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domingo, 30 de septiembre de 2012

¿Qué son las expresiones idiomáticas? (Blog de Lengua española)


Las expresiones idiomáticas son secuencias de palabras cuyo significado no es compositivo, es decir, el significado de la expresión no se deriva del de sus componentes. Por ejemplo, cuando decimos “Manolo, que estás metiendo la pata…”, aunque conozcamos el significado de meter y de pata, seguimos sin entender lo que quiere decir meter la pata (‘cometer un error’).
Las expresiones idiomáticas significan en bloque. Esto se ve enseguida cuando en broma (o en serio, que de todo hay) las traducimos literalmente. Un clásico es:
From lost to the river < De perdidos al río (‘cuando una situación es desesperada, ya podemos permitirnos cualquier cosa’)
Estas expresiones admiten normalmente una interpretación literal y otra figurada, aunque la preferente suele ser la figurada. Cuando alguien dice que el abuelito estiró la pata, por lo general no interpretamos que está haciendo ejercicios para la artrosis, sino que ha muerto (vale, el ejemplo es un poco crudo, pero se entiende la idea).
Las expresiones idiomáticas son vocabulario. Expresiones como tomar el pelo(‘burlarse de alguien’), traer por la calle de la amargura (‘hacer sufrir’) o dar gato por liebre (‘engañar’) son unidades que hay que aprender igual que lo hacemos con subrogar, arremeter o persuadir.
Esta parte del vocabulario es de lo último que se aprende en una lengua extranjera, pero resulta fundamental para expresarse no ya con corrección sino con naturalidad.
Así que ya sabes: si quieres darle sopas con honda en inglés al vecino, ya puedesechar el resto con las expresiones idiomáticas.

¿Qué son las colocaciones? (Blog de Lengua española)



En lingüística, una colocación es una combinación estable de palabras que se emplea de manera preferente, en lugar de otras también posibles, para referirse a un determinado objeto o estado de cosas de la realidad extralingüística. Se trata de combinaciones como vino tinto, pronunciar un discurso, asquerosamente rico ofracasar estrepitosamente, que a cualquier hablante nativo le resultan conocidas, pero que, como veremos, no son en modo alguno evidentes.
El nombre colocación nos puede extrañar en un primer momento porque normalmente significa otra cosa, pero todo tiene su explicación. Colocar viene del latín con y locare y significa, por tanto, etimológicamente ‘poner junto’. En el sentido que nos interesa, lo que se junta son palabras. El término lingüístico se refiere a un fenómeno que se puede constatar en cualquier lengua: de todas las combinaciones de palabras que en principio son posibles para referirse a una realidad dada, en la práctica únicamente se utilizan unas pocas o, incluso, una sola.
Supongamos que un estudiante extranjero se presenta en un bar de Cáceres y pide un vino rojo o un vino colorado. Puede que el camarero le entienda, pero también se dará cuenta inmediatamente de que algo no encaja en la expresión (y si es un hablante nativo quien se lo pide, es probable que no le sirva el vino porque le parecerá que no está en condiciones de tomárselo). El problema consiste en que de todas las expresiones posibles para referirse a esa bebida, la única que de hecho se utiliza es vino tinto, donde aparece un adjetivo tinto que, según el diccionario, significa ‘rojo’, pero que resulta totalmente infrecuente con ese sentido fuera de esa combinación. El español, además, se aparta en esta denominación de otras lenguas, que al vino de color rojo simplemente lo llaman vino rojo; por ejemplo, el francés (vin rouge), el inglés (red wine) o el checo (červené víno).
Se dice a veces que las colocaciones son combinaciones frecuentes, aunque esto se ha de matizar. Por un lado, hay combinaciones que apenas se utilizan, comoacendrada virtud, y que, sin embargo, reconocemos como secuencias prefabricadas que están disponibles en la lengua para expresar una idea determinada. Por otro lado, hay combinaciones enormemente frecuentes, comoojos verdes o una cosa, cuya frecuencia tiene que ver con cómo está hecho el mundo y no con cómo está hecha la lengua, y que, por tanto, carecen de interés para el lingüista.
Las colocaciones son imprevisibles, de ahí la necesidad de aprenderlas. Siguiendo con nuestro ejemplo del vino tinto, no hay forma de adivinar que tinto es precisamente el adjetivo que necesitamos ahí. ¿Y por qué decimos dar un paseo? ¿No sería más lógico hacerlo como los italianos (fare una passeggiata) o los franceses (faire une promenade)? Ahí está la gracia del asunto, en que se dice así y no de otra manera. Y quien quiera hablar correctamente esta lengua tendrá que aprenderlo. Pero es que incluso nombres que presentan rasgos en común en su significado se combinan a veces con verbos diferentes. Así, se dice dar un paseo, dar una vuelta, pero no dar un recorrido o dar una excursión.
Llegados aquí hay que aclarar, no obstante, que no se deben confundir las colocaciones con otras combinaciones de palabras también imprevisibles: las expresiones idiomáticas (por ejemplo, tomar el pelo). El significado de las colocaciones es compositivo, es decir, se puede identificar qué parte del significado del conjunto aporta cada uno de los componentes individuales. Las expresiones idiomáticas, en cambio, significan en bloque, sin que se puedan identificar significados parciales que residan específicamente en cada uno de sus componentes (compara cometer un error con meter la pata).
No se puede hablar correctamente sin un dominio adecuado de las colocaciones. Una de sus características es que presentan de manera inequívoca un concepto, por lo que facilitan una comunicación económica y certera. Por ejemplo, yo puedo decir interrogar a un alumno para comprobar si ha aprendido la materia que tenía que traer estudiada para hoy y me entenderán, pero, desde luego, todo será más fácil si digo tomar la lección. Además, este tipo de expresiones distinguen a menudo niveles de lengua: si me estoy dirigiendo a un amigo, diré: Échame ahí una firma; pero en un reportaje sobre la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea probablemente oiremos que El Presidente estampó su firma en el Tratado. Piensa en lo ridículo que sería intercambiar los verbos en estos ejemplos.
Hay diversos tipos de colocaciones, dependiendo de las clases de palabras que se combinan:
Sustantivo y adjetivo: vino tinto, error garrafal, enemigo acérrimo, soltero empedernido
Verbo y sustantivo: dar un paseo, celebrar una reunión, pronunciar un discurso, refrescar la memoria
Verbo y adverbio: saludar efusivamente, discutir acaloradamentenegar taxativamente
Adjetivo y adverbio: asquerosamente rico, gravemente herido, rematadamente loco
Sustantivo, preposición y sustantivo: loncha de jamón, banco de peces
Es fácil comprobar que estas combinaciones son propias de una determinada lengua, en este caso, del español: trata de traducir los ejemplos de arriba a otro idioma y lo verás. De hecho, una dificultad nada desdeñable en el aprendizaje de una lengua extranjera consiste precisamente en el dominio de las colocaciones. Muchos de los errores de los hablantes no nativos son vinos colorados, es decir, combinaciones de palabras que son gramaticalmente correctas, pero que nadie usa.
Y es que la lengua no es un mecano y para aprender a hablar no basta con tener unas cuantas piezas que después se van juntando. Hay que saber además que la gente, luego, solo junta algunas de esas piezas, como hacemos con tantas cosas en esta vida.

