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jueves, 6 de septiembre de 2012

Corrección de la Opción B de la PAU de junio 2012 de la Comunidad de Madrid


CUESTIONES

1.  Haga un comentario de texto del fragmento que se propone contestando a las preguntas siguientes:

a) Enuncie el tema del texto (0,5 puntos);

La suma del trabajo y el esfuerzo de cada individuo, base y fortalecimiento del bien común.


b) detalle sus características lingüísticas y estilísticas más sobresalientes (1,25 puntos);

                Partimos de un texto que, claramente, tiene una estructura inductiva, ya que se parte de un hecho particular (del argumento de autoridad o testimonio de Edweine Loureiro y el ejemplo de la sociedad japonesa con la metáfora del arroz), para llegar a una idea general o tesis que sería que trabajando como colectivo, sumando esfuerzos, se consigue el éxito y, a la vez, el beneficio propio. Este argumento de autoridad se refuerza con el de la experiencia personal de la autora; de origen occidental, pero que también reside en el país nipón y conoce, por tanto, la idiosincrasia japonesa y un argumento de ejemplificación (líneas 1-14: Cuenta un escritor…). Estos argumentos y el hecho de que la autora pretenda convencernos de que la sociedad japonesa es superior a la occidental justifica considerar el texto como argumentativo.
                El texto se puede dividir en tres partes. La primera parte (líneas 1-10) sería una especie de apólogo o exempla medieval, en la que un anciano japonés (el maestro) le enseña al escritor brasileño (discípulo) cómo Japón consiguió sobreponerse y convertirse en potencia mundial tras la derrota en la Guerra Mundial; para llevar a cabo este fin se apoya en la alegoría del arroz. De esta introducción, que recuerda tanto a los consejos de Patronio al Conde Lucanor, pasamos al cuerpo de la argumentación (l. 10-23), en donde se desarrolla el concepto de anteponer el bien común al individual; esta parte central se subdivide, a su vez, en tres apartados: diferencias entre occidente y el pueblo japonés (l. 10-16), el esfuerzo alcanzado por los japoneses tras la catástrofe (l. 16-19) y la reflexión sobre si este acontecimiento se podría dar en otras latitudes, hecho que no es practicado (l. 20-23). La tercera parte, a modo de conclusión, (l. 23-29) consiste en acercar el desastre de la guerra a la actualidad y, sin necesidad de heroicidades ni esfuerzos sobrenaturales, la autora nos persuade a que trabajemos con tesón y sin protestar para alcanzar beneficios, primero colectivos y luego individuales.
                Por otro lado, la autora se sitúa en un nivel estándar del lenguaje (español correcto), ya que es un texto de fácil comprensión, con un vocabulario sencillo, al alcance de la mano de un lector medio.
                En cuanto a las funciones lingüísticas, dado el carácter subjetivo y persuasivo de este texto argumentativo, destacan dos funciones especialmente. Destacan las funciones expresiva y apelativa, tanto en la primera como en la tercera parte, ya que la intención de manifestar una opinión (l. 10: cuanto más pegados unos granos a otros, más fuertes nos hacíamos, uso de  la primera persona), así como influir en la conducta del receptor (l. 26: hacer bien el trabajo de uno […] es la única clave para pertenecer a ese arroz cocido…). El cuerpo de la argumentación, parte central del texto, tiene mayor objetividad, predomina la tercera persona y está, por tanto, más cerca de la función representativa del lenguaje (l. 15-16: los granos nunca se caen…). También aparece la función poética, ya que, como no podía faltar en la presentación de un libro, el autor utiliza algunas figuras retóricas, como las metáforas (l.7-8: nos convertimos…en arroz cocido o línea 25: única clave para pertenecer a ese arroz cocido colectivo).
                En el plano morfosintáctico, prácticamente, todo el texto presenta oraciones enunciativas, lo cual es típico de los textos de carácter ensayístico, donde se nos exponen una serie de ideas. Dentro de la primera parte, cabe destacar el empleo del diálogo, tanto en estilo indirecto (l. 23: le preguntó […] cómo pudo transformar…), como en estilo directo, entrecomillada, la aclaración del anciano (l. 6-10: “Entendimos que solo trabajando juntos e intensamente seríamos capaces de vencer al hambre y a la miseria…”). Ejemplos de oraciones enunciativas (l. 10-11: El arroz japonés constituye la alegoría perfecta para ilustrar las diferencias entre la naturaleza de este pueblo y la nuestra), aunque nos encontramos con dos interrogativas directas, preguntas retóricas (l. 22-23: ¿Es, pues, inalcanzable para seres que no posean una cualidad humana especial? ¿Cómo se implementa en actos concretos?). Alterna en el fragmento el uso del presente, tanto con valor atemporal (l. 13-14: el arroz japonés es pegajoso), como con valor actual (l. 23-24: La lección que recibimos con cierto desconcierto los occidentales que vivimos en Japón es que la cuestión carece de misterio…), con el uso del pretérito perfecto simple, para referirse a los hechos de la posguerra japonesa (l. 9-10: Así que nos convertimos nosotros mismos en arroz cocido…) y para mostrar al lector la conversación que mantuvieron el escritor brasileño con el anciano (l. 2: le preguntó… ; l. 3: le respondió…). También se emplea el pretérito imperfecto, para la descripción de la situación que padeció el pueblo japonés (l. 6: teníamos…; l.10: nos hicimos…). Se emplea la tercera persona (cuenta, l. 1; hicieron, 17; derivó, 19…) y la primera del plural (entendimos, 7; recibimos, 23). El texto está vertebrado fundamentalmente