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jueves, 14 de julio de 2016

Examen de Lengua castellana y Literatura. Comunidad de Madrid. Junio. 2016. Opción A

Nota aclaratoria: 

Soy perfectamente consciente de que estas soluciones al examen de selectividad no se ajustan al tiempo de la prueba ni al espacio que tienen los alumnos para escribir sus respuestas. Solo pretendo ofrecer un modelo para que los alumnos que lo deseen puedan aclarar las dudas que les haya podido suponer el examen. Aunque esta entrada la pueda utilizar, total o parcialmente, cualquiera que tenga cierto interés por la asignatura, está destinada especialmente a mis alumnos que, desgraciadamente, no han podido aprobar en junio y tienen que presentarse en septiembre; esta opción y la otra, como les prometí, les puede servir como referencia o pauta para el comentario de texto (sobre todo, los "famosos" siete párrafos, en los que insisto tanto). Seguro que salen muchos errores y, por supuesto, no contentará a muchos mis interpretaciones; pero agradecería enormemente que me hicierais llegar estos matices y sugerencias en comentarios a esta entrada. Para empezar, tendré que ajustar los ejemplos del texto con el número de línea que indico (una cosa es la configuración que le doy en el procesador del texto y otra, cómo se ve en pantalla. Espero solucionarlo pronto.

Hay otros métodos y técnicas para aplicar la práctica de comentario, pero pocos ejemplos resueltos. Espero que os sirva. Un saludo.


OPCIÓN A 

          Como saben, hoy los niños nacionales son una especie de idolillos a los que todo se debe y por los que se desviven incontables padres estúpidos. Están sobreprotegidos y no hay que llevarles la contraria, ni permitir que corran el menor peligro. Son muchos los casos de padres-vándalos que le arman una bronca o pegan directamente al profesor que con razón ha suspendido o castigado a sus vástagos. Pues bien, visité un lugar con muralla larga y enormemente elevada. El adarve es bastante ancho, pero en algunos tramos no hay antepecho por uno de los lados, y los huecos entre las almenas son lo bastante grandes para que por ellos quepa sin dificultad un niño de cinco años, no digamos de menos. El suelo es irregular, con escalones a ratos. Es fácil tropezar y salir disparado. Al comienzo del recorrido, un cartel advierte que ese adarve no cumple las medidas de seguridad, y que pasear por él queda al criterio y a la responsabilidad de quienes se atrevan. Si yo tuviera niños no los llevaría allí ni loco, con ellos soy muy aprensivo, y los sitios altos y sin parapeto me imponen respeto, si es que no vértigo propio y ajeno.  

       Aquella muralla, sin embargo, era una romería de criaturas correteantes de todas las edades, y de cochecitos y sillitas con bebés o casi, no siempre sujetos con cinturón o correa. Algunos cañones jalonan el trayecto, luego los padres alentaban a los niños a encaramarse a ellos (y quedar por tanto por encima de las almenas) para hacerles las imbéciles fotos de turno. Miren que me gusta caminar por adarves, recorrer murallas. Pero cada paseo se me convertía en un sufrimiento por las decenas de críos que triscaban por allí sueltos como cabras, sobre todo en los tramos sin parapeto a un lado. A veces pienso que estos padres lo que no toleran es que a sus hijos les pase nada a manos de otros; pero cuando dependen de ellos, que se partan la crisma. Ya echarán la culpa a alguien, que eso es lo que más importa. 

(Javier Marías, “Escenas veraniegas”, en El País Semanal, 20/09/2015) 


CUESTIONES 

1. Haga un comentario de texto del fragmento que se propone contestando a las preguntas siguientes:

a) enuncie el tema del texto (0,5 puntos);

La doble moral de los padres ante los peligros de sus hijos.

b) detalle sus características lingüísticas y estilísticas más sobresalientes (1,25 puntos); 

Este texto argumentativo, dividido en dos párrafos, se puede estructurar en tres partes. La primera parte (líneas 1-5) es una introducción al tema que se va a tratar: la sobreprotección que los padres ofrecen a sus hijos a los que tienen en un pedestal (“idolillos”), en contra de los profesores o todo aquel que les lleve la contraria o se enfrente a ellos. A continuación, la segunda parte (l.5-20), el cuerpo de la argumentación, que se basa en una anécdota que nos cuenta Javier Marías que tiene que ver con la visita que realizó a un lugar amurallado que le sirvió para observar ciertas cosas. Esta segunda parte se divide en dos subapartados.  El primero de ellos (5-13) es una descripción del lugar, que no ofrece las suficientes garantías de seguridad, que van desde una considerable altura hasta el hecho de ser un terreno muy irregular. El segundo subapartado (14-20) es la incorporación a este paisaje peligroso y de difícil tránsito de multitud de niños sueltos, expuestos al peligro que ofrece el adarve y el sufrimiento que este peligro causa en la mirada del autor. La tercera parte (20-22) corresponde a la conclusión del texto y a la idea que el autor nos quiere transmitir; es decir, la tesis del texto: cuando la seguridad de los niños depende directamente de los padres, estos no hacen apenas nada por mantenerla; aunque siempre buscarán un culpable externo, si a sus hijos les pasa algo.

           Teniendo en cuenta la disposición de las ideas, el texto tiene una estructura inductiva, ya que la tesis aparece al final. Antes el autor se ha valido de argumentos de experiencia personal que tienen que ver con el conocimiento que tiene de las actuales relaciones que tienen los padres con sus hijos, en cuento a la curiosa jerarquía que tienen, y con la visita que realizó a ese entorno amurallado.

            En cuanto al nivel lingüístico, el texto pertenece al nivel estándar (o español correcto) de la lengua. No ofrece dificultades en cuanto al léxico que aparece (salvo “vástagos”, en la línea 5, o “adarve”, en la línea 6) e incluso se hace más fácil su comprensión con expresiones propias del habla coloquial como “un loco” (11), “como cabras” (19-20), “salir disparada” (9).

            Por lo que respecta a las funciones del lenguaje, predominan las funciones expresiva y apelativa, ya que el texto tiene numerosas marcas de subjetividad, que se irán viendo más adelante, y está destinado para influir en la opinión del receptor, persuadirle de una idea. También conviene destacar la función poética, desde el momento en que aparece alguna figura retórica, como la metáfora “romería de criaturas correteantes” (15), referida a la concurrida muralla.