sábado, 14 de abril de 2012

María Moliner, la mujer detrás del diccionario


María Moliner


La autora del Diccionario de uso del español, nacida en una familia rural, no obtuvo reconocimiento en vida a pesar de una carrera brillante. Una biografía la recupera del olvido.
No hacía mucho tiempo, las mujeres podían entrar a las bibliotecas como a los museos: a mirar, no a estudiar. Esa era la herencia que recogía María Moliner (Paniza, Zaragoza 1900-Madrid 1981), o peor aún: la de la España rural, la de una familia a la que el padre abandona cuando María tiene 14 años, una curiosidad infinita y el hondo aprendizaje de la solidaridad. «Fue un hito y una mujer pionera en el siglo XX. Pero tiene un perfil humano más allá del profesional que la convierten en un ejemplo», dice Pilar Rubio, autora de «Vida de María Moliner», una biografía divulgativa de la filóloga y lexicógrafa.

El maestro era esencial

«El diccionario por el que todo el mundo la conoce no es sino la punta del iceberg de la pasión que sentía por las palabras, que fue amalgamada a lo largo de los años. En ella influyó el contacto con la Institución Libre de Enseñanza, que incorporaba una nueva forma de ver la vida y los profesores Américo Castro y Bartolomé Cossío, que le enseñaron el aprendizaje de la solidaridad». También aprendió que la regeneración de España tenía que venir a través de la cultura, pero claro, en los sitios rurales, donde no había otros medios que las autoridades, el maestro era fundamental. «Bebió en la fuente de Cossío, fue profesora particular para contribuir a la economía familiar tras el abandono del padre, y en esos años tuvo otro contacto decisivo con el Estudio de Filología de Aragón, que fue un hallazgo decisivo porque le permitió aprender a hacer fichas y a estar en permanente contacto con el habla. Fue un trampolín», dice su biógrafa, en el volumen que publica la Asociación matritense de Mujeres Universitarias.

