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viernes, 9 de mayo de 2014

Poesías de Lope de Vega, Góngora y Quevedo para 1º de Bachillerato

LOPE DE VEGA



Alba Learning: A MIS SOLEDADES VOY...

Cervantes Virtual: [No sabe qué es amor quien no te ama ... Soneto]

Con qué artificio tan divino sales...

Poema en audio: Qué tengo yo, que mi amistad procuras de Lope de Vega por Elia Domenzáin



Ya no quiero más bien que solo amaros

Es la mujer del hombre lo más bueno



Poema en audio: Qué es amor de Lope de Vega por Carmen Feito Maeso

Poema en audio: Desmayarse, atreverse, estar furioso de Lope de Vega por Juan Ignacio Aranda o Poema en audio: Varios efectos del amor de Lope de Vega por Manuel Dicenta


LUIS DE GÓNGORA


Albalearning: LA DULCE BOCA QUE A BESAR CONVIDA

Cervantes Virtual: Con diferencia tal, con gracia tanta

Goear: La más bella niña por Paco Ibáñez




Poema en audio: Andeme yo caliente y ríase la gente de Luis de Góngora y Argote por Adolfo Marsillach



Poema en audio: Mientras por competir con tu cabello… (Soneto XLIV) de Luis de Góngora y Argote por Pedro María Sánchez


FRANCISCO DE QUEVEDO


Poema en audio: Represéntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece lo que se vivió de Francisco de Quevedo por Rafael de Panegos

Vivir es caminar breve jornada

Amor constante más allá de la muerte



La voz del ojo, que llamamos pedo

Poema en audio: Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a Don Gaspar de Guzmán, Conde de Olivares, en su valimiento de Francisco de Quevedo por Rafael de Panegos

Poema en audio: Letrilla satírica de Francisco de Quevedo por Rafael de Panegos

 Poema en audio: Signifícase la propia brevedad de la vida sin pensar y con padecer, salteada de la muerte de Francisco de Quevedo por Rafael de Panegos


