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viernes, 25 de enero de 2013

Vuelve ‘Proa’: rescate de la revista literaria fundada por Borges por Mauricio Vicent (El País)

Una edición facsimilar recupera la segunda etapa de la revista ‘Proa’
En julio de 1924 el escritor argentino Jorge Luis Borges regresó a Buenos Aires después de su segundo viaje a Europa, de un año de duración. Tenía 25 años y volvía a casa con la cabeza llena de ismos y pájaros literarios, aunque ya por entonces se había alejado del vanguardismo ultraísta y exploraba otros terrenos más jugosos, como el criollismo urbano y la construcción de una mitología de lo propio, junto al redescubrimiento de los clásicos antiguos y modernos. Borges había editado ya Fervor de Buenos Aires (1923) y antes impulsó la publicación de las hojas de Prisma y la revista Proa en su primera etapa (tres números, entre 1922 y 1923), plataforma del ultraísmo en América. Sin embargo, cuando en agosto de 1924 él y otros tres jóvenes escritores argentinos —Alfredo Brandán, Ricardo Güiraldes y Pablo Rojas Paz— refundan Proa, inician una aventura literaria de vanguardia que iría mucho más allá de la influencia ultraísta y que, en sus 15 números y dos años escasos de vida, dio cabida en el mismo espacio a corrientes luego irreconciliables.
Este legado “inclusivo” de Proa acaba de ser rescatado en una cuidada edición facsimilar a cargo de Anthony Stanton y Rose Corral, investigadores del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios del Colegio de México. Además de reproducir los 15 números de la segunda etapa de Proa con sus portadas originales, los académicos realizan un ensayo introductorio en el que reivindican la importancia de la publicación en aquellos momentos de efervescencia cultural, cuando varias pequeñas revistas, a cada cual más iconoclasta y excluyente, pugnaban por hacer valer su voz y su respectivo ismo a ambos lados del río de la Plata.
En 1924 acababa de aparecer el periódico Martín Fierro, “demoledor en su irreverencia y en su afán crítico”, según Stanton. Lo curioso, afirma, es que “los mismos escritores argentinos colaboraban en los dos lugares, pero el carácter de lo que publicaban era distinto en cada caso”. “En la segunda Proa brilla el arte de evitar las polémicas y su afán de construcción plural, rasgos que la alejan de la típica revista vanguardista, que suele practicar un sectarismo dogmático”, indica Corral.
Pero ¿quienes eran los colaboradores de Proa? Desde luego, los escritores argentinos y americanos más valiosos del momento, empezando por Borges y los otros directores de la revista, además de Macedonio Fernández, Roberto Arlt, Neruda o Villaurrutia, también Lorca, Ramón Gómez de la Serna, Guillermo de Torre o Benjamín Jarnés, entre los españoles, y representantes del neosimbolismo francés (hay espléndidos poemas de Jules Supervielle, Saint-John Perse y Jules Romains).
Para ilustrar sus páginas hace caricaturas y grabados Norah Borges (hermana del escritor), y también el pintor argentino Xul Solar saluda “la aventura y la hazaña” de la aparición de Proa con un cuadro del mismo nombre. En el óleo aparecen “tres hombres, lanzas en mano, colocados en la proa de un barco y dispuestos a enfrentar las adversidades que les esperan en alta mar: serpientes erguidas, amenazadoras, y ondas dentadas”, una buena metáfora del espíritu de la publicación, creen los autores del ensayo, que destacan la carta enviada por los directores de Proa a un grupo de escritores latinoamericanos en 1925: “Trabajamos en el sitio más libre y más duro del barco, mientras en los camarotes duermen los burgueses de la literatura”.
“Hay un afán claro de trascender el vanguardismo cosmopolita y acceder a una modernidad universal desde las condiciones específicas de la cultura local”, aseguran Stanton y Corral. En aquellos años los distintos ismos eran radicalmente iconoclastas y promovían la experimentación, la ruptura. Y en su mismo título, Proa, asume ese espíritu pionero, pero “lo maravilloso es ver cómo en su travesía la revista fue dando a conocer un enorme universo que puede concebirse como un espejo de la modernidad: el romanticismo visionario (en los poemas de Marechal), la metafísica criolla de Macedonio Fernández, la narrativa de las orillas de Buenos Aires que empezó a fraguar Roberto Arlt, el americanismo estético de Güiraldes, ciertas nostalgias posmodernistas, el neosimbolismo francés, los poemas creacionistas del chileno Juan Marín, la nueva vanguardia de Neruda. En un momento los directores de la revista dicen que el único ismo que rige su brújula es el individualismo”.
Joyas en Proa hay muchas. La traducción de Borges de la última página del Ulises y su ensayo pionero sobre la obra de Joyce, o su proyecto criollista —del que luego renegaría— presente en el texto La pampa y el suburbio son dioses, publicado en el último número de la revista. En él declara: “En cuatro cosas creemos: en que la pampa es un sagrario, en que el primer paisano es muy hombre, en la reciedumbre de los malevos, en la dulzura generosa del arrabal”. Otras perlas son las prosas de Macedonio o los versos precoces de Raúl González Tuñón, que publica un poema de ambiente prostibulario, Maipú Pigalle, “sorprendente negación del tango, escrito a los 19 años”, cuenta Stanton. La edición facsimilar, una colaboración de la Bibliteca Nacional de Buenos Aires y la Fundación Jorge Luis Borges, pretende que Proa zarpe de nuevo para rescatar su legado y también, aseguran Stanton y Corral, “para ofrecer a los lectores un abanico de obras perdurables, muchas tan frescas hoy como lo fueron ayer”.

domingo, 26 de agosto de 2012

Un laberinto borgiano en el centro de Londres (vídeo)




Dos artistas brasileños crean un laberinto de libros inspirados en el amor del escritor argentino Jorge Luis Borges por las bibliotecas y los laberintos.
Marcos Saboya y Gualter Pupo usaron un mapa singular para trazar su laberinto: la huella digital simplificada de Jorge Luis Borges.
Inspirados por la obra del escritor argentino, construyeron un laberinto con 250.000 libros en el centro Southbank de Londres.
La idea principal, según Saboya, era llevar la literatura a la gente.
Vea este video de Alvaro A. Ricciardelli para BBC Mundo.

sábado, 5 de mayo de 2012

CUENTOS BREVES Y EXTRAORDINARIOS por JORGE LUIS BORGES & ADOLFO BIOY CASARES






NOTA PRELIMINAR

Uno de los muchos agrados que puede suministrar la literatura es el agrado de lo narrativo. Este libro quiere proponer al lector algunos ejemplos del género, ya referentes a sucesos imaginarios, ya a sucesos históricos. Hemos interrogado, para ello, textos de diversas naciones y de diversas épocas, sin omitir las antiguas y generosas fuentes orientales. La anécdota, la parábola y el relato hallan aquí hospitalidad, a condición de ser breves. Lo esencial de lo narrativo está, nos atrevemos a pensar, en estas piezas; lo demás es episodio ilustrativo, análisis psicológico, feliz o inoportuno adorno verbal. Esperamos, lector, que estas páginas te diviertan como nos divirtieron a nosotros.
J.L.B. y A.B.C., 29 de julio de 1953

Jorge Luis Borges en lenliblog
LA SENTENCIA Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo. Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperdaor lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido. Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron: -Cayó del cielo. Wei Cheng, que había despertado, lo miró con perplejidad y observó: -Que raro, yo soñé que mataba a un dragón así. Wu Ch'eng-en (c. 1505-c. 1580).
EL REDENTOR SECRETO Es sabido que todos los ogros viven en Ceylán y que todas sus vidas están en un solo limón. Un ciego corta el limón con un cuchillo y mueren todos los ogros. Del Indian Antiquary, I (1872).
LA ANIQUILACION DE LOS OGROS La vida de una tribu entera de ogros puede estar concentrada en dos abejas. El secreto, sin embargo, fue revelado por un ogro a una princesa cautiva, que fingía temer que éste no fuera inmortal. Los ogros no morimos, dijo el ogro para tranquilizarla. No somos inmortales, pero nuestra muerte depende de un secreto que ningún ser humano adivinará. Te lo revelaré, para que no sufras. Mira ese estanque: en su mayor profundidad, en el centro, hay un pilar de cristal, en cuya cima, bajo el agua, reposan dos abejas. Si un hombre puede sumergirse en las aguas y volver a la tierra con las abejas y darles libertad, todos los ogros moriremos. ¿Pero quién adivinará este secreto? No te apesadumbres; puedes considerarme inmortal. La princesa reveló el secreto al héroe. Este libertó las abejas y todos los ogros murieron, cada uno en su palacio. Lal Behari Day, Folk Tales of Bengal (Londres, 1833).
UN TERCERO EN DISCORDIA