«Las condiciones adversas desde la infancia la hicieron una mujer responsable. Procedía de una familia liberal, de médicos rurales, con aprecio por el conocimiento. Sus primeros trabajos como bibliotecaria le hacen valorar la socialización de la cultura y los conocimientos. Y es consciente de que hay una edad en la que a los niños les gusta mirar las constelaciones y mirar al cielo,  así que no se olvida de que puede hacer mucho por los niños de las personas humildes. Y profundiza en el papel y las posibilidades del libro». Su participación en el Plan General de Bibliotecas del Estado, que fue admirado en Europa, así lo atestiguan. Pero fue un plan del Gobierno de la República. «En una Guerra Civil es ‘‘o conmigo o contra mí’’, así que al terminar la contienda fue degradada 18 puestos en la escala del funcionariado, y a su marido le retiraron la cátedra», explica esta investigadora y editora. Su ideología, como era sobradamente conocido, era de izquierdas.

Un trabajo titánico

Fue destinada a la Biblioteca de Ingenieros y tuvo que renunciar a sus sueños de fundar una Escuela Cossío. Con sus ilusiones truncadas, para muchos, esta situación habría sido el final. No para María Moliner, determinada como pocos. Javier Tussel definió esta medida del régimen franquista como el «suicidio cultural» de España, pero «ella pensó: ‘‘No voy a permitir que todo lo que he hecho se quede en el silencio y el vacío’’. Y empezó a redactar las fichas». Durante 15 años muy duros, trabajando tras la «niebla de silencio» que le impusieron, como describe la autora. «Se le ha llamado el ‘‘diccionario de la soledad’’. Aunque es verdad que tuvo una ayuda muy importante en Mari Ángeles de la Rosa». Sin embargo, la ambición de Moliner era conseguir una obra universal, que incluyera arcaísmos, que incorporase las familias léxicas y ningún cabo suelto. Se le fue de las manos, no creía que tardaría tanto. Su perfeccionismo tampoco ayudó a apremiarse. «Ella era una máquina de redactar pero es una labor enorme. Yo he corregido un diccionario con un equipo de gente y métodos modernos y cuando llegas a casa ves asteriscos y puntos en el aire. No me puedo imaginar qué fue aquello», cuenta Rubio.

 Finalmete lo logra. «Creo que se puede decir que el día que vio el diccionario editado fue el más feliz de su vida». Luego llegaría su veto a la entrada en la Academia, pero ya no sufrió por eso. «No estaba como para interpretarlo y padecerlo como una ofensa. Corrigió su diccionario mientras tuvo capacidades. Cuidó de su familia, en especial de su marido, que estaba muy enfermo. A los suyos les dijo que era mejor, porque no podría compaginar los cuidados de su esposo con su hipotético trabajo en la RAE». 

«Para mí es un modelo de mujer tanto en lo humano como en lo  profesional.  Y creo con sinceridad que la muerte de María Moliner significó su resurrección», dice la autora de su biografía. Tras su fallecimiento, Moliner recibió muchos homenajes públicos, incluido un artículo de García Márquez. «Pero  ¿por qué no en vida? Este libro y los actos que se hagan me ilusionan, porque en vida nunca tuvo ese reconocimiento».

Hombres, machismo y la Academia

Moliner se casó con Fernando Ramón Ferrando, un hombre de ciencias tolerante y culto «al que le unía el amor y las inquietudes intelectuales». Al final de su vida, quedó ciego y Moliner le leía el periódico. Se volcó en sus cuidados. Cuando la propusieron para la RAE tenía 72 años y se preguntó: «¿Qué discurso voy a hacer yo, si lo único en mi vida ha sido remendar calcetines?». «Vaya ironía», dice la biógrafa. No fue elegida académica por el machismo de la época, más o menos explícito. «Aunque Antonio Alarcos también lo merecía. Así que Moliner dedicó lo que le quedaba a cuidar a su marido. Ya no iba a sufrir».

martes, 3 de abril de 2012

Guía para escribir el mejor español posible



La Fundación Rafael Lapesa vuelca en internet setenta millones de palabras, formas y papeletas para expresarse de modo correcto siguiendo los consejos de un gran sabio

Guía para escribir el mejor español posible
Rafael Lapesa, trabajando por el idioma español en su despacho 


Rafael Lapesa, maestro de filólogos, escribió -cuando era catedrático de Instituto- para la Enseñanza Media una Historia de la Lengua Española que después se utilizó en la Universidad. Fue el canon de una eminencia sobre cuyas huellas hemos pisado el resto de los humanos. Y como el Cid, don Rafael sigue ganando la batalla lingüística después de morir, y así los recursos básicos del Nuevo diccionario histórico del español (NDHE) ya están disponibles en la Red, a un golpe de ratón, en la Fundación Rafael Lapesa. Desde este mismo momento, en la página de la Fundación ya se puede acceder a algunos de los materiales básicos para la redacción del NDHE: el Corpus del Nuevo diccionario histórico (CDH), el Fichero general de la Real Academia Española, el Diccionario histórico de la lengua española (1960-1996) y el Mapa de diccionarios.

