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sábado, 22 de septiembre de 2012

'Zozobras de un padre al comienzo del curso' por Isaac Rosa (en Cuarto poder)

Isaac Rosa *

No me parece mal que los toros vuelvan a TVE en horario infantil. Es más: deberían echar las corridas directamente en Clan, entre Peppa Pig y Dora la Exploradora. Más que nada porque así más de un niño descubrirá una vocación, la de torero, que puede acabar siendo una profesión con futuro en un mercado laboral arrasado como el nuestro, y en un sector, el taurino, que recibe generosas subvenciones públicas en tiempo de recortes.
O eso, o los apuntamos a extraescolares por la tarde para que aprendan alemán, esos cursos de alemán básico que Esperanza Aguirre ofrecerá a los parados para que sepan pedir trabajo al llegar a Berlín, y que ya podía hacer extensibles a los escolares. Eso sí: alemán “básico”, lo justo para las cuatro frases que necesitarán en los empleos basura que les esperan allí.
Disculpen mi humor, pero soy padre con hijas en colegio público, y el lunes comenzamos el nuevo curso. Y por más que lo intento, no consigo quitarme de encima la sensación fúnebre de cordero camino del matadero, peor además desde el momento en que no soy yo sino mis hijas las que siguen ese camino.
Imagino que son muchos los padres que estos días comparten esa zozobra: la de pensar qué va a ser de nuestros hijos en un sistema educativo en proceso de desguace. Sólo este año, la ausencia de miles de interinos, las peores condiciones del profesorado (con más horas, menos sueldo y menos medios), la falta de los recursos más elementales, el aumento de tasas y la desaparición de becas, que se suman a los recortes que ya se hicieron el curso anterior, suponen un duro golpe a un sistema educativo que no estaba precisamente sobrado.
Sí, es cierto que a muchos nos tranquiliza conocer profesores que se dejan la piel y más, y que con su entrega compensan algunas de esas carencias. Pero yo no quiero profesores superhéroes, sino un sistema suficiente que no deje la educación de tus hijos a la suerte de encontrar un profesor heroico.
Digámoslo claro, con todas las letras: se están cargando la educación pública. Y esto no tiene que ver con la crisis, sino con un proyecto ideológico. El daño puede ser enorme, irreversible si no somos capaces de frenarlo pronto, porque aceleraría una espiral de deterioro que forma parte de sus intenciones: cuanto peor esté la educación pública, más padres huirán a una privada concertada que, aunque también afectada por la crisis, conserva sus privilegios; y cuantos más abandonen la pública, menos recursos habrá para esta.
Por eso a mí me cuesta escribir sobre los recortes en educación: porque no quiero contribuir a ese efecto huida, no quiero convertirme en propagador del mensaje que interesa a nuestros gobernantes, el mensaje que estos días recibimos todos los padres con hijos en centros públicos: “arranca el curso más conflictivo”, “la educación, herida de muerte por los recortes”, “los expertos vaticinan un aumento del fracaso escolar”, “el desmantelamiento de la enseñanza pública”, “la vuelta al cole más caliente”. Esos son los titulares que estos días leemos y escuchamos los padres pocas horas antes de dejar a nuestros queridos hijos en la puerta del colegio. Mensaje recibido.
Y es que estos días abundan los mensajes a los ciudadanos. A los jóvenes: lárgate de España, aquí no hay futuro (a lo que contribuyen los formatos televisivos Españoles en el mundo, esos compatriotas tan felices en otros países). A los pacientes: hazte un seguro médico privado, que la sanidad pública va a retroceder décadas con los recortes. A los trabajadores: no esperes encontrar una pensión cuando te jubiles, yo que tú me haría un plan privado (como si estos planes no hubiesen salido más que tocados con la crisis). Y, como decía, a los padres: llévate a tus hijos al concertado del barrio, que la pública se va a pique.
Nos enfrentamos al reto de concienciar a los ciudadanos sin espantarlos, sin contribuir a ese efecto huida. Informar del desguace del Estado de Bienestar sin llevarnos a un estado de pánico y resignación que nada ayuda a resistir. Convencernos de que es ahora el momento de apretar, de defender lo público con coherencia, porque más tarde ya será irreversible. Y porque si no asumimos nuestra responsabilidad en defender esas conquistas sociales que han costado décadas de lucha y sufrimiento, estaremos condenando a nuestros hijos a elegir entre ser toreros o irse a Alemania.
(*) Isaac Rosa es escritor y columnista.

miércoles, 4 de julio de 2012

Nuestro paso por la Pública - Yo Estudié en la Pública




Sale ¡por fin! El segundo de los vídeos de esta primera serie: “Nuestro paso por la pública”.

