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sábado, 17 de noviembre de 2012

Las tramas del ‘boom’ por Diamela Eltit


La acogida de este grupo de escritores inauguró un circuito inexistente: la aparición de los agentes literarios, la mirada sobre la creación latinoamericana y la promoción internacional. Pero también dejó de manifiesto la ausencia de mujeres

 Nueva York 15 NOV 2012 - El País
Carmen Balcells y Mario Vargas Llosa. / FERNANDO VICENTE (EL PAÍS)

La América Latina sesentera, convulsionada en parte importante de sus geografías por los cambios culturales mundiales y la creciente demanda por la recuperación de sus “materias primas”, fue el contexto político y cultural que favoreció la emergencia y, más adelante, la expansión delboom literario. La irrupción del grupo de los jóvenes escritores que conformaron el llamado boomhace medio siglo (Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, José Donoso) potenció en ese espacio liberador, tal como si se cumpliera el sueño bolivariano, la América que se hizo una a partir de las propuestas estéticas de sus escritores. A pesar del reducido número de autores que participaron de un estatus similar al de los rockstars, hoy, después de cincuenta años de la consolidación de ese fenómeno, vale la pena pensarlo para entender mejor la trama de las inscripciones literarias.
Antes de ese explosivo hito, en Latinoamérica ya había un conjunto fundamental de escritores que formaban un canon nítido y elocuente: Jorge Luis Borges, Juan Rulfo o Juan Carlos Onetti, entre los más apreciados. Sin embargo, su internacionalización estaba obstaculizada por las dificultades de las editoriales locales que no conseguían el paso fluido a través de las fronteras. El conocimiento de cada escritor, en términos generales, estaba más bien ligado a su localidad y a la profundización de lo nacional mediante la relación con el Estado.
La emergencia boom, liderada por el aparato editorial español, puso de manifiesto el encierro casi claustrofóbico de lo local americano
Pero la emergencia boom, liderada por el aparato editorial español, puso de manifiesto el encierro casi claustrofóbico de lo local americano. La escala de difusión del nuevo movimiento marcó una distancia sideral con los canales de distribución y de difusión del resto de las literaturas continentales. Así, este evento marcó también el inicio de la era comercial para una parte de la literatura latinoamericana organizada, en buena medida, por la figura inédita para las letras latinas del “agente literario” (particularmente la Agencia de Carmen Balcells). Una figura nueva que abría una cadena perfectamente articulada entre la obra del escritor, las casas editoriales, las traducciones y los expertos aparatos de promoción culturales.
De esa manera se puso en marcha un circuito antes inexistente. Los efectos del boom generaron las distancias entre centros y periferias literarias. En los centros los superstars del boom y, en los bordes de la fama, los teloneros que, si bien tenían una relativa existencia internacional, permanecían alojados en segundos planos. Y, desde luego, los escritores absolutamente locales radicados en sus países que no conseguían la atención de las poderosas editoriales españolas que, a su vez, operaban como pasaportes (mediante los agentes literarios) para otras lenguas y diversos territorios.
Este evento marcó también el inicio de la era comercial para una parte de la literatura latinoamericana organizada, en buena medida, por la figura inédita para las letras latinas del “agente literario”
El boom nació y murió con sus exponentes originales y, en ese sentido, se convirtió en unboomerang. No consiguió una continuidad en parte porque los mapas político-culturales se modificaron a gran escala y con una extraordinaria velocidad; la cadena de golpes de Estado que asolaron al sur del continente, la diáspora intelectual, los llamados “inxilios” (o el exilio interior), la muerte de Franco y el proceso de rearticulación cultural española, la emergencia de literaturas de Este en los momentos en que de desplomaban los llamados “socialismos reales”, abrieron nuevos focos de atención editorial en un mundo que se volvía cada vez más extenso y móvil.
El avance capitalista se reforzó en todas las esferas de la producción y el consumo, hasta alcanzar también el mercado editorial. El best sellermultiplicó las ganancias y las literaturas emergentes y su bagaje de propuestas estéticas se consolidaron como individualidades que coexistían con el resto de las literaturas del mundo. La antigua cohesión latinoamericana que agrupaba el extenso continente se volvió irrepetible.
Se puso en marcha un circuito antes inexistente. Los efectos del boomgeneraron las distancias entre centros y periferias literarias
En ese sentido, el mundo editorial español se volcó literalmente al mundo y el boom que tanto prestigio y atención mediática había provocado se convirtió en objeto de estudio académico, en nostalgia ante un pasado de esplendor y, especialmente, en un hito curioso de la historia literaria.
Mientras el siglo XXI sigue articulando su vertiginoso proceso globalizador que garantiza las comunicaciones masivas e instantáneas, en el mundo editorial se ha producido una conmoción. Junto con las mega editoriales y sus constante fusiones de capital, las editoriales independientes proliferan por el mundo latinoamericano y en el territorio español, en parte porque los costos de producción de libros se han vuelto más accesibles. No obstante, los aparatos de difusión continúan con parecidas dificultades a las que experimentaban en la época pre-globalizada. Desde esta perspectiva se puede hablar de una atomización pero, a la vez, de una democratización del espectro literario.
En este contexto parece difícil la producción de un nuevo boom, porque los signos actuales más bien aluden a una dispersión que a un campo cohesionado de escrituras. Para promover un debate propositivo e iluminador, las actuales celebraciones conmemorativas del boompodrían, junto a la celebración de indudable importancia de los autores, analizar el apretado nudo histórico y comercial que favoreció esa particular escena literaria.
Tal vez la pregunta más ardiente que esa época genera sea la ausencia manifiesta de escritoras. Una pregunta filosa que quizás hoy, cincuenta años después, puede resultar todavía pertinente para el mundo latinoamericano que sigue al “pie de la letra” su visión más bien masculina de la configuración de los mapas literarios. Y esta falta no es sólo una herencia del boom sino también una costumbre y acaso una agenda.
* Diamela Eltit (Santiago de Chile, 1949) es autora de Jamás el fuego nunca (Periférica)