Corpus del Nuevo Diccionario Histórico
Se ha confeccionado un corpus nuclear de la lengua española como punto de partida para la elaboración del diccionario. El Corpus del Nuevo diccionario histórico (CDH) cuenta con más de 53 millones de ocurrencias, de las cuales 32 pertenecen a textos españoles y más de 20 millones a obras americanas.

Fichero general de la Real Academia
El Fichero general de la Academia consta de unos diez millones de papeletas, léxicas y lexicográficas. Se ha ido formando desde una fecha muy temprana, si bien su período de máxima expansión se sitúa entre 1930 y 1996, fechas en que la Academia afrontó la redacción del Diccionario histórico en sus dos ediciones. En los últimos años, se ha digitalizado este Fichero general, con el objeto de aprovechar esta valiosa información para el Nuevo diccionario histórico del español (NDHE).

Diccionario histórico de la lengua española
Con el fin de facilitar la consulta y recuperación de datos procedentes del Diccionario histórico de la lengua española, que la Real Academia Española editó entre 1960 y 1996, se han informatizado los fascículos publicados (que comprenden las letras a-apasanca y b-bajoca). La versión electrónica de la obra va acompañada de una herramienta de búsqueda que permite consultar el lemario completo, así como realizar búsquedas de diverso tipo en el cuerpo de los artículos.

Mapa de diccionarios
El Mapa de diccionarios es una herramienta que permite, en la actualidad, consultar simultáneamente seis ediciones representativas del diccionario académico: 1780, 1817, 1884, 1925, 1992 y 2001. Su finalidad radica en ofrecer una visión evolutiva del léxico moderno, matizada por la idea que se hacían de él los académicos a lo largo de los casi trescientos años en que se suceden las ediciones de estos diccionarios.

La Fundación Instituto de Investigación Rafael Lapesa para el Nuevo diccionario histórico del español (NDHE) se crea en el año 2005 (BOE 23/09/2005) a instancias de la Real Academia Española. Sus fines son fundamentalmente dos:

-La investigación científica en el ámbito de la historia del léxico español.

-La construcción del NDHE, obra que se presentará la evolución de las formas y de los significados de las palabras, dentro de las redes de relaciones que, en los distintos niveles lingüísticos y semánticos, se han ido estableciendo entre ellas a lo largo de los siglos.

El patronato de la Fundación lo constituyen los miembros de la Junta de Gobierno de la Real Academia Española y el director del NDHE. La presidencia le corresponde al director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua.

RAE coloca en internet el “Nuevo diccionario histórico del español”



Los diez millones de fichas, disponibles ya en internet, fueron redactadas sobre todo entre 1930 y 1996, fechas en que la Academia afrontó la redacción del Diccionario histórico.



EFE- Madrid • 

Los filólogos y aficionados a conocer el pasado de las palabras pueden consultar desde hoy en la red los recursos básicos utilizados para elaborar el Nuevo diccionario histórico del español, entre ellos los diez millones de papeletas del antiguo fichero de la Real Academia Española.

Esta gran obra, que reconstruirá la evolución del léxico español a lo largo de los siglos y que solo estará disponible en internet, podría alargar sus plazos si continúan los recortes presupuestarios.

En 2011, el equipo responsable contó con un tercio de los 800.000 euros (1.067.774 dólares) que se le asignaban anualmente, lo que obligó a prescindir de parte del personal.

"En estos momentos no tenemos constancia de que nos vayan a mantener ni ese tercio", afirma José Antonio Pascual, director del Nuevo diccionario histórico, en una entrevista con Efe, en la que también asegura que "el proyecto no se parará nunca". "Irá más despacio y habrá que realizar una buena gestión y buscar nuevos fondos".

Además de los diez millones de fichas, están ya disponibles en la página web de la Academia (en la entrada "Fundación Rafael Lapesa: NDHE"), el Corpus del Nuevo diccionario histórico (CDH), el antiguo Diccionario histórico de la lengua española (1960-1996) y el Mapa de diccionarios.

Los diez millones de fichas, disponibles ya en internet, fueron redactadas sobre todo entre 1930 y 1996, fechas en que la Academia afrontó la redacción del Diccionario histórico.

También se puede consultar el Corpus del Nuevo diccionario histórico (CDH), que cuenta con unos 53 millones de "presencias o de registros" de todos los períodos del español.