            Dentro del nivel morfosintáctico, el texto destaca por el uso de oraciones copulativas; el tipo de oración propio de la reflexión y no de la acción (“los niños nacionales son una especie de idolillos”, línea 1; están sobreprotegidos”, línea 2; “aquella muralla era una romería de criaturas correteantes…”, en la línea 15). La modalidad oracional que predominante es la enunciativa, tanto afirmativa (“son muchos los casos de padres-vándalos”, 3) como negativa (“no hay que llevarles la contraria”,2). En cuanto a los tiempos verbales, el autor combina las formas en presente (“son”, 1; “se debe”, 1; “es”, 6; “gusta”, 18; “dependen”, 21) con las formas en pasado, tanto en pretérito perfecto simple, propio de la narración (“visité”,5), como el pretérito imperfecto, propio de la descripción (“era”, 14; “alentaban”, 16; “se convertía” (18-19); “triscaban”, 19). Como se observa, aparecen dos personas gramaticales principalmente: la tercera, tanto en singular (“ha suspendido”, 4; “advierte”, 10) como en plural (“toleran”, 21; “partan” y echarán”, 22) y la primera persona, que es la principal marca de subjetividad del texto, tanto en verbos (“visité”, 5; “tuviera”, 11; “soy”, 12; “pienso”, 20; y el plural “digamos” de la línea 8) como en otro tipo de palabras (“yo”,11; “me”, 12 y 18). En cuanto a la sintaxis, es un texto de una gran variedad: se encuentran oraciones simples (“El suelo es irregular, con escalones a ratos.”, 9); uso muy frecuente de oraciones coordinadas, sobre todo copulativas (“Es fácil tropezar y salir disparado”, 9), con algún ejemplo de adversativas (“El adarve es bastante ancho, pero en algunos tramos no hay antepecho…”, 6); y, en cuanto a la subordinación, hay ejemplos de sustantivas (“Miren que me gusta caminar por adarves…”, 18), adjetivas (“Padres-vándalos que le arman una bronca”, 4) y adverbiales, como la condicional del final del primer párrafo, “si yo tuviera niños…”, en la línea 11.

      En cuanto al nivel léxico-semántico, el texto destaca por su subjetividad y el valor connotativo que adquieren las palabras. Además del empleo de la primera persona, en el texto aparecen otras marcas de subjetividad, como el empleo de diminutivos (“idolillos”, 1; “cochecitos” y “sillitas”, 15, aunque estos dos últimos ejemplos están muy lexicalizados), adjetivos valorativos (“estúpidos”, 2; “imbéciles”, 17), sustantivos denostadores (“padres-vándalos”, 4; “sufrimiento”, 19) o expresiones propias del habla coloquial o acervo común como “armar una bronca”, en la línea 4, o “partirse la crisma”, en la línea 22. En contraste con los adjetivos valorativos citados antes, aparecen adjetivos especificativos, cuando se nos describe la muralla, como “larga” (5), “elevada” (6) o “ancho” (6). En cuanto a las figuras retóricas, además de la metáfora “romería de criaturas correteantes”, hay una comparación que también dice poco de la serenidad y calma de los niños españoles (“como cabras”, 19 y 20) y acumulación de rasgos irónicos, sobre todo a partir del segundo párrafo (“con bebés o casi”, 15; “los padres alentaban a los niños a encaramarse a los cañones, 16). Por otro lado, el texto, en este nivel, está perfectamente cohesionado, como se puede observar en el caso de las recurrencias, tanto léxicas (“niños”, 1, 8 y 16; “parapeto”, 12 y 20; “muralla”, 5 y 14; “adarve”, 6, 10 y 18; “padres”, 16 y 20) como semánticas, en casos de sinonimia (“niños” – “críos” – “criaturas” – “vástagos”, en las líneas 1,19,14 y 5, respectivamente; “cinturón” – “correa”, 15; “lugar” – “sitio”, 5 y 12), antonimia (“padres” – “hijos”, 16 y 21; “propio” – “ajeno”, 13). Presencia de un campo semántico relacionado con la muralla visitada con palabras como “adarve” (6), “almenas” (7) y “cañones” 16 o el campo asociativo de los niños y su educación con palabras como “ha suspendido o castigado” (5), “profesor” (4), “cochecitos y sillitas” (15).

       Para terminar, dentro del nivel textual, sigue habiendo elementos de cohesión, como las continuas anáforas (“ellos”, 17, referidos a “cañones”; “eso”, 22, referido a la oración anterior; “los que”, 1 y 2, referido a “niños”, al igual que “les”, en la línea 3; “él”, 10, a “adarve”; “ellos”, 22, a “padres”. Hay casos de elipsis, como “[advierte] que” (10) o “[ha] castigado” (5). Es frecuente el uso de deícticos: temporales (“hoy”,1), espaciales (“allí”, 11 y 19; “aquella”, 14) y personales (“yo”, 11). En cuanto a los marcadores discursivos, en función pragmática, que tienen que ver con juicios y opiniones del emisor, aparecen “o casi” (15), “(y quedar por tanto por encima de las almenas)” (17), “no digamos de menos” (8) y, en función textual, el digresivo “pues bien” (5), los contraargumentativos “pero” (6 y 21) y “sin embargo” (14) o el ordenador del discurso “luego” (16).

c) indique qué tipo de texto es (0,25 puntos). 

            El presente texto pertenece al campo del periodismo de opinión; es un artículo de opinión de Javier Marías, colaborador habitual del diario “El País” y de su suplemento de fin de semana “El País Semanal”. Como es propio delos artículos de opinión, el texto tiene matices literarios inherentes a localidad del escritor que los firma. Teniendo en cuenta la tipología textual, el texto básicamente utiliza la argumentación, pero se pueden observar tintes descriptivos, en el primer párrafo, incluso narrativos, en el segundo.


2. Redacte un resumen del contenido del texto. (1 punto)

En la actualidad los padres sobreprotegen de tal manera a sus hijos que son capaces de atacar a aquellos que puedan ponerles en peligro o discutan sus opiniones, especialmente los profesores. El autor, tras visitar un lugar amurallado, cuyo adarve no ofrecía las medidas de seguridad suficientes, comprueba cómo multitud de niños ponían en peligro su integridad ante la pasividad de sus padres.


3. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de que los castigos ayuden a educar a los niños. (1,5 puntos) 

            En la actualidad,  el tema de los castigos a los niños es una cuestión muy problemática que genera mucho debate en la sociedad.

            Tradicionalmente, la disciplina y el castigo ejemplar han sido los mecanismos y modos más utilizados para conseguir educar al niño. La sociedad, además, ha visto con buenos ojos la actuación enérgica de padres, profesores y educadores en general con los pequeños, a la hora de corregir sus errores y comportamientos inadecuados.

            Estas medidas correctoras con el tiempo se han ido revisando. Ahora los castigos se ponen en cuestión, no están bien vistos, y no se consideran que ayuden a la educación de los menores. El cachete aleccionador, que antes era aplaudido por la mayoría, ahora es vigilado, juzgado y condenado por casi todo el mundo.

            En mi opinión, castigar a un niño es necesario. Pero nunca empleando energía física o a golpes. El pequeño tiene que saber los límites que hay, lo que es correcto y lo que no y, sobre todo, que su comportamiento inadecuado tendrá unas consecuencias. Imponer y hacer cumplir con estos castigos son unas pilares fundamentales para la educación de los niños en esta sociedad.


4.a. Analice sintácticamente: Son muchos los casos de padres-vándalos que le arman la bronca. (1,5 puntos) 

         Se trata de una oración compuesta por subordinación; en la que la proposición principal es Son muchos los casos de padres-vándalos y la proposición subordinada es que le arman la bronca, que es una proposición subordinada adjetiva especificativa cuyo antecedente es padres-vándalos.

       La proposición principal es una oración enunciativa afirmativa y atributiva, cuyo sujeto es los casos de padres-vándalos [Det + N + CN] y el predicado, nominal, son muchos [VC + At].

    La proposición subordinada adjetiva es una oración enunciativa afirmativa y predicativa activa transitiva y se encuentra dentro del sujeto de la oración, acompañando a padres-vándalos y consta de los siguientes constituyentes:  el sujeto es el pronombre relativo que y el predicado verbal le arman la bronca [CI + NV + CD]. También se puede interpretar armar la bronca como una locución verbal; es decir, el NV de la proposición.


4.b. Indique a qué categoría gramatical o clase de palabra pertenece incontables, analice su estructura morfológica y señale a qué proceso de formación de palabras responde. (1 punto) 

            La palabra incontables es una palabra que puede descomponerse en varias unidades menores o monemas. In- (morfema derivativo prefijo), -cont- (lexema), -a- (vocal temática o de unión), -ble (morfema derivativo sufijo) y -s (morfema flexivo de número plural).

          Según su proceso de formación, la palabra analizada es una palabra derivada, formada a partir del verbo contar.

         La palabra incontables es una palabra variable cuya categoría es la de adjetivo. Es un adjetivo calificativo, en grado positivo, de dos terminaciones y, en el texto, masculino y plural.


5.a. La novela española de 1975 a finales del siglo XX. Tendencias, autores y obras principales. (2 puntos) 

        El ambiente de libertad en el que comenzó a desarrollarse la cultura española tras la muerte del general Franco (20 de noviembre de 1975), permitió un mejor conocimiento de la literatura española en Europa y de la literatura occidental en España. A ello contribuyó significativamente la desaparición de la censura (lo que supuso la publicación de novelas españolas prohibidas en nuestro país y editadas en el extranjero, expurgadas o inéditas), la recuperación de la obra de los escritores exiliados y un mayor conocimiento de la narrativa de otros países.

         Hacia 1975 ha desaparecido la narrativa social, y los autores están cansados de tanta experimentación formal, que no se sabe muy bien a dónde conduce. Tampoco podemos vincular las nuevas historias a los modelos inmediatos, ni siquiera hablar de un proyecto común, salvo ese rechazo al experimentalismo agresivo que conduce a un callejón sin salida.

           A finales de 1980, Rafael Conte explicaba así  la situación:   
  
           No hay novelas de transición, ni la desaparición de Franco supuso la aparición irrefrenable de grandes obras maestras que la censura o la estulticia cultural del régimen anterior hubieran amordazado en el interior de sacrosantos cajones clandestinos. Hay que culminar la reflexión: no había obras maestras. Tenemos lo que teníamos, aparte de una mayor dosis de libertad.

            Es difícil establecer objetivos o propósitos comunes en los novelistas de las dos últimas décadas del siglo XX. Entre otras razones, debido a la proliferación de obras, la convivencia de diversas generaciones y tendencias y la falta de perspectiva histórica. De manera muy general se puede observar un alejamiento del experimentalismo y una vuelta al interés por la anécdota, la recreación de tipos y la reconstrucción de ambientes; recuperación de la narratividad, encabezada por Eduardo Mendoza en La verdad sobre el caso Savolta (1975).  La novela se desarrolla en la Barcelona de 1917-1918, en la cual Javier Miranda – el protagonista – se ve envuelto en la muerte del industrial Savolta. Mendoza utiliza tres puntos de vista diferentes: el del protagonista (1ª persona), el narrador omnisciente, y los documentos del juicio.

                Señalamos a continuación brevemente las principales líneas de la novela a partir de 1975 hasta nuestros días, así como algunos de los autores y títulos más significativos:      

a) Metanovela. Simbiosis entre la narración de la historia (creación) y el proceso seguido para la construcción de la misma (crítica). Esta manifestación de la literatura dentro de la literatura define la mayoría de las novelas de Juan Goytisolo (Juan sin Tierra) y de su hermano Luis (La cólera de Aquiles), de José María Merino (La orilla oscura), Juan José Millás (El desorden de tu nombre) o Carmen Martín Gaite (El cuarto de atrás), entre otros.

b) Lirismo. La novela lírica o poemática centra su interés en un mundo más sugerente que concreto, con personaje-símbolo y una mayor tendencia al lenguaje poético. Es la modalidad preferida por Francisco Umbral (Mortal y rosa) y la característica esencial de la narrativa de Julio Llamazares (La lluvia amarilla). Dentro de ese mismo género podemos encontrar otros afines, como el relato de aprendizaje, el memorialismo y la autobiografía. Aspectos a los que responden muchas de las novelas de Javier Marías (Todas las almas, Corazón tan blanco).