sábado, 18 de agosto de 2012

Las grandes novelas que las editoriales rechazaron




"Pueden impedirte ser un autor publicado, pero nadie puede impedirte ser un escritor". Lo dijo Katherine Neville, una ingeniera y exmodelo de Missouri que recurrió al aforismo después de pasar varios años enviando a editoriales y agentes literarios su manuscrito, un raro thriller entre histórico y esotérico con 64 personajes y una trama que emulaba la táctica del ajedrez. Tras haber esquivado los portazos de todos, probó suerte en 1987 en Ballantine Books, y alguien allí pensó que la novela podría salir al mercado. El ocho eclosionó automáticamente en bestseller en 12 lenguas, requirió decenas de ediciones y vendió millones de ejemplares.
Y no ha sido la única vez que ha ocurrido. Desde el Ulises de James Joycehasta el Harry Potter de J.K. Rowling –pasando por obras tan reconocibles como Cien años de soledad, El señor de los anillos o La conjura de los necios– son muchos los ejemplos en libros clásicos, superventas editoriales y hasta obras maestras que estuvieron a punto de no ver la luz. La censura y la ceguera editorial, en muchos casos, se confabularon en su contra. En otros, fueron sus propios autores quienes no quisieron publicar. 
La odisea del Ulises
Uno de los casos más extremos es quizás el del Ulises del irlandés James Joyce –calificado con frecuencia como el mejor libro del siglo XX–, cuya azarosa publicación tuvo que sortear rechazos tan dispares como el deVirginia y Leonard Woolf, que la consideraron falta de calidad e impublicable, o el de la terrible Sociedad para la Prevención del Vicio de Estados Unidos, que la juzgó corrupta. Incluso cientos de ejemplares de The Little Review, la revista donde Joyce empezó a publicar el Ulises por entregas, fueron denunciados, confiscados y quemados en 1921. Las autoridadesantivicio no quisieron, sencillamente, que el Ulises pisara suelo estadounidense.
Por suerte, algunos capítulos de la obra –que en 1920 seguía inconclusa– caen en manos Sylvia Beach, propietaria en París de la legendaria librería Shakespeare & Co. Fue ella quien publicó, en 1922, la primera edición delUlises. Pese a que Beach recurrió en su distribución a argucias de contrabandismo, como forrar los ejemplares con cubiertas de poemarios de Shakespeare, una cuarta parte de la segunda edición –500 ejemplares– fueron localizados en las oficinas de correos de la aduana estadounidense y quemados inmediatamente. De la tercera edición, que fue enviada íntegramente a Reino Unido, sólo sobrevivió un ejemplar.
Habrá que esperar hasta 1932 para que el libro sea publicado oficialmente en Estados Unidos –aunque circulaba, desde 1929, una versión pirata– y a 1936 en Reino Unido. La primera edición en castellano fue en Buenos Aires en 1946. Al contrario de lo que reza la leyenda popular, el Ulises nunca estuvo prohibido en Irlanda.
La piedra filosofal
Hasta 12 editores creyeron, cuando cayó por sus manos, que el primer manuscrito de Harry Potter y la piedra filosofal no les ofrecía oportunidad de negocio. Después de haber sido rechazado por todos ellos, el agente de J.K. Rowling lo envió a Bloomsbury Publishings –por aquel entonces una pequeña editorial londinense– y su editor jefe, Nigel Newton, no se molestó siquiera en pasar de la primera página. Fue su hija Alice, una niña de ocho años, quien cogió el original despreocupadamente y lo subió a su habitación. "Bajó corriendo un poco más tarde y me dijo que era lo mejor que había leído", confesó Newton años después en una entrevista en The Independent.
Aun así, Newton no tenía demasiada fe en el joven aprendiz de mago, así que se limitó a extenderle a su autora un cheque de 2.500 libras –un mero trámite– y a publicar una escasísima primera edición de 500 ejemplares. Hoy, gracias a Potter, la editorial tiene unos ingresos anuales medios de 100 millones de dólares y sedes en Londres, Nueva York y Sydney. La marca Harry Potter, mientras tanto, se ha valorado en más de 15 billones de dólares y Rowling es y la escritora más adinerada del mundo.
