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miércoles, 8 de enero de 2014

“Rayuela a través de sus portadas" por Cultura Colectiva agosto 26, 2013



“Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto”.
Decía el propio Cortázar que la edad ideal para leer Rayuela es a los 21 años, y sí, hay un dejo de verdad en la frase, aunque realmente la edad no importa cuando se quiere perder entre universos de personajes en los que, irónicamente, se puede encontrar uno mismo. Y porque el amor aparece en todos los momentos de la vida, el amor que uno cree elegir por amor, y una Maga sacude el guión y siempre, de una u otra forma, se desea pertenecer a un “Club de la Serpiente”.

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Publicada en 1963, Rayuela es la obra literaria más popular del argentino Julio Cortázar, y una de las piezas fundamentales del boom latinoamericano, considerada entre las mejores 100 novelas en español del siglo XX. Y es que es su argumento difuso, el que ubica en varios cuerpos y lo mismo se lee de amor que de arte, el que atrae, porque es leer de cierta forma a la vida pero sin que necesariamente tenga ésta una introducción, un nudo y un desenlace, y los días de la Maga, de Horacio, de Morelli, Talita o de Traveler no trascurren en sujeto, verbo y predicado. Es tal vez la forma en que la pluma de Cortázar golpeó contra el papel y quiso que no se leyera en un camino recto lo que hiciera tan popular Rayuela, o sólo y sólo puede ser la bondad de Cortázar por compartir en un mismo libro su conocimiento literario y su buen gusto musical, lo que lograra que el lector adquiriera múltiples conocimientos en una misma entrega de bolsillo.
Es Rayuela una lectura casi obligatoria y su alcance se ha dejado ver alrededor del mundo, por ello aquí un top 12: portadas de Rayuela, un juego literario que se lee de tres maneras:

12. Portada de Rayuela (2013) Julio Cortázar

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11. Skolice (Rayuela), edición croata de 2009

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10. Sotron (Rayuela), edición en rumano de 1998

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9. Rayuela: een hinkelspel (Rayuela), edición en neerlandés 1996

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8. Rayuela Himmel und Holle, edición en alemán de 1981

1372074250_748413_1372076985_album_normal7. Marelle (Rayuela), edición en francés de 1979

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6. Ishikeriasobi (Rayuela), edición en japonés de 1978

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5. O Jôgo da Amarelinha (Rayuela), edición en portugués de 1970

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4. Il gioco del mondo (Rayuela), edición en italiano de 1969

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3. Hopscotch (Rayuela), edición en inglés de 1967

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2. Rayuela

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1. Rayuela (1963)

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Con imágenes de El País.
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domingo, 7 de julio de 2013