c) La novela histórica. Novelas ambientadas en el pasado, desde el más lejano (El maestro de esgrima, de Pérez Reverte) al más próximo: la Guerra Civil (Octubre, octubre, de José Luis Sampedro), los años de la dictadura franquista (El río de la luna, de José Mª  Guelbanzu) y, la transición política (Los dioses de sí mismos, de Juan José Armas Marcelo)

d) La novela de intriga. Mezcla esquemas policíacos con aspectos políticos e históricos. La serie de novelas sobre el detective Carvalho o Galíndez (1990) convierten a Manuel Vázquez Montalbán en el escritor más representativo; aunque no es el único, ya que de algunos elementos de este género también se han servido Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios) y Antonio Muñoz Molina (El invierno en Lisboa y Beltenebros).

e) Enfoque realista. Tras el furor del experimentalismo, algunos autores han vuelto a recuperar para la novela el arte de narrar. Eso sí, desde una perspectiva mucho más amplia y abierta, que abarca también el mundo onírico, irracional o absurdo… En esta línea cabría mencionar a Luis Mateo Díez (La fuente de la edad) o a Luis Landero (Juegos de la edad tardía).

f) Novela culturalista. En los últimos años han aparecido una serie de autores jóvenes que hacen una novela que se ocupa de analizar y explicar diferentes aspectos de la cultura occidental desde unas posturas bastante eruditas. Eso es lo que hace Juan Manuel de Prada con Las máscaras del héroe o La tempestad

g) Otra tendencia en la novela de los autores más jóvenes es la de hacer una novela que trata los problemas de la juventud urbana con una estética muy cercana a la contracultura (Historias del Kronen, de José Ángel Mañas, Ray Loriga con Héroes o Lucía Etxebarría en Sexo, prozac y dudas).

Debemos tener en cuenta que muchas de las novelas y novelistas citados participan, a la vez, de más de una de las características señaladas, por lo que se les podría incluir en más de una tendencia.

              En suma, dos son los aspectos más significativos de la novela española en los últimos treinta años:

a) El carácter aglutinador. Acoge prácticamente todas las tendencias, modalidades, discursos, temas, experiencias y preocupaciones personales.

b) La individualidad. Cada novelista elegirá la orientación que le resulte más adecuada para encontrar un estilo propio con el que expresar su mundo personal y su particular visión de la realidad.

No debemos olvidar que la mujer adquiere cada vez más importancia en el terreno de la narrativa; aunque pertenecientes a distintas generaciones, podemos destacar nombres como Ana María Matute, Rosa Montero, Josefina Aldecoa, Almudena Grandes, Dulce Chacón, Maruja Torres, Soledad Puértolas, Alicia Giménez Barlett, etc.

Hay que tener en cuenta además la convivencia de varias generaciones: desde nuestro centenario -y recientemente fallecido Francisco Ayala- cuyas obras se han reeditado- , o Camilo J. Cela -último premio Nobel español-, Miguel Delibes, Sánchez Ferlosio, Juan Marsé, a escritores como Javier Marías, Juan José Millás, Luis Landero... hasta el más joven de los actuales “bloggers”.

El libro se convierte en objeto de consumo y las editoriales no sólo atienden a los lectores, sino que además deben crearlos; de ahí la abundancia de publicidad, la proliferación de premios literarios, las listas de libros más vendidos, los suplementos literarios de los periódicos, las ferias del libro, las firmas de libros en grandes almacenes y la incorporación al mundo de la narrativa de conocidos periodistas, políticos o presentadores de televisión.

También descubren las editoriales el mercado infantil y juvenil que se desarrollará extraordinariamente a partir de los años 80.



5.b. Comente los aspectos más relevantes de la obra de los siglos XVIII o XIX que haya leído en relación con su contexto histórico y literario. (1 punto)

Cuando Galdós escribió Doña Perfecta (1876) ya había aparecido la primera serie de los Episodios Nacionales. Era un escritor conocido, que había ganado dinero, y la novela le convirtió en un personaje polémico. Se ganó a la vez el odio de los conservadores y la admiración de los liberales.

Doña Perfecta pertenece a las “novelas de primera época”, llamadas novelas de tesis, porque en ellas se cuenta una historia para defender unas determinadas ideas políticas y religiosas (reflejan el enfrentamiento entre las mentalidades conservadora y progresista de la época). En la novela vemos claramente diferenciadas las dos Españas, encarnadas en dos tipos de personajes. Pepe Rey, joven preparado y moderno, que ha estudiado en el extranjero, y representa lo urbano, y doña Perfecta, don Inocencio y su séquito, como la España católica y conservadora, el mundo rural que se opone al avance y el progreso.

Aunque Doña Perfecta trata el problema de la intolerancia, lo que surge como el verdadero tema de la novela es la hipocresía. Esa hipocresía tiene como foco Orbajosa, el espacio de la novela. Al contrario de muchas de sus novelas, localizadas en lugares reales (Madrid, en muchos casos), Galdós sitúa la acción en una ciudad que no puede encontrase en el mapa. La ciudad de Orbajosa sirvió a Galdós para retratar el conflicto de la obra: lo nuevo contra lo viejo, el progreso frente al conservadurismo. Le sirve también para hacer patente la corrupción política en España. Orbajosa es una ciudad corrupta que manejan unos pocos poderosos. Una de las cosas que más llaman la atención es el amplio complejo de superioridad que sufren los orbajosenses, muy orgullosos de sus tradiciones y de ser impermeables a lo de fuera.

Para poder comprender la novela es necesario tener en cuenta sus características realistas y naturalistas:

En cuanto al realismo, se busca la imitación de la realidad, un acercamiento a lo cotidiano o concreto, pero no lo exótico, como lo hacía el romanticismo. Ejemplos de esto son las guerras civiles o guerras carlistas que son mencionadas en la obra y que incluían a Orbajosa, o las disputas familiares, como la de doña Perfecta con Pepe Rey.

También es relevante mencionar que el escritor pone la mirada en el otro, y se mantiene fuera de esa realidad, como un mero observador, se mantiene neutral. Se le considera como un periodista. Esto es demostrable en la novela, ya que el escritor contrapone dos ideologías, lo rural (doña Perfecta) y lo urbano (Pepe Rey), pero no se sitúa a sí mismo en ninguna de ella, deja actuar a sus personajes y es el lector quien se crea una opinión.
Los naturalistas desarrollaron la novela de tesis. La tesis que trata de demostrar Galdós en su novela es que en las aldeas se encuentra lo peor de la sociedad española. Esto se ve en la novela a través de doña Perfecta y don Inocencio, quienes sin llegar a conocer a Pepe Rey, y prejuzgándolo, hacen un plan para que no se case con Rosarito y deje la ciudad, Participan en esto también el obispo de la iglesia quien lo juzga por haberle faltado el respeto a la institución.