Sale en momentos difíciles en los que, más que nunca, es necesaria la defensa, como siempre en primera persona, de una educación pública de calidad.


“Porque apoyar la educación pública es, hoy, apoyar la igualdad, y, fundamentalmente, una sociedad más justa, una sociedad
más pacífica, una sociedad (que no es poco) culta.” Sam Näir en “Nuestro paso por la pública”



Ciudadan@s por la Educación pública.

sábado, 16 de junio de 2012

Reflexiones de la directora de un instituto de Andalucía


En mi centro, hay un grupo de profesores que se ponen camisetas verdes “en defensa de la enseñanza pública”, participan en todas las jornadas de huelga, organizan lúdicos actos de protesta en los recreos, decoran las fachadas del instituto con enormes tijeras verdes de cartón y… a final de curso, se llevan a sus tutorandos a Isla Mágica, a pasar el día. Permitidme que os hable desde el corazón, en este foro, a los que pensáis como yo, y a los que no pensáis, a los que os sentís como yo, o a los que aún tenéis esperanza en que esta situación que nos ha estallado en las narices aún tiene remedio. Permitídmelo, y disculpadme si alguien se siente ofendido o incomprendido, pero en alguna parte tengo que desahogarme. Y es que, cuando veo hacer eso a algunos compañeros, siento ganas de gritar y a veces hasta de llorar. Creo sinceramente que esa clase de actuaciones nos precipita cuesta abajo y sin freno en el camino hacia el derrumbe.

Me pregunto dónde está el sentido de la profesionalidad y la solidaridad en un colectivo que dice defender la enseñanza pública, al tiempo que olvida que, en esa defensa, es vital que empecemos por defendernos a nosotros mismos.

No habrá una enseñanza pública de calidad mientras los profesores sigamos jugando a ese juego que otros inventaron, sin que nadie pactase las reglas con nosotros: el juego de convertirnos en animadores y guarderos de adolescentes, el de confundir la profesionalidad con el voluntarismo. No habrá una enseñanza pública de calidad mientras los profesores no volvamos a recobrar la imagen exacta de lo que somos: expertos en Filosofía, en Matemáticas, en Historia, en Inglés, en Literatura, en Biología… No habrá una enseñanza pública de calidad mientras los profesores no recordemos aquello que antes estaba claro para todo el mundo: “para enseñar, hay que saber de aquello que se enseña”, y no nos extirpemos el complejo pseudoprogresista que los pedagogos ignorantes nos inocularon como veneno… Y, por supuesto, no habrá una enseñanza pública de calidad mientras los docentes (es decir, los verdaderos artífices de la enseñanza) no dejemos de comportarnos como peleles. Mar Moreno se tiene que estar partiendo de risa: “Miradlos, les recortamos el sueldo y se llevan a los niños a Isla Mágica, discuten entre ellos y se acusan unos a otros de reaccionarios o de votantes de este o del otro, y organizan insufribles actos de graduación para que los alumnos y sus familias se vean a sí mismos como los personajes de una película norteamericana”.

Ante el sueldo recortado, con el prestigio absolutamente perdido, con la conciencia sobre nuestro oficio completamente confundida por décadas de pedagogía y voluntarismo mal entendidos… ante todo eso, muchos compañeros cierran el pico. Pero no dejan de dedicar sorprendentes energías en ponerse camisetas verdes, decir que están defendiendo la enseñanza pública... Y no es que me parezca bien o mal que hagan eso, no es que lo vea útil o inútil, necesario o innecesario. Lo que me parece mal es que eso es todo lo que hacen pero no dicen ni una palabra en lo que se refiere a defendernos a nosotros mismos. Cuelgan tijeritas en las fachadas de los centros, adoptan poses que quizás les hagan sentir jóvenes, por cuanto se parecen a sus juveniles tiempos de rebeldes universitarios, pero siguen alimentando el voluntarismo y el complejo, disfrazándolo de progresía, y acusándonos a los demás de reaccionarios.
Pero no solo ellos, todos acabamos impulsando la misma rueda. Atendemos a padres que se presentan en el instituto a la hora que les viene en gana sin pedir cita previa, trabajamos gratis cuando nos dicen que hay que aplicar o corregir pruebas de diagnóstico, seguimos haciendo de administrativos, de conserjes, de guardias jurados, de bibliotecarios, de aficionados a la psicología, seguimos organizando ligas de fútbol para los alumnos en nuestro tiempo libre, seguimos…