Julio Cortázar: Rayuela (la contranovela) en Tertulia Porvenir XXI



"... La aparición de Rayuela en 1963 conmocionó el panorama cultural de su tiempo y supuso una verdadera revolución en la narrativa en lengua castellana: por primera vez un escritor llevaba hasta las últimas consecuencias la voluntad de transgredir el orden tradicional de una historia y el lenguaje para contarla. Cortázar empieza por proponer un acercamiento activo al libro y ofrece varias posibilidades de lectura: el lector ha de decidir. Después lo lleva a dos lugares distintos. «Del lado de allá», París, la relación de Oliveira y la Maga, el club de la serpiente, el primer descenso de Horacio a los infiernos; y «Del lado de acá», Buenos Aires, el encuentro de Tráveler y Talita, el circo, el manicomio, el segundo descenso. La novela tiene un total de 155 capítulos, que pueden ser leídos de diferente forma: a la lectura tradicional, es decir, empezando por la primera página y siguiendo el físico del texto hasta llegar al capítulo 56, y además el Tablero de dirección propone una lectura completamente distinta, saltando y alternando capítulos.
Para el funcionamiento de este conjunto semiótico, Cortázar diseña un programa narrativo, una estrategia innovadora vinculados con los procesos anteriores de ruptura. El primer eslabón son los Chants de Maldoror, del Conde de Lautréamont, con la adaptación de este principio dislocador: «No tener miedo al encuentro fortuito (que no lo será) de un paraguas y una máquina de coser en una mesa de disección». El Ulysses de James Joyce, citado varias veces por el novelista argentino, es otro modelo imitado: Horacio Oliveira recuerda los itinerarios de Leopoldo Bloom por el laberinto urbano dublinés y sus descontroladas fluencias psíquicas.Otra revelación es Alfred Jarry; precursor del surrealismo y del teatrodel absurdo. Más efectiva es la influencia del surrealismo. Cortázar alude a Eluard y Clével; se impresiona con la lectura de Opium, de Cocteau. Pero, sobre todo, utiliza a André Breton e incorpora a Rayuela algunos de sus procedimientos estructurales y psíquicos: -la inconexión, la ruptura del orden, la des construcción estructural.
No es posible hablar del argumento de Rayuela sin caer en inevitables reduccionismos que nos alejan del sentido de la obra, ya que lo relevante de esta novela no es lo intrincado o novedoso de la trama, sino el vasto universo psicológico de cada personaje y la relación que, desde este universo, establecen con el amor, la muerte, los celos y el arte.
La primera parte, Del lado de allá nos cuenta la vida de Horacio Oliveira, un argentino durante su estancia en París y la relación que tiene con la Maga, además de su grupo de amigos que forman el Club de la Serpiente, con los que entablan memorables conversaciones y discusiones que nos entregan la visión de Cortázar sobre diferentes aspectos del arte en la vida y de la vida en el arte, simultáneamente.
La segunda, Del lado de acá, el regreso de Oliveira a Buenos Aires, donde vive con su antigua novia; allí pasa largas horas con sus amigos Traveller y Talita; en el primero se ve a sí mismo antes de partir, en la segunda ve a la Maga, inolvidable y siempre presente.
Finalmente De otros lados, que agrupa materiales heterogéneos: complementos de la historia anterior, recortes de periódico, citas de libros y textos autocríticos atribuidos a Morelli, un viejo escritor (alter ego de Cortázar). Estas páginas, si bien en ocasiones se relacionan con los capítulos que las preceden, muchas veces no son más que estímulos imprecisos que Cortázar nos presenta para ayudarnos de alguna forma a alejarnos de la linealidad clásica de la literatura y sumergirnos en subtextos y subtextos de subtextos.
En su fondo y en su forma, Rayuela reivindica la importancia del lector y hasta cierta forma lo empuja a una actividad y protagonismo negado por la novela clásica en la que éste era llevado por la linealidad de una historia en la que lo más importante era «lo que pasaría al final». En Rayuela el argumento no importa o sólo importa en tanto es el escenario en que los personajes habitan y se desenvuelven, en una libre y profunda vitalidad que el autor les otorga y de la que él mismo dice no hacerse responsable. Lo que plantea este libro es la negación de la cotidianidad, para poder abrirse a otras realidades, donde las situaciones más absurdas se toman con total ligereza hasta lo más trágico es, tal vez, tomado con sentido del humor. Estos caminos que se plantean, y son un camino más para llegar al cielo de la Rayuela.
Muchos críticos se refieren a Rayuela como una antinovela, por el carácter innovador, ya que rompe con todos los cánones preestablecidos en la época de su edición. Sin embargo, no puede decirse lo mismo por parte del autor. Cortázar afirma en una entrevista que el término «antinovela» le parece una «tentativa un poco venenosa de destruir a la novela como género» por lo que prefiere el término contranovela. Cortázar busca con esta obra «ver de otra manera el contacto entre la novela y el lector», incitando a éste a que modifique su actitud pasiva frente a la obra, para tomar parte activa y crítica..."

Esta reseña es extracto y compendio de otras que se relacionan:
http://ruc.udc.es/dspace/bitstream/2183/8566/1/CC-05art11ocr.pdf

jueves, 30 de agosto de 2012

'Las palabras que inventó Julio Cortázar' por David González en aviondepapel.tv



Una relectura del capítulo 68 de Rayuela nos adentra en aquellas palabras inventadas por Julio Cortázar. En apenas unos párrafos, el escritor argentino, nacido un 24 de agosto de 1914, nos regala un lenguaje íntimo y sugerente que narra el encuentro amoroso entre La Maga y Horacio Oliveira.