En su Vida de Apolonio, refiere Filostrato que un mancebo de veinticinco años, Menipio Licio, encontró en el camino de Corinto a una hermosa mujer, que tomándolo de la mano, lo llevó a su casa y le dijo que era fenicia de origen y que si él se demoraba con ella, la vería bailar y cantar y que beberían un vino incomparable y que nadie estorbaría su amor. Asimismo le dijo que siendo ella placentera y hermosa, como lo era él, vivirían y morirían juntos. El mancebo, que era un filósofo, sabía moderar sus pasiones, pero no ésta del amor, y se quedó con la fenicia y por último se casaron. Entre los invitados a la boda estaba Apolonio de Tiana, que comprendió en el acto que la mujer era una serpiente, una lamia, y que su palacio y sus muebles no eran más que ilusiones. Al verse descubierta, ella se echó a llorar y le rogó a Apolonio que no revelara el secreto. Apolonio habló; ella y el palacio desaparecieron. Robert Burton, The Anatomy of Melancholy (1621).
HISTORIA DE CECILIA He oído a Lucio Flaco, sumo sacerdote de Marte, referir la historia siguiente: Cecilia, hija de Metelo, quería casar a la hija de su hermana y, según la antigua costumbre, fue a una capilla para recibir un presagio. La doncella estaba de pie y Cecilia sentada y pasó un largo rato sin que se oyera una sola palabra. La sobrina se cansó y le dijo a Cecilia: -Déjame sentarme un momento. -Claro que sí, querida -dijo Cecilia-; te dejo mi lugar. Estas palabras eran el presagio, porque Cecilia murió en breve y la sobrina se casó con el viudo. Ciceron, De divinatione, I, 45.
EL ENCUENTRO Ch'ienniang era la hija del señor Chang Yi, funcionario de Hunan. Tenía un primo llamado Wang Chu, que era un joven inteligente y bien parecido. Se habían criado juntos, y como el señor Chang Yi quería mucho al joven, dijo que lo aceptaría como yerno. Ambos oyeron la promesa y como ella era hija única y siempre estaban juntos, el amor creció día a día. Ya no eran niños y llegaron a tener relaciones íntimas. Desgraciadamente, el padre era el único en no advertirlo. Un día un joven funcionario le pidió la mano de su hija. El padre, descuidando u olvidando su antigua promesa, consintió. Ch'ienniang, desgarrada por el amor y por la piedad filial, estuvo a punto de morir de pena, y el joven estaba tan despechado que resolvió irse del país para no ver a su novia casada con otro. Inventó un pretexto y comunicó a su tío que tenía que irse a la capital. Como el tío no logró disuadirlo, le dio dinero y regalos y le ofreció una fiesta de despedida. Wang Chu, desesperado, no cesó de cavilar durante la fiesta y se dijo que era mejor partir y no perseverar en un amor sin ninguna esperanza. Wang Chu se embarcó una tarde y había navegado unas pocas millas cuando cayó la noche. Le dijo al marinero que amarrara la embarcación y que descansaran. No pudo conciliar el sueño y hacia la media noehe oyó pasos que se acercaban. Se incorporó y preguntó: "¿Quién anda a estas horas de la noche?" "Soy yo, soy Ch'ienniang", fue la respuesta. Sorprendido y feliz, la hizo entrar en la embarcación. Ella le dijo que había esperado ser su mujer, que su padre había sido injusto con él y que no podía resignarse a la separación. También había temido que Wang Chu, solitario y en tierras desconocidas, se viera arrastrado al suicidio. Por eso había desafiado la reprobación de la gente y la cólera de los padres y había venido para seguirlo adonde fuera. Ambos, muy dichosos, prosiguieron el viaje a Szechuen. Pasaron cinco años de felicidad y ella le dio dos hijos. Pero no llegaron noticias de la familia y Ch'ienniang pensaba diariamente en su padre. Esta era la única nube en su felicidad. Ignoraba si sus padres vivían o no y una noche le confesó a Wang Chu su congoja; como era hija única se sentía culpable de una grave impiedad filial. -Tienes un buen corazón de hija y yo estoy contigo -respondió él-. Cinco años han pasado y ya no estarán enojados con nosotros. Volvamos a casa-. Ch'ienniang se regocijó y se aprestaron para regresar con los niños. Cuando la embarcación llegó a la ciudad natal, Wang Chu le dijo a Ch'ienniang: -No sé en qué estado de ánimo encontraremos a tus padres. Déjame ir solo a averiguarlo-. Al avistar la casa, sintió que el corazón le latía. Wang Chu vio a su suegro, se arrodilló, hizo una reverencia y pidió perdón. Chang Yi lo miró asombrado y le dijo: -¿De qué hablas? Hace cinco años que Ch'ienniang está en cama y sin conciencia. No se ha levantado una sola vez. -No estoy mintiendo -dijo Wang Chu-. Está bien y nos espera a bordo.


Chang Yi no sabía qué pensar y mandó dos doncellas a ver a Ch'ienniang. A bordo la encontraron sentada, bien ataviada y contenta; hasta les mandó cariños a sus padres. Maravilladas, las doncellas volvieron y aumentó la perplejidad de Chang Yi. Entre tanto, la enferma había oído las noticias y parecía ya libre de su mal y había luz en sus ojos. Se levantó de la cama y se vistió ante el espejo. Sonriendo y sin decir una palabra, se dirigió a la embarcación. La que estaba a bordo iba hacia la casa y se encontraron en la orilla. Se abrazaron y los dos cuerpos se confundieron y sólo quedó una Ch'ienniang, joven y bella como siempre. Sus padres se regocijaron, pero ordenaron a los sirvientes que guardaran silencio, para evitar comentarios. Por más de cuarenta años, Wang Chu y Ch'ienniang vivieron juntos y felices. (Cuento de la dinastía Tang, 618-906 a.C.)
DIFICIL DE CONTENTAR Kardan cayó enfermo. Su tío le dijo: -¿Qué deseas comer? La cabeza de dos corderos. -No hay. -Entonces, las dos cabezas de un cordero. -No hay. -Entonces no quiero nada. Ibn Abd Rabbih, Kitabal idq el farid, tomo III.
ARGUMENTOS ANOTADOS POR NATHANIEL HAWTHORNE Un hombre, en la vigilia, piensa bien de otro y confía en él plenamente, pero lo inquietan sueños en que ese amigo obra como enemigo mortal. Se revela, al fin, que el carácter soñado era el verdadero. La explicación sería la percepción instintiva de la verdad. En medio de una multitud imaginar a un hombre cuyo destino y cuya vida están en poder de otro, como si los dos estuvieran en un desierto. Un hombre de fuerte voluntad ordena a otro, moralmente sujeto a él, la ejecución de un acto. El que ordena muere y el otro, hasta el fin de sus días, sigue ejecutando aquel acto. Un hombre rico deja en su testamento su casa a una pareja pobre. Esta se muda allí; encuentran un sirviente sombrío que el testamento les prohibe expulsar. El sirviente los atormenta; se descubre, al fin, que es el hombre que les ha legado la casa. Dos personas esperan en la calle un acontecimiento y la aparición de los principales actores. El acontecimiento ya está ocurriendo y ellos son los actores. Que un hombre escriba un cuento y compruebe que éste se desarrolla contra sus intenciones; que los personajes no obren como él quería; que ocurran hechos no previstos por él y que se acerque a una catástrofe, que él trate, en vano, de eludir. Este cuento podría prefigurar su propio destino y uno de los personajes sería él. Nathaniel Hawthorne, Note-books (1868).
DER TRAUM EIN LEBEN El diálogo ocurrió en Adrogué. Mi sobrino Miguel, que tendría cinco o seis años, estaba sentado en el suelo, jugando con la gata. Como todas las mañanas, le pregunté: -¿Qué soñaste anoche? Me contestó: -Soñé que me había perdido en un bosque y que al fin encontré una casita de madera. Se abrió la puerta y saliste vos. -Con súbita curiosidad me preguntó: -Decime, ¿qué estabas haciendo en esa casita? Francisco Acevedo, Memorias de un bibliotecario (Burzaco, 1955)
EL SUEÑO DE CHUANG TZU Chuang Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre. Herbert Allen Giles, Chuang Tzu (1889)