De ellos, 32 millones pertenecen a textos españoles de la Edad Media y de los siglos XVI al XX, y los veinte millones restantes a obras americanas.

Ese corpus vale para las palabras más frecuentes de la lengua española, que son de 40.000 a 50.000, y en los próximos meses, añade Pascual, saldrán "otros dos corpus más amplios".

Pero, ahora, quien quiera ver, por ejemplo, qué significado tenía "nación" en el pasado, verá que, entre otros, figura el de nacimiento o lugar de origen: "yo soy de nación aragonesa", se decía.

Y si uno busca "espingarda" se encontrará con multitud de ejemplos, entre ellos "estas dos batallas del prínçipe y del obispo yvan forneçidas de grande número de espingardas", de 1480.

En la red están también el antiguo Diccionario histórico que la RAE editó entre 1960 y 1996 y que solo llegó a las letras "a-apasanca" y "b-bajoca", y seis ediciones representativas del diccionario académico: 1780, 1817, 1884, 1925, 1992 y 2001.

En el futuro estarán todas las ediciones de esta obra esencial de referencia y habrá "una especie de llamada que remita al fichero de la Academia y explique por qué se añadieron algunas acepciones", comenta Pascual.

Así, la palabra "sarnilla" que se utiliza en Honduras para aludir al "piojillo de las aves", "no se sabe por qué está ahí, pero, si se relacionan todos los diccionarios con el fichero antiguo, averiguaremos quién la propuso y cuándo", señala Pascual.

Dentro de dos meses saldrán ya "200 palabras definidas de una forma clara para que se vea cómo va a ser el 'Nuevo diccionario histórico'", y "en el horno" tienen "otras dos mil"

Para esa primera entrega se han seleccionado voces relacionadas con armas e instrumentos, y aparecerán familias de palabras: alabarda, alabardero; sable, sablista, sablear...

El Nuevo diccionario histórico se puso en marcha en 2005 y lo que estaba previsto era, en una primera fase de quince años, ofrecer la historia de unas 40.000 a 50.000 palabras.

sábado, 28 de enero de 2012

Presentan el primer diccionario español-turco con transcripción fonética


Publicado 26/01/2012
Agencia Efe
Miércoles, 25 de enero del 2012

La Universidad del País Vasco (UPV) ha presentado hoy en la Facultad de Letras de Vitoria (España) el primer diccionario turco-español con transcripción fonética de ambas lenguas.

El diccionario ha sido elaborado a lo largo de una década por Carmen Uriarte, Sonsoles Taltavull y Bilge Cerah Sunal, en colaboración con filólogos, lingüistas, intérpretes e ingenieros y consta de 1.088 páginas.

La obra ha sido presentada en el campus de Vitoria como muestra de agradecimiento hacia una de sus autoras, Carmen Uriarte, por su labor como profesora lectora en la Facultad de Letras.

El diccionario, según ha informado en una nota la UPV, es una herramienta didáctica para todas las personas que quieran iniciarse o profundizar en el aprendizaje de alguna de estas dos lenguas.

La UPV/EHU mantiene una intensa colaboración con universidades turcas, con las que tiene 17 convenios.

Uno de esos acuerdos firmado con la Universidad de Ankara hizo posible que Carmen Uriarte ejerciera, desde 2005 y hasta 2010, como lectora de turco en la Facultad de Letras.

Durante la presentación, el rector de la UPV, Iñaki Goirizelaia, ha destacado que el diccionario hace posible un mayor acercamiento entre las lenguas y culturas de España y Turquía y favorece la colaboración, a todos los niveles, entre las universidades de estos países.

sábado, 22 de octubre de 2011

Medio siglo de lupa sobre el español






El 'Diccionario de dudas y dificultades', de Manuel Seco, actualizado 50 años después de su aparición, reprueba algunas normas ortográficas de la RAE


TEREIXA CONSTENLA - Madrid - 21/10/2011 - El País

Al despedirse, Manuel Seco Reymundo (Madrid, 1928) desmonta en pocos minutos un viejo prejuicio: la erudición y el envaramiento son indisolubles. Podría afirmarse sin exagerar que este señor bienhumorado es de los pocos lingüistas que ha tocado la cima. ¿Acaso hay mayor gloria para un lexicógrafo que dar nombre a un diccionario? Puede: dar nombre a dos.

"En realidad tengo dos hijos. A uno le llaman el Seco. Y al otro, el Diccionario del español actual, también. Les quiero a los dos".