por oraciones subordinadas, muy bien construidas, lo que facilita su comprensión. Es frecuente la utilización de subordinadas adjetivas, tanto explicativas (l. 1-2: Edweine Loureiro, que, en una cena en la que le preguntó a un anciano japonés cómo pudo transformarse Japón tras la Guerra Mundial en una potencia económica, …), como especificativas (l.23-24: La lección que recibimos con cierto desconcierto los occidentales que vivimos en Japón es que la cuestión carece de misterio…); adjetivas sustantivadas (o adjetivas sin antecedente) (l. 19: lo que mejor saben hacer: poner el bien común por encima del individual); gran número de subordinadas sustantivas: interrogativas indirectas de CD (l. 2-3: cómo pudo transformarse Japón tras la Guerra Mundial en una potencia económica), de infinitivo en función sujeto (l. 26-27: Hacer bien el trabajo de uno…), yuxtaposición con valor de sustantiva tras los dos puntos (l. 18: poner el bien común por encima del individual), sustantiva en función atributo (l. 24-25: es que la cuestión carece de misterio), sustantiva de término de un complemento de régimen (l. 4-5: había optado por ignorar la pregunta). Utilización de adverbiales: de causa (l. 25: ya que no requiere de ningún sacrificio heroico ni de ninguna capacidad sobrenatural), de finalidad (l. 27: para pertenecer a ese arroz cocido colectivo y beneficiarse al mismo tiempo como individuo), de gerundio (l. 8:solo trabajando juntos e intensamente seríamos capaces de vencer al hambre y a la miseria, y l. 3: ofreciéndole un tazón de arroz con una sonrisa), consecutiva no intensiva (l. 9:Así que nos convertimos nosotros mismos en arroz cocido: cuanto más pegados unos granos a otros,  y l. 15: de manera que comer con palillos no supone ninguna dificultad), de modo (l. 26-27: sin cuestionar ni eludir sus aspectos más ingratos), de tiempo (l. 12: mientras nuestro concepto de arroz de calidad incluye como condición indispensable el que sus granos estén sueltos), yuxtaposición con valor consecutivo (l. 10: cuanto más pegados unos granos a otros, más fuertes nos hacíamos) y yuxtaposición con valor de causa (l. 15-16: no supone ninguna dificultad: los granos nunca se caen y el tazón queda invariablemente limpio al final). Una coordinada copulativa (l. 18-19: El progreso se derivó de ello por sí solo, y en la repartición de los beneficios también entraron todos). Destaca el uso de coordinadas adversativas (l.4 y l. 19), que sirven a la autora para enlazar las ideas y matizar algún aspecto que le interesa destacar. Una oración pasiva (l.21-22: El arte de anteponer el bien común al propio, tan bien visto, aceptado y predicado universalmente, no es sin embargo practicado con frecuencia en muchos lugares del mundo).
                En el plano léxico-semántico, en este fragmento se emplea un lenguaje sencillo con un registro cuidado, sin llegar a ser culto: había optado (l. 4), interlocutor (4), perplejidad (5), alegoría (11)... El texto combina denotación, que se explica por el empleo de adjetivos especificativos (brasileño, 1; redondo, 14; económica, 3…), con connotación, en base a la utilización de adverbios valorativos (intensamente, 8; invariablemente, 16; universalmente, 21; bien, 26…), adjetivos valorativos (inimaginables, 17; heroico, 25; sobrenatural, 26…) y sustantivos con claras connotaciones negativas (guerra, 6; hambre, 9; miseria, 9…). Se da un empleo destacado de sustantivos de carácter abstracto: perplejidad (l. 5), naturaleza (12), cualidad (22), misterio (25)… Para dar cohesión al texto, nos encontramos con recurrencias léxicas: Japón, arroz, bien común, individuo… son términos que se repiten a lo largo del texto. Recurrencia semántica, por ejemplo metáfora y alegoría. También podemos ver la presencia de una isotopía semántica, referida al concepto de sociedad o valores sociales. Así, tenemos en la línea 16 (bien común o próspero), en la línea 23 (sacrificio heroico, capacidad sobrenatural, trabajo) y en la línea 25 (oficio o consideración social). Aparece también antonimia cuando contrapone, al menos en dos oraciones, el bien común (l 16) frente al individual (l. 16), que luego llama arroz colectivo (l. 25) frente a individuo (l. 26).
                A nivel textual, destaca el uso de la anáfora: este y le, repetidos varias veces para referirse a Edweine Loureiro, que había aparecido anteriormente. Utiliza una serie de elementos catafóricos, como lo que mejor saben hacer (…) en las líneas 15-16, que sirve para relacionar las ideas expresadas por el autor. Deixis con el adverbio así (l. 9) o los pronombres  mío (l.1), otros, nos (l. 10) o nuestra (12), que buscan establecer las relaciones entre los distintos personajes que aparecen. Deícticos espaciales como Japón (l.2 y 22), japonés (l. 9, 11, 15), mundo (l. 19), que buscan situarnos espacialmente en el desarrollo de las ideas del texto. Deícticos temporales como Guerra Mundial (l. 2), término de guerra (l. 2) y al mismo tiempo (l. 25-26). No es un texto que destaque especialmente por el uso de conectores o marcadores textuales para relacionar las distintas ideas que la autora desarrolla; por mencionar alguno, en la línea 9, los consecutivos así que o de manera que (l. 12), pues (l. 20), ya que (l. 22), que sirven para el avance de las ideas expuestas por la autora y nos hacen llegar a distintas conclusiones... Hay marcadores aditivos: e (l. 6), y (l. 7, 10, 12, 13, 17, 18, 24 y 25), para enlazar ideas. También marcadores contraargumentativos, como pero (l. 4), sin embargo (l. 19), que tienen el valor de contraponer una serie de objeciones que hace la escritora en su discurso.