EL CIERVO ESCONDIDO Un leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera su sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar el ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer: -Un leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó dónde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador. -Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado un ciervo. ¿Realmente crees que hubo leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero -dijo la mujer. -Aun suponiendo que encontré el ciervo por un sueño -contestó el marido-, ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó? Aquella noche el leñador volvió a su casa pensando todavía en el ciervo, y realmente soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y también soñó quién lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró el ciervo. Ambos discutieron y fueron al juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al leñador: -Realmente mataste un ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró el ciervo y ahora te lo disputa, pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo que otro había matado. Luego, nadie mató al ciervo. Pero como aquí está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan. El caso llegó a oídos del rey de Cheng y el rey de Cheng dijo: -Y ese juez, ¿no estará soñando que reparte un ciervo? Liehtsé (c. 300 a. C.).
LOS BRAHMANES Y EL LEON En cierto pueblo había cuatro brahmanes que eran amigos. Tres habían alcanzado el confín de cuanto los hombres pueden saber, pero les faltaba cordura. El otro desdeñaba el saber; solo tenía cordura. Un día se reunieron. ¿De qué sirven las prendas, dijeron, si no viajamos, si no logramos el favor de los reyes, si no ganamos dinero? Ante todo, viajaremos. Pero cuando habían recorrido un trecho, dijo el mayor: -Uno de nosotros, el cuarto, es un simple, que no tiene más que cordura. Sin el saber, con mera cordura, nadie obtiene el favor de los reyes. Por consiguiente, no compartiremos con él nuestras ganancias. Que se vuelva a su casa. El segundo dijo: -Esta no es manera de proceder. Desde muchachos hemos jugado juntos. Ven, mi noble amigo, tú tendrás tu parte en nuestras ganancias. Siguieron su camino y en un bosque hallaron los huesos de un león. Uno de ellos dijo: -Buena ocasión para ejercitar nuestros conocimientos. Aquí hay un animal muerto; resucitémoslo. El primero dijo: -Sé componer el esqueleto. El segundo dijo: -Puedo suministrar la piel, la carne y la sangre. El tercero dijo: -Sé darle la vida. El primero compuso el esqueleto, el segundo suministró la piel, la carne y la sangre. El tercero se disponía a infundir la vida, cuando el hombre cuerdo observó: -Es un león. Si lo resucitan, nos va a matar a todos. -Eres muy simple -dijo el otro-. No seré yo el que frustre la labor de la sabiduría. -En tal caso -respondió el hombre cuerdo- aguarda que me suba a este árbol. Cuando lo hubo hecho, resucitaron al león; éste se levantó y mató a los tres. El hombre cuerdo esperó que se alejara el león, para bajar del árbol y volver a su casa. Panchatantra, siglo II, a.c.


UN GOLEM Si los justos quisieran crear un mundo, podrían hacerlo. Combinando las letras de los inefables nombres de Dios, Rava consiguió crear un hombre y lo mandó a Ray Zera. Este le dirigió la palabra; como el hombre no respondía, el rabino le dijo: "Eres una creación de la magia; vuelve a tu polvo". Dos maestros solían, cada viernes, estudiar el Sepher Yezirah y crear un ternero de tres años que luego aprovechaban para la cena. Sanhedrin, 65, b.
LA VUELTA DEL MAESTRO Desde sus primeros años, Migyur -tal era su nombre- había sentido que no estaba donde tenía que estar. Se sentía forastero en su familia, forastero en su pueblo. Al soñar, veía paisajes que no son de Ngari: soledades de arena, tiendas circulares de fieltro, un monasterio en la montaña; en la vigilia, estas mismas imágenes velaban o empañaban la realidad. A los diecinueve años huyó, ávido de encontrar la realidad que correspondía a esas formas. Fue vagabundo, pordiosero, trabajador, a veces ladrón. Hoy llegó a esta posada, cerca de la frontera. Vio la casa, la fatigada caravana mogólica, los camellos en el patio. Atravesó el portón y se encontró ante el anciano monje que comandaba la caravana. Entonces se reconocieron: el joven vagabundo se vio a sí mismo como un anciano lama y vio al monje como era hace muchos años, cuando fue su discípulo; el monje reconoció en el muchacho a su viejo maestro, ya desaparecido. Recordaron la peregrinación que había hecho a los santuarios del Tíbet, el regreso al monasterio de la montaña. Hablaron, evocaron el pasado; se interrumpían para intercalar detalles precisos. El propósito del viaje de los mogoles era buscar un nuevo jefe para su convento. Hacía veinte años que había muerto el antiguo y que en vano esperaban su reencarnación. Hoy lo habían encontrado. Al amanecer, la caravana emprendió su lento regreso. Migyur regresaba a las soledades de arena, a las tiendas circulares y al monasterio de su encarnación anterior. Alexandra David-Neel, Mystiques et Magiciens du Tibet (1929).
TEMOR DE LA COLERA En una de sus guerras, Alí derribó a un hombre y se arrodilló sobre su pecho para decapitarlo. El hombre le escupió en la cara. Alí se incorporó y lo dejó. Cuando le preguntaron por qué había hecho eso, respondió: -Me escupió en la cara y temí matarlo estando yo enojado. Sólo quiero matar a mis enemigos estando puro ante Dios. Ah'med el Qalyubi, Nanadir.
ANDROMEDA Nunca el dragón estuvo con mejor salud y más entonado que la mañana en que Perseo lo mató. Se dice que Andrómeda comentó después con Perseo la circunstancia: se había levantado tranquilamente con muy buen ánimo, etcétera. Cuando le referí esto a Ballard, se lamentó de que ese rasgo no figurara en los clásicos. Lo miré y le dije que yo también era los clásicos. Samuel Butler, Note-books.
EL SUEÑO Murray soñó un sueño. La psicología vacila cuando intenta explicar las aventuras de nuestro yo inmaterial en sus andanzas por la región del sueño, «gemelo de la muerte». Este relato no quiere ser explicativo: se limitará a registrar el sueño de Murray. Una de las fases más enigmáticas de esa vigilia del sueño es que acontecimientos que parecen abarcar meses o años ocurren en minutos o instantes. Murray aguardaba en su celda de condenado a muerte. Un foco eléctrico en el cielo raso del corredor iluminaba su mesa. En una hoja de papel blanco una hormiga coría de un lado a otro y Murray le bloqueó el


camino con un sobre. La electrocutación tendría lugar a las nueve de la noche. Murray sonrió ante la agitación del más sabio de los insectos. En el pabellón había siete condenados a muerte. Desde que estaba allí, tres había sido conducidos: uno, enloquecido y peleando como un lobo en la trampa; otro, no menos loco, ofrendando al cielo una hipócrita devoción; el tercero, un cobarde, se desmayó y tuvieron que amarrarlo a una tabla. Se preguntó cómo responderían por él su corazón, sus piernas y su cara; porque ésta era su noche. Pensó que ya serían casi las nueve. Del otro lado del corredor, en la celda de enfrente, estaba encerrado Carpani, el siciliano que había matado a su novia y a los dos agentes que fueron a arrestarlos. Muchas veces, de celda a celda, habían jugado a la damas, gritando cada uno la jugada a su contrincante invisible. La gran voz retumbante, de indestructible calidad musical, llamó: -Y, señor Murray, ¿cómo se siente? ¿Bien? -Muy bien, Carpani -dijo Murray serenamente, dejando que la hormiga se posara en el sobre y depositándola con suavidad en el piso de piedra. -Así me gusta, señor Murray. Hombres como nosotros tenemos que saber morir como hombres. La semana que viene es mi turno. Así me gusta. Recuerde, señor Murray, yo gané el último partido de damas. Quizá volvamos a jugar otra vez. La estoica broma de Carpani, seguida por una carcajada ensordecedora, mas bien tentó a Murray; es verdad que a Carpani le quedaba todavía una semana de vida. Los encarcelados oyeron el ruido seco de los cerrojos al abrirse la puerta en el extremo del corredor. Tres hombres avanzaron hasta la celda de Murray y la abrieron. Dos eran guardias; el otro era Frank -no, ese era antes, ahora se llamaba el reverendo Francisco Winston-, amigo y vecino de sus años de miseria. -Logré que me dejaran reemplazar al capellán de la cárcel- dijo, al estrechar la mano de Murray. En la mano izquierda tenía una pequeña biblia entreabierta. Murray sonrió levemente y arregló unos libros y una lapicera en la mesa. Hubiera querido hablar, pero no sabía qué decir. Los presos llamaban a este pabellón de veintitrés metros de largo y nueve de ancho, Calle del Limbo. El guardián habitual de la Calle del Limbo, un hombre inmenso, rudo y bondadoso, sacó del bolsillo un porrón de whisky y se lo ofreció a Murray, diciendo: -Es costumbre, usted sabe. Todos lo toman para darse ánimo. No hay peligro de que se envicien. Murray bebió profundamente. -Así me gusta -dijo el guardián-. Un buen calmante y todo saldrá bien. Salieron al corredor y los condenados lo supieron. La Calle del Limbo es un mundo fuera del mundo y si le falta alguno de los sentidos, lo reemplaza con otro. Todos los condenados sabían que eran casi las nueve, que Murray iría a la silla a las nueve. Hay también, en las muchas calles del Limbo, una jerarquía del crimen. El hombre que mata abiertamente, en la pasión de la pelea, menosprecia a la rata humana, a la araña y a la serpiente. Por eso, de los siete condenados, sólo tres gritaron sus adioses a Murray, cuando se alejó por el corredor, entre los centinelas: Carpani y Marvin, que al intentar una evasión había matado a un guardia, y Bassett, el ladrón que tuvo que matar porque un inspector, en un tren, no quiso leventar las manos. Los otros cuatro guardaban un humilde silencio. Murray se maravillaba de su propia serenidad y casi indiferencia. En el cuarto de las ejecuciones había unos veinte hombres, empleados de la cárcel, periodistas y curiosos que...
Aquí, en medio de una frase, el sueño quedó interrumpido por la muerte de O. Henry. Sabemos, sin embargo, el final: Murray, acusado y convicto del asesinato de su querida, enfrenta su destino con inexplicabe serenidad. Lo conducen a la silla eléctrica. Lo atan. De pronto, la cámara, los espectadores, los preparativos de la ejecución, le parecen irreales. Piensa que es víctima de un error espantoso. ¿Por qué lo han sujetado a esa silla? ¿Qué ha hecho? ¿Qué crimen ha cometido? Se despierta: a su lado están su mujer y su hijo. Comprende que el asesinato, el proceso, la sentencia de muerte, la silla eléctrica, son un sueño. Aún trémulo, besa en la frente a su mujer. En ese momento lo electrocutan. La ejecución interrumpe el sueño de Murray. O'Henry
LA PROMESA DEL REY Tostig, hermano del rey sajón de Inglaterra, Harold, hijo de Godwin, codiciaba el poder y se alió con Harald Sigurdarson, rey de Noruega. (Este había militado en Constantinopla y en Africa; su estandarte se llamaba Landöda, Desolador de Tierras; también fue poeta famoso.) Con un ejército noruego desembarcaron en la


