarlo los alquimistas: primero con su significado original y después con el de ‘elemento muy fino y puro’. A partir de ahí se empieza a emplear para referirse a los productos de la destilación en general, que son, efectivamente, elementos finos y puros.
Es en el siglo XVI cuando se aplica esta denominación al espíritu de vino, o sea, el etanol, que se extrae del vino por destilación. Esto es ya lo que entendemos en nuestros días por alcohol. Se atribuye este último significado nada más y nada menos que al médico y alquimista suizo Paracelso.
Después de recorrer todo este camino, la palabra se reintroduce en el español con el significado que hoy le atribuimos. Este es, por tanto, un curioso ejemplo de préstamo de ida y vuelta: nosotros se lo enviamos a Europa y desde allí nos lo devolvieron remozado y revitalizado.
Aunque me aparte un poco de lo estrictamente etimológico, me voy a permitir recordar quealcohol se escribe con dos oes y con hache intercalada, pero se pronuncia [alkól], con una sola o. Es la pronunciación tradicional y debemos mantenerla.
Y esta es la curiosa historia de una palabra que empezó nombrando a un cosmético y acabó siendo la responsable de nuestras noches de borrachera y, cómo no, de las mañanas de resaca que vienen después.

lunes, 7 de octubre de 2013

Etimología de ‘viernes’ (Blog de lengua española)


El día de la semana que hoy conocemos como viernes se nombró originariamente en honor de la diosa Venus.
Viernes procede de la expresión latina Veneris dies, o sea, ‘día de Venus’; pero antes de llegar a la forma actual tuvo que dar algún que otro paso. La palabra dies (‘día’) era opcional en latín, de manera parecida a como hoy podemos decir el mes de agosto o, simplemente, agosto. El castellano viernes desechó la palabra día, que, sin embargo, se conservó en otras lenguas románicas:
  • Catalán: divendres
  • Francés: vendredi
  • Italiano: vener
Vemos además en los ejemplos de arriba que la palabra en cuestión se traía un cierto baile, porque lo mismo se podía poner antes o después del nombre de Venus.
La Venus Verticordia de Dante RossettiLa Venus Verticordia de Dante Rossetti

No acabaron aquí los cambios en el paso del latín al castellano. Veneris era palabra esdrújula (véneris). Como consecuencia, la segunda e se pronunciaba muy débil. Prueba a pronunciar típico muy deprisa y comiéndote la segunda i; verás cómo apenas se nota. Esto es una muestra de que hoy siguen funcionando los mismos mecanismos fonéticos.
El caso es que los hablantes acabaron comiéndose del todo la segunda e deveneris. Todavía hoy tenemos un testimonio de este estadio en el nombre de este día de la semana en gallego: venres. A juzgar por el resultado, esa pronunciación no tenía mayor dificultad para los gallegos, pero por alguna razón a los órganos fonadores castellanos se les atragantaba en época medieval, así que acabaron dándoles la vuelta a las consonantes.
Solo queda por explicar un paso que me he saltado antes para no complicar más las cosas: la e que se pronunciaba acentuada diptongó y se convirtió en -ie-. Todavía hoy podemos apreciar este cambio fonético en alternancias como la de fregar/friego, que dependen de dónde recaiga el acento en la pronunciación.
Para terminar puede ser interesante que leamos juntos el artículo de Covarrubias para la palabra viernes en su Tesoro de la lengua castellana o española, que fue el primer diccionario del español:
VIERNES, vno de los dias de la semana, dicho assi por los Gentiles, en honor de la diosa Venus, o del planeta Venus. La Iglesia Catolica le dio nombre de sexta feria, y en ella hazemos remembrança de la passion, y muerte de nuestro Redemptor Iesu Christo, y con mas particularidad el dia del Viernes Santo. Los Viernes por esta razon, son dias de penitencia, y nos abstenemos de comer carne y grosura, y fuera de los Religiosos, muchos seglares deuotos añaden el ayuno. Prouerbio. Achaques al Viernes por no ayunarle. La semana que no tiene Viernes. Todas le tienen, pero en razon de la abstinencia dezimos no auer Viernes, quando la Pasqua de Nauidad cae en este dia.
Y ya está, esta era la curiosa historia del paso desde veneris dies hasta viernes.

domingo, 18 de noviembre de 2012

LIM La etimología de Manuel Guerrero


pincha aquí

LA ETIMOLOGÍAbabel.jpgEsta es mi primera participación en El Tinglado. Se trata de un LIM (Libro interactivo multimedia) sobre etimología. Va destinado a alumnos de secundaria (tanto de primer como de segundo ciclo). Comienza con una página teórica donde se explican algunos conceptos fundamentales y el resto son actividades de diferente tipo.

sábado, 9 de junio de 2012

¿De dónde viene ‘ojalá’?