La entrevista es para hablar de la actualización del primero: el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española que, desde su publicación, hace cincuenta años, no ha cesado de reeditarse y reimprimirse. Ni el autor ni su actual editorial, Espasa, se atreven a calcular cuántos ejemplares se han vendido de esa obra que aspira a resolver cuestiones esenciales del español (en su versión europea), aunque nadie duda de que viene de un periodo de gloria: en estos cincuenta años se universalizó la enseñanza, demandante voraz de manuales semejantes. Un tiempo lo bastante largo como para dejar huellas: "Medio siglo se nota en la vida de la lengua y en una persona. Como observador he notado cambios reales, que me han conducido a algunas supresiones de artículos o a dar soluciones más ambiguas que al principio".

A los 50 años, el Seco se ha actualizado en un Nuevo Diccionario de dudas y dificultades del idioma español, que ahora publica Espasa. Se ha aligerado en algunos aspectos, aunque aclara su autor que la lengua se resiste a la crónica forense. "Es dificilísimo certificar la muerte de una palabra. Cuando creemos que ha muerto, de pronto aparece en un periódico o una novela. Yeyé fue una palabra que hizo furor unos años, y ahora alguien de 20 años no sabría qué significa. La circulación de palabras que decaen con el paso de los años se da mucho más en la lengua hablada que en la escrita".

Alguien de 20 años no sabrá qué significa yeyé, pero seguro que escribe en su móvil a la velocidad de la luz mensajes de palabras tan adelgazadas de letras que parecen lenguajes nuevos. "El sms es un sistema taquigráfico, no tiene otro valor. Todos hemos usado nuestros sistemas taquigráficos para tomar apuntes en la universidad y luego hemos vuelto al lenguaje en una situación normal. Lo malo es si los chicos que usan sms son incapaces de escribir frases enteras. Un escritor de primera fila puede usar sms, pero fuera del móvil cambia de traje". El académico tiene móvil, pero no cultiva los sms. Y en los correos electrónicos se esmera en evitar errores ortográficos que le colocarían en un delicado lugar. "Nunca sabes quién puede leer los correos".

Mayor amenaza que en los sms percibe en una enseñanza fallida, en periódicos, que por deformación profesional el lingüista lee con la ceja alta del examinador, y en los libros mal traducidos. Recuerda Seco que de Rafael Cansinos Assens, que tradujo a Tolstoi y Dostoievski, entre una larga colección de valiosos escritores, "se decía que mejoraba el original". Ahora proliferan ejemplos de lo contrario. Seco ajusta cuentas con un reciente best-seller de John Boyne mal titulado: El niño con el pijama de rayas. "El título debería haber sido El niño del pijama a rayas. Es grave que ocurra en el título aunque no he leído la novela, quizá me atreva ahora para analizar si hay más errores, aunque no pasa nada, la gente sigue respirando y alimentándose...".

La ortografía, dirá más adelante con ironía y tal vez resignación, "es una cosa personal". "Si uno quiere saltársela, se la salta", bromea. En realidad, el lexicógrafo cree que la ortografía es el único terreno donde está justificado ser hiperconservador, una afirmación que toma prestada del académico Pedro Álvarez de Miranda. "Las lenguas cultas como el inglés, el francés y el alemán son conservadoras. Las primeras no han hecho ninguna reforma a pesar de sus grafías descabelladas".

Seco, académico desde 1980 (sillón A), ha sido crítico con las revisiones elaboradas por la casa. La nueva Ortografía de la lengua española de la Real Academia Española (RAE) se presentó en 2010 y sustituyó la que estaba vigente desde 1999. "No me parece aceptable publicar una ortografía a los diez años de la anterior. Solo añadía algunas ideas geniales y confirmaba la anterior". En su nuevo Diccionario, el lingüista ajusta cuentas y no duda en reprochar a la RAE que "siembre la confusión" con la supresión de tildes en palabras como guion, hui o fie con el argumento de que son monosílabos. Y, citando a Larra, escribe que el Diccionario de la RAE "tiene la misma autoridad que todo el que tiene razón, cuando él la tiene". "En algunos aspectos la Academia se toma una libertad discutible y discutida. Las normas se introdujeron sin consultar a los académicos, lo hizo una comisión. Aunque luego lo tenemos que suscribir todos, yo soy inocente". Y desliza finalmente, sin que una acierte a dilucidar si bromea o expresa pesar:

-Tendría que haber llevado a la Academia a los tribunales.