costa oriental y rindieron el castillo de Jorvik (York). Al sur de Jorvik los enfrentó el ejército sajón. Veinte jinetes se allegaron a las filas del invasor; los hombres, y también los caballos, estaban revestidos de hierro. Uno de los jinetes gritó: -¿Está aquí el conde Tostig? -No niego estar aquí -dijo el conde. -Si verdaderamente eres Tostig -dijo el jinete- vengo a decirte que tu hermano te ofrece su perdón, su amistad y la tercera parte del reino. -Si acepto -dijo Tostig- ¿qué dará el rey a Harald Sigurdarson? -No se ha olvidado de él -contestó el jinete-. Le dará seis pies de tierra inglesa y, ya que es tan alto, uno más. -Entonces -dijo Tostig- dile a tu rey que pelearemos hasta morir. Los jinetes volvieron. Harald Sigurdarson preguntó pensativo: -¿Quién era ese caballero que habló tan bien? -Era Harold, hijo de Godwin. Antes que declinara el sol de ese día, el ejército noruego fue derrotado. Harald Sigurdarson pereció en la batalla y también el conde. Del capítulo XCI del décimo libro de la Heimskringla.
EL JURAMENTO DEL CAUTIVO El Genio dijo al pescador que lo había sacado de la botella de cobre amarillo: -Soy uno de los genios heréticos y me rebelé contra Salomón, hijo de David (¡que sobre los dos haya paz!). Fui derrotado; Salomón, hijo de David, me ordenó que abrazara la fe de Dios y que obedeciera sus órdenes. Rehusé; el Rey me encerró en ese recipiente de cobre y estampó en la tapa el Nombre Muy Alto, y ordenó a los genios sumisos que me arrojaran en el centro del mar. Dije en mi corazón: a quien me dé la libertad, lo enriqueceré para siempre. Pero un siglo entero pasó, y nadie me dio la libertad. Entonces dije en mi corazón: a quien me dé la libertad, le revelaré todas las artes mágicas de la tierra. Pero cuatrocientos años pasaron y yo seguía en el fondo del mar. Dije entonces: a quien me dé la libertad, yo le otorgaré tres deseos. Pero novecientos años pasaron. Entonces, desesperado, juré por el Nombre Muy Alto: a quién me dé la libertad, yo lo mataré. Prepárate a morir, oh mi salvador. De la noche tercera del libro de Las Mil y Una Noches.
NOSCE TE IPSUM Al Mahdi cercaba con sus hordas a Khartum, defendida por el general Gordon. Hubo enemigos que se pasaron a la ciudad sitiada. Gordon los recibía uno por uno y les indicaba un espejo para que se miraran. Le parecía justo que un hombre conociera su cara antes de morir. Fergus Nicholson, Antología de espejos, Edimburgo, 1917
UNA DESPEDIDA Parker no había muerto al día siguiente, septiembre 16, pero estaba muy dolorido. Ya no lo calmaba la morfina; no podía comer ni beber. Nos costó acomodarlo en la parte de atrás del camión. La bala, que lo atravesó de un lado a otro, le había destrozado el estómago. Afortunadamente el camino era bastante liso, de modo que el ajetreo del camión no era intolerable. Había una luz muy clara y un sol radiante. Estábamos ahora en el desierto, no sin alguna mata o arbusto, pero demasiado lejos del agua, para el hombre y su ganado. Bajo un arbusto vi una enorme hiena, dando vueltas y vueltas, como un perro antes de echarse a dormir; una hora después vi una pareja de orix. Las pesadas bestias, grandes como novillos, de pelaje blanco como la nieve y grandes cuernos curvos, pastaban en las matas de olor dulzón. Detuvimos el camión para mirarlos, porque ninguno de nosotros habíamos visto nunca animales así, ni volvimos a verlos. Lo ayudamos a Parker a incorporarse, para que él los viera también. Nos pareció importante que los viera antes de morir. Vladimir Peniakoff, Private Army.
EL INTUITIVO Dicen que en el riñón de Andalucía hubo una escuela de médicos. El maestro preguntaba: -¿Qué hay con este enfermo, Pepillo?


-Para mí -respondía el discípulo- que se trae una cefalalgia entre pecho y espalda que lo tiene frito. -¿Y por qué lo dices, salado? -Señor maestro: porque me sale del alma. Alfonso Reyes, El deslinde (1944).
VIDAS PARALELAS Cuando nació Confucio, un unicornio recorrió la comarca. Por la forma y el tamaño parecía un buey. La madre del Maestro ató en el cuerno del animal una cinta. Setenta y siete años después el unicornio reapareció y lo mataron; la cinta estaba rota. Confucio dijo: -El unicornio ha vuelto; han pasado los años; el día de mi muerte está próximo. E. R. Huc, L'Empire Chinois (1850).
COMO DESCUBRI AL SUPERHOMBRE A los lectores de Bernard Shaw y de otros escritores modernos les interesará la noticia del descubrimiento del Superhombre. Yo lo descubrí: vive en South-Croydon. Mi hallazgo será un severo desengaño para Mr. Shaw, que ha seguido una pista falsa y anda buscándolo por Black-pool; y en cuanto a la esperanza de Mr. Wells de producirlo, a base de cuerpos gaseosos, en un laboratorio particular, siempre la creí predestinada al fracaso. Afirmo que el Superhombre de Croydon nació de una manera normal, aunque, por supuesto, él no tiene nada de normal. Sus padres no son indignos del ser prodigioso que han dado al mundo. El nombre de Lady Hypatia Smythe-Browne (ahora Lady Hypatia Hagg) nunca será olvidado en los barrios pobres, tan atendidos por su benéfico celo. Su constante grito de Salvad a los niños fustigaba la negligencia cruel de quienes permiten al niño la posesión de juguetes de color vivo, pernicioso para la vista. Alegaba estadísticas irrefutables que demostraban que los niños a quienes no les vedan el espectáculo del violeta y del bermellón propenden muchas veces a la miopía en la extrema vejez; y a su cruzada infatigable se debe que el azote de las bolitas casi fuera barrido de las casas de inquilinato. La abnegada señora recorría las calles de sol a sol quitando los juguetes a los niños pobres, bondad que les llenaba los ojos de lágrimas. Su obra fue interrumpida, en parte por su nuevo interés en la religión de Zoroastro, en parte por un paraguazo feroz. Se lo infirió una disoluta verdulera irlandesa, que, al regresar de alguna orgía, se encontró en su dormitorio insalubre con Lady Hypatia descolgando una oleografía vulgar, cuya influencia, para no decir otra cosa, no podía ser edificante. La celta, analfabeta y alcoholizada, no sólo agredió a su bienhechora, sino que la acusó de robo. La mente, exquisitamente equilibrada, de Lady Hypatia, padeció un eclipse transitorio, durante el cual contrajo enlace con el doctor Hagg. Hablar del doctor Hagg es innecesario. Quienes tengan la más leve noticia de esos atrevidos experimentos de Eugenesia Neo-Individualista, que constituyen la preocupación esencial de la democracia británica, sin duda conocen su nombre y lo han encomendado más de una vez a la protección personal de una Entidad impersonal. Desde muy joven aplicó a la historia de la religión su vasta y sólida cultura de ingeniero electricista. Poco después era uno de nuestros geólogos más ilustres, y logró esa clara visión del porvenir del socialismo, que es patrimonio de los geólogos. Al principio pareció advertirse una grieta, fina pero visible, entre sus opiniones y las de su aristocrática esposa. Ella era partidaria (para decirlo con su poderoso epigrama) de proteger a los pobres contra sí mismos; él sostenía, con una nueva y vigorosa metáfora, que en la lucha por la vida el triunfo debía adjudicarse a los triunfadores. Los dos, sin embargo, acabaron por percibir que sus respectivas opiniones eran inequívocamente modernas y en este luminoso adjetivo sus almas encontraron la paz. El resultado es que la unión de los dos tipos más altos de nuestra cultura, la gran dama y el hombre de ciencia autodidacto, fue bendecida por el nacimiento del Superhombre, del ser que aguardan día y noche todos los obreros de Battersea. Encontré, sin mayor dificultad, la casa del doctor Hagg: está ubicada en una de las últimas calles de Croydon y la domina una fila de álamos. Llegué a la hora del crepúsculo y es comprensible que me pareciera advertir algo oscuro y monstruoso en la indefinida mole de aquella casa que hospedaba a un ser más prodigioso que todos los seres humanos. Fui recibido con exquisita cortesía por Lady Hypatia y su esposo, pero no vi en seguida al Superhornbre, que ya ha cumplido los quince años y vive solo en una pieza apartada. Mi diálogo con los padres no aclaró del todo la naturaleza de esa misteriosa criatura. Lady Hypatia, que tiene un rostro pálido y ansioso, ostentaba esos grises y medias tintas con los que ha dado alegría a tantos hogares pobres