Cuestión de moda 
Las modas literarias, sin duda uno de los fenómenos que mantiene vivas y con salud a las grandes editoriales, también son uno de sus mayores problemas. Con frecuencia, muchas de las grandes casas de edición se muestran tan obcecadas por subirse al carro del boom vigente que rechazan por sistema cualquier otra historia. Y por supuesto, alguna de esas historias será la que desate el siguiente boom.
Es lo que le ocurrió a la estadounidense Amanda Hocking, autora del superventas El viaje, cuyos originales sobre romances paranormales no llegaron a cruzar siquiera el umbral de editorial alguna. "Llevaba intentando conseguir agente literario desde los 17 años", explica. “No quería seguir haciendo lo mismo una y otra vez, así que me decidí por la autoedición, para ver cómo funcionaba, ya que no tenía nada que perder”. Hocking editó sus novelas en soporte digital y las publicó a través de Amazon en 2010. En 2012 lleva recaudados más de dos millones de dólares –la cifra más alta jamás conseguida por un autor a través de internet–, las editoriales ofrecen sumas millonarias por los derechos de su obra y St. Martin Press ha pagado otros dos millones por ficharla en exclusiva.
Superventas, pero póstumas
El tesón, en todo caso, está muy bien como axioma del triunfalismo, pero en la vida real no siempre resulta. Algunos autores de talento no sólo no tuvieron la suerte de ser descubiertos jóvenes, sino que de hecho vieron llegar el día de su muerte sin haber publicado un libro pese a haber llamado a todas las puertas.
Antes de quitarse la vida, John Kennedy Toole recibió la negativa de todas las editoriales a las que envió el manuscrito de La conjura de los necios, una de las cuales llegó a aducir que el libro no trataba de nada en concreto. Años después de su muerte, la madre de Toole encontró el original olvidado en el trastero de su hijo –fechado en 1962– y se empeñó en su publicación. Tras cosechar de nuevo el rechazo de las editoriales, se lo remitió al escritorWalker Percy, que aceptó leerla sólo después de mucha insistencia. En 1980,La conjura de los necios fue publicada y se convertía en un inmediato éxito de ventas. El siguiente año recibió el premio Pulitzer.
Unwin convenció a Tolkien de publicarEl hobbit –que él consideraba demasiado infantil– y le animó a que produjera una secuela, que sería El señor de los anillos. Tolkien tardó diez años en escribirla y estuvo a punto de abortar su publicación en varias ocasiones. Y cuando por fin quiso publicar una obra motu propio,el inglés presentó a las editoriales elQuenta Silmarillion, que éstas rechazarían por su densidad, lo que acabó de arruinar la propia –y poca– confianza que Tolkien tenía en su obra. Sólo después de su muerte, su hijo Christopher Tolkien publicaría las restantes obras del considerado gran maestro de la fantasía, entre las que están el propio Silmarillion,Roverandom y los Cuentos Inconclusos.
Un compatriota suyo, E.M. Forster, escribió Maurice para guardar seguidamente el manuscrito en un cajón durante casi sesenta años. De ella dijo, en una nota en el original, que era "publicable, pero ¿merece la pena?". Una pregunta retórica que se entiende al contrastar la historia contada enMaurice –la de un triángulo amoroso entre hombres, que además son de distinta extracción social– con la temprana fecha de 1913, en que fue escrita.Forster no quiso que su familia y amigos dedujeran de ella su propia homosexualidad en vida, por lo que la novela se publicó en 1971, después de morir, y se convirtió de la noche a la mañana en el gran clásico de la literatura de temática gay. 