Pepe Rey es el protagonista de la obra y representa la sociedad urbana proveniente de la capital española, que recibe de ella el pensamiento liberal y centralista, con una diferente visión de la Iglesia y un espíritu científico y progresista. Estas ideas están representadas en sus discusiones con su tía y sus allegados. Su principal defecto es la falta de tacto y demasiada franqueza con sus “enemigos”.  

Por otro lado,  doña Perfecta, como todo habitante de Orbajosa,  heredaba ese gran fanatismo religioso que los caracterizaba; por ejemplo, con su catedral la cual creía que era la mejor de todas y donde ella iba a misa todos los días. Asimismo, ella adquiere de esta ciudad rural el carácter tradicionalista y anti progresista que consistía en mantener las costumbres y no aceptar las nuevas ideas provenientes del exterior. Esto último aparece en doña Perfecta cuando a Pepe Rey es criticado por insultar a su catedral por no seguir sus tradiciones y cuando se lo acusa de ateo a este por tener una idea diferente de la Iglesia.

Otro personaje muy representativo de esa sociedad rural es Caballuco que simboliza lo peor de este ruralismo, hombre cercano a un animal (de allí su nombre), mercenario, violento. Es uno de los elementos naturalistas más evidentes de la novela. Este es el hijo de la tierra, según Galdós, es bruto y de suma intolerancia a la autoridad central, que se observa cuando este lidera el levantamiento de tropas contra Madrid.

Por último, don Inocencio es también representante de los funcionarios eclesiásticos del interior de España, donde además su nombre es alegórico ya que en sus acciones no demuestra ningún tipo de inocencia sino todo lo contrario. Este no participa realmente de las maldades que le ocurren a Pepe Rey, pero él las idealiza y las aconseja a doña Perfecta.


Benito Pérez Galdós en la novela de Doña Perfecta se muestra anticlerical al modo de aquella época y refleja en su obra la hostilidad provinciana conservadora a las ideas modernas recién llegadas a España. Aunque esta sea anticlerical no es antirreligiosa, ya que él no cuestiona los dogmas de la Iglesia sino la participación excesiva de esta en los aspectos políticos y como, en el interior de España los habitantes mal interpretaban la religión como una serie de rígidos preceptos, al ser estos almas exentas de caridad y corazones duros.

viernes, 26 de octubre de 2012

Marías dice 'no quiero' a Cultura por Winston Manrique Sabogal


Lo había dicho y escrito en varias ocasiones: “No recibiré ningún premio institucional”. Solo le faltaba a Javier Marías cumplir con su palabra. Y ayer lo hizo. Al escritor y académico de la RAE, la noticia de que había ganado el Premio Nacional de Narrativa por su novela Los enamoramientos (Alfaguara) no le cayó demasiado bien. O le cayó a la perfección para eso, para cumplir con lo dicho y escrito. Consecuencia lógica de todo ello, rechazó educada pero tajantemente el galardón,concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y con una cuantía económica de 20.000 euros que, ahora, se quedarán en la necesitada hucha ministerial.
Una sorpresa más que le depara la novela de la que Javier Marías (Madrid, 1951) aún se siente inseguro y con dudas. A pesar de que ha tenido el favor del público y de la crítica y que ya han sido vendidos sus derechos a más de veinte idiomas. Pero él cree que debe ser consecuente y coherente con su actitud de los últimos años. Una postura de rechazo al premio que aunque tiene una razón clara, está rodeada de otras tres. Las desveló, poco a poco, desde las seis de la tarde en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, a donde llegó vestido de negro y camisa blanca, tras andar unos veinte minutos desde su céntrica casa bajo un cielo plomizo en tregua con la llovizna.
Una vez en el salón Ramón Gómez de la Serna, y frente a medio centenar de periodistas, Marías sacó del bolsillo de la chaqueta una hoja blanca doblada en cuadro partes. La desdobló y empezó a leer los motivos con voz clara y templada:

“No quiero ser visto como un autor favorecido por este o aquel Gobierno”
“Ante la noticia de que mi novela Los enamoramientos ha sido distinguida con el Premio Nacional de Narrativa de este año, quisiera agradecer profundamente, antes de nada, la gentileza y la generosidad de los miembros del jurado por haberla tenido en tanta consideración.
Al ser este un galardón institucional, oficial y estatal, otorgado por el Ministerio de Cultura, no me es posible, sin embargo, aceptarlo. Lamentaría que esta postura mía se viera como un desdén hacia nadie. No lo es. Se trata solamente de una cuestión de consecuencia. Es decir, de mi deseo de ser consecuente.
Desde hace muchos años no he aceptado ninguna invitación de los institutos Cervantes, ni del Ministerio de Cultura, ni siquiera de las Universidades públicas o de Televisión Española. Durante todo este tiempo he esquivado a las instituciones del Estado, independientemente de qué partido gobernara, y he rechazado toda remuneración que procediera del erario público. (...) Y en verdad lamento no poder aceptar lo que en otras épocas habría sido tan sólo motivo de alegría".
Terminada la lectura llegaron las preguntas y las respuestas. Recordó el escritor y académico que es una decisión coherente con otras porque este año ya rechazó un premio oficial, que no reveló, dotado con 15.000 euros (“Este año ya he rechazado dos premios con un total de 35.000 euros. No sé si estoy siendo muy sensato”). E hizo otra confesión: el año pasado pidió a sus colegas académicos de la RAE que barajaban su nombre como candidato al Premio Cervantes que no lo hicieran. Y cuando uno de los tomos de su trilogía de Tu rostro mañana sonó para el Nacional de Narrativa, le dijo a su editora que no lo recibiría. Una postura que tiene clara desde 1995.