en Hoxton. No habia del fruto de su vientre con la vanidad vulgar de una madre humana. Tomé una decisión audaz y pregunté si el Superhombre era lindo. -Crea su propio canon, como usted sabe -respondió con un leve suspiro-. En ese plano es más bello que Apolo. Desde nuestro plano inferior, por supuesto... -y volvió a suspirar. Tuve un horrible impulso y dije de golpe: -¿Tiene pelo? Hubo un silencio largo y penoso. El doctor Hagg dijo con suavidad: -Todo en ese plano es distinto: lo que tiene no es... lo que nosotros llamaríamos pelo, aunque... -¿No te parece -murmuró su mujer-, no te parece que, para evitar discusiones, conviene llamarlo pelo, cuando uno se dirige al gran público? -Quizá tengas razón -dijo el doctor, después de un instante-. Tratándose de pelo como ése hay que hablar en parábolas. -Bueno, ¿qué diablos es -pregunté con alguna irritación- si no es pelo? ¿Son plumas? -No plumas, según nuestro concepto de plumas -contestó Hagg con una voz terrible. Me levanté, impaciente. -Sea como fuere, ¿puedo verlo? -pregunté-. Soy periodista y sólo me traen aquí la curiosidad y la vanidad personal. Me gustaría decir que he estrechado la mano del Superhombre. Marido y mujer también estaban de pie, muy incómodos. -Bueno, usted comprenderá -dijo Lady Hypatia con su encantadora sonrisa de gran dama-. Usted comprenderá que hablar de manos... su estructura es tan diferente... Olvidé todas las normas sociales. Arremetí contra la puerta del aposento que encerraba sin duda a la criatura increíble. Entré: la pieza estaba a oscuras. Oí un triste y débil gemido; a mi espalda retumbó un doble grito: -¡Qué imprudencia! -exclamó el doctor Hagg, llevándose las manos a la cabeza-. Lo ha expuesto a una corriente de aire. ¡El Superhombre ha muerto!
Esa noche, al salir de Croydon, vi hombres enlutados cargando un féretro que no tenía forma humana. El viento se quejaba sobre nosotros, agitando los álamos, que se inclinaban y oscilaban como penachos de algún funeral cósmico. G. K. Chesterton
EL DESPERTAR DEL REY Agentes franceses en el Canadá, después de la derrota de sus armas, en 1753, divulgaron entre los indios la información de que el rey de Francia había quedado dormido durante los últimos años, pero que acababa de despertar y que sus primeras palabras fueron: «Hay que arrojar inmediatamente a los ingleses que se han metido en el país de mis hijos rojos.» La noticia cundió por todo el continente y fue una de las causas de la famosa conspiración de Pontiac. H. Desvignes Doolittle, Rambling Thoughts on World History (Niagara Falls, 1903).
MUERTE DE UN JEFE Derrotadas las lanzas de Cacharí por la tropa de línea, éste quedó por muerto en las márgenes de la laguna que hoy lleva su nombre. Cuentan los vecinos que durante dos días y dos noches el cacique, enloquecido y moribundo, gritaba como para proseguir la pelea: "Aqui está Cacharí, Cacharí, Cacharí". León Rivera, Bocetos de un asistente (La Plata, 1894).
EL AVISO En una de las antiguas guerras de Escocia, el jefe del clan de los Douglas cayó en manos del enemigo. Al otro día llevaron a su habitación en la torre, una cabeza de jabalí en una fuente. Douglas, al verla, comprendió que su suerte estaba sellada. Esa noche lo decapitaron. George D. Brown, Gleanings in Caledonian byways (Dunbar, 1901).
LA EXPLICACION


El implacable escéptico Wang Ch'ung negó la estirpe del fénix. Declaró que así como la serpiente se convierte en pez y la laucha en tortuga, el ciervo, en épocas de paz y de tranquilidad, se convierte en unicornio y el ganso en fénix. Atribuyó estas mutaciones al "líquido propicio" que, 2356 años antes de la era cristiana, hizo que en el patio del emperador Yao creciera césped de color escarlata. Enwin Broster, Addenda to a History of Freethinking (Edimburgo, 1887).
UN MITO DE ALEJANDRO ¿Quién no recuerda aquel poema de Robert Graves, en el que se sueña que Alejandro el Grande no murió en Babilonia, sino que se perdió de su ejército y fue internándose en el Asia? Al cabo de vagancias por esa geografía ignorada, dio con un ejército de hombres amarillos y, como su oficio era la guerra, se alistó en sus filas. Así pasaron muchos años y en un día de paga, Alejandro miró con algún asombro una moneda de oro que le habían dado. Reconoció la efigie y pensó: yo hice acuñar esta moneda, para celebrar una victoria sobre Darío, cuando yo era Alejandro de Macedonia. Adrienne Bordenave, La modificntion du Passé ou la seule base de la Tradition (Pau, 1949).
LA FUERZA DE LA FE Cuando las tropas del duque de Orléans sitiaban Zaragoza, el clero de la ciudad persuadió a los pobladores que tales tropas eran apariencias producidas por un sortilegio. Voltaire, Le Siècle de Louis XIV.
LA OBRA Y EL POETA El poeta hindú Tulsi Das compuso la gesta de Hanuman y de su ejército de monos. Años después un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo libertaron. R. F. Burton, Indica (1887)
EUGENESIA Una dama de calidad se enamoró con tanto frenesí de un tal señor Dodd, predicador puritano, que rogó a su marido que les permitiera usar de la cama para procrear un ángel o un santo; pero, concedida la venia, el parto fue normal. Drummond, Ben Ionsiana (c. 1618).
LA MENDIGA DE NAPOLES Cuando yo vivía en Nápoles, había en la puerta de mi palacio una mendiga a la que yo arrojaba monedas antes de subir al coche. Un día, sorprendido de que no me diera nunca las gracias, miré a la mendiga; entonces vi que lo que había tomado por una mendiga más bien era un cajón de madera, pintado de verde, que contenía tierra colorada y algunas bananas medio podridas. Max Jacob, Le Cornet à Dés (1917)
OMNE ADMlRARI Macedonio Fernández está en lo de Dabove. Hay un perro debajo de la mesa. Macedonio observa: -Qué inteligente es este perro. No confunde mi mano con un pedazo de carne. Es un fuerte intelectual, che. Estanislao González, Apuntes de un vecino de Morón (Morón, 1955).
CADA HOMBRE ES UN MUNDO Don Miguel de los Santos Alvarez tiene motivos particulares para no creer en la riqueza. El resultado de sus meditaciones a este respecto es la convicción de que andan por ahí veinticinco duros y algunos diamantes que van dando la vuelta al mundo de mano en mano. Los primeros los ha tenido en la suya una vez, según asegura. A los segundos no los conoce más que de vista, todavía.

viernes, 6 de abril de 2012

La viuda de Borges demanda al autor de la versión 'engordada' de El Aleph



María Kodama, viuda de Borges.| Juan M. Espinosa
María Kodama, la viuda de Jorge Luis Borges, ha presentado una demanda judicial por plagio contra Pablo Katchadjian, autor de El Aleph Engordado, una versión ampliada del reconocido cuento del fallecido escritor argentino.
Kodama ha demandado al autor argentino, de 34 años, por supuesta infracción de la ley de propiedad intelectual, un cargo que contempla penas de hasta seis años de cárcel, precisa el diario Clarín.
Katchadjian, propietario de la editorial Imprenta Argentina de Poesía (IAP), intervino el cuento El Aleph, escrito por Borges (1899-1986), agregándole más de 5.000 palabras.