c) indique qué tipo de texto es (0,25 puntos).

                Es un texto de carácter expositivo-argumentativo (más esto último), en donde la autora nos habla de la importancia que se debe dar al esfuerzo individual para alcanzar el bien común. Se trata de un texto de tipo humanístico y de carácter oral, pues es un fragmento de la presentación de un libro que tiene como objeto el estudio del ser humano (texto sociológico). Según el receptor al que va dirigido, es un texto divulgativo, destinado a una minoría, que son las personas que acuden a las presentaciones de los libros, pero con un lenguaje sencillo, sin apenas cultismo.

2. Redacte un resumen del contenido del texto. (1 punto)

                A través de la metáfora del arroz, la autora plantea la teoría de que para salir de momentos de crisis es necesario ponerse a trabajar con ahínco, codo con codo, aunando esfuerzos, con el fin de solventar las dificultades. Solo con trabajo, esfuerzo y dedicación se pueden vencer los obstáculos, poniéndonos el ejemplo, en boca de un sabio anciano, de la sociedad japonesa que supo salir adelante en un momento tan delicado como el de una guerra mundial.

3.  Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de la posibilidad de que se adopten en España los valores de la sociedad japonesa que se recogen en este fragmento. (1,5 puntos)

                Ojalá fuera posible que nuestra sociedad occidental tuviera los valores humanos, morales y altruistas que desde hace muchos años han caracterizado a la sociedad nipona.
                El trabajo y esfuerzo desinteresados, sin tener como meta la gratificación personal o el éxito individual, garantizarían, al menos, que hay un interés común por salir adelante, por alcanzar logros sociales y no individuales.
                Desgraciadamente, en nuestra sociedad capitalista prima lo contrario. Es más importante el beneficio propio, enriquecerse, que colaborar por sacar adelante un municipio, un estado o el planeta.
                En un momento como el que estamos viviendo, posiblemente no haya otro camino que el de estar unidos, el trabajar de manera conjunta, sin miras personales; pero, ya digo, es difícil ya solo imaginarlo.

4.a. Analice sintácticamente:
Mi amigo pensó que su interlocutor había optado por ignorar la pregunta. (1,5 puntos)

                Se trata de una oración compuesta formada por tres proposiciones.
                     PP: Mi amigo pensó…
PSSust.de CD: que su interlocutor había optado por ignorar la pregunta.
                PSSust. de término de un sintagma preposicional en función de complemento de régimen : por ignorar la pregunta
                El verbo principal es el verbo transitivo de pensamiento pensó. El sujeto, mi amigo. El predicado todo lo demás. Hay una PSSust. de CD, como he dicho antes, y , dentro de ella, PSSust. de término de un sintagma preposicional en función de complemento de régimen.