Los motivos

El revuelo causado por la decisión de ayer en todos los medios de comunicación y en las redes sociales que apoyaban y aplaudían su decisión, incluso sin saber los motivos, sorprendió a Marías. Varios miembros del jurado se han mostrado sorprendidos. Marcos Giralt Torrente, ganador el año pasado por Tiempo de vida dice que “con esto Marías contribuye a devaluar uno de los pocos premios que, con equivocaciones o aciertos, no están vinculados a en España a intereses editoriales”.
Para el autor de Los enamoramientos las sensaciones son contradictorias, primero por que es un halago y segundo porque no cree que deba ni pueda recibir un galardón oficial: “Sería una sinvergonzonería por mi parte aceptar ahora un premio cuando he estado tantos años diciendo que no lo recibiría. No quiero prestarme a estar involucrado en cualquier tipo de sospecha o de recibir favores. Es una actitud consecuente. Sería indecente aceptarlo”.
Preguntado sobre si había algún motivo político en su postura, él que ha sido tan crítico con el gobierno de Rajoy y con los recortes a la Cultura, Javier Marías dijo: “No exactamente. Mi postura viene de antiguo y no tiene que ver con quien gobierne. El Estado no tiene que darme nada por ejercer mi tarea de escritor que es algo que he elegido yo por propia iniciativa”. Pero dos segundos después reconoció: “Quizá este momento, por toda la situación política, añade otro motivo más para mi decisión”.
¿Y por que no aceptarlo como reivindicación positiva y donar el dinero? “Hubiera sido demagógico. Ellos sabrán qué hacer con el dinero, o darlo a las bibliotecas públicas, cuyo presupuesto es cero”.
Apareció, entonces, un tercer motivo: Su padre. El hecho de que Julián Marías, gran ensayista que falleció a los 91 años, nunca recibió el premio de Ensayo, por lo cual considera que no debe ni puede recibirlo él tampoco. Así lo recordó en un artículo de junio de 2011 en su columna de El País Semanal. Un momento emotivo en el que evocó a grandes autores españoles que nunca recibieron premios, como Juan Benet, Jaime Gil de Biedma o Juan García Hortelano. No olvidó a aquellos autores contemporáneos a los que también los premios han sido esquivos como Eduardo Mendoza o Enrique Vila-Matas. Eso no significa, aclaró Marías, que los galardones oficiales no hayan reconocido a importantes autores como el Cervantes a Juan Marsé o Rafael Sánchez Ferlosio (“que está más allá del bien y del mal”), o el Nacional a Antonio Muñoz Molina.

La votación

La posibilidad de que Javier Marías rechazara el Premio Nacional de Narrativa sobrevoló ayer por la mañana la reunión de los 11 miembros del jurado, formado por personalidades del mundo de las letras. “Todo el mundo dio por supuesto que lo aceptaría, pero alguien preguntó qué pasaría si no era así”, recordaron varios jueces del galardón. La respuesta a esa posibilidad llegó de parte de las dos representantes de Cultura (que cuenta con voz, pero sin voto): “Marías sólo rechaza los viajes subvencionados”. Se trataba de la presidenta del jurado -la directora general de Políticas e Industrias Culturales y del Libro, Teresa Lizaranzu-, y la vicepresidenta -la subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Mónica Fernández. Sí hubo un debate, pero los miembros del jurado y fuentes del Ministerio aseguran que la decisión final se adoptó teniendo en cuenta “solo criterios estrictamente literarios”. Poco antes del mediodía, la novela de Marías ganaba por mayoría.
Este nuevo capítulo de la vida de Los enamoramientos empezó hace un par de semanas. Fue cuando los miembros del jurado recibieron un correo electrónico del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en el que se les pedía que sugirieran dos novelas candidatas, “excepcionalmente tres”. El número final de candidatos fue “de entre 15 y 20 nombres”. La decisión final se dio ayer en un salón de la quinta planta de la subsecretaría de Estado de Cultura en su sede de la Plaza de las Cortes, de Madrid. Alrededor de una mesa se inició una ronda de votaciones con sobre cerrado en la que se fueron dejando fuera candidatos. En total fueron ocho votaciones. “Primero se vota a cinco nombres, luego a cuatro, luego tres y luego dos. En cada una de esas votaciones fueron cayendo candidatos, en la primera tanda quien tenía cero o solo un voto, en la siguiente los que solo tenían cero, uno, o dos votos, y así sucesivamente. Al final quedaron dos nombres. Las dos o tres novelas finales eran muy buenas”. Y ganó Los enamoramientos.
Los delegados del Ministerio pidieron no divulgar la noticia y esperar un par de horas, para dar tiempo a comunicar al ganador e informar al ministro José Ignacio Wert. Pero, poco antes de la una de la tarde, EL PAÍS dio la exclusiva en su edición digital. Luego, antes de la hora de la comida, una delegada del ministerio habló con Marías, quien le explicó los motivos por los cuales declinaba el premio. Silencio. Poco después de las tres de la tarde, EL PAIS anunciaba otro vuelco en la noticia al anunciar que Marías rechazaba el galardón. El teléfono del escritor no dejaba de sonar con múltiples felicitaciones unas por el premio, otras por rechazarlo y unas cuantas por los dos. Las redes sociales empezaron a hacer lo mismo.
Hacia las cinco y media, Javier Marías, atravesó andando el centro, subió a la quinta planta del Círculo de Bellas Artes, y entró en la sala Ramón Gómez de la Serna donde contó la alegría y la pena por no aceptar el premio para Los enamoramientos. Es su novela número 11, o 13 si se cuentan de manera individual los tomos de su trilogía Tu rostro mañana. Precisamente esta es la novela que él considera la mejor de su obra, y junto a ella otras como Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí y Negra espalda del tiempo. “Pero el propio autor es el peor juez de lo que hace”.
Casi una hora después de preguntas, la sala quedó vacía y ante la pregunta de si su decisión de ayer podía ser negativa para posibles nuevos premios internacionales, Marías insistió en que no porque su posición es sobre los premios oficiales en España. En total, él ya ha recibido una veintena de galardones nacionales e internacionales. La penúltima distinción simbólica es que este otoño ha entrado a formar parte de la selecta colección de Modern Classics de la editorial británica Penguin.
¿Y esta decisión de rechazar premios oficiales en España no afectaría a una posible candidatura al Nobel, donde su nombre suele aparecer en las quinielas y apuestas? “La Academia sueca, que yo sepa, no tiene ningún motivo para concederme el premio. Y no tengo que preocuparme por algo que no va a suceder”.
* Con información de Antonio Fraguas