 
Ojalá es uno de los muchos arabismos que tenemos en castellano. Viene de la expresión wa shā’ llah ‘quiera Dios’.
La memoria de este significado se ha perdido y únicamente lo podemos reconstruir mediante la etimología. Quien dice hoy ojalá no piensa en Dios ni deja de pensar, tan solo le da a la oración un matiz optativo (ojo, entiéndase esta palabra como término lingüístico con el significado de ‘deseo de que se realice algo’). Pero curiosamente el significado etimológico sigue encajando a la perfección en los contextos en que aparece esta interjección. Si no me crees (que no tienes por qué creerme), prueba a sustituir ojalá por quiera Dios (que) en unas cuantas oraciones. ¡Ojalá funcione!

viernes, 30 de marzo de 2012

Etimología de ‘murciélago’


Tengo buenas noticias para quienes se lían con murciélago y murciégalo. Las dos sílabas finales no solo se les enredan a ellos. También se le enredaron históricamente al español.

El nombre del animalito procede del latín mur caecus, es decir, ‘ratón ciego’. Existió en castellano antiguo una forma murciego que todavía se puede encontrar en algunas variedades del español (convertida quizás en el diminutivo murceguillo, o sea, ‘ratón cieguecito’). Por una tendencia, que ha sido muy importante en la formación de nuestro léxico, a expandir las palabras añadiéndoles terminaciones que no aportan significado surgieron las formas antiguas murciégano y murciégalo. A partir de esta última, trastocando el orden de las dos sílabas finales, surgió nuestra forma actual murciélago. Este baile en la posición de los sonidos es lo que técnicamente se conoce como metátesis.

En definitiva, la actual forma murciélago no deja de ser el resultado de una confusión. Pero por si esta explicación histórica no termina de conformar a quienes se han quedado en el entrañable murciégalo, les diré que el diccionario académico todavía recoge esta palabra, aunque no la prefiere, pues ya ha quedado reducida al habla popular o regional.

  

sábado, 18 de febrero de 2012

¿De dónde viene la palabra disfraz?


disfraz

Disfraz, definido por el diccionario de la RAE como "artificio que se usa para desfigurar algo con el fin de que no sea conocido" o "vestido de máscara que sirve para las fiestas y saraos, especialmente en carnaval", podría derivar del término desfrezar, que significa "quitar las huellas o rastros de un animal". Así, disfrazarse podría entenderse como un modo de "despistar" para "ocultar quién eres". Después, dice el lexicólogo Corominas, el término se transformó en el actual disfraz y pasó a significar “desfigurar” y “engañar”. El catalán fue la lengua que primero aplicó este vocablo a los disfraces festivos en el siglo XIX. 

En cuanto a la palabra máscara, probablemente proviene del árabe máshara, que significa "bufón" o "payaso". También hay quien busca sus raíces en el antiguo provenzal masca, "bruja". Las primeras máscaras estaban hechas a partir de hojas y de cortezas de árbol. Después se fabricaron con cuero forrado de tela. Y, más tarde, con madera y cobre.
Muy Interesante

viernes, 8 de julio de 2011

Etimología de la palabra "canícula"

Cuando llega el verano y el mercurio amenaza con reventar los termómetros, se empieza a hablar de la canícula. Hoy este sustantivo se ha convertido en sinónimo de ‘periodo de calor intenso’; pero etimológicamente tuvo un significado más preciso. Canícula es un diminutivo de can. Se trata, en realidad, de una formación latina a partir de canis, y si tuviéramos que traducirlo saldría algo así como ‘la perrita’.



La vinculación entre tan simpático animal y los calores que nos toca sufrir todos los años es astronómica. La perrita de marras es Sirio, la estrella más brillante de la constelación del Can Mayor. Antiguamente, la época más calurosa del año coincidía con los días en que Sirio salía y se ponía al mismo tiempo que el sol. Este periodo iba del 22 de julio al 23 de agosto. Pero los milenios no pasan en balde y la perrita Sirio va retrasando cada vez más sus paseos celestes. Hoy tiene al sol esperándola hasta septiembre (aunque en esto me remito al mejor criterio de los astrónomos, que uno bastante tiene con ser lingüista).



