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miércoles, 13 de marzo de 2013

"El cuentista que crea entre tomas" por Gregorio Belinchón


El cineasta y guionista Fernando León de Aranoa reúne sus relatos en Aquí yacen dragones


El guionista y director de cine Fernando León de Aranoa. / SAMUEL SÁNCHEZ

El dibujante acabó como guionista; el guionista acabó como director, y el director ha acabado de cuentista. A Fernando León de Aranoa (Madrid, 1968) el recorrido le provoca una sonrisa. Porque a algunos de esos pasos le han empujado. “A editar los cuentos mitad y mitad. Llevo 10 años escribiéndolos, pequeñas ideas que he ido realizando como si fuera una escritura adúltera, practicada a ratos. Los plasmaba en aviones, en descansos de rodajes”. Cuando rebosaban el cajón (“Y tampoco me apetecía que murieran allí”, confiesa su autor), llegó la oferta de publicarlos: “Como decía Ribeyro, gran cuentista, uno escribe por diversión, por necesidad, y publica para comer. Lo maravilloso es inventar”. Ha hecho una criba, ha reescrito algunos de ellos para que el libro tenga una unidad, y ahora llega Aquí yacen dragones (Seix Barral), 113 piezas que se extienden desde una frase a no más de seis páginas: en ellos se exhibe el auténtico León, que como autor ha tenido que constreñirse, él, que es un guionista de películas muy dialogadas. “Una película es una carrera de fondo, un cuento es un sprint. Me gustaba esa idea de crear por combustión y no por aguante, que es como nacen las películas”. Aunque en esta recopilación ha estado dos años poniendo orden, hace seis encontró el título y ahí se percató de que “esa expresión daba ya un tono y una dirección a lo escrito”.
Como cuentista, el cineasta ha cambiado sus esquemas narrativos: “En la mayor parte de los relatos, el título ya es el primer acto, y la primera línea del texto, el segundo. Hay muchos personajes, situaciones, no regateo momentos, entiendo que la lectura será fluida —un poco al estilo cinematográfico—, pero que a lo mejor necesita unos segundos entre cuento y cuento para descansar en este laberinto de historias”. Cierto, pero también hay cuentos que repiten historias desde distintos puntos de vista, juegos variados (uno de ellos es solo el título). “Son muchas ideas rápidas, flasazos. El cine intelectualiza mucho lo que estás creando, porque te pasas años reelaborando la historia. Aquí no, son más impúdicos, incluso cuentan más cosas de mí porque voy, lo plasmo y ahí queda; en el cine lo hubiera reescrito, me hubiera tapado más”.
No es el primer libro de León, ni la primera vez que salen a la luz cuentos suyos, pero él se siente como debutante. “Hago lo que puedo por defenderlos. Si sirve como marketing, creo que es un libro que se puede regalar el día de los enamorados y el de los difuntos. Porque los cuentos tienen doble nacionalidad, están entre la realidad y la ficción, tanto sentimentales y románticos como combativos, políticos o incluso fantásticos. Me gustan las situaciones paradójicas, hasta surrealistas, para con ellas explicar la realidad más prosaica. Sospecho que desde la fantasía es como mejor se describe muchas veces el comportamiento diario”.
¿Volverán los dragones? “He descartado 40 textos que se salían de la unidad”, en su obsesión por la arquitectura interior. “Y me gusta este rumbo, habrá más. Aunque antes llegará la nueva película”. Rodará en primavera una historia sobre cooperantes internacionales que probablemente filme en inglés. Y entre toma y toma, cuento. “No lo voy a dejar. Yo me enamoré del cine a través de la escritura. Era un guionista militante, que repudié la dirección. Llegué a gritar que nunca dirigiría. Por eso no debes fiarte de nada de lo que diga [risas]. Ahora bien, llevo 20 años escribiendo. No puedo parar”.

jueves, 12 de julio de 2012

Plagiando a Faulkner por GREGORIO BELINCHÓN


William Faulkner Firmó seis guiones, cinco de ellos para Howard Hawks:

El sueño eterno, Tener y no tener, Tierra de faraones, El camino de la gloria y Vivimos hoy


Lauren Bacall en un fotograma de 'Tener y no tener', de Howard Hawks, con guión de William Faulkner.