4.b Indique a qué categoría gramatical o clase de palabras pertenece inimaginables, analice su estructura morfológica y señale a qué proceso de formación de palabras responde. (1 punto)

                Inimaginables es una palabra variable que pertenece a la categoría gramatical adjetivo; es un adjetivo calificativo, en grado positivo, de una terminación, que vale tanto para el masculino como para el femenino.
                La palabra se puede descomponer o estructurar en cuatro unidades: in-: morfema derivativo prefijo; -imagin-: lexema; -able-: morfema derivativo sufijo (la a se puede separar como vocal temática); -s: morfema flexivo de número plural.
                Es una palabra derivada y no, parasintética, puesto que la combinación lexema + sufijo existe en la lengua. Al lexema se le unen un prefijo negativo (in-), que cambia sustancialmente el significado de la palabra, y un sufijo (-able), que aporta el significado de “capaz de”. Para la formación del plural se le añade a la palabra el morfema de número –s.


5.a. La novela realista y naturalista del siglo XIX. (2 puntos)

Aunque es una corriente estética que afectó a todas las artes  y géneros literarios, el realismo tiene en la novela su manifestación más característica. La novela realista puso freno a la fantasía. Los autores realistas pretendían narrar una historia posible ambientada en lugares conocidos y observados previamente. El objetivo del escritor era crear la ilusión de realidad mediante las descripciones minuciosas de lugares exteriores e interiores, la caracterización de los personajes  atendiendo a aspectos externos y psicológicos, y el decoro en el uso del lenguaje, esto es, el empleo de una lengua viva, acorde al personaje, con coloquialismos, voces populares o regionales  y hasta jergales.
La narración suele ser lineal y cerrada. Es frecuente el uso de un narrador omnisciente que interviene de manera constante en el relato enjuiciando hechos y personajes con intención satírica o moralizadora. Se observa también el empleo de técnicas narrativas que aproximan la novela realista al relato moderno: la presentación indirecta de los personajes, es decir, a partir de su comportamiento y su discurso, el estilo indirecto libre y  el monólogo, con el que el autor se adentra en la conciencia de los  personajes. Los conflictos de la sociedad de su tiempo constituyen la fuente principal de temas tratados en la novela realista: el contraste entre la vida urbana y el campo, los vicios y defectos de la burguesía, la miseria de ciertos individuos o lugares, el enfrentamiento ideológico por cuestiones religiosas o políticas, etc.

Dos tendencias se pueden observar en la novela realista española:

·         Una conservadora, con escritores  como Fernán Caballero (seudónimo utilizado por Cecilia Bölh de Faber (La gaviota), Pedro Antonio de Alarcón (El sombrero de tres picos), y José Mª de Pereda (Peñas arriba). Tratan en sus novelas temas  relacionados con un mundo rural idealizado, al que todavía no han llegado el progreso ni los males de la civilización; un mundo en el que todo lo malo procede de fuera, la cultura produce desasosiego y la fe religiosa aparece como vía de salvación.
·         Juan Valera representa una actitud intermedia entre las dos tendencias. Su realismo se caracteriza por la búsqueda del conocimiento de la personalidad humana, y sus novelas indagan sobre todo en la condición de la mujer (como, por ejemplo sucede en Madame Bobary de Flaubert). Entre sus obras, Pepita Jiménez.
·         En la otra tendencia podemos encuadrar a Galdós y a Clarín, partidarios de un realismo crítico que toma del mundo urbano preferentemente sus temas  y aborda el relato con la creencia en el progreso social humano como consecuencia  de la educación y la cultura. 
  
Benito Pérez Galdós es autor de una  extensa producción narrativa y teatral, de más de cien títulos. Destacan:

 -  Episodios nacionales, 46 novelas históricas que relatan hechos del pasado nacional reciente comprendidos entre los últimos años del reinado de Carlos IV y la Restauración. La documentación sobre los hechos referidos y la objetividad son los rasgos característicos de esta nueva novela histórica, muy diferente, por tanto, de la romántica.
 - Novelas de tesis: son las novelas de la 1ª  época, que inicia con  La fontana de oro. El argumento y los personajes de estas obras quedan sometidos a las ideas del autor, que trata de ejemplificarlas y justificarlas con la historia narrada y con los personajes arquetípicos que utiliza y que representan actitudes y valores (la tradición frente al progreso y el liberalismo). Destaca Doña Perfecta.
 - Novelas españolas contemporáneas: ciclo de novelas que inicia con  La desheredada y con el que trazó un fresco del Madrid y de la España de la época, con sus ambientes sociales, formas de vida, tipos,  etc. Galdós pretendió realizar un análisis profundo de la realidad. Los personajes son más complejos. Su comportamiento se relaciona con el medio social, la herencia biológica y la psicología. Emplea nuevas técnicas narrativas, como el estilo indirecto libre, el monólogo o el estilo teatral. Un título destacado de esta serie es Fortunata y Jacinta.
- Novelas espirituales: en sus últimas novelas, muestra un profundo interés por temas morales y espirituales; se acentúa el idealismo de los personajes y pierde importancia la descripción de la realidad. Títulos: Nazarín y Misericordia.