¿De verdad hay alguien que crea posible defender la enseñanza pública cuando los profesores –repito, los artífices verdaderos de la misma- nos dejamos avasallar de esta forma? ¿De verdad alguien cree posible una enseñanza pública de calidad en la que los profesores acatamos el papel de peleles e incluso nos hacemos cómplices del mismo? Peleles, sí, peleles de la Administración, las familias, los adolescentes indisciplinados, etc. ¿Qué clase de calidad puede haber en un sistema cuyos profesionales lo mismo valemos para un roto que para un descosido, pero no podemos hacer nuestro verdadero trabajo, y hemos perdido por completo la visión de lo que somos? Transmisores de conocimientos, por si alguien lo olvidó.

Mad Max, en este foro, dijo muchas veces cosas muy ciertas: somos profesionales, y un profesional cobra por su trabajo, y cobra lo mejor que puede. Y, por supuesto, se niega a echar energías en tareas que le distraen de los verdaderos objetivos de su oficio. Si alguien cuestiona el precio de su labor, entonces ese profesional, cuanto menos, se indigna. Y también se indigna si alguien le confunde las funciones. Por eso los médicos no hacen de celadores. Por eso los abogados no hacen de telefonistas. Y eso es extensivo a cualquier terreno: yo he llegado a pelearme con el chico que tenía que instalarme un lavavajillas porque para ello debía tocar un desagüe y decía que eso era labor de un fontanero, y él no era fontanero. Así se vive en nuestra sociedad: todo el mundo se defiende, incluso más allá de lo razonable. Pero nosotros no. Nosotros no nos defendemos, nosotros nos hacemos cómplices de cosas que nos perjudican: somos cualquier cosa, incluso seríamos celadores y fontaneros si nos lo dijesen, y encima decimos (o escuchamos decir a algunos compañeros, sin atrevernos a rechistarles) que lo malo no es que nos recorten el sueldo, que lo malo no es lo que nos pasa a nosotros, sino lo que le pasa al sistema, sin comprender que el sistema no va a arreglarse, si no empieza por respetarnos. Somos unos acomplejados, y no nos atrevemos a expresar nuestra indignación cuando vemos que el recorte de nuestro sueldo es el que paga las medidas populistas de los portátiles de los niños, las pizarras digitales, y los libros de texto a todos, incluso a los hijos de los notarios. Y para sacudir nuestros complejos, nos llenamos la boca en lúdicos actos de protesta que algunos dicen que sirven para algo y otros que no. Yo creo que, mientras no vayan encaminados a defendernos a nosotros mismos, para lo que sirven es para hacerle el juego a los políticos pseudoprogresistas que han traído la enseñanza pública a este desastre. Sí, Mar Moreno y los suyos se tienen que estar tronchando de risa…

Desengañémonos: vivimos en una sociedad donde todo tiene un precio, y todo se valora en función de ese precio. Nosotros hemos acatado que tenemos que hacer las cosas por altruismo, y no por profesionalidad. Hemos acatado que tenemos que entretener a los niños, y ejercer de madres o padres de ellos mientras están en el instituto (y a veces incluso fuera de él). Hemos acatado que tenemos que dejarnos insultar o permitir que se desprecie lo que enseñamos, que, en el aula, es como despreciarnos a nosotros. Nos dijeron que teníamos que tener vocación. ¿Y qué es tener vocación? Para este trabajo hay que valer, claro, como para todos. Pero ¿quién va a pensar en cuánto hay que valer -mucho- para dar clase, si carecemos del requisito básico de la profesionalidad? Si no hay profesionalidad, la reacción en cadena hacia el derrumbe es inevitable. Obsérvese:

No es posible la profesionalidad si tenemos perdida la visión de lo que es nuestro oficio. Si no hay profesionalidad, no podremos defender nuestros derechos. Si no defendemos nuestros derechos, nos convertiremos en peleles. Y si los profesores somos peleles, la enseñanza pública no tendrá salvación. Quizás ya no la tenga. Quizás ya sea demasiado tarde para todo, incluso para escribir estas líneas, que solo me sirven de desahogo. Sí, escribo desde el corazón, o quizás más desde el desaliento. Más aún que la manipulación de los políticos, más aún que su cara dura, me desalienta la actitud de los que llenan el instituto de tijeritas verdes y luego se llevan a los niños a Isla Mágica. En momentos como los que ahora mismo estamos viviendo, ninguna actitud me parece más insolidaria que esa. Ninguna actitud me parece más peligrosa que esa, ni más reaccionaria, ni más ciega. 

