Así como en
la poesía amorosa del siglo XV se va a intensificar la figura lírica de la
mujer, ensalzando belleza, naturalidad, dulzura y elegancia femeninas, el
Arcipreste coloca en sus escritos prototipos de mujer, diferenciando
exageradamente la mujer cortesana, toda ella llena de fina ternura y buen
gusto, de la mujer de la sierra, representada bajo la forma de una mujer tosca,
casi hombruna, pero buena, que ayudará al poeta-narrador a mitigar el frío y el
hambre de la montaña en sus “saludables” paseos por las sierras castellanas.
Veamos un claro ejemplo extraído del Libro de Buen Amor.
De cómo el Arcipreste
fue a probar la sierra, y de lo que le aconteció con la serrana.
Probar todas las cosas el
apóstol lo manda:
fui a probar la sierra e
hice loca demanda,
pronto perdí la mula y no
hallaba vianda1:
quien mucho pan de trigo busca,
sin seso anda.
El mes era de marzo día
de San Meder:
pasado el puerto de lacayo2 fui el camino a prender;
de nieve y de granizo no
me podía defender:
“quien busca lo que no pierde,
lo que tiene debe perder”.
Encima de ese puerto vime
en gran rebata3:
hallé una vaqueriza cerca
de una mata;
preguntéle quién era,
respondióme: “¡la Chata!
Yo soy la chata recia que
a los hombres ata;
yo guardo el portazgo4 y el peaje cojo;
al que de grado paga no
le hago enojo;
al que pagar no quiere
priado5 le despojo:
págame tú; si no, verás
cómo trillan rastrojo”.
Detúvome el camino, pues
era estrecho
-una vereda estrecha,
vaqueros la habían hecho-;
desde que me vi en peligro,
arredrado6, maltrecho:
“Amiga”, dije, “amigos
hace el perro de provecho;
déjame pasar, amiga, por
estas joyas de la sierra;
si quisieras, dime cuáles
usan en esta tierra;
pues, según dice el
refrán, quien pregunta no yerra;
y, por Dios, dame posada,
que el frío me aterra”.
Respondióme la chata:
“Quien pide no escoge:
prométeme lo que quieras
y haz que no me enoje;
no temas, si me das algo,
que la nieve mucho te moje;
aconséjote que te avengas7 antes de que te despoje”.
Como dice la vieja cuando
mesa su madeja:
“Comadre, quien más no puede
sin remedio morir se deja”;
yo, con el mucho frío, con miedo y con queja,
mandéle rico vestido con
broncha8 y zurrón de coneja.
Echóme a su pescuezo por
las mis buenas respuestas,
y a mí no me pesó porque
me llevó a cuestas:
excusóme de pasar los
arroyos y las cuestas;
hice de lo que allí pasó
las coplas arriba expuestas.
[1]Vianda: carne, y, en general,
comida.
2Lacayo: siervo, criado. Campesino. El poeta quiere indicarnos que
paseaba por el monte sin ropas de cortesano.
3Rebata: combate, contienda.
4Portazgo: impuesto que se paga por pasar por un sitio determinado.
5Priado: alterado. Obsérvese el parecido con la palabra príapo
(falo, pene).
6Arredrado: asustado, amedrentado.
7Avengas: llegues a un acuerdo.
8Broncha: arma corta, especie de puñal.