... Y SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ


martes, 1 de abril de 2014

Góngora en http://centros2.pntic.mec.es/




1. INTRODUCCIÓN 
 Góngora y Argote, Luis de (1561-1627), poeta español, cima de la elegancia de la poesía barroca y modelo de poetas posteriores.
2. VIDA  
Nació en Córdoba en el seno de una ilustre familia y estudió en la Universidad de Salamanca. Recibió órdenes religiosas y en su juventud ya era bastante famoso puesto que Cervantes habla de él cuando Góngora sólo tiene 24 años. Obtuvo un cargo eclesiástico de poca importancia pero que le permitió viajar por España con frecuencia y frecuentar la Corte en Madrid. Se establece en esta ciudad y consigue que Felipe III le nombre su capellán. A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, en Góngora, ni la religión ni el amor, pese a algunas aventuras juveniles, ocupan un lugar importante en su vida o en su poesía. Parece que le domina un solo sentimiento, el de la belleza, pues el amor y la naturaleza, asuntos de los que trató con perfecto dominio, más que sentimientos en él aparecen como pretextos para la creación poética. Al final de su vida, agobiado por la deudas, se traslada a Córdoba, donde muere.
3. PERSONALIDAD CREADORA 
 Góngora tuvo en vida defensores apasionados y críticos implacables. El carácter mismo de su poesía haría que esta división de opiniones continuara después de su muerte y llegara aún a nuestros días. Los dos enemigos de más valer que tuvo fueron Quevedo y Lope de Vega, aunque contó con famosos partidarios como el conde de Villamediana o los humanistas Pedro de Valencia y fray Hortensio de Paravicino.
El motivo de esta división radical de posturas reside en el carácter innovador de la poesía de Góngora, cabeza del estilo literario conocido por culteranismo, un término que poseyó en su origen carácter burlesco, formado a partir de la palabra culto y que, de hecho, supone la fase final de la evolución de la poesía renacentista española, instaurada por Garcilaso de la Vega. Sin embargo, a pesar de su gran ornamentación verbal, y de la utilización de palabras comunes en una acepción latina, la crítica considera que el culteranismo es una manifestación peculiar del conceptismo —la escuela literaria que supuestamente se le oponía—. En realidad, y desde el punto de vista de la ideación, Góngora piensa mediante conceptos, aunque su escritura, realizada con recursos lingüísticos como los mencionados, y en ocasiones una difícil erudición, logra grados de elevación lírica y de complicación, a veces casi inalcanzables.
4. OBRA 
 Hasta hace poco la historia literaria separaba la obra poética de Góngora en dos mitades claramente diferenciadas. Por un lado, las letrillas de inspiración popular y los romances: moriscos, amorosos, pastoriles y caballerescos. De otro, su obra cultista iniciada en 1610 con la Oda a la toma de Larache, y continuada con el incremento constante de la oscuridad estilística en la fábula de Polifemo y Galatea (1613), las Soledades (1613) y el Panegírico al duque de Lerma (1617). Equidistante entre ambos aspectos, se podrían situar sus numerosos sonetos y canciones de estilo clásico, en los que no se advierte tanto el cultismo.
Para el Góngora de la primera manera, la crítica, desde la de sus coetáneos, sólo tuvo elogios. Incluso en los momentos de mayor antigongorismo nadie puso en duda la belleza de letrillas como ‘Las flores del romero’, ‘Lloraba la niña’, ‘No son todo ruiseñores’ ni de los romances: ‘En los pinares del rey’, ‘Amarrado al duro banco’, ‘Servía en Orán al rey’, entre otros. Otra vena poética que domina en Góngora es la burlesca, como demuestran ‘Ande yo caliente’, ‘Ahora que estoy despacio’ o ‘Murmuraban los rocines’. Para algunos es el autor de los más bellos sonetos que se han compuesto en lengua castellana.
4.1. Fábula de Polifemo y Galatea y Soledades  Escrita en octavas reales, la fábula de Polifemo y Galatea (1613) es la recreación más perfecta de una fábula mitológica (véase Polifemo; Galatea) en la poesía española. Al narrar el viejo tema —pasión del cíclope Polifemo por la ninfa Galatea, idilio de ésta con el joven Acis, venganza del gigante— Góngora crea una obra de brillante hermosura descriptiva, de construcción acabada, donde el arte del contraste y de lo hiperbólico queda sometido a formas rigurosas.



Las Soledades (1613) es una obra de mayor aliento y de plan más madurado. Góngora proyectaba cantar las soledades de los campos, de las riberas, de las selvas y de los yermos. Sólo compuso la primera y parte de la segunda, que constituyen un poema pictórico, panorámico, rico en color y matices. Escrito en silvas, y todavía discutido hoy, constituye una de las cumbres de la lírica de todos los tiempos.
5. INFLUENCIAS POSTERIORES  
El Góngora del Polifemo y las Soledades fue muy mal entendido por la crítica. Su estilo suscitó inmediatamente la oposición. El humanista Francisco Calcals (1564-1642) cuando leyó las Soledades afirmó que el príncipe de la luz —refiriéndose al poeta de las letrillas— se había mutado en el príncipe de las tinieblas. Una actitud que se prolongaría hasta finales del siglo XIX, cuando algunos simbolistas franceses, en especial Verlaine, y los poetas modernistas de habla española, inician la valoración del gongorismo. Una valoración que culmina en 1927, año del centenario de su muerte, cuando una nueva generación de poetas españoles, Jorge Guillén, Pedro Salinas, García Lorca, Alberti, le aclaman como a uno de sus maestros, y Dámaso Alonso, poeta también, publica su edición crítica de las Soledades, a la que siguen algunos estudios definitivos para la comprensión de Góngora. Véase también Generación del 27.

martes, 7 de mayo de 2013

Quevedo contra el perro de los ingenios de Castilla por Luciano López Gutiérrez (UCM)

Congresos y jornadas con expertos en la vida y obra del poeta Luis de Góngora (vídeo) por Canal Sur

LUIS DE GONGORA Y ARGOTE (vídeo) por Dinora940

Quevedo versus Góngora en Redacción VersOados

Historia de la batalla más hermosa de la literatura
   

Para ponernos en situación recurramos a la descripción de la Filóloga Carmen Javaloyes Jiménez publicada en realidadliteral.com : "El amor, la pasión, el odio... son temas recurrentes de la literatura. Pero pocas veces el enfrentamiento puramente formal se ha llevado a lo personal.  Este es el caso de Cultistas y Conceptistas, de Góngora y Quevedo.  Son conocidas las diferencias de forma y estilo de las principales corrientes literarias del siglo de oro español. Cultistas y conceptistas llevaron hasta el insulto personal las diferencias de estilo: Góngora desarrolló el culto clasicista de línea “garcilasiana” llevándolo hacia tal extremo que las sutilezas latinistas tan apreciadas de Garcilaso y Fray Luis de León llegan a convertirse en latinajos de difícil lectura.