*El Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, de Manuel Seco, es sin duda uno de los diccionarios más consultados e influyentes de nuestra lengua, como demuestran sus múltiples ediciones y reimpresiones, las imitaciones a que ha dado lugar y sus cifras de ventas. En esta nueva edición, la úndecima, todo el texto se ha sometido a una revisión integral con la doble intención de actualizar su contenido por medio de una documentación más completa y de ampliar el número de las cuestiones estudiadas.
Es una obra concebida para responder a algunas de las mil pequeñas dudas que a los españoles de hoy se les pueden presentar en el propio uso de su lengua, o a algunas de las mil preguntas que se les pueden ocurrir al observar el uso por otros de este mismo idioma. No es una simple colección de recetas o consejos, sino una invitación abierta a todos sus lectores para que reflexionen sobre su propia lengua.

sábado, 30 de julio de 2011

400 años del Diccionario de Covarrubias


Imagen del Tesoro de la lengua castellana o española (1611), de Sebastián de Covarrubias (Toledo, 1539-Cuenca, 1613), tomada en la Biblioteca Nacional.- ÁLVARO GARCÍA




JOSÉ MANUEL BLECUA 30/07/2011 - EL PAÍS


El Tesoro de la lengua castellana o española, que Sebastián de Covarrubias publicó hace cuatro siglos, no es solo un manjar para los filólogos. Quien se anime a consultarlo descubrirá mil historias. Carmen Calvo, Ouka Leele y Miguel Gallardo han elegido una palabra de este diccionario y la interpretan en imágenes para Babelia. Por José Manuel Blecua

En el Vocabulario español-latino que Elio Antonio de Nebrija publicó a finales del siglo XV se explica lacónicamente el significado de las palabras españolas, por medio de las latinas a que corresponden. Este proceder, tomado como una virtud, se ha mantenido en nuestros diccionarios actuales, que tratan de exponer, ahora ya en español, el significado y el uso de las palabras de nuestra lengua.







Un nutrido grupo de palabras o acepciones aparecen en nuestros diccionarios por la autoridad que concedieron al de Covarrubias
Hay otro tipo de diccionarios que no se conforman con dictaminar qué significan las palabras o en qué situaciones se usan, sino que buscan las razones de su empleo. Es lo que ocurre en los que conocemos como diccionarios etimológicos o históricos. Son precisamente estos los caminos por los que se movió Alonso de Palencia, por la misma época de Nebrija y por los que, unos doscientos años después, volvió a recorrerlos, con más empeño, Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española, de cuya publicación se cumple este año el cuarto centenario.

Para hurgar en el significado de las palabras contaba Covarrubias, primero, con la etimología -ciertamente muy apoyada entonces en la imaginación del lexicógrafo-; después, con algo de lo que se huye en los diccionarios normales: las explicaciones enciclopédicas de la realidad -también en muchos casos pintorescas- y, finalmente, con las relaciones que se establecen entre las palabras de una misma familia. Con todo, la obra tiene una importancia que voy a tratar de resaltar por medio de dos rasgos: es el primero, la incorporación de algunas de sus voces al diccionario académico; y el segundo, la información que proporciona para comprender nuestros textos clásicos.

Tratándose del diccionario de la Academia, nos encontramos, por ejemplo, con la voz fregadero, definida como el mueble en el que se friegan los platos, significado que se extiende a la propia pila de fregar, hoy prácticamente desaparecida. Esta definición, que tiene alguna relación con la de Covarrubias, reduce considerablemente la realidad más compleja que había acogido el Tesoro, en la que se desciende a lo que se friega, que son "los platos, escudillas, sartenes y los demás vasos de aparador y espetera". Por otro lado, se relacionan en ese mismo artículo otras palabras de la misma familia: ya se trate de la fregona, es decir, "la moza de servicio que anda en la cocina entre las ollas y los platos, a estas llama Lope de Rueda platerillas" o de lo que supone un refregón: "un arrimarse de paso, como el que se arrimó a la pared, pasando de largo, y se enyesó la capa" o de una refriega: "la revuelta y pendencia de unos contra otros". Esas relaciones que se dan entre los miembros de la familia de palabras le llevan a explicar frases como "Muger de buen fregado: la deshonesta que se refriega con todo" o "Refregarse con las mujeres es allegarse mucho a ellas". A las palabras emparentadas se agregan otras de linaje distinto, como es el caso de las platerillas o de los platos, escudillas, aparador o espeto.

Hay que reconocer que un nutrido grupo de palabras o acepciones aparecen en nuestros diccionarios por la autoridad que concedieron al de Covarrubias, como es el caso de un bobillo, que significa "Jarro vidriado y barrigudo, con un asa como la del puchero", que el diccionario académico tomó de esta obra: voz sobre cuya existencia algún tiempo tuve dudas, hasta que la encontré en inventarios abulenses del siglo XVII; o de brizar 'acunar' que aún se puede oír en territorio leonés; o de la acepción de brújula 'punto de mira', que el diccionario da como desaparecida y que sirve para explicar el camino que ha recorrido el italiano bussola, 'cajita' para convertirse en brújula; o del juego del abejón; o del uso de aburrir con el significado de 'aborrecer'; o de los azacanes, que, curiosamente solían ser "gabachos".