Desde un punto de vista etimológico, este uso de canícula donde realmente tiene sentido es en el hemisferio norte, puesto que la configuración del cielo nocturno en el sur es completamente diferente. Por eso siento curiosidad por saber si también se habla de la canícula en los países del hemisferio austral. Si algún lector de esas tierras me lo pudiera aclarar, se lo agradecería.



Saludos y que sobreviváis a estos calores de julio.

lunes, 13 de junio de 2011

Etimología de ‘orquídea’

Etimológicamente, el nombre de la orquídea reposa en una metáfora, pero esta no se basa en nada que esté presente a simple vista, sino más bien en algo que suele permanecer oculto (en más de un sentido). Proviene del griego órchis, que significa ‘testículo’ y se le aplica porque en algunas especies las raíces forman una especie de tubérculos emparejados.

No creo que haga falta mayor explicación.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Etimología de ‘entusiasmo’

22 de marzo de 2011


El sustantivo entusiasmo procede del griego enthousiasmós, que viene a significar etimológicamente algo así como ‘rapto divino’ o ‘posesión divina’.
En efecto, el sustantivo griego está formado sobre la preposición en y el sustantivo theós ‘dios’. La idea que hay detrás es que cuando nos dejamos llevar por el entusiasmo es un dios el que entra en nosotros y se sirve de nuestra persona para manifestarse, como les ocurría —creían los griegos— a los poetas, los profetas y los enamorados.
Todos ellos estaban poseídos por la divinidad y por ello merecían respeto y admiración, pues llegaban a alturas que no podían ni siquiera vislumbrar las gentes de a pie, por no decir pedestres.

viernes, 11 de marzo de 2011

Etimología de ‘chillar’


2 de marzo de 2011
Chillar es tocar la flauta, al menos, etimológicamente.
Esta palabra procede del latín fistulare, que significaba ‘tocar la flauta’. Una fístula, en sentido general, es un canal o un conducto; y eso, al fin y al cabo, y no otra cosa, es una flauta. El paso de fistulare al significado de ‘chillar’ reposa sobre una metáfora. Los chillidos de personas y animales quedan asimilados a los pitidos agudos que salen de una flauta (sobre todo, cuando desafinamos).
El verbo latino se debió de deformar en latín vulgar hasta convertirse en *tsisclare. Esta forma lleva un asterisco delante porque no está atestiguada; pero tuvo que existir, pues de lo contrario no se entiende de dónde pudo salir toda una serie de cognados románicos como el castellano antiguo chirlar, el gallego-portugués chilrar, el aragonés chilar y el catalán xisclar.
Pero no se acaba ahí la descendencia del verbo latino fistulare. Ha tenido también su prolongación en euskera con las voces txistulari ‘flautista’ y txistu ‘flauta vasca’.
Esto es solo un ejemplo de lo que se puede encontrar uno hojeando el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana de Joan Coromines, que no es lo peor que se puede hacer un miércoles por la tarde.

sábado, 18 de diciembre de 2010

La falacia etimológica

El sustantivo etimología está formado sobre el adjetivo griego étymos ‘verdadero’ y viene a significar etimológicamente algo así como ‘estudio del verdadero significado de las palabras’. En la práctica, la etimología es algo muy diferente y bastante más modesto. Se trata de una rama de la lingüística que estudia el origen y evolución de las palabras. En esa discrepancia entre el significado etimológico y el significado que de hecho tiene este término en la actualidad está el quid de la cuestión que nos va a ocupar hoy: la falacia etimológica, en la que se dan la mano lógica y lingüística. La falacia etimológica es un modo incorrecto de argumentar o razonar que consiste en tomar el significado originario de una palabra como el único verdadero.



Esto supone pasar por alto algo que sabe cualquier principiante en las lides lingüísticas: el significado de las palabras es convencional y, por tanto, estas no tienen más significado verdadero que el que lleguen a adquirir en el seno de una comunidad lingüística en un momento determinado. Y digo en un momento determinado porque el significado, como todo lo que va asociado a las lenguas, va cambiando con el paso del tiempo. Este es un fenómeno que se conoce como cambio lingüístico y al que ninguna lengua escapa.



La etimología ilustra sobre el origen e historia de las palabras, pero no necesariamente sobre su significado actual. Nos puede iluminar incluso sobre aspectos que se nos escapaban y que nos ayudarán quizás a ahondar en nuestra comprensión de un concepto. Hace dos semanas, por ejemplo, hablábamos aquí sobre cómo el verbo escribir significa etimológicamente ‘arañar, hacer incisiones’. Esto tiene relación con la forma en que históricamente se empezó a escribir y nos presenta gráficamente la evolución que subyace a nuestras actuales técnicas de escritura. Pero de ahí a decir que la verdadera forma de escribir consiste en arañar va un mundo.