jueves, 17 de noviembre de 2011

Los secretos de la Mamá Grande

La agente literaria Carmen Balcells
La agente literaria Carmen Balcells, en su casa de Barcelona en 2009.- CARMEN SECANELLA


Las 2.000 cajas con los papeles de Carmen Balcells, por las que Cultura pagó tres millones de euros, resumen la historia de la literatura en español del siglo XX



EL PAÍS  -  Cultura - 17-11-2011

Ella les hizo gigantes literarios y ellos la convirtieron en superagente. Carmen Balcells (Santa Fe de Segarra, Lleida, 1930) posee puesto fijo en la historia de la literatura mundial. Tiene en cartera más premios Nobel que dedos en la mano (Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Camilo José Cela, Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias y Vicente Aleixandre). El boom latinoamericano estalló en su agencia. Fichó a escritores españoles (Miguel Delibes, Ana María Matute, Juan Marsé, Manuel Vázquez Montalbán...) cuando aún no habían adquirido la condición de clásicos del siglo XX. Son vagas pinceladas que dan idea de la trascendencia de la documentación almacenada en la agencia de Carmen Balcells desde 1960, comprada por el Ministerio de Cultura en 2010 por tres millones de euros y que ahora ve la luz.
El archivo, compuesto por cerca de 2.000 cajas (alineados: 2,5 kilómetros de documentos), está depositado desde entonces en el Archivo General de la Administración (AGA) de Alcalá de Henares, aunque su futura ubicación está en el aire. El actual Gobierno pretendía poner en pie un centro nacional dedicado a la creación, edición e industria editorial a partir de este fondo. La Generalitat catalana, por su parte, pugna por el regreso a Barcelona de las cajas que almacenan la historia de la agencia y sus más de 200 escritores.

EL PAÍS ha sido el primer medio que ha accedido al contenido de la correspondencia, los originales literarios y sus sucesivas correcciones, las liquidaciones de derechos de autor o los borradores de obras de escritores que deseaban ser representados por su agencia. El fondo, que incluye la biblioteca de Miguel Ángel Asturias y el archivo de Paul Bowles, aún no se ha abierto a la investigación porque está pendiente de ser reclasificado y ordenado según los parámetros archivísticos.

Sumergirse en páginas amarillentas y cajas hinchadas sirve para constatar lo previsto: Balcells ha sido todopoderosa en el mundillo editorial, un pulpo con tentáculos en cada país. La única española que podría tutear a Andrew Wylie, El Chacal, considerado el número uno del gremio. Mucho antes que Wylie, ella ya mereció la etiqueta de "superagente literaria" por el añorado editor Carlos Barral. Se labró el respeto de los autores desde que, en 1954, comenzó a trabajar en la agencia del escritor rumano exiliado Vintila Horia.

Ella les colocó en el centro del negocio y combatió abusos de las editoriales: desterró los contratos vitalicios e impuso cláusulas de cesión por tiempo ilimitado. Ya en mayo de 1961, Miguel Delibes elogiaba así su papel: "Conozco la gran eficacia de su agencia y confío en que este contacto pueda ser beneficioso para ambos. Por de pronto, mis asuntos en Italia, por lo que se refiere a algunos libros, están bastante embrollados debido a la poca seriedad de algunos editores".