     
Hipérbaton exagerado, metáforas desbordadas de significado, latinismos gramaticales... llevaron a una poesía excesivamente enrevesada para un público elitista. 
Y sin embargo, esta poesía pronto será aplaudida por este sector de la intelectualidad que ve en Góngora el artificio clásico iniciado por Garcilaso llevado a extremos que buscan el desafío cultista. Quevedo se opone violentamente a esta nueva forma de entender la poesía “clásica” de Garcilaso. Quevedo llega a alabar la poesía clásica cultista de Garcilaso y Fray Luis de León, y sin embargo nada hay más opuesto que la obra de Quevedo y la poesía renacentista.
Ambos, Quevedo y Góngora, enfrentados por la forma de entender la literatura -cultistas vs. Conceptistas, etiquetas que se colocaron por la crítica literaria del siglo XVIII para definir ya esta oposición- llevarán el enfrentamiento a lo personal, en un diálogo poético nunca visto hasta entonces. 
Sin embargo, bien mirado, la poesía de Góngora bebe del conceptismo al igual que Quevedo se siente influido por el cultismo gongorino: Quevedo da muestras de un latinismo erudito en muchos de sus versos, no sólo en el léxico, la sintaxis de los versos.

También en la temática mitológica, en metáforas y sobreentendidos... al lado de un léxico deliberadamente vulgar. Por otra parte, Góngora es tan conceptista, ingenioso y agudo como Quevedo (-Ande yo caliente, ríase la gente...) empleando metáforas violentas e irónicas de influencia más barroca que quevedesca. El enfrentamiento entre Quevedo y Góngora se muestra en realidad más personal que literario: Góngora es más laico, materialista y liberal en sus “usos y costumbres”, se deja llevar por la artificiosidad de los amores mitológicos de corte clásico, mientras que con Quevedo nos encontramos con la crisis existencialista puramente barroca, la pasión cristiana,  el terror a la muerte, a la justicia divina, y algo de lo que se le ha acusado -quizás injustamente- bajo el prisma de la mentalidad contemporánea: el desprecio de clase; elementos clave de la poesía quevedesca que no se aprecia en la artificiosidad de Góngora. En Quevedo encontramos la angustia por el paso del tiempo, la ira por el desamor... en Góngora el gusto por el goce físico, la exageración de una descripción... Al fin, Góngora y Quevedo compartirán el tono burlesco y la sátira personal."

Batallas
No fue solo algo llevado al terreno de las letras. En aquel siglo de validos, intereses cortesanos e intrigas Quevedo y Góngora no solo emplearon recursos literarios... Quevedo mantuvo una agitada vida política. Sus padres desempeñaban altos cargos en la corte, por lo que desde su infancia estuvo en contacto con el ambiente político y cortesano. Estudió en el colegio imperial de los jesuitas, y, posteriormente, en las Universidades de Alcalá de Henares y de Valladolid, ciudad ésta donde adquirió su fama de gran poeta y se hizo famosa su rivalidad con Góngora. Siguiendo a la corte, en 1606 se instaló en Madrid, donde continuó los estudios de teología e inició su relación con el duque de Osuna, a quien dedicó sus traducciones de Anacreonte, autor hasta entonces nunca vertido al español. 