Un buen ejemplo de falacia etimológica nos lo brinda la polémica que, con pequeñas variantes, se va reproduciendo en los diferentes países donde se va planteando la necesidad de equiparar los derechos de las parejas del mismo sexo en lo tocante al matrimonio. Nunca falta aquí alguien que, tirando de diccionario, afirme que matrimonio viene de madre y que, por tanto, un matrimonio sin madre no puede ser tal. Ese argumento, aplicado consecuentemente, nos impediría llamar plumas a las estilográficas, puesto que no se han arrancado del ala de ningún ganso. Una misma palabra, a lo largo de la historia, se puede ir refiriendo a realidades cambiantes. Tal forma de argumentación supone querer dar por cerrado un problema político a golpe de diccionario, basándose en un supuesto sentido prístino y auténtico, casi mágico, de los vocablos. Si la cosa fuera tan sencilla, nadie querría ser diputado y, en cambio, habría bofetadas para ser lexicógrafo.



Detrás de este tipo de falacia se encuentra implícita la idea de la degeneración de la lengua desde un estadio de pureza primigenia del que nos vamos alejando con cada paso que damos. No hace falta devanarse demasiado los sesos para percibir la conexión con el purismo.



Lo importante de todo esto es que la etimología no es una varita mágica para entender los significados actuales de las palabras. Simplemente nos cuenta —cuando puede y hasta donde puede— los que tuvieron históricamente. Y el diccionario, cualquier diccionario, nos informa como máximo (si está bien hecho) de lo que significan las palabras, pero en ningún caso de cómo debe ser el mundo del que hablamos con esas palabras.

domingo, 31 de octubre de 2010

Etimología de la palabra chao

Chao es una fórmula de despedida con una curiosa historia. Para rastrear sus orígenes vamos a tener que hacer todo un viaje etimológico.




Nosotros la hemos adoptado del italiano, desde donde se difundió a las lenguas del mundo hasta pasar a formar parte del vocabulario internacional. El italiano estándar, a su vez, la tomó de la expresión veneciana sciào vostro, que en italiano estándar se diría schiavo vostro y significa literalmente ’soy vuestro esclavo’. Esta era una fórmula de cortesía que explotaba el mecanismo de presentarse en una posición inferior —de sumisión— ante nuestro interlocutor. Puede que nos resulte chocante que alguien se quiera referir a sí mismo como esclavo, pero esto no nos debería llamar tanto la atención si tenemos en cuenta que nosotros hemos inventado fórmulas similares como servidor, que hoy en la lengua general ha quedado relegado más bien a usos jocosos como, por ejemplo, Pues con servidor que no cuenten, o sea, ‘Que no cuenten conmigo’.



Con el uso, como todo, la expresión cortés sciào vostro se fue desgastando. Su forma quedó reducida a sciào y de su significado desapareció toda idea de sumisión o esclavitud. Ya era simplemente algo que se decía al despedirse. Esta forma desgastada es la que dio lugar al italiano estándar ciao, que vale lo mismo como saludo que como despedida.



Pero solo hemos hecho una parte del viaje. Del veneciano nos tenemos que ir al latín medieval, que tenía una palabra sclavus que había tomado prestada del griego bizantino sklávos. Esta era la adaptación del nombre que se daban a sí mismos ciertos pueblos de europa, los slovēninŭ o eslavos. Así, sclavus significaba al principio simplemente ‘eslavo’. Aún hoy salta a la vista la semejanza entre las dos palabras, que no son sino variantes que se han especializado semánticamente. Lo que ocurrió fue que durante la Edad Media los eslavos eran capturados a menudo por el Imperio Bizantino, que los sometía a servidumbre, con lo que su nombre se convirtió en sinónimo de siervo y acabó desplazando a la vieja denominación latina servus.



Así, cuando hoy nos despedimos de alguien con un simple ¡chao!, lo que hay detrás es la ocurrencia de un veneciano que un buen día decidió congraciarse con alguien diciendo que era su esclavo (algo le querría sacar) y, más allá de eso, la desdicha que tuvieron muchos eslavos en los Balcanes, allá por la época medieval, de acabar convertidos en siervos de un griego. ¡Quién lo hubiera dicho!



Hasta la próxima semana o, mejor dicho, ¡chao!

Entradas populares

número de páginas