"Toma todo el cuento sin pedir autorización. Si uno usa algo que no es propio, lo mínimo que puede hacer es pedir permiso", ha señalado Kodama.

Katchadjian, autor de El Martín Fierro ordenado alfabéticamente y Qué hacer, sostiene en su libro, en cambio, que "el texto de Borges está intacto pero totalmente cruzado" por el suyo.

sábado, 13 de agosto de 2011

ENTREVISTA: 25 AÑOS DE LA MUERTE DE BORGES MARÍA KODAMA

"Que digan que yo altero la obra de Borges no tiene perdón de Dios"

JUAN CRUZ 13/08/2011
La viuda del escritor recuerda su vida junto al autor de Ficciones y se defiende de los continuos ataques contra ella

Hay un libro, Atlas, que la editorial Sudamericana publicó con fotos en 1984, dos años antes de la muerte de Jorge Luis Borges, en el que el escritor ciego describe, con la colaboración de su mujer, María Kodama (Argentina, 1945), un viaje en globo. Es un libro simbólico, como todos los de Borges, pero en este caso, esa unión, que fue sentimental y literaria a partes iguales, entre él y Kodama queda sellada en la forma más borgiana posible: lo que vio, no viendo, gracias a ella. "En el grato decurso de nuestra residencia en la tierra", escribe Borges en el prólogo, "María Kodama y yo hemos recorrido y saboreado muchas regiones, que sugirieron muchas fotografías y muchos textos. (...) María Kodama y yo hemos compartido y con asombro", finaliza el autor de El Aleph, "el hallazgo de sonidos, de idiomas, de crepúsculos, de ciudades, de jardines y de personas, siempre distintas y únicas. Estas páginas querrían ser monumentos de esa larga aventura que prosigue". Veinticinco años más tarde ese libro sigue siendo como una metáfora y un testimonio a la vez. Lo evocamos con ella al tiempo que le preguntamos por su sentimiento ahora hacia el hombre al que vivió ligada casi desde que lo conoció, a los 12 años, cuando fue a escucharle dar una conferencia.
    "Su imaginación era su mirada. Las lecturas que había tenido eran sus ojos, su forma de ver era su manera de haber leído..."
    PREGUNTA. Veinticinco años desde que acabó el viaje físico, la cercanía con Borges. ¿Qué supone para usted este viaje?RESPUESTA. Borges entró en el gran mar, como llamaban a la muerte los florentinos. Lo que él me dio fue algo muy importante para una persona como yo, que era muy, muy tímida. Asistí a una conferencia. Yo tenía 12 años y la sala estaba colmada de gente. Vi a este señor que entraba y sentí que era tanto o más tímido que yo y ahí pensé que yo podía acercarme, aprender, él me podría enseñar... Pensé: "Si este señor puede hablar delante de toda esta gente yo también voy a poder dar un día una clase". Lo que me dio, y me siguió dando, fue la convicción de que era posible realizar mi vocación, enseñar, hacer lo que verdaderamente quería hacer.

    P. Ese viaje ha seguido después de su muerte. Pero, ¿cómo fue en vida?R. Fui descubriendo su pasión por la literatura, su pasión por los idiomas, que compartíamos... Y fue maravilloso compartir también la pasión por las artes... Él decía que mi padre me había educado para él, porque me había llevado a los museos, me regalaba libros de arte apenas tuve uso de razón... Y Borges conocía bien los museos desde los tiempos en que estuvo en Europa. Él y yo rehicimos ese larguísimo viaje que en realidad fue nuestra vida alrededor del mundo, yendo a los lugares donde él había estado antes, ante los cuadros que él recordaba, rememorando escenas de obras que él había visto... Era maravilloso redescubrir su mundo, hacerlo mío mientras hacíamos este largo viaje que fue la vida con él.

    P. Usted fue los ojos de Borges para la literatura.R. Estudiamos primero anglosajón, después empecé a leerle en inglés y luego él me enseño a pronunciar en alemán para poder leerle en esa lengua. Por la mañana, Borges dictaba a la persona que llegaba, un periodista o un estudiante, y por la tarde él y yo releíamos eso que él había dictado. Él lo iba puliendo, era un fascinante proceso que cada día fue más acentuado, más productivo, más cercano.

    P. Ese viaje en globo. ¿Cómo asumía él esa aventura intensa pero paradójica?R. Con entusiasmo... Un día yo estaba buscando otra cosa en una guía telefónica y encontré una entrada que decía: "Viajes en globo. Compañías". Se lo comenté e inmediatamente él evocó a Julio Verne. Su imaginación era su mirada, sus ojos, las lecturas que había tenido eran sus ojos, su forma de ver era su manera de haber leído... Así que un viaje en globo entonces no era paradójico, no, era su modo de cumplir sueños.

    P. ¿Hubo algún límite a su curiosidad?R. No. Yo jamás lo consideré a él una persona muy mayor o una persona que no veía, es decir, ciega; para mí justamente era lo contrario. Cuando yo tenía 16 años, él tenía 18 para mí: Borges era la compañía para la diversión, para la aventura. Era totalmente diferente a esa imagen que han dado siempre de él. También podía dar esa imagen que se tiene de él cuando está en público, con otros, pero Borges era verdaderamente otro cuando estaba en la intimidad.

    P. ¿Cómo asumió él los últimos tiempos?R. Con un espíritu magnífico. Él sabía que se iba a morir. Pero aceptó una gira por Italia. Estuvimos allí antes de ir a Ginebra, y vivimos un tiempo muy gozoso, era una compañía magnífica y lo pasamos muy bien... Vivimos una vida plena, a pesar de todo lo que dice gente que vive difamándome, ¿no es cierto?, gente que ha trazado toda una atmósfera siniestra en torno a mi persona de una manera verdaderamente vergonzosa. Esas difamaciones de las que le llegaron ecos sí lo mortificaron en sus últimos tiempos... Pero, bueno, toda esa gente quedó destruida a través de los juicios que he hecho en los que, por supuesto, no pudieron probar las cosas absurdas de mí o de mi comportamiento con respecto a él... Él era una persona libre que me eligió; sé que eso ha dado muchísimo fastidio, pero no fastidio por amor, es fastidio por avidez, fastidio por deseo de notoriedad, fastidio porque quieren ser él y no pueden serlo, no llegan a serlo, nadie va a llegar a serlo.

    P. Esa atmósfera que describe le afectaba ya en los tiempos de Borges, pero ahora es más explícita mostrando su desagrado. ¿Cómo ha cambiado?R. Bueno, he cambiado gracias a mi abogado francés, porque mis amigos me decían prácticamente lo mismo pero desde el cariño y la amistad. Pero el abogado francés me hizo ver, y me lo dijo de una manera muy dura y muy cruda, que yo tenía que cambiar porque si yo dejaba que los otros hablaran, dejaba que personas totalmente espantosas que están con un proceso penal por estafas a la propiedad intelectual, personas despechadas... y yo no decía nada porque fui criada de otra manera... En fin. El abogado me hizo ver que yo tenía que cambiar y mis amigos están muy contentos porque dicen que estoy dejando de ser extraterrestre para convertirme en una persona humana y normal que reacciona y que dice las cosas cuando tiene que decirlas y me dicen que no las digo con la suficiente agresión, que necesito hacer salir la agresión.

    P. ¿Y cómo se siente en esa situación de terráquea que ha bajado del globo? ¿Cómo ve el mundo que tiene alrededor?R. Bueno, realmente por un lado lo veo maravilloso. Pero también hay esas barbaridades que uno lee en la prensa, por ejemplo en España... Los periódicos españoles realmente han sido excelentes conmigo, pero también hay algunas personas totalmente descastadas que dicen y hablan y escriben y no hacer honor al oficio de periodistas porque ni son periodistas... Pero yo dejo de lado eso, y así he logrado sobrevivir sin que me perturben, haciendo el trabajo que yo debo hacer que no es otro que el cuidado permanente de la obra de Borges. Así que yo dedico mi vida al cuidado de esa obra. Y si hay alguien que dice que yo altero esa obra no tiene perdón de Dios ni del demonio ni de nadie, y el mío tampoco lo va a tener.