En 1613 acompañó al duque a Sicilia como secretario de Estado, y participó como agente secreto en peligrosas intrigas diplomáticas entre las repúblicas italianas. De regreso en España, en 1616 recibió el hábito de caballero de la Orden de Santiago. Acusado, parece que falsamente, de haber participado en la conjuración de Venecia, sufrió una circunstancial caída en desgracia, a la par, y como consecuencia, de la caída del duque de Osuna (1620); detenido fue condenado a la pena de destierro en su posesión de Torre de Juan Abad (Ciudad Real). Sin embargo, pronto recobró la confianza real, con la ascensión al poder del conde-duque de Olivares, quien se convirtió en su protector y le distinguió con el título honorífico de secretario real. Pese a ello, Quevedo volvió a poner en peligro su estatus político al mantener su oposición a la elección de santa Teresa como patrona de España en favor de Santiago Apóstol, a pesar de las recomendaciones del conde-duque de Olivares de que no se manifestara, lo cual le valió, en 1628, un nuevo destierro, esta vez en el convento de San Marcos de León. Pero no tardó en volver a la corte y continuar con su actividad política, con vistas a la cual se casó, en 1634, con Esperanza de Mendoza, una viuda que era del agrado de la esposa de Olivares y de quien se separó poco tiempo después. Problemas de corrupción en el entorno del conde-duque provocaron que éste empezara a desconfiar de Quevedo, y en 1639, bajo oscuras acusaciones, fue encarcelado en el convento de San Marcos, donde permaneció, en una minúscula celda, hasta 1643. Cuando salió en libertad, ya con la salud muy quebrantada, se retiró definitivamente a Torre de Juan Abad.

Góngora también mantuvo una vida cortesana, mucho menos ajetreada, por otra parte. Nacido en el seno de una familia acomodada, estudió en la Universidad de Salamanca. Nombrado racionero en la catedral de Córdoba, desempeñó varias funciones que le brindaron la posibilidad de viajar por España. Su vida disipada y sus composiciones profanas le valieron pronto una amonestación del obispo (1588). En 1603 se hallaba en la corte, que había sido trasladada a Valladolid, buscando con afán alguna mejora de su situación económica. En esa época escribió algunas de sus más ingeniosas letrillas, trabó una fecunda amistad con Pedro Espinosa y se enfrentó en terrible y célebre enemistad con su gran rival, Francisco de Quevedo.
  
Instalado definitivamente en la corte a partir de 1617, fue nombrado capellán de Felipe III, lo cual, como revela su correspondencia, no alivió sus dificultades económicas, que lo acosarían hasta la muerte.

La enemistad de los dos poetas llevo a situaciones como la de un Quevedo que compra la casa, en el Madrid de la época, donde vivía un arruinado Góngora. Los poetas tuvieron también aliados en su particular lucha. Quevedo era protegido por el Conde-Duque, valido de Felipe IV. El rival del Conde-Duque en los favores del rey, el también poeta y cortesano Juan de Tassis, Conde de Villamediana, mantuvo una relación hostil con Quevedo y guardó gran admiración por Góngora. Parece que el poder y las intrigas se cuelan en estas disputas "formales". Lo que se percive en estos dos "bandos" son unas filosofías de vida contrapuestas. Góngora y el donjuanesco Conde de Villamediana eran personajes que gustaban de la buena vida, llena de sabores y sensaciones; por contra el Conde-Duque fue un estadista mucho más astuto y despiadado y quevedo un hombre religioso, recto, rígido y profundamente voraz en sus afirmaciones.
Sin duda se puede decir la frase de "corrieron ríos de tinta..." ¡Bebamos en ellos!

¡Al ataque!
Esto fue lo que se dedicaron para la posteridad. Extensas y refinadas composiciones que se pueden tildar de "pavoneo poético" en el que despliegan sus mejores plumas, nunca mejor dicho.

Primer asalto. Ataca Quevedo.

CONTRA DON LUIS DE GONGORA Y SU POESIA

Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;


este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.
  
Segundo asalto. Ataca Góngora.

Anacreonte español, no hay quien os tope.
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día.
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego

Tercer asalto. Ataca Quevedo.

Yo te untaré mis obras con tocino
Porque no me las muerdas, Gongorilla,
Perro de los ingenios de Castilla,
Docto en pullas, cual mozo de camino.

Apenas hombre, sacerdote indino,
Que aprendiste sin christus la cartilla;
Chocarrero de Córdoba y Sevilla,
Y en la Corte, bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía;
Aunque aquesto de escribas se te pega,
Por tener de sayón la rebeldía.

Cuarto asalto. Ataca Góngora.

A don Francisco de Quevedo

Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.


Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina

a Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,

que en oro engasta, santa insignia, aloque,
a San Trago camina, donde llega:
que tanto anda el cojo como el sano. 

Dicho esto solo queda decir la palabra fin.

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domingo, 15 de julio de 2012

"Y así delató Góngora al inquisidor..." por Antonio Fraguas


En un manuscrito inédito el poeta acusa a un miembro del Santo Oficio

Era su antiguo amigo Jiménez de Reynoso, quien vivía amancebado con una mujer

Es el primer texto del literaro cordobés hallado desde el siglo XIX

 Madrid 29 MAY 2012 - El País

  • Cuadro de Velázquez: 'Retrato de Luis de Góngora' (1622)

    Un refinadísimo esteta del Siglo de Oro hablando de las “inmundicias y suciedades ordinarias” que manchaban unas camisas tendidas al sol tras noches de desfogue sexual. Luis de Góngora (Córdoba, 1561-1627), el padre del sofisticado culteranismo, narrando cómo el inquisidor Alonso Jiménez de Reynoso, para beneficiarse cómodamente a doña María de Lara, mandó abrir un boquete en una muralla “de nueve pies de ancho”. Este es parte del contenido de las cinco páginas manuscritas por el célebre literato, halladas por la hispanista Amelia de Paz, y que han sido presentadas hoy en la Biblioteca Nacional como la gran joya de una exposición dedicada al autor de Soledades.
    Desde el siglo XIX no se hallaba un manuscrito gongorino de semejante peso. El poeta Dámaso Alonso encontró dos renglones con los que el poeta apostilló de su mano una carta dictada. Pero el hallazgo anunciado en la inauguración de la muestra Góngora. La estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo, organizada por Acción Cultural Española, supondrá un cambio en la forma en que vemos a este clásico.
    “La visión que tenemos en España de Góngora es la de un clérigo serio, severo… la del cuadro de Velázquez”, señala por teléfono la hispanista y advierte que, aunque todavía es pronto para establecer conclusiones, este manuscrito mostraría un Góngora más desenfadado y burlón.
    De Paz estudiaba el contexto social de Góngora cuando, revisando la sección de la Inquisición de Córdoba en el Archivo Histórico Nacional, dio con las cinco páginas manuscritas a doble cara. “Ha sido un hallazgo totalmente involuntario”. El texto es una acusación de Góngora contra un inquisidor, su antiguo amigo Alonso Jiménez de Reynoso. El porqué de dicho ataque permanece en el misterio: “Góngora y Reynoso habían sido amigos y por alguna rencilla, creo sobre el padre de Góngora, se enfadaron”, explica De Paz, quien prepara un libro sobre el disoluto inquisidor.


    Primera página del manuscrito de Góngora / ACCIÓN CULTURAL ESPAÑOLA
    El Santo Oficio tenía su propio sistema de control interno y enviaba a los diferentes tribunales inspectores (los inquisidores visitadores) que evaluaban la conducta del resto de inquisidores, algo así como el departamento de asuntos internos del que se habla en las series policiacas. Góngora aprovechó la visita de uno de esos inspectores para poner de hoja de perejil a su examigo Alonso, quien estaba amancebado con María de Lara, a quien había conocido en Granada y a quien llevó de ciudad en ciudad allá donde fue destinado. El inquisidor no solo mantenía una conducta tenida por inadecuada para un clérigo, sino que además –según Góngora– hizo obras en su nidito de amor “a costa del Rey”, o sea, malversó dinero.
    Ese tipo de testimonios ante la Inquisición solían realizarse de manera oral, por eso el hecho de que exista este texto le añade valor. Góngora fue llamado a testificar por la mañana y alegó no acordarse de nada: “debo recorrer la memoria”. Luego, por la tarde, envió las cinco hojas manuscritas. “Llevó al inquisidor a su terreno, el de la lengua escrita”, señala la hispanista.
    La acusación de Góngora (un personaje influyente en Córdoba, hijo de una conocida familia y racionero de la catedral, o sea, que se llevaba una parte de las rentas del templo) surtió efecto. “Consiguió quitarse de en medio a Reynoso porque puso en marcha su red de influencias. Reynoso fue sancionado. Lo suspendieron y lo trasladaron a otro tribunal, algo que en realidad fue un ascenso porque lo mandaron a Valladolid, que era una plaza más importante que Córdoba”, cuenta De Paz.
    La hispanista quita importancia a la tórrida relación sexual entre el inquisidor y doña María de Lara, una relación “muy pública y escandalosa”, según Góngora. “Era el típico amancebamiento. Había un consentimiento grande, no solo por parte de la Inquisición, también por la parte de la gente. A poco que uno lea sobre el funcionamiento del Santo Oficio descubre que era más indulgente de lo que se suele creer”.
    La memoria y la obra de Góngora fue la amalgama que catalizó a la Generación del 27. Para culminar el homenaje al poeta cordobés por el tercer centenario de su muerte, el 16 y 17 de diciembre de 1927 la vanguardia poética se reunió en Sevilla: José Bergamín, Juan Chabás, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti y, singularmente, Dámaso Alonso, quien realizó ediciones críticas y estudios, en especial sobre su segunda etapa, la denominada culterana, en la que la inteligibilidad de los textos se subordinaba al efectismo estético.
    La exposición que acoge la Biblioteca Nacional repasa los más de 400 años de influencia de la obra gongorina en la literatura universal. Para ello se muestran centenares cuadros, manuscritos, grabados, dibujos, cartas, esculturas, instrumentos musicales, tapices, partituras, carteles, libros, y revistas.