Leopoldo Alas “Clarín” ensayista, crítico literario, gran cultivador del relato corto (PipáDoña BertaAdiós, cordera…), es el  autor de la novela más importantes del siglo XIX, La Regenta,  novela que presenta el vasto panorama social de una ciudad de provincias, Vetusta (Oviedo), en la que está representada la sociedad española de la Restauración.
La historia es la crónica del adulterio de Ana Ozores, joven esposa del regente de la Audiencia Provincial, mujer sensible e imaginativa que busca en un medio hostil, como lo es la ciudad de Vetusta, el amor ideal, la felicidad, la plenitud. El modelo de Madame Bovary es innegable. Destacan en la novela la caracterización psicológica de los personajes, siempre en relación con el medio y la sociedad, y el empleo del estilo indirecto libre, utilizado por el autor para adentrarse en la vida interior de sus criaturas.

El naturalismo en la novela española.
 La influencia de la novela naturalista, impulsada principalmente por Émile Zola, que proponía aplicar el método científico a la literatura —la descripción y análisis del comportamiento humano en función de los factores que lo determinan: el medio natural y social, el momento histórico y la herencia biológica—, es apreciable en las obras de estos dos grandes novelistas españoles. La recepción del naturalismo francés fue crítica, sin embargo, en España, Emilia Pardo Bazán  planteó en  La cuestión palpitante, título en el que recogió diversos artículos publicados en periódicos sobre el Naturalismo, su rechazo del determinismo y del tratamiento de asuntos y situaciones desagradables, a los que tan inclinado era Zola, al tiempo que elogiaba del escritor francés la observación minuciosa y la calidad literaria de su obra. Los pazos de Ulloa y su continuación La madre naturaleza son dos de las obras de esta escritora gallega  en que se puede apreciar la aplicación de elementos y técnicas propias del Naturalismo. 
El otro gran autor naturalista en España fue el valenciano Vicente Blasco Ibáñez .El regionalismo de Blasco Ibáñez no ofrece una visión amable de su país, sino que presenta los conflictos sociales de la huerta y la ciudad con toda su crueldad, utilizando la técnica naturalista para exponer con dureza el problema. Entre sus obras: Cañas y barroLa barracaEntre naranjos...

5.b. Comente los aspectos más relevantes de la obra del siglo XX anterior a 1939 que haya leído en relación con su contexto histórico y literario. (1 punto)

                Federico García Lorca escribió La casa de Bernarda Alba en 1936, año de su muerte, pero la obra no fue estrenada hasta 1945. Este drama pertenece a la Generación del 27, grupo en el que nuestro autor juega un papel fundamental. Además de poeta, Lorca es un profundo conocedor del mundo del teatro y unos de los grandes renovadores del género. Fundó la compañía teatral “La Barraca”, cuyo propósito fue difundir el teatro en los espacios rurales y obreros. También cabe destacar el desprecio  que la sociedad española tenía hacia las mujeres durante ese tiempo, hasta después de la Guerra Civil Española. Entre sus rasgos principales se encuentran el gusto por la pureza estética, el interés por lo popular, la influencia de la vanguardia, sobre todo, el surrealismo, la renovación poética y temas como el amor, la naturaleza, la muerte o el compromiso con su tiempo.
La casa de Bernarda Alba constituye una de las piezas capitales del teatro lorquiano, ya que presenta temas nuevos como es el principio de autoridad y la gran importancia que adquieren los personajes femeninos.
Lorca experimenta con el drama surrealista, la tragedia rural y la farsa violenta hacer partícipe al espectador del drama que sufren sus personajes, por lo que
El tema central de la obra es el enfrentamiento entre autoridad y libertad, o el conflicto entre la realidad y el deseo, así como las apariencias, honor, la pasión condenada a la soledad o la muerte, y el luto y la frustración. La obra se relaciona con otros dramas del autor como es Doña Rosita la soltera, que también simboliza la frustración femenina, o la tragedia Bodas de sangre, dada por los conflictos familiares que llevan a los protagonistas a la muerte.
En cuanto al lenguaje, tiene un intenso sabor popular, abundan los diálogos fluidos e intensos, combinados con la prosa, y es frecuente la presencia de canciones populares y de numerosas metáforas e imágenes simbólicas.
Bernarda es la madre, representa el principio de autoridad, le importan mucho las apariencias y su obsesión es la virginidad; las hijas (Angustias, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela) viven entre la reclusión impuesta y el deseo del mundo exterior. Todas ellas están obsesionadas por lo erótico. Angustias es hija del primer matrimonio de Bernarda y heredera de una gran fortuna, por lo que atrae a Pepe el Romano. Adela es la menor y más hermosa, y rebelde, que se convertirá en la querida de Pepe el Romano; María Josefa es la madre de Bernarda y en medio de su demencia expresa grandes verdades; La Poncia es una vieja criada que aconseja a Bernarda, y se caracteriza por su sabiduría y la ironía con que habla; Pepe el Romano no aparece en escena pero está omnipresente, representa el objeto del deseo, y por él se desatan las envidias.
La estructura recuerda a la del teatro clásico; la trama está dividida en tres actos (exposición de los acontecimientos y presentación; enfrentamiento entre las hermanas; y misterio y final trágico). La acción transcurre en la casa, un espacio cerrado y asfixiante plagado de símbolos. El vestuario viene marcado por la represión y la ausencia de color, salvo el de Adela, y el decorado es sencillo, concediéndole mucha importancia a la blancura y a los gruesos muros.