Sirve admirablemente, en segundo lugar, la obra para comprender mejor el léxico de la literatura del pasado, por más que su consulta no carezca de problemas, al reunirse en un mismo artículo esas familias de palabras a que me he referido antes y al no poder sospechar que vamos a encontrar, por tanto, dentro de una palabra otra que puede interesarnos; aparte de que algunas voces estén situadas fuera de su lugar alfabético. Pero son problemas (que se resuelven además con la consulta en soporte electrónico del diccionario) que no han de afectar a un lector que renuncie al apresuramiento, si en vez de buscar con urgencia un dato, trata de leer el Tesoro con la pasión con que se leen las obras de creación. Asistirá a mil historias -a cual más fabulosa-, se asomará a la literatura latina, se embeberá de refranes, se topará con palabras que han desaparecido, pero que las emplean nuestros clásicos: ahí están esas platerillas citadas, que yo solo conocía de la Picara Justina, en un pasaje en que un personaje se refiere a un joven al que vio "en algunos buenos tiros que hizo a inocentes platerillas".

No todo en la vida ha de ser pensado a corto plazo y franqueado con sello de urgencia: hemos de reservarnos, también en los diccionarios, placeres que no son los comunes, como estos de bucear en los veneros en que nacen las palabras y en que se da cuenta de su explicación. Es este el ámbito que más ha de interesar al lector del Tesoro de la lengua española: desde luego, cuando se adentra, por ejemplo, por artículos tan desmesurados como los referentes a abeja o buey, pero tan llenos de datos para entender la organización de las cosas que se hacían nuestros antepasados más cultos, de un modo particular los escritores. También en casos como el del cocodrilo, en que parece que estuviéramos ante una página de una pintoresca enciclopedia, donde encontramos de todo: una curiosa e insostenible etimología a partir del latín croco 'azafrán', la explicación de la vida del animal, y finalmente su utilización simbólica. Estos datos pueden resultarnos curiosos, pero sin ellos, difícilmente podríamos entender la idea de las cosas que se hacían las personas para las que escribía Covarrubias, tan pintorescas, pero tan reales como supone pensar que la berenjena produce melancolía o que el bollo maimón sea "pan mezclado con hechizos de bienquerencia". Con todo, he de precaver a los futuros lectores de este benemérito diccionario que han de desentenderse de las sorprendentes etimologías que nos brinda, la mayor parte de las cuales pertenece al mundo de la pura fantasía. Para hacerlo comprender no necesito fijarme en sus étimos hebreos o árabes, basta con recurrir a las romances, como la de abarca "por tener forma de barcas" o cetrería "díjose, de cetro".

He querido ponderar por medio de dos características la importancia que tiene esta obra cuyo centenario conmemoramos. Querría añadir que su lectura no solo es manjar reservado al gusto de los filólogos, sino un banquete para lectores refinados, como Luisa Alday, personaje de la última novela de Javier Marías, Los enamoramientos, que acude a ese "voluminoso libro verde" que es el diccionario de Covarrubias, para introducir a la envidia en el relato, en tanto que, según el lexicógrafo, se trata del veneno que "suele engendrarse en los pechos de los que nos son más amigos, y nosotros los tenemos por tales fiándonos dellos".

Para este monumento de la lexicografía tenemos además la ventura de contar con buenas ediciones, no solo accesibles, sino que merecen un elogio desde el punto de vista filológico y técnico: me refiero a la de Martín de Riquer, que durante tanto tiempo fue la usual entre filólogos, y la más reciente de Ignacio Arellano y Rafael Zafra, que puede considerarse como la edición definitiva y que cuenta además con un CD que facilita notablemente el acceso a la obra.


Tesoro de la lengua castellana o española según la impresión de 1611, con las adiciones del Padre Benito Remigio Noydens, publicada en Madrid, 1674. Sebastián de Covarrubias. Edición de Martín de Riquer. Barcelona: SA. Horta, 1943. Alta Fulla Editorial. Barcelona, 2003 (reproducción de la edición de M. de Riquer). 1.120 páginas. 60 euros. Tesoro de la lengua castellana o española. Sebastián de Covarrubias Horozco. Edición integral e ilustrada de Ignacio Arellano y Rafael Zafra (reimpresión de la edición de 2006). Iberoamericana. Madrid / Fráncfort, 2009. 1.639 páginas + CD. 120 euros. José Manuel Blecua (Zaragoza, 1939) es director de la Real Academia Española.

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