Julio Cortázar siempre consideraba la literatura como un juego. El escritor argentino jugaba con los géneros, jugaba con las formas, pero también con el lenguaje.

“Yo ya no podía aceptar el diccionario, ni aceptar la gramática. (…) El buen escritor es ese hombre que modifica parcialmente el lenguaje. (…) Los prosistas introducen toda clase de trasgresiones que hacen palidecer a los gramáticos y que luego son aceptadas y entran en los diccionarios”, explicaba Cortázar.

Entre sus invenciones, nos dejó ese significado ambiguo que cada lector le encuentra a los cronopios, a las famas y a las esperanzas en sus serie de relatos. Sin embargo, quizás sea el capítulo 68 de Rayuela, su anti-novela collage, donde el lenguaje creado por Cortázar cobre su máximo protagonismo formal.

Cuando releemos el capítulo 68 de Rayuela, el escritor nos adentra en un nuevo mundo de palabras imaginarias, como ya lo había hecho Lewis Carrol en su poema "Jabberwocky" u otros escritores vanguardistas. Aquí, Cortázar nos entrega un capítulo digno de la Torre de Babel.

“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo”.

El glíglico o lenguaje inventado de estos párrafos funciona como juego y como un verdadero quebradero de cabeza para los traductores la obra cortazariana.

No en vano, Cortázar inserta palabras imaginarias junto con otras incluidas en los diccionarios, para crear más verosimilitud en el lector. El resultado es una narración íntima entre los dos protagonistas de Rayuela, La Maga y Oliveira, que activa la imaginación del lector.

Así, en este capítulo 68, leemos las palabras que inventan estos dos enamorados para describirnos uno de sus encuentros amorosos. Toda pareja usa ciertos vocablos solo reconocibles por ellos mismos, cuyos significados son ajenos al resto del mundo. Cortázar juega y el lector participa.

"Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé!"

Una vez que el lector asume la invención, se deja seducir por la melodía de estos nuevos vocablos creados por el autor de Rayuela. Apenas importa el significado, la música de cada palabra crea una nueva y melódica sintaxis que nos muestra la sensualidad de la escena.

“Vemos, una vez más, la complicidad con el lector, que, en este caso, se puede volver en contra de él, pues se avergonzará, quizás, al comprobar como su imaginación ha recurrido a términos más gráficos que los empleados por el escritor”, escribe Andrés Amorós en el prólogo de Rayuela publicado por la editorial Cátedra.

Julio Cortázar murió el 14 de febrero de 1984 y fue enterrado en Montparnasse, el cementerio parisino al que acuden muchos de sus seguidores y donde descansan sus restos, junto a su última pareja, Carol Dunlop. El autor argentino nació el 24 de agosto de 1914. Justo este mes, el Cronopio Mayor celebraría su 98 cumpleaños.

Glíglico (Wikipedia)


El glíglico en Rayuela por Daniel González Dueñas
Julio Cortázar en Lenliblog

El glíglico es un lenguaje creado por Julio Cortázar y presente en su novela Rayuela, cuyo capítulo 68, que evoca una escena erótica, está completamente escrito en él. Se trata de un lenguaje musical que se interpreta como un juego, además de ser un lenguaje exclusivo, compartido por los enamorados, que los aísla del resto del mundo.

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.


Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 68

Aunque a primera vista parece carecer de sentido, una lectura más detallada permite ver que en realidad es bastante comprensible. El glíglico tiene la misma sintaxis y morfología que el español, usando palabras normales con otras inventadas pero reconocibles como sustantivos o verbos, y puntuando correctamente las frases. Una posible fuente de inspiración es el Jabberwocky de Lewis Carroll. Hay posibles antecedentes entre los poetas de la vanguardia latinoamericana, como Vicente Huidobro u Oliverio Girondo.

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