Para el común de los españoles, William Faulkner es ese escritor al quefusilaba el intelectual argentino en Amanece que no es poco y que por tanto era recriminado por el guardia civil en el cuartelillo: “Le gustan a usted las extravagancias […]. Pero esto.... Ahora vienen estos amigos a contarme que usted ha plagiado Luz de agosto, de Faulkner. Hombre, Faulkner, William Faulkner. ¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por William Faulkner?”.
A él esta referencia le daría bastante igual. Su visión del mundo del cine fue dolorosa, aburrida y, finalmente, acabó hastiado. Faulkner intentó usar al cine como su teta alimenticia (no lograba muchos ingresos como escritor), pero el cine le devoró a él durante los años treinta y cuarenta. Y desde luego, siempre porfió contra su maquinaria. Es legendaria la leyenda -y como leyenda hay que tomarla- sobre el encuentro del escritor con un ejecutivo de la 20th Century Fox. Paseaba el escritor por los alrededores del edificio de los guionistas en el campus de la majorcuando el directivo se cruzó en su camino y le preguntó qué hacía. Nada. ¿No tiene ideas? “Sí”, respondió el escritor, “pero las escribiría mejor en mi casa que en el edificio de los guionistas”. Al ejecutivo le pareció bien, y le permitió irse… sin sospechar que Faulkner no se refería a su casa en Hollywood, sino a su hogar en Oxford (Misisipi).
El premio Nobel nunca se adaptó. “Yo soy un granjero que cuenta historias”, se defendía. Nunca logró que su talento brillara. Pero firmó seis libretos, cinco de ellos para un genio, Howard Hawks (El sueño eterno, Tener y no tener, Tierra de faraones, El camino de la gloria yVivimos hoy), y metió mano en un puñado más, en algunos de los trabajos de Raoul Walsh o John Ford. Además en Hollywood hizo dos buenos amigos, dos grandes bebedores como él: Humphrey Bogart y el ya mencionado Howard Hawks, un par de almas gemelas muy cercanas a sus gustos, y muy alejadas del oropel del cine. Como muestra de lo que le resbalaba ese ambiente, del centenar de cuentos de Faulkner solo uno, Tierra dorada, se desarrolla en la meca del celuloide.
En injusta correspondencia, ninguna de las adaptaciones de las obras de Faulkner está a la altura del autor. Tal vez Martin Ritt fue el que más se acercó con El largo y cálido verano (1958), aunque no estuviera muy brillante en El sonido y la furia (1959). En la pantalla, nunca hemos podido vivir a gusto en el condado de Yoknapatawpha, y para las nuevas generaciones, Faulkner es ese personaje secundario rebautizado como W. P. Mayhew en Barton Fink.

domingo, 22 de abril de 2012

Drácula llora a Bram Stoker


Vlad Tepes o 'El empalador',
el personaje histórico que inspiró
 a Bram Stoker para crear a Drácula.

Hoy se cumplen 100 años de la muerte del escritor irlandés, creador del mito del vampiro

GREGORIO BELINCHÓN Madrid 19 ABR 2012 - El País


"Strigoi, strigoi, strigoi...", susurraba hace hoy 100 años Bram Stoker. Podía ser fruto del delirio o tal vez sea una leyenda enriquecida por el paso del tiempo, pero el autor de Drácula falleció señalando —según atestiguaron sus amigos presentes— algo en un rincón de la habitación de la pensión londinense en la que pasó sus últimos días. Strigoi, en rumano, significa espíritu maligno. Una expresión final demasiado perfecta para ser pronunciada por el creador del mito moderno del vampirismo (algo parecido se cuenta de Bela Lugosi, el primer gran Drácula del cine, del que se decía paseaba por la residencia de ancianos buscando cuellos que chupar).

El irlandés Bram Stoker (1847-1912) no será recordado como un gran escritor. Rodrigo Fresán, autor de prólogo a la edición de 2005 de Mondadori de la novela, comenta: "Stoker es muy mal escritor, un ejemplo clásico de creador flojo —no hay más que leerle en su inglés original— que de repente crea una obra genial". Enrique Vila-Matas apunta en esa dirección: "Seiscientas páginas y el conde solo sale en unas quince. Al estilo de El corazón en las tinieblas, de Joseph Conrad, se crea un espectáculo alrededor de un personaje que aparece muy poco. Es más interesante y fascinante el ambiente que lo que ocurre. La narración conduce al personaje. En cambio, creó el vampiro moderno. Solo por eso merece nuestro respeto". Gonzalo Suárez, escritor y cineasta que en diversas ocasiones ha indagado en el ser y el otro, en la criatura y su creador (Mi nombre es sombra, Remando al viento), reconoce que Stoker le aburre. "Empecé a leerlo y lo dejé. Obviamente forma parte de la literatura victoriana, que sí me atrae. Pero el libro no desarrolla un carácter ontológico, juega más con el sadismo y la sangre. Todos tenemos un monstruo en nuestro interior, pero creo que justo en mí no hay de esa especie", reconoce entre risas.