Entre la tristeza y la sorpresa

ANTONIO FRAGUAS
Las 11 “destacadas personalidades del ámbito de las letras” que el Ministerio de Cultura designó como miembros del jurado para fallar ayer el ganador del Premio Nacional de Narrativa no podían sospechar que el escritor madrileño Javier Marías, galardonado por su novela Los enamoramientos (Alfaguara), fuera a rechazar la distinción.
Marcos Giralt, que formó parte del jurado en calidad de ganador de este mismo galardón el año pasado por su novela Tiempo de vida, siguió en vídeo el final de la rueda de prensa que Marías ofreció ayer por al tarde en Madrid. Giralt expresó su decepción por vía telefónica: “Con esto contribuye a devaluar uno de los pocos premios que, con equivocaciones y aciertos, no están vinculados en España a intereses editoriales. Siento tristeza por quien podía haberlo ganado en su lugar”.
“Respetando las razones por las que los pueda rechazar, me parecería más útil que hubiese aceptado el premio y destinado el dinero a la caridad o a una organización que represente su desacuerdo político. Los miembros del jurado no representan a ningún Gobierno. Los representantes del Gobierno tienen voz pero no voto. El dinero se lo da el Estado, pero el premio se lo da un jurado”, ha añadido Giralt.
Darío Villanueva, secretario general de la Real Academia Española se declaraba “muy sorprendido” antes de entrar a una reunión de esa institución: “El jurado hizo lo que tenía que hacer. Hubo ocho votaciones y al final de esas votaciones se eligió a Marías por una amplia mayoría. Salí muy satisfecho del comportamiento del jurado, hubo debate no agrio pero sí intenso. Pienso que esta novela merecía este premio”. En el mismo sentido se expresó Jon Kortazar, jurado a propuesta de la Real Academia de la Lengua Vasca: “Me parece una magnífica novela que merecía el premio”.
La periodista Soledad Gallego-Díaz, miembro del jurado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, señaló: “Los enamoramientos’ estuvo entre las favoritas desde el primer momento y la hemos elegido porque nos parecía la mejor”.

sábado, 13 de octubre de 2012

Javier Marías, entre el cuento y el olimpo literario por Winston Manrique Sabogal


Javier Marías ingresa en el selecto club de autores publicados en la serie Modern Classics de la editorial británica Penguin

El escritor y académico reúne todos sus relatos en el volumen 'Mala índole. Cuentos aceptados y aceptables'

 Madrid -  El País

Javier Marías, en su casa del centro de Madrid. / ÁLVARO GARCÍA

El recibidor en penumbra guarda una muestra de una felicidad “inverosímil”. En el suelo hay varias pilas de libros de donde Javier Marías coge cuatro de ellos, y avanza hacia el salón donde el sol de la tarde entra implacable por el balcón. Se le nota contento, y con estos libros de bolsillo en la mano confiesa: “Tiene algo de inverosimilitud el que yo esté ahora en la colección de clásicos modernos de Penguin. Cuando yo estudiaba en Inglaterra los compraba para leer a escritores como Conrad, Faulkner, Joyce o Virginia Woolf… Es un honor estar ahí”. Luego esboza una sonrisa y dice: “No puedo pensar que ahora sean menos exigentes en la selección de sus autores”, y su risa expresa lo que siente al ser uno de los poquísimos escritores en español que forman parte de esa colección, Modern Classics, junto a Lorca, Borges, Neruda, García Márquez y Octavio Paz.
Las cuatro primeras obras que ha cogido Marías (Madrid, 1951) acaban de salir y Penguin se las ha enviado: Todas las almas (con introducción de John Banville), Corazón tan blanco (con introducción de Jonathan Coe), Mañana en la batalla piensa en mí y El hombre sentimental. Deja los libros sobre la mesa y toma algunas de las pruebas de carátulas de los otros tres títulos que editará Penguin y que le ha enviado para su aprobación: Negra espalda del tiempo, Cuando fui mortal y Vidas escritas.
Y a un “honor” se suma la alegría de ver la portada que harán en primavera en Inglaterra de su última novela: Los enamoramientos, que saldrá también en Noruega y Finlandia, y que conservarán la imagen de la española.

Es uno de los poquísimos escritores en español que forman parte de esa colección, Modern Classics, junto a Lorca, Borges, Neruda, García Márquez y Octavio Paz
Tras el asomo a ese futuro entusiasta, Marías se sienta en el sofá pegado a la pared, justo al borde de donde cae la columna de sol venida del balcón, y habla del presente en el que acaba de publicar una antología que reúne sus dos libros de cuentos. No es cualquier antología. Poco habitual, o tal vez única por el proceso de selección. Él mismo ha dividido sus relatos enAceptados (“De los que aún no me avergüenzo”) y Aceptables (“De los que sí me avergüenzo un poco pero no demasiado”), donde ha incluido el primero, escrito con 14 años, La vida y la muerte de Marcelino Iturriaga. El título completo es Mala índole. Cuentos aceptados y aceptables (Alfaguara) con un total de 30 relatos en los que Marías busca ahorrarle tiempo al lector para que se salte las historias aceptables. Mala índole recupera el título de uno de los cuatro relatos que aparecen en el volumen y que no estaban en ningún libro.
La mayoría de esos cuentos han sido por encargo. Marías, camisa gris remangada y pantalón negro, recuerda que un buen número de obras de pintura y música han surgido por encargo de mecenas o reyes, y en su caso por petición de publicaciones, entre ellas El País Semanal. Este libro es la totalidad de su aportación “al noble género del cuento”, al que no cree que vuelva.