lunes, 30 de julio de 2012

"Arroz Cocido Frente al Pacífico" por Montserrat Sanz



Texto completo de la intervención de Montserrat Sanz

en la presentación de su libro (extraído del blog El Cuaderno del Náufrago)
Antonio López, José Antonio Abella, Rafael Encinas y Jesús Martínez, con Monserrat Sanz y Tomoko Miyamoto al fondo por videoconferencia / Foto: Kamarero/El Adelantado

FRENTE AL PACÍFICO
(Merece la pena leerlo)

Presentación del libro Frente al Pacífico
Montserrat Sanz Yagüe
21 de junio de 2011
Segovia/Kobe

Cuenta un escritor brasileño amigo mío, Edweine Loureiro, que, en una cena en la que le preguntó a un anciano japonés cómo pudo transformarse Japón tras la Guerra Mundial en una potencia económica, éste le respondió ofreciéndole un tazón de arroz con una sonrisa. Mi amigo pensó que su interlocutor había optado por ignorar la pregunta, pero éste, consciente de la perplejidad de su compañero de mesa, le ofreció una explicación de su metáfora. “Al término de la guerra, no teníamos arroz para comer”, le aclaró. “Entendimos que sólo trabajando juntos e intensamente seríamos capaces de vencer al hambre y a la miseria. Así que nos convertimos nosotros mismos en arroz cocido: cuanto más pegados unos granos a otros, más fuertes nos hacíamos.” El arroz japonés constituye la alegoría perfecta para ilustrar las diferencias entre la naturaleza de este pueblo y la nuestra: mientras nuestro concepto de arroz de calidad incluye como condición indispensable el que sus granos estén sueltos, el arroz japonés es pegajoso. Cada grano, redondo y lleno de almidón, se encuentra pegado a otro, de manera que comer con palillos no supone ninguna dificultad: los granos nunca se caen y el tazón queda invariablemente limpio al final. El señor de la historia le hizo entender a mi amigo que los japoneses, ante una catástrofe de proporciones inimaginables, hicieron lo que mejor saben hacer: poner el bien común por encima del individual. El progreso se derivó de ello por sí solo, y en la repartición de los beneficios también entraron todos.