Los escritores confiaron en ella y ella continuó creciendo. "Mamá Grande", la llamó Gabriel García Márquez, coronándola como el personaje literario de uno de sus cuentos. La liberadora de autores, según Manuel Vázquez Montalbán: "Hasta ella, los escritores firmaban contratos vitalicios con las editoriales, percibían liquidaciones agonizantes y a veces, como premio, recibían algunos regalos en especie, por ejemplo, un jersey o un queso Stilton".

Es cierto. Está en los escritos. Balcells era atronadora con las editoriales. A Bruguera, el 26 de octubre de 1982: "Recibido tu télex acerca de la reedición de El otoño del patriarca,de García Márquez, en Club Bruguera: no estamos en absoluto de acuerdo y no aceptamos esta propuesta. Tanto García Márquez como Cela deberán percibir sus derechos íntegramente, como está previsto en los contratos. Y no la mitad. ¿O es que los fabricantes de papel os regalan la mitad para promociones?". A la editorial Losada, de Buenos Aires, el 16 de julio de 1979: "Lamentamos tener que comunicarles que si la próxima semana no tenemos constancia de su giro por todas las sumas pendientes consideraremos rescindidos los contratos Rafael Alberti. Stop. Ustedes comprenderán que hemos insistido y esperado todo lo que era posible tratándose de este autor. Stop".

Ella misma se definía así en una carta al chileno José Donoso el 29 de marzo de 1972: "La reacción de [Carl] Brandt me parece pálida con respecto a la que hubiera tenido yo. Mi relación con [Manuel] Puig, [Ernesto] Sábato y otros ha terminado como la de Brandt contigo y contrariamente a lo que parece por el tono festivo que mantengo con mis representados, a la hora del business soy implacable". Donoso, que le envía largas cartas plagadas de cuitas familiares y económicas, la llama en una "ángel tutelar, gallina clueca y musa de la literatura contemporánea".

Cuando fichó a Graham Greene para vender El factor humano en España desplegó la artillería en cuanto apreció reticencias en las editoras argentinas que hasta entonces, 1978, tenían los derechos de difusión en español: "Me permito reiterarles a ustedes, porque al parecer no ha quedado suficientemente claro en nuestra comunicación anterior, que siguiendo los expresos deseos del señor Graham Greene se ha procedido ya a la división del mercado para esta obra".

Toda la furia que podía caer sobre una editorial incumplidora se transformaba en comprensión con un escritor atascado. Balcells fue una de las principales animadoras de la ruptura de Mario Vargas Llosa con los trabajos alimenticios y su traslado a Barcelona. A Ana María Matute la arrancó de una depresión y le facilitó el soporte afectivo para acabar su aclamada novela Olvidado rey Gudú. A muchos les adelantó dinero para que se olvidasen de lo prosaico y se centrasen en lo lírico. A Cela le gestionó actividades muy bien remuneradas en su última etapa, cuando la literatura parecía relegada ante la caja registradora.



jueves, 16 de junio de 2011

Material en Internet - Programa "Con la educación" en Radio 5

05/01/11
Las editoriales alentadas por la llegada de las nuevas tecnologías a la escuela se lanzan a editar materiales digitales y servicios didácticos preparados para los nuevos tiempos. La escuela 2.0 que quieren las autoridades educativas.

martes, 7 de diciembre de 2010

Cultura, a la caza del 'archivo Balcells'

La primera agente literaria de autores en español negocia con el ministerio la venta de su colosal colección de manuscritos, cartas, diarios inéditos y primeras ediciones

J. RUIZ MANTILLA / N. JUNQUERA - Madrid - 07/12/2010



Carmen Balcells, fotografiada el año pasado
en su casa de Barcelona.- CARMEN SECANELLA


Una parte importante de la historia de la Literatura Iberoamericana del último siglo se encuentra en los 2.000 metros de archivo de Carmen Balcells. La agente posee los documentos, manuscritos, cartas de negociaciones y voluntades personales de premios Nobel como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, Vicente Aleixandre o Camilo José Cela. Ahora es suyo, pero en los últimos días, la que ha sido mano derecha de todos ellos ha mantenido intensas negociaciones para venderlo al Estado, según fuentes del Ministerio de Cultura.