    P. ¿Qué nos da a los lectores esa obra que usted cuida? ¿Qué metáfora encierra?R. La metáfora sería ese laberinto. Borges da a la gente que es sensible aunque no entienda intelectualmente su obra, a la gente que pueda sentir la belleza y la sutileza de sus sentimientos. Yo creo que Borges da eso y esa metáfora sería esa inauguración en Venecia, que fue realmente de una impresionante poesía. Esa es la contrapartida de toda esa bajeza que acabo de explicarle, y esa belleza es lo más importante para mí, es lo que me alimenta... Es una persona que jamás se traicionó a sí misma, jamás se vendió por nada. Y eso creo que para las nuevas generaciones es un faro, es una antorcha, es algo que no debe dejarse caer, y por eso su obra es inmortal. Trabaje o no trabaje yo en ella y tenga lo que dicen muchos ese purgatorio en que ya el escritor no está físicamente y queda como olvidado... Eso hubiera ocurrido con Borges, posiblemente, de no haber estado yo para que además de esa obra maravillosa se sienta una presencia digamos casi física de él en el mundo.

    P. Usted lo ha salvado del purgatorio.R. Lo he salvado del purgatorio... A él le encantaba Dante. Y me hablaba del infierno, del purgatorio y del paraíso en la obra de Dante. Y a veces decía que él prefería el infierno conmigo que el paraíso con Dios... Yo soy agnóstica, pero yo creo que hay ahí como una luz que dejó él, una energía, un punto en el espacio. Frente a las cosas viles, puedo bajar el yelmo, cubrirme, protegerme, salir adelante, porque al final de la ruta hay una luz o una energía y allí también yo me reencontraré con él.

    P. Usted decía que es la mitad de su alma. ¿Y cómo era el alma de Borges? ¿Cómo era Borges?P. Pues era divino porque estaba lleno de sentido del humor, era irónico, leíamos mucho, paseábamos y era una persona que estaba siempre dispuesta, de una humildad absoluta, los chóferes de taxi en Buenos Aires lo adoraban porque subía al taxi y les preguntaba: ¿la vida está cara?, por la familia, ¿cuántos hijos tiene?... Era una persona que entablaba fácil relación con la gente y esa era una relación desde un punto de vista digamos humano, muy lindo y de una humildad extraordinaria.

    P. ¿Usted tiene la impresión de que Borges sigue siendo en parte un desconocido?R. Él es conocido como si fuera un icono. Él decía: "A mí me conoce todo el mundo por las entrevistas, por lo que digo, por las polémicas que despierto, pero mi obra no la leen". Y, en general, el hecho de que hayan creído que ese poema Instantes es de Borges, ya eso demuestra que no han leído ni una línea de él. Pero al mismo tiempo hay todo un nivel de gente que estudia literatura, que ha leído toda su vida y que tiene un real entusiasmo en la obra de Borges. Lo que sucede también es que no hay un criterio para hacer que los chicos entren en su lectura, entonces eligen obras que son espléndidas, pero que como estilo y vocabulario no pueden estar al nivel de chicos que tienen 14 años y nunca han leído.

    Borges en el corazón

    El escritor argentino, Jorge Luis Borges- FERDINANDO SCIANNA / MAGNUM

    GAY TALESE 13/08/2011 El País
     
     
     
    "Ahora, todo el mundo está en mi interior", decía el escritor cuando la ceguera le iba permitiendo aislarse paulatinamente de las interferencias del mundo. A los 25 años de su muerte, el gran cronista estadounidense Gay Talese rememora la entrevista en la que lo conoció en Nueva York.

    Lo que sigue es la reproducción del relato que escribí de mi única entrevista con Borges, que tenía entonces 62 años (y su madre, de 85), que llevamos a cabo en un hotel de Nueva York (creo que era el Algonquin, en la Calle 44 Oeste) y se publicó en The New York Times el 31 de enero de 1962. En aquella época, yo tenía 30 años y era redactor del Times; aquel día mi redactor jefe me ordenó que fuera a entrevistar a Borges, cuya obra conocía por supuesto; me sentí ligeramente nervioso ante la perspectiva de conocer a la gran figura literaria en persona.
    Nos encontramos en el vestíbulo del hotel, a la hora acordada, y, aunque yo sabía que era ciego, lo primero que me impresionó fue su aparente estado de alerta, la impresión que daba de enterarse de todo, sentado muy recto en una silla tapizada de respaldo alto, desde donde parecía observar las idas y venidas de docenas de huéspedes que recorrían el ruidoso vestíbulo. Junto a él se sentaba su madre, que, a pesar de tener 85 años, no aparentaba más de 60 y que, podría añadir, era de una belleza asombrosa para tener cualquier edad. Pensé que no podía haber sido más bella ni cuando tenía 25 años; porque, a los 85, irradiaba una vitalidad y una energía intemporales, y la suave piel de su rostro era la de una mujer bien conservada que (no me cabía la menor duda) debía de dedicarse a diario a mantener su atractivo; seguro que pasaba horas delante de un espejo con el fin de satisfacer su deseo de representar la perfección para todas las personas con las que se encontrase. Durante la entrevista que hice a su hijo, no pude evitar mirarla mientras nos escuchaba y, a veces, introducía alguna palabra para subrayar lo que estaba diciendo él.
    La entrevista no duró más de media hora; he aquí, reproducido, el artículo que escribí en aquella memorable ocasión, en 1962, cuando conocí a Borges y a su inolvidable madre.

    Como su padre y su abuelo, su bisabuelo y su tatarabuelo, Jorge Luis Borges se ha quedado poco a poco ciego. Pero hasta la ceguera, dice, tiene ventajas.
    "Antes, el mundo exterior interfería demasiado", me decía este intelectual argentino de 62 años ayer en Nueva York. "Ahora, todo el mundo está en mi interior. Y veo mejor, porque puedo ver todas las cosas que sueño. Fue una ceguera gradual, nada trágica", continuó. "Si uno se queda ciego de pronto, el mundo se le hace añicos. Pero si primero pasa por un crepúsculo, el tiempo fluye de manera diferente. No es preciso hacer nada. Uno puede quedarse sentado. Las personas ciegas tienen mucha dulzura. Las sordas, en cambio, no. Las personas sordas son muy impacientes. A veces, la gente se ríe de los sordos. Nadie se ríe de un ciego".
    "El jueves", dijo el doctor Borges, "doy una conferencia en... ¿En? ¿Cómo se llama ese sitio?".
    "Yale", dijo su madre.
    "Eso es, Yale", siguió él. "Voy a hablar sobre William Henry Hudson, un escritor inglés nacido en Argentina. Y el 6 de febrero, estaré en Harvard. El 12 de febrero, en la Universidad de Columbia. Y el 14 de febrero, en Princeton. Hablaré de clásicos argentinos como el magnífico poema Martín Fierro, que trata de un gaucho y fue escrito en 1872 por Hernández. El gaucho es un personaje realista pero poco romántico; también presentaré al otro gran poeta argentino, Lugones, que tradujo a Homero al español".
    Durante toda su gira de conferencias, el doctor Borges contará con la ayuda de una memoria extraordinaria, casi absoluta -otra consecuencia de la ceguera-, y de su madre, que, a sus 85 años, parece tan dinámica y se conserva tan bien como una de esas atractivas mujeres de 60 años dadas al narcisismo, algo que no parece ser el caso de la señora Borges. La madre de Borges, como su hijo, pasó la mayor parte de sus años prerrevolucionarios en Buenos Aires luchando contra Juan Perón, y en una ocasión pasó una semana en la cárcel por participar en una manifestación contra él.
    "Los escritores sufrieron mucho con el dictador", asegura el doctor Borges, aunque igual de mala era la situación en Argentina hace 30 años, "cuando nos leíamos las obras y nos lavábamos la ropa unos a otros". Pero hoy los escritores han progresado, y en especial él. Es autor de 30 libros de ensayo, poesía y relato, y su primera recopilación traducida al inglés saldrá publicada esta primavera en New Directions, bajo el título Labyrinth.
    "No creo que Perón supiera que había literatura en su país", opina el doctor Borges. "Nos puso todos los obstáculos posibles, pero lo que más le importaba, en realidad, era agitar a todo el mundo en contra de Estados Unidos y mandar a la gente a la cárcel".
    Aunque el doctor Borges no puede adivinar las consecuencias a largo plazo de la última reunión de la Organización de Estados Americanos en Punta del Este, Uruguay, dice que, "por desgracia", Fidel Castro parece afianzado, y "los comunistas son muy listos".
    "Los estadounidenses son siempre unos incomprendidos", añade. "Si dan dinero, la gente piensa que es un soborno. Si no lo dan...", reflexiona, "quizá sea mejor".