El arte de anteponer el bien común al propio, tan bien visto, aceptado y predicado universalmente, no es sin embargo practicado con frecuencia en muchos lugares del mundo. ¿Es, pues, inalcanzable para seres que no posean una cualidad humana especial? ¿Cómo se implementa en actos concretos? La lección que recibimos con cierto desconcierto los occidentales que vivimos en Japón es que la cuestión carece de misterio, ya que no requiere de ningún sacrificio heroico ni de ninguna capacidad sobrenatural. Hacer bien el trabajo de uno, sin cuestionar ni eludir sus aspectos más ingratos, cualquiera que sea el oficio y la consideración social que reciba, es la única clave para pertenecer a ese arroz cocido colectivo y beneficiarse al mismo tiempo como individuo. Si todo el mundo sigue el mismo principio de no escabullirse de los aspectos que no le gustan del trabajo y los realiza con la misma diligencia que aplica a aquellos que le agradan --a pesar de inclinaciones propias que motivarían a uno a no hacerlo así-- no hay razón para establecer percepciones clasistas en cuanto al valor del trabajo de cada uno. Todos somos parte pequeña de una gran maquinaria y navegamos en el mismo barco. Una definición simple de respeto al trabajo como un privilegio sagrado y de respeto mutuo que cualquiera puede entender.
La paradoja es que este arte de vivir en colectividad consiste, precisamente, en ser del todo individualista, responsable absoluto y soberano de la tarea a uno asignada. Ser parte importante del grupo parece consistir en asumir una tarea concreta de forma verdaderamente independiente para realizarla en toda su perfección. No existe por tanto pérdida de libertad en la pertenencia a la colectividad, sino precisamente un gran individualismo. Y si esa labor que el destino te asigna no corresponde a tus sueños, tampoco es culpa del trabajo, sino de uno mismo. Mientras se aspira a más, la obligación se ejecuta con respeto y agradecimiento por tener algo en qué realizarse como humano. Esta otra definición de individualismo, diferente a la occidental, destaca el reto personal de realizar bien la empresa que uno ha aceptado, consciente de que lo contrario siempre redundará en perjuicio de alguien. Una realización de nuestras capacidades al máximo que conlleva siempre una gran auto satisfacción. La  base de las sonrisas ubicuas en Japón.
Esta relatividad “cuántica” oriental penetra en las experiencias diarias de los extranjeros que vivimos en Japón y hace que se desmoronen todas nuestras certezas occidentales. A medida que nos adaptamos a vivir en su cultura, vamos relativizando nuestras creencias, despojándonos de algunas y comprendiendo un poco más los conceptos ambiguos que subyacen a esta cultura lejana, donde nada es lo que parece y todo es a la vez transparente de puro básico.
De estas reflexiones filosóficas personales nace Frente al Pacífico, que crece en los trayectos de metro diarios entre mi casa y la Universidad; en mi ordenador portátil se van cuajando los pequeños artículos que lo componen y que se ofrecen periódicamente a los lectores de El Adelantado de Segovia con el convencimiento de que se trata de asuntos humanos simples, generalizables y universalizables. Mientras redacto esas piezas, a veces imagino que una de las líneas que escribo causa un impacto especial en algún lector y le obliga a analizar su realidad y sus actitudes. Esa persona es educador o padre, y decide dedicar una clase o una conversación a un tema surgido de alguno de mis pensamientos, y abre a su vez otras tantas ventanas de aire fresco entre sus alumnos o sus hijos. Cuando llego a este punto, me reprendo mentalmente por mis aires de grandeza y por haber perdido la perspectiva: vuelvo los ojos a la pantalla y regreso al texto, recordándome a mí misma que lo importante es la tarea concreta de encontrar el adjetivo más apropiado o la forma más concisa y elegante de expresar algo. Es importante no confundir los sueños de trascender (por muy legítimos que sean), con los detalles prácticos de la tarea, pues serán únicamente estos los que permitan tal trascendencia, si la hubiera. Mi única obligación es que cada una de las frases de ese artículo estén pensadas y cuidadas al máximo. Una lección aprendida de ver trabajar al revisor del tren, al panadero, al recepcionista de un hotel o al porteador de maletas del autobús al aeropuerto. Todas nuestras tareas, las importantes y las que lo parecen menos, trascienden igual, porque permiten que el engranaje no se oxide, creando así riqueza material y espiritual para todos.
Pero de pronto, esa rutina de escritos y viajes al trabajo se ve alterada por un desastre que nos sobrecoge y sobrecoge al mundo. Las actitudes que he analizado en mis escritos y que he ido adoptando durante años se ponen de manifiesto en horas de cobertura televisiva de la catástrofe. Se producen reacciones de respeto y de admiración hacia un pueblo que enseña su lección al mundo sin querer, simplemente por ser ellos mismos y comportarse como únicamente saben: con integridad. En estas circunstancias, se me ocurre que, ahora sí, es momento oportuno de contribuir a reforzar esa lección tratando de llegar a más lectores para maximizar el efecto moralizante de las imágenes con mi visión de observadora externa e interna a la vez. En una era en la que se comenta la escasa altura moral de dirigentes, poseedores de los medios económicos y de la comunicación, no está de más que todos  aprovechemos para analizar los valores propios, la contribución personal de cada uno de nosotros a la calidad de la sociedad