    "Pública y escandalosa"

    Extracto del manuscrito de Góngora:

    “Ýtem, e oýdo decir a Álualo de Vargas,paje que fue del dicho ynquisidor, como la dicha doña María era su amiga y entraba y salíade su casa muy de hordinario, y la tenía veinte y treinta días en un aposento alto que llaman de la Torre, donde la entraban por una escalera falsa que está en la principal, que sube a su quarto, y para tener correspondençia a su aposento hiço romper a costa del Rey la muralla de nueve pies en ancho,y el dicho Vargas la bio abrir y trabajar en ella como agora se puede ber por vista de ojos; y que quando el dicho ynquisidor dormía con la susodicha doña María lo echaba él de ver en quatro y seis camisas que había él mudado la noche y estaban tendidas a la mañana en el terrado para enjugallas del sudor, donde hallaba en las delanteras de las dichas camisas las inmundiçias y suciedades hordinarias de semejantes actos, como lo dirá el dicho Áluaro de Vargas”.

    domingo, 17 de junio de 2012

    Poesía de Góngora


    Luis de Góngora



     

    Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 11 de julio de 1561 – ibídem, 23 de mayo de 1627) fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida, más tarde y con simplificación perpetuada a lo largo de siglos, como culteranismo o gongorismo, cuya obra será imitada tanto en su siglo como en los siglos posteriores en Europa y América. Como si se tratara de un clásico latino, sus obras fueron objeto de  exégesis  ya en su misma época. (Wikipedia)

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    sábado, 7 de abril de 2012

    Cervantes: Romance "Servía en Orán al rey..."


    Servía en Orán al Rey
    Un español con dos lanzas,
    Y con el alma y la vida
    A una gallarda africana,

    Tan noble como hermosa,
    Tan amante como amada,
    Con quien estaba una noche
    Cuando tocaron al arma.

    Trescientos Cenetes eran
    De este rebato la causa,
    Que los rayos de la luna
    Descubrieron sus adargas;

    Las adargas avisaron
    A las mudas atalayas,
    Las atalayas los fuegos,
    Los fuegos a las campanas;

    Y ellas al enamorado,
    Que en los brazos de su dama
    Oyó el militar estruendo
    De las trompas y las cajas.

    Espuelas de honor le pican
    Y freno de amor le para;
    No salir es cobardía,
    Ingratitud es dejalla.

    Del cuello pendiente ella,
    Viéndole tomar la espada,
    Con lágrimas y suspiros
    Le dice aquestas palabras:

    «Salid al campo, señor,
    Bañen mis ojos la cama,
    Que ella me será también,
    Sin vos, campo de batalla.

    Vestíos y salid apriesa,
    Que el general os aguarda;
    Yo os hago a vos mucha sobra
    Y vos a él mucha falta.

    Bien podéis salir desnudo,
    Pues mi llanto no os ablanda,
    Que tenéis de acero el pecho,
    Y no habéis menester armas.»