Esta semana es de gloria para Balcells. Se encuentra en Estocolmo, donde este viernes Vargas Llosa recibirá el Premio Nobel de Literatura. Pero antes de viajar hasta Suecia ha ido ultimando los detalles de su legado. Hace dos meses, en plena feria de Francfort, la agente anunciaba en EL PAÍS que buscaba un socio. Quería ampliar capital para su negocio -500.000 euros más la posibilidad de repartir el negocio casi al 50%- y abordar así los retos de un futuro con muchas sombras en el mundo editorial. Imponía que fuese de fuera del sector del libro y admitía haber mantenido contactos con el escritor y publicista Miguel Barroso, que fue secretario de Estado de Comunicación en el primer Gobierno de Zapatero. Aquello no cuajó. Por ahora no ha encontrado un compañero de viaje para lo que venga. Pero sí para lo que ya ha pasado a la historia. Por eso ha decidido que parte de su patrimonio quede en manos públicas, al servicio de investigadores y estudiosos, abierto a quien quiera consultarlo.



Cuando el Estado llegue a un acuerdo con Balcells -acuerdo que parece próximo- se abrirán algunos interrogantes. Primero, el precio. "Será muy rentable para todos", aseguran en Cultura. Después el lugar. ¿Dónde quedará depositado? En principio, el espacio más evidente es la Biblioteca Nacional. Pero también podría representar un germen perfecto para el futuro proyecto del Archivo del Autor, un gran complejo donde queden varios legados de escritores, pensadores e intelectuales españoles e iberoamericanos. La crisis no ha dejado pasar dicha idea de un mero esbozo, pero es un plan que estaba en la mente del actual Gobierno y de estudiosos como Anna Caballé, autora de un buen puñado de biografías sobre personajes clave de las letras españolas, como Francisco Umbral o Carmen Laforet.



No estaría mal comenzar ese archivo con los papeles de Balcells. Esta negociadora pionera, astuta, férrea y legendaria cambió el panorama de la literatura contemporánea para siempre y fue clave para entender fenómenos como el boom latinoamericano. Todos coinciden en que Balcells fue la primera en luchar frente a las editoriales por la dignidad reconocida del trabajo de los autores. Los secretos de esos métodos y muchas de las claves de las carreras que ella ha manejado han quedado registrados en esos documentos.



En el archivo se encuentran desde manuscritos originales de primeras novelas cruciales hasta diarios o inéditos. Las claves de autores de primera línea. Desde los nobeles citados a escritores españoles de varias generaciones, como Rafael Alberti, Torrente Ballester, Miguel Delibes, Vázquez Montalbán, Juan Goytisolo, Juan Marsé, Jaime Gil de Biedma, Eduardo Mendoza o Javier Cercas. También latinoamericanos, como Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Bryce Echenique e Isabel Allende.



Las bajas y las huidas de otras firmas, como los fallecidos Roberto Bolaño y Cabrera Infante, propiciaron que Balcells volviera a la primera línea después de haber anunciado una media retirada. Pero, cumplidos ya los 80 años, ha llegado el momento para la superagente literaria de poner orden definitivo en su casa. En cuanto al archivo, la decisión de vendérselo a Cultura resulta crucial para ella y para el ministerio que dirige Ángeles González-Sinde. Hubo un intento anterior de que los papeles de Balcells quedaran en la Generalitat, pero la iniciativa no levantó demasiados entusiasmos por parte de las autoridades catalanas, que lo dejaron en nada.



Carmen Balcells está estos días en Estocolmo para celebrar, 50 años más tarde, uno de los grandes hallazgos literarios de su vida: la obra de Mario Vargas Llosa, ahora Premio Nobel de Literatura.



Llegó pasada la medianoche del domingo, cuando ya el escritor había superado su primera jornada sueca, informa Juan Cruz. Carmen Balcells se encuentra en Estocolmo junto a parte del equipo de su agencia literaria, una de las más potentes del mundo. Y ha venido, en realidad, como amiga de Vargas Llosa, más que como su representante. De eso es de lo único que quiere hablar. Hará todo lo posible y lo imposible por estar hoy con él en el principal acontecimiento de todos los que Vargas Llosa protagonizará en su gran semana sueca: la conferencia que pronunciará a partir de las 5,30 de la tarde en la sede de la Academia.



Ayer mismo, preguntada por las noticias que hablan de esas negociaciones con Cultura de cara a la venta de su archivo, la agente literaria ofreció por toda respuesta: "Carmen Barcells no sabe, no contesta". Luego volvió a hablar de la alegría que tiene: 50 años después de haber descubierto a Vargas Llosa viene a abrazar a Mario...



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