en la que participamos. Es un buen momento para auto evaluarse y sentarse a hablar sobre valores humanos que conocemos perfectamente porque son universales. ¿Debemos admirarlos como si esos valores fueran exclusivos de los japoneses? El mensaje que siento la necesidad de transmitir al mundo en los días siguientes al desastre es: todo lo que veis es más simple de lo que parece. No hay nada que no podamos aplicar todos en nuestra vida diaria. El esfuerzo, la dedicación al trabajo, la integridad, el respeto mutuo, la nobleza del alma, están en todos nosotros porque son nuestra esencia como humanos. En realidad, mis artículos anteriores no presentaban nada extravagante ni heroico. El desastre japonés ocurre, pues, en un momento oportuno, cuando la eurodecadencia empieza a ser evidente. Siento que es hora de desempolvar algunos de los artículos y retocarlos para ofrecerlos de nuevo.
Me lanzo entonces a buscar un profesional que pueda materializar ese sueño, y confirmo que los hados y la globalización funcionan estupendamente juntos: un tsunami en el noreste de Japón va a permitir a dos personas de Kobe naufragar en una isla que casualmente se ha creado en mi querida Segovia. José Antonio Abella decide que el riesgo merece la pena y Jesús Martínez se vuelca generosamente en que el proyecto salga adelante. Si en algún momento mi cansancio o falta de capacidad me hacen flaquear, la diligencia y eficacia de José Antonio impulsa el proyecto sin remisión y me obliga a hacer las correcciones con celeridad. Recurro a mi amiga Tomoko para ilustrar los conceptos importantes con su pincel y en un par de días recibo un paquete con las obras. Además, se da la feliz coincidencia de que mis padres se encuentran conmigo en Japón en ese momento y me liberan de cientos de tareas domésticas que me permiten ponerme a trabajar. Su valioso apoyo, la calidad de las obras de Tomoko y el indiscutible gusto estético de José Antonio culminan en un libro delicado que sale al mundo a una velocidad vertiginosa, menos de dos meses después del desastre, y por el que no puedo por menos de sentir un gran agradecimiento y una profunda emoción.  En el proceso de crearlo, me parece estar aprendiendo lo equivalente a diez años de experiencias vitales.
Ni que decir tiene que sería inético que nosotras nos beneficiáramos económicamente de un libro que nace de unas circunstancias que han causado sufrimiento a cientos de miles de personas. Este libro pertenece a las más de 124.000 personas que llevan tres meses viviendo como refugiados, a los 15.400 muertos y a los 7.650 desaparecidos. Pero muy en particular, es para los treinta y cuatro niños y tres maestros supervivientes de la escuela Ookawa, en Ishinomaki. Somos conscientes de que la modesta contribución monetaria que podríamos ofrecer con nuestros derechos de autor sería de todos modos una gota en el océano de las necesidades que se han generado. Por eso tiene mucho valor la actitud de la editorial, pues asumo que lo que le quede después de su generosa donación, que excede con mucho lo que nos tendría que abonar como autoras, servirá para poco más que para impedir que su isla se hunda. También sabemos que no importa cuánto se ayude a esos niños y a sus maestros, su corazón jamás podrá reponerse de la muerte de sus setenta y cuatro compañeros y diez profesores. Pero los padres de los niños, en el rito budista de los 100 días después del fallecimiento colectivo, han optado una vez más por la aceptación, por la vida y por la esperanza y han decidido plantar 121 árboles, tantos como niños y profesores componían la comunidad de la escuela. Así que nosotras también trabajaremos para que algo de nuestro esfuerzo por llevar los valores de su tierra al otro lado del mundo revierta en su bienestar emocional a través de algún material o ayuda al estudio.
Hace tan solo una semana mantuve una conversación con un ex-alumno cuya familia es de Sendai pero sobrevivió sin grandes problemas a la tragedia. Me contaba que el hermano de su cuñada, casado y con un recién nacido, acababa de comprar una casa a tres Kilómetros de la Planta Nuclear de Fukushima. Ahora viven evacuados, sin trabajo y sin dinero para reconstruir su vida. Cuando le pregunté cómo se sentían y si no estaban todos quejándose de las parcas ayudas públicas y de la mala gestión del problema, abrió los ojos asombrado y me contestó: “No, están contentos de estar vivos. Además, querríamos tener tiempo para victimizarnos un poco, pero cuando tienes un problema de estas dimensiones, no hay tiempo para eso.” Otra gran lección. A pesar de haber escrito un libro como éste, yo estaba haciendo lo que mejor sabemos hacer los occidentales: quejarme en lugar de las víctimas y erigirme en defensor de sus derechos por medio de la crítica a responsables externos. Ellos estaban aplicando su serenidad y su filosofía de no esperar que un mesías te resuelva tus problemas. “Me queda trabajo por hacer”, pensé. “Al fin y al cabo, sigo siendo fiel representante de mis prejuicios”. Efectivamente: cuando tienes un pequeño problema, todo es victimizarse. Pero cuando tienes un problema de proporciones ingentes, no hay tiempo para eso. Haber salvado la vida ya es regalo suficiente. El esfuerzo y el trabajo, y el apoyo del grupo, que nunca les fallará porque sus componentes seguirán asumiendo sus responsabilidades personales bajo la premisa de que el trabajo no es un castigo divino, sino un regalo divino, harán el resto. El arroz está cocido. Ellos lo saben y confían.

Muchas gracias.

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