    Viendo el español brioso
    Cuánto le detiene y habla,
    Le dice así: «Mi señora,
    Tan dulce como enojada,

    «Porque con honra y amor
    Yo me quede, cumpla y vaya,
    Vaya a los moros el cuerpo,
    Y quede con vos el alma.

    Concededme, dueño mío,
    Licencia para que salga
    Al rebato en vuestro nombre,
    Y en vuestro nombre combata.»

    miércoles, 15 de febrero de 2012

    Quevedo y Góngora: historia de una enemistad irreconciliable


    Un largo intercambio de agravios que enriqueció la Literatura española

    Por Luís Martínez González 



    Desgraciadamente, hoy día, todos podemos presenciar en televisión bochornosos espectáculos en que unos contertulios se dedican a otros lindezas del más bajo jaez. Sin embargo, las polémicas han existido siempre incluso dentro del mundo de la  Literatura. La enorme diferencia es que, si ahora se insultan de forma barriobajera, antes lo hacían con erudición, ingenio y calidad literaria.

    Podríamos citar muchas pero, sin duda, una de las más sonadas, tanto por la importancia de sus protagonistas como por la elevación artística de las pullas que se lanzaron, fue la que mantuvieron durante toda su vida Francisco de Quevedo y Luis de Góngora, que se inició -se supone- por divergencias de tipo literario pero acabó en una profunda enemistad personal.

    Foto de un texto de Quevedo a Góngora
    Fragmento del famoso soneto que Quevedo dedicó a Góngora
    Foto: Next Sentence.

    Sabido es que dos corrientes estéticas  protagonizan la literatura española del Barroco: la conceptista, que se basa, a grandes rasgos, en relacionar ideas y términos de forma ingeniosa y uno de cuyos máximos representantes es Quevedo y la culteranista, derivación de la anterior, que –dicho también de forma esquemática- busca la oscuridad verbal pero no a través de las ideas sino de la dislocación sintáctica y del uso de palabras difíciles y rebuscadas. Huelga decir que el máximo exponente de ésta última es Góngora.

    A la vista de ello, la polémica estaba servida. No sabemos muy bien ni cuándo ni quién la comenzó pero resulta irresistible reproducir algunas de las lindezas que se enviaron uno a otro. En lo que respecta a Quevedo, es muy popular el soneto dedicado a Góngora que comienza así: “Érase un hombre a una nariz pegado (alusión al prominente apéndice nasal de éste), érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un peje espada muy barbado…”. Tampoco se quedó corto el autor del ‘Buscón’ en esta otra copla: “Yo te untaré mis obras con tocino porque no te las muerdas, Gongorilla, perro de los ingenios de Castilla, docto en pullas cual mozo de camino…”.

    Por su parte, el poeta cordobés, más rebuscado, le respondía con letras de este tipo: “…Con cuidado especial vuestros antojos, dicen que quieren traducir al griego, no habiéndolo mirado vuestros ojos…”. O bien, en alusión a los pies zambos de Quevedo: “Anacreonte español no hay quién os tope, que no diga con mucha cortesía, que ya que vuestros pies son de elegía, que vuestras suavidades son de arrope…”. No obstante todo lo dicho y en honor a la verdad, fueron muchas más las pullas del deslenguado Quevedo hacia Góngora que a la inversa. Pero, en cualquier caso, así merece la pena escuchar agravios.

    Fuente: Filosofía Tk.


    miércoles, 16 de noviembre de 2011

    Góngora - Quevedo, la controversia artificial

    Góngora-Quevedo, la controversia artificial


    El congreso sobre el poeta cordobés desmontó ayer en su primera jornada la contraposición entre los dos escritores y sus estilos literarios