Con un cuento he tenido la sensación de plenitud, que dices: ‘¡Caray, qué maravilla, es algo perfecto!’. A veces, la lectura de un cuento es casi exultante. Algunos te pueden producir una especie de euforia, de algo acabado, perfecto, una obra maestra, algo que en una novela es más difícil conseguir
Un género que le gusta casi más como lector. “Es muy difícil que un autor quede completamente satisfecho de una novela en cuya estructura debe tener altibajos, porque no puede sostener el mismo grado de intensidad todo el tiempo, y sería agotador; debe tener momentos de transición, explicativos o descriptivos o funcionales que den luego paso a esos pasajes más interesantes e intensos”. Le vienen, entonces, las palabras de Juan Benet cuando decía que una novela se justifica por una sola página. “Pero esa página no es nada sin lo que la precede y lo que le sigue”.
Sobre la diferencia entre cuento y novela asegura que la mejor novela del mundo la ha disfrutado mucho, pero con altibajos. “En cambio, con un cuento he tenido la sensación de plenitud, que dices: ‘¡Caray, qué maravilla, es algo perfecto!’. A veces, la lectura de un cuento es casi exultante. Algunos te pueden producir una especie de euforia, de algo acabado, perfecto, una obra maestra, algo que en una novela es más difícil conseguir”.
Mientras continúa compartiendo su entusiasmo por los efectos de los buenos cuentos, Marías saca un cigarrillo y juega con él entre los dedos. Y confiesa sin reparo que tal vez allí se encuentren sus mejores pasajes literarios. Entre sus cuentos favoritos o de los que más orgulloso se siente están Mientras ellas duermen, (una historia que será llevada al cine), Todo mal vuelve, Cuando fui mortal, Lo que dijo el mayordomo y Mala índole. Siguiendo con favoritos, entre los autores de relatos señala a Henry James, Conrad, Kipling y Maupassant. Los 30 relatos de Mala índole “tienen”, afirma, “un elemento de zozobra, algo inquietante, amenazante... perturbador”.
¿Y el cuento de la política y los políticos que suele abordar en sus columnas de opinión? “Son suicidas de los balcones. Como esos turistas extranjeros que hacen balconing” al actuar tan mal. Pero, aun así, reconoce que él es el primer interesado en que ellos se cuiden y no salten de un balcón a otro. “No sé qué más podemos hacer, pero no quiero que los sustituyan por millonarios o técnicos”.
Hoy que se anuncia el premio Nobel de Literatura, Javier Marías cree que lo merecería Alice Munro, que es una gran cuentista canadiense, o el estadounidense Cormac McCarthy. ¿Y Philip Roth? “Me cansa. Su mundo literario no me interesa”.

sábado, 19 de mayo de 2012

Javier Marías sale en defensa de ‘Nuestra lengua…’



Posted by javiermariasblog in Críticas, Libros 


 Decido celebrar el 23 de abril comentando el primer libro entregado por Javier Marías este año: no se me ocurre una fiesta mejor en defensa de “nuestra lengua tan maltratada”, como escribe en la dedicatoria. Y digo fiesta porque en estos artículos seleccionados y prologados por Alexis Grohmann, nuestro novelista hace del sentido del humor que asoma por momentos en Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí y Tu rostro mañana, entre otras, un arma eficaz para arremeter constructivamente contra los crecientes vicios y despojos del habla y la escritura que empantanan la lengua, y por ende las comunicaciones humanas, desahogándose de paso por la irritación que indefectiblemente le producen. Me refiero a Lección pasada de moda/Letras de lengua (Galaxia Gutenberg: Barcelona, enero 2012) del que escojo ahora este pasaje: “El problema ha llegado a ser de tal calibre que no es ya que la mayoría de los españoles se expresen fatal, sino que se advierte en ellos una absoluta falta de instalación en su propio idioma. Cada vez hay más hablantes que en modo alguno lo poseen, lo dominan, lo tienen a su servicio como instrumento fiable. Más bien dan la impresión de hablarlo sólo aproximadamente, como se habla a menudo una lengua extranjera; de “tantearlo” nada más; de estar a su merced y defenderse de él a duras penas, como si fueran náufragos a la deriva en océano y no marinos que navegaran por él conociendo las mejores rutas y marcando el rumbo. Es como si la lengua les bailara alrededor, inasible e informe, y jamás la atraparan”.

Este párrafo de “La ley del balbuceo” es sumamente revelador: el traductor de El espejo del mar de Conrad se sirve del lenguaje marino para desarrollar la metáfora de lo que a todas luces sucede con la lengua. Marías es un buen capitán de nave que conoce los rumbos del idioma y se propone animar a los individuos pensantes que lo lean a perseverar en la busca de su auténtico dominio expresivo; porque es la inercia colectiva lo que favorece la corrupción y empobrecimiento de la lengua, y sólo un continuo esfuerzo personal puede impedir que estos se extiendan como una peste mental con su consecuente marisma verbal, promovida incesantemente por la ignorancia lingüistica de no pocos periodistas y pseudotraductores, así como por la vacua o mendaz ufanía de los políticos y por la pereza y cobardía de tantos ante las coerciones de variada “corrección política” que imperan hoy en día amenazando uniformar el habla.

Estos 50 artículos escritos a lo largo de 16 años se insertan, como señala Grohmann, en la tradición de orientar a los hablantes en el ejercicio de su libertad expresiva; único modo de que la lengua evolucione del mejor modo posible como vehículo de comunicación rico y capaz de repeler las manipulaciones de los nuevos inquisidores del habla. que quieren impedir que sepamos quién es quién. Sin ser purista (lo reitera el autor), y precisamente por ello, continúa la labor del poeta Pedro Salinas que, en El defensor, se preguntaba: “¿por qué habríamos de renunciar a aplicar nuestra inteligencia humana a la marcha y destino de la lengua, habiendo lanzado nuestra facultad crítica a todos los rincones de la vida humana?” Con denuedo y hasta por compulsión, Javier Marías lo hace festivamente ya desde el título en algunas de las piezas reunidas bajo cuatro de los apartados más nutridos del libro: “Don y daño de lenguas”, “Malas hablas”, “Navío recadero”, “Fastidioso y muy embarazados”, “¿Es usted el Santo Fantasma?”, “Todas las farsantas son igualas”, entre otros. La penúltima cierra así: “¿cómo es que estas barbaridades no las controla y enmienda nadie en el trayecto que va desde la metedura de pata del traductor-lumbrera hasta que la misma llega al público que paga por su libro, su periódico, su televisión o su vídeo? Que baje el Santo Fantasma a explicármelo, que lo voy a tutear”.

Finalmente, “En desuso por abuso” se refiere a tergiversación, calumnia, contradicción y “otras palabras que más caen en desuso cuanto mayor es la vigencia de lo que nombran, pero quizá una las englobe a todas, y es ‘cinismo’”. Con defensores como éste nuestra lengua gozará por largo tiempo de buena salud, claro que sí.

JUANA ROSA PITA

El Nuevo Herald, 13 de mayo de 2012

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