    La madre del doctor Borges miró su reloj y le recordó que tenían una cita en otro lugar unos minutos después. Me puse de pie, les di la mano a los dos y les agradecí que me hubieran dedicado su tiempo. Volví corriendo al edificio de The New York Times, que estaba a solo dos manzanas, con la esperanza de escribir algo que hiciera justicia al rato que había pasado con aquel extraordinario hombre de letras y su madre. También pensé en lo que había dicho sobre las personas ciegas, sobre todo esta frase inolvidable: "Ahora, todo el mundo está en mi interior... Y veo mejor, porque puedo ver todas las cosas que sueño".


    Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. Gay Talese (Ocean City, Nueva Jersey, 1932) ha publicado recientemente en España Honrarás a tu padre (traducción de Patricia Torres Londoño. Alfaguara. Madrid, 2011. 640 páginas. 21.50 euros) y el año pasado Retratos y encuentros (Alfaguara) y La mujer de tu prójimo (Debate).

    sábado, 11 de junio de 2011

    Documental sobre Jorge Luis Borges



    Jorge Luis Borges en lenliblog

    Entrevista a Jorge Luis Borges en el programa A Fondo de TVE (1980)



    Jorge Luis Borges en lenliblog
    Borges se agranda después de Borges

    Jorge Luis Borges

     

    Jorge Francisco Isidoro Luis Borges (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899 – Ginebra, 14 de junio de 1986) fue un escritor argentino, uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y en el pensamiento humano, ha sido objeto de minuciosos análisis y de múltiples interpretaciones, trasciende cualquier clasificación y excluye cualquier tipo de dogmatismo.



    Otros enlaces de interés:

    Borges se agranda después de Borges

    En el 25º aniversario de su muerte, la obra del escritor mantiene su plena vigencia - Un seminario y una batería de novedades literarias celebran su perenne influencia



    ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid - EL PAÍS - Cultura - 11-06-2011

    La muerte en Ginebra, hace ahora 25 años, del escritor argentino Jorge Luis Borges despojó a la literatura hispanoamericana probablemente de su más célebre icono. Su popularidad y ascendente contaban entonces con pocos rivales. Curiosamente, el tiempo ha jugado en su favor. Y hoy, cuando se reedita en España buena parte de sus libros, su obra sigue siendo un faro que ilumina a las nuevas generaciones. Su manera de escribir, tanto como su manera de leer, su audacia a la hora de borrar las fronteras entre los géneros, de hacer poemas-ensayos, cuentos-poemas o ensayos-cuentos, en definitiva de pasar por alto la dicotomía ficción-no ficción, le convirtieron en un profeta del devenir de la literatura moderna.



    Borges murió el 14 de junio de 1986, a los 86 años. No fue una casualidad ir a Ginebra para morir, una ciudad con la que tenía lazos de la infancia. Borges no quiso volver a Buenos Aires ante el temor de que su agonía se convirtiera en un espectáculo nacional. La idea le aterró de tal manera que cuando supo que estaba enfermo de cáncer, durante una gira por Italia, le pidió por favor a su mujer, María Kodama, que no dijera nada y que volaran a la ciudad suiza. Ya allí le comunicó su intención de quedarse hasta el final. Sin embargo, su recta final no fue la de hombre resignado. Durante los meses que pasó esperando a la muerte se dedicó a estudiar árabe. Así ha recordado aquellos días su viuda durante un homenaje al escritor celebrado en la Casa de América de Madrid. También participaron, entre otros, los escritores Ricardo Piglia y Alberto Manguel, el poeta Luis García Montero, el biógrafo de Borges Marcos Ricardo Barnatán y el crítico Ignacio Echevarría.



    Borges fue un escritor enormemente mediático, probablemente uno de los primeros en convertirse en una celebridad literaria, pero su fama nunca se correspondió en número de lectores. "Esa era una sensación que él ya tenía y que por desgracia quedó corroborada después de su muerte", afirma Kodama. Entre las estrategias comerciales para ganar lectores de Borges está la compra hace un año por parte de Random House Mondadori de los derechos de los 54 libros de su obra. Siempre editado en España por Emecé y Alianza, Borges pasaba así, en bloque, a otras manos después de una negociación capitaneada por Andy Wylie El Chacal, su agente. "Tenemos también los derechos digitales, y eso en Borges será muy importante", señala un directivo de Random House que niega que Borges no se lea: "Se vende mucho, sobre todo dos o tres obras suyas". Mientras en Argentina se ha optado por lanzar las obras completas y la edición de bolsillo, en España, de momento, se han editado los cuentos completos y la poesía completa (ambas en Lumen) y, en Debolsillo, Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph, El libro de arena, Historia de la eternidad y, en un solo volumen, Inquisiciones y Otras inquisiciones. En otoño, se sumarán Miscelánea, y en un estuche de tres volúmenes Textos recobrados.



    Paralelamente, otras editoriales se han sumado a esta ola de reediciones a su manera. Nórdica con Kafka Borges, una edición ilustrada tipográficamente que incluye varios relatos de Borges para los que Kodama dio los derechos o, en Alfaguara, Cuentos memorables según Jorge Luis Borges, una antología inspirada en una entrevista del escritor.



    Pero la voz de Borges va más allá del propio Borges. Escritor de escritores, solo entre las novedades de los últimos tiempos se encuentra Help a él (Periférica), esa precuela de El Aleph del recientemente fallecido Roberto Fogwill, escritor que podría presentarse como la Némesis del propio Borges, o El hacedor de Borges. Remake, de Agustín Fernández Mallo (Alfaguara). Para el líder de la llamada generación nocilla, Borges es "el grado cero de la literatura". "En él se concentra toda la literatura anterior, lanzando una nueva literatura que llega a nuestros días. Tiene vida. Por su carácter poliédrico, sugerente. Puede ser estudiado desde las matemáticas, la astrología, la semiótica. Leí El hacedor con 18 años y me abrió un mundo desconocido".



    "Fue muy útil para nosotros el modo en que se resistió al estereotipo sobre qué tipo de escritor era", afirma Ricardo Piglia. "Era muy latinoamericano y muy poco latinoamericano a la vez. ¿Borges cuentista, Borges poeta, Borges lector? Es lo mismo, aunque lo dividamos para entendernos. Avanzó en algo que mezcla ficción y autobiografía, eso que ahora se encuentra en Magris o Sebald o en muchos otros y que él lo hizo ya en los años cuarenta". Es lo que Alberto Manguel denomina AdB y DbB. "Existe la Literatura Antes de Borges y la Literatura Después de Borges. Borges creó su obra a medida que la iba leyendo e iba leyendo a medida que creaba su obra. Dio el poder al lector, el poder de decir qué es lo que estamos leyendo".


    Kodama y el inesperado estudiante de árabe




    Se sabe poco de la intimidad de Borges, y, menos aún, de la de sus días finales. La viuda, María Kodama, aprovechó estos días su presencia en Casa América para desvelar a una legión de fieles lectores borgianos algunos detalles poco conocidos de la coda vital del que fue su marido. "Para Borges la intimidad era sagrada, él se autodenominaba como un caballero del siglo XIX. Y fue ese pudor lo que le llevó a querer morir en Ginebra. No quería ver su agonía empapelando su ciudad [Buenos Aires]", relató Kodama.



    Como prueba de su insaciable y legendario apetito intelectual, Kodama recordó que el escritor "pasó sus últimos días estudiando árabe". "Él quería que continuáramos nuestros estudios del japonés, pero no encontré ningún profesor a domicilio. Buscando al japonés vi el anuncio de un egipcio de Alejandría que enseñaba árabe. A Borges le animó la idea. Le llamé sin más, sin reparar en que eran las once de la noche, que en Suiza es como las cuatro de la madrugada en el resto del mundo, y le di todo tipo de explicaciones porque no podía tener un no por respuesta. Yo estaba desesperada. Le cité el fin de semana en el hotel. Cuando le abrí la puerta y vio a Borges se puso a llorar. '¿Pero por qué no me lo dijo?', me preguntó entre sollozos. 'He leído toda la obra de Borges en egipcio'. Yo no le dije nada porque quería que fuera el destino el que decidiera, no quería decirle que las clases eran para Borges, prefería que pensara que yo era solo una señora loca. Aquel profesor le dedicó horas bellísimas en los últimos días de Borges, dibujando en su mano las preciosas letras del alfabeto árabe. Bebíamos té, hablábamos. Lo pasamos divino".



    Borges murió un 14 de junio de hace 25 años. Y ahora sabemos que entre todos los saberes que se extinguieron con él se contaba también un incipiente conocimiento de árabe.

    jueves, 2 de junio de 2011

    Poesía de Borges (Biblioteca básica de Radio 5 - 28/05/11)





     La Poesía completa de Borges es el contrapunto a su obra narrativa, transita por los mismos caminos que sus cuentos y ensayos. Aquí se encuentran los diversos Borges desde sus primeras incursiones en la poesía. El último poemario, Los conjurados, de 1985, se lo dedica a María Kodama, su mujer.


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