    Comenzó a pintarse el retrato. No será un cuadro individual, con la mirada de una única persona que se acerque a la figura de Luis de Góngora, una de las más trascendentales de la literatura en lengua española, sino un retrato a muchas manos, cada una con un estilo y una forma de tomar el pincel fingido para hablar del gran renovador de la poesía española a finales del siglo XVI y principios del XVII.
    El congreso internacional «El Universo de Góngora. Orígenes, textos y representaciones», el primero que se dedica a la figura del autor de las «Soledades» dio comienzo ayer y traerá durante los próximos días a los máximos especialistas mundiales en Góngora, que abordarán una multitud de temas diferentes.
    Uno de los primeros tuvo como virtud derribar un mito: el de la controversia entre el culteranismo y el conceptismo, y por ello entre Góngora y Quevedo. El profesor Antonio Carreira, del Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, tenía una conferencia bajo un título sugestivo: «Presencia de Góngora en la poesía de Quevedo», y antes y después de ella parecía dispuesto a derribar mitos. «Se inventó eso seguramente un arqueólogo malagueño, lo recogió Menéndez Pelayo y de ahí se difundió en la historias de la literatura, lo de que en el Siglo de Oro hubo dos escuelas contrapuestas, con dos jefes respectivos, que son Góngora y Quevedo», dijo, para después aclarar que no hubo dos escuelas, sino muchas escuelas.
    «El culteranismo y el conceptismo son dos vertientes que se practicaron por los poetas y a veces por los prosistas», afirmó, para después insistir en que el culteranismo, al que se adscribía al poeta cordobés, «es una consecuencia del Renacimiento, porque significa tener presente la antigüedad clásica para renovar el lenguaje poético acudiendo a los procedimientos de la lengua latina». Esto, dijo, lo hacen los dos.
    Por otro lado está el conceptismo, que «no es más que una moda que viene de Italia y que consiste en utilizar procedimientos retóricos cada vez más complejos», y que está presente en la literatura de toda Europa, además de en la pintura.
    Los dos poetas, además, pertenecían a generaciones diferentes. Góngora era casi veinte años mayor que Quevedo, «podía ser su padre». Cuando empieza a escribir, el cordobés era un autor famoso y cuando murió, el autor de «El Buscón» apenas había publicado nada, con lo que «no tenía donde leerlo». Y tampoco iba a ocuparse por un aspirante que apenas había publicado nada entonces.
    «Quevedo, que no era tonto, sí que leyó a Góngora y sabía que era el gran maestro de la renovación poética de su tiempo», manifestó. Incluso cita una décima de Góngora, «como criterio de autoridad», en una pequeña obra. A lo largo de la conferencia, fue tomando algunos versos del autor madrileño donde, a su juicio, se puede encontrar la huella del cordobés, pero también puso ejemplos de textos de Góngora que podrían pasar, por el estilo y la temática, como propios de Quevedo.
    ¿Contestación juvenil entonces o búsqueda de la propia voz yendo contra la gran referencia de su tiempo?
    De ambas cosas podía haber, según Antonio Carreira. Quevedo escribió muy joven, unas décimas contra una letrilla de Góngora. El cordobés había estado en Valladolid en 1603, cuando estaba allí la Corte, y el río Esgueva se convirtió en cloaca. Escribió entonces una letrilla burlesca muy conocida: «¿Qué lleva el señor Esgueva? / Yo os diré lo que lleva?».

    Poemas atribuidos

    El otro poeta, con poco más de veinte años, arremetió contra esa letrilla, «pero no porque quisiera defender a Valladolid, sino porque quería apoderarse de la fama que había adquirido aquella letrilla», afirmó Antonio Carreira. Ese fue el primer encontronazo, «aunque seguramente no se verían nunca», y hubo unas cuantas sátiras cruzadas. «Góngora nunca mencionó a Quevedo, y hay otras sátiras atribuiadas a Quevedo, pero de dudosa autoría, que aparecen en un manuscrito muy tardío, que ponen a Góngora como no digan dueñas», aseguró, para después insistir en que son anécdotas que no tienen mayor trascendencia en la obra ni de uno ni de otro. No en vano, son grandes escritores «por lo que han hecho, no por las cuatro sátiras que se pudieran disparar».

    Antes, las instituciones y los responsables habían dado por inaugurado un congreso donde se volvió a hablar del Centro de Estudios Gongorinos, promovido por el Ayuntamiento, la Diputación y la Universidad y sin ninguna actividad real desde su constitución en el año 2008. La presidenta de la institución provincial, María Luisa Ceballos, sí vaticinó un impulso pronto a esta institución, que tiene que servir para que en la ciudad haya un espacio permanente de estudio para el más importante de los creadores nacidos en la ciudad, aunque no hay nada concreto.

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