Publicado en el blog de la Plataforma docente de Andalucía. http://profesorescontraelrecorte.blogspot.com

sábado, 9 de julio de 2011

"Con este número de docentes es imposible comenzar el curso"

Directores de instituto celebran una reunión de urgencia en el centro Beatriz Galindo para hablar de los recortes del profesorado.- LUIS SEVILLANO

Los directores de instituto piden a Educación que revise los recortes a las plantillas - Figar dice que se hará un ajuste en la contratación de interinos

INÉS SANTAEULALIA - Madrid - 09/07/2011 - El País




A los profesores madrileños les espera una dura vuelta de vacaciones. Los equipos directivos de los institutos públicos de Secundaria de la región, que se mantienen en sus puestos hasta mediados de julio, tratan de cuadrar sus plantillas a contra reloj. Están obligados a prescindir de unas 2.200 personas con respecto al curso pasado y entregar el listado de docentes antes del próximo martes. La Consejería de Educación ha recortado, sin previo aviso, el profesorado de los centros en un 12% de media. En septiembre no todos los profesores podrán volver a su plaza.


Hay centros que no cubren todas las asignaturas con su cupo de docentes

La asociación de directores de Madrid convocó el jueves una reunión de urgencia. A lo largo de toda la mañana los teléfonos de las secretarías de los centros no dejaron de sonar. La consejería hizo llegar un fax a los 320 institutos: "El cupo de profesores para el próximo curso es de...". Y los directores no daban crédito. Hay grandes centros que tienen que prescindir hasta de 40 docentes. Ayer unos 200 directores se reunieron en el instituto Beatriz Galindo, en el centro de Madrid. El encuentro fue una mezcla de indignación e impotencia.



Todos están de acuerdo en que se trata de un "zarpazo político contra la enseñanza pública" y que tendrá consecuencias en la calidad educativa, pero las medidas de presión contra el Gobierno regional se quedarán en el envío de un comunicado para pedir la revisión de los cupos de docentes y la elaboración de un documento anexo a las plantillas en las que los directores expondrán cuántos profesores les hacen falta para dar las clases "mínimas". "Con el número asignado es técnicamente imposible cubrir las clases, confeccionar los horarios y, por tanto, comemenzar el curso", dicen los directores en su comunciado. Por supuesto ya ninguno sueña con impartir refuerzos. Las horas de laboratorio también serán historia.



La consejería ha impuesto en sus instrucciones con vistas al próximo curso un aumento lectivo medio de tres horas por docente para alcanzar las 20 horas semanales. Y por primera vez la tutoría no computará como hora de clase. Según Educación, la cifra que resulta de aumentar las horas lectivas permite reducir el profesorado. Pero muchos directores no ven la fórmula. Hay algunos centros en los que ni poniendo docentes a 25 horas semanales se cubren todas las asignaturas con el cupo de profesores que les dan.



La consejera de Educación, Lucía Figar, aseguró ayer a Europa Press que no habrá ni un despido, pero que el próximo mes de septiembre se hará un "ajuste" en la contratación de interinos. "Vamos a estar lejos de tener que contratar a 6.000 como el año pasado", apuntó Figar, para quien las cifras de recortes de personal que manejan directores y sindicatos "ni se acerca" a la realidad.



Los interinos volverán a ser los más afectados, aunque será inevitable que haya desplazamientos de funcionarios de unos centros a otros. Héctor Adsuar, de 32 años, interino y responsable de este sector en CC OO, ya cayó en la criba del año pasado. Tras tres años y medio dando clase pasó a hacer sustituciones. Los interinos, algunos tras 10 años cubriendo una plaza vacante, serán las primeras víctimas. Héctor resume la situación con firmeza: "Es un expediente de regulación de empleo de 2.200 trabajadores en la enseñanza pública".

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