Bram Stoker publicó Drácula en 1897, y creó el personaje bebiendo de varias fuentes: primero, del personaje real de Vlad Draculea Vlad el Hijo del Demonio / Dragon, también conocido como Vlad Tepes el empalador; del actor Henry Irving, una estrella de la época, para el que Stoker trabajó durante 29 años como representante y secretario, y cuya enfermiza relación inspiró de lejos la película La sombra del actor; y de sus charlas con un extraño orientalista húngaro llamado Arminius Vámbéry con el que se entrevistó en diversas ocasiones (Vámbery también era muy imaginativo en sus leyendas sobre la Europa oriental, y su labia y su imaginación las engordaban a gusto del oyente que tenía en cada momento). Óscar Wilde dijo que Drácula era la obra de terror mejor escrita de todos los tiempos. Arthur Conan Doyle tampoco escatimó elogios. "Es que es muy de la época victoriana", según Fresán, "es el triunfo del gótico, de un terror que crea personajes como Frankenstein, el doctor Jekyll y Mister Hyde...". ¿También puede ser la venganza de un hombre que se siente vampirizado por otro? "Como libro, efectivamente, es muy transparente, ya que son los años del advenimiento del psicoanálisis". El subconsciente de los autores sale a borbotones. "Fíjate en este Drácula, en Peter Pan, en Sherlock Holmes...". Gonzalo Suárez recalca en ese grandioso momento literario británico: "Me atrae mucho ese género. Dio unas obras de ficción fascinantes, a diferencia de la española, más realista".


El escritor irlandés Bram Stoker.
La triste vida de Stoker, que arrastra a su familia detrás de Irving, que no recibe ningún dinero cuando fallece el actor, y que muere pobre víctima de la sífilis que había contraído yendo de prostitutas con Irving en París, se ha prolongado en el tiempo. Vila-Matas estuvo en Dublín alojado a pocos metros de la casa donde durante décadas vivió Stoker: "La primera vez vi una placa, que recordaba su estancia. El mismo Oscar Wilde, primer novio de Florence, posterior esposa de Stoker, vivía a pocas manzanas. Años después volví y en lugar de la casa había una clínica de cirugía estética. De la placa, ni rastro". "A mí me entristece la deriva actual del personaje", comenta Fresán. "Eso de que vayan al colegio los vampiritos de Crepúsculo...". Algo que nunca hubiera ocurrido en la novela original. Como dice el viejo conde: "Yo pertenezco a un familia muy antigua y me moriría muy pronto si me viese obligado a residir en una mansión moderna. No busco ni la alegría ni el júbilo, y menos aún la felicidad que obtienen los jóvenes por un bello día de sol y el murmullo del agua".


Morded y multiplicaos (Un mito impulsor de la literatura)


Drácula — “novela radioactiva que enferma al resto”, según definición de Rodrigo Fresán— ha tenido todo tipo de continuaciones literarias, desviaciones a la ligera del mito original del vampiro que reguló Bram Stoker, y versiones cinematográficas y teatrales. Lógico, a pesar de su esquema basado en páginas de diarios y cartas entre los personajes, Stoker tenía como intención inicial escribir una obra de teatro. Más aún, poco después de publicar en 1897 la novela, su autor realizó una lectura dramatizada de Drácula. El manuscrito original, escrito a máquina y con innumerables correciones, desapareció durante décadas. En los ochenta sus 541 páginas fueron encontradas al noroeste de Pennsylvania, y en la portada, escrita a mano, aparecía su título original, Los no-muertos. Debajo, el nombre del autor, Bram Stoker. Está claro que el escritor decidió rebautizarla en el último segundo.
Hoy, entre Stephanie Meyer, Guillermo del Toro, Charlaine Harris o Anne Rice, hasta los descendientes de Stoker han sacado partido del conde. Su sobrino bisnieto Dacre Stoker, apoyado por un experto en el tema, Ian Holt, publicó en 2009 una continuación, Drácula, el no muerto, que aunque arrancaba con gracia, se perdían en un trama alocada y con guiños a otros clásicos como Jack el Destripador. Las cenizas de Stoker, que reposan en una urna junto a las de su único hijo, Irving Noel, en Londres, deben de revolverse de vez en cuando.
Entonces, ¿qué hizo bien Stoker? El escritor irlandés, criado entre libros y profesores privados por culpa de una enfermedad infantil, publicó muchos más cuentos, y ninguno tuvo la repercusión popular y artística de Drácula. "Claro", descifra Fresán, "porque existen novelas influyentes, que por su calidad crea escuela de escritores y de obras, y novelas radioactivas, que enferman a otros, que infectan y producen mejores herederos. El éxito de Drácula radica en un personaje fascinante". Su misma construcción, a base de trozos de diarios y cartas entre los personajes, ralentiza la trama: "Es la novela en la que más se escribe y se lee. Pero, ¿cuándo van a por el monstruo?", dice Fresán.

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