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lunes, 15 de abril de 2013

Espacio, de Juan Ramón Jiménez en La mitad invisible de RTVE

La Mitad Invisible descubre el poema "Espacio" en la voz original de Juan Ramón Jiménez. Cumbre de la lírica contemporánea e injustamente tratado por el tiempo y la circunstancia. Juan Carlos Ortega verá cómo la obra del que fuera el primer Premio Nobel de Literatura que la Academia sueca concedía a España, está custodiada en Puerto Rico . El poema "Espacio" no fue publicado en España hasta 1982, muchos años después de la muerte de Juan Ramón Jiménez.En La mitad invisible hemos tenido la fortuna de adentrarnos en él de las manos de sus más y mejores cercanos que nos han guiado en la búsqueda de su invisible casi completo, no solo mitad en este caso.Juan Carlos no para de preguntarse cómo ha sido posible que la plenitud de Espacio no haya traspasado todas las barreras y por qué solo reciente empiece a considerarse... Mientras toca el pino de la Fuentepiña de Juan Ramón, pasea las marismas de su Moguer natal o juega frente a su primer mar, tantas veces evocado en el poema...El mar, el árbol, el cangrejo, el pájaro y su canto, hombre y mujer, el niño. Todo de la misma sustancia, suma y dios. Y desde allí, en la nostalgia de un exilio americano final y tan fructífero...


Juan Ramón Jiménez en Lenliblog

La vida hipocondriaca de Juan Ramón Jiménez: su vida, su obra, su tiempo por Andrés Trapiello (podcast)



Juan Ramón Jiménez: su vida, su obra, su tiempo

5 y 7 marzo 2013
Imagen del acto
Fundación 
Juan March

Castelló, 77. Madrid


Sobre Juan Ramón Jiménez imparte  dos conferencias el escritor Andrés Trapiello. Sobre su vida, escindida en dos mitades marcadas por el antes y el después de la guerra civil, y sobre su obra poética, en verso, o en prosa, lírica, narrativa o crítica, pero siempre  marcada por la feroz hipocondría que marcó toda la vida del autor de Platero y yo.

Juan Ramón Jiménez en Lenliblog






sábado, 1 de septiembre de 2012

Testamento definitivo de un poeta inacabado


Las ediciones enriquecidas de Espacio y Tiempo, de Juan Ramón Jiménez, arrojan nueva luz sobre su obra de exilio

 Madrid / El País


  • Retrato de perfil de Juan Ramón Jiménez
    Cada Cada día de los que pasó en el exilio, Juan Ramón Jiménez pudo al menos tocar piedrecitas de Moguer. A todas horas, donde quiera que fuera, le acompañaban en un bolsillo. Otro de tantos aleteos de su nostalgia, que le paralizó durante los dos primeros años de forzoso destierro. El poeta dejó de hacer poesía. Solo cuando el paisaje cambió y le hizo sentirse en casa volvió al verso. Ocurrió en La Florida (Estados Unidos), donde se instaló junto a Zenobia Camprubí en “una casita andaluza” y donde todo le recordaba a su tierra. “En La Florida empecé a escribir otra vez en verso. Una madrugada me encontré escribiendo unos romances y unas canciones que era un retorno a mi primera juventud, una inocencia última, un final lójico (sic) de mi última escritura sucesiva en España”, escribió en una carta en 1943.
    Esos versos que pertenecen a la obra del exilio apuntaban en muchas direcciones. Una de ellas fueron los Romances de Coral Gables. Otra, un poema que arranca con un desafío —“Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo”— que comenzó en verso libre mayor titulado Espacio. Muchos especialistas lo consideran el testamento poético del Nobel andaluz. No así Joaquín Llansó, que reserva esa simbólica corona para Dios deseado y deseante. “A través de los manuscritos se puede demostrar que Espacio está escrito antes de 1945. A partir de los cincuenta comenzó a prosificar su obra entera. Cambió y corrigió cosas, pero todo estaba escrito antes de ese año”, sostiene.
    La editorial Linteo acaba de publicar una edición especial de Espacio yTiempo, donde Joaquín Llansó y Rocío Bejarano desmenuzan el contexto en el que surgieron ambas obras, la historia de su escritura y la controversia suscitada por las dos copias de Espacio. “Había divergencias sobre la fijación del texto, nosotros hemos establecido cuál es el texto definitivo”, comenta Llansó, que también destaca el carácter abierto de la edición. “Mostramos todos sus manuscritos para que los especialistas puedan tener sus propias conclusiones”. El volumen, de cuidadísima edición, incluye acuarelas y reproducciones facsimilares, que permiten seguir las correcciones manuales del autor de Diario de un poeta recién casado.


    Juan Ramón Jiménez y su esposa Zenobia Camprubí, en el exilio en Puerto Rico / EFE
    Juan Ramón nunca daba por acabados sus textos: “No pretendo, ni quiero, ni debo ni puedo acabar nunca mi obra. Mi verdadera obra es ‘obra en marcha’, ‘imajinación en movimiento’, ‘sucesión poética’. Poetizar es abrir siempre y no cerrar nunca”. En 1943, en una carta escrita en Washington a Luis Cernuda, le anunciaba que había escrito 115 páginas de un poema nuevo que no tenía asunto. “Creo que en la escritura poética, como en la pintura o en la música, el asunto es la retórica, ‘lo que queda’, la poesía. Mi ilusión ha sido ser más cada vez el poeta de ‘lo que queda’, hasta llegar un día a no escribir”, reflexionaba en la carta. Todavía pasarían unos años hasta que aquel poema sin asunto se culminó y se publicó en la revista Poesía española en 1954. Era la versión íntegra, no la definitiva, de Espacio.
    Con Tiempo, escrita en prosa poética desde el principio y solo publicada en dos ocasiones, ocurrió algo distinto. “Por razones que desconocemos, abandonó su escritura apenas iniciada y ya no volvió nunca más a trabajar sobre ella”, escriben Llansó y Bejarano. “Su inacabamiento es absoluto, como si en algún momento Juan Ramón se hubiera olvidado de él y lo hubiera abandonado definitivamente”.
    Con las creaciones del exilio, adonde llegó tras volcarse en la atención de niños huérfanos en el Madrid en guerra, Juan Ramón Jiménez alcanzó la cima, en opinión de los estudiosos. Espacio fue una de las obras que contribuyó a su afianzamiento. “Poesía humanísima, que se traiciona en su ternura, que nos transparenta el espectro de un alma española que sufre, recuerda, espera y canta”, escribe Gerardo Diego, cuyos elogios entusiasmaron tanto al autor que le dedicó el poema. “Juan Ramón es un poeta muy especial, su poesía es esencial, algo que vemos solo en pocos poetas como Rilke o Baudelaire”, afirma Llansó.


    Manuscrito de la obra 'Espacio' del poeta andaluz
    Manuel Ramos, editor de Linteo, que ha publicado numerosas obras juanramonianas, le considera un genio: “Era un creador compulsivo, que tenía siempre varios proyectos en marcha e iba por delante del editor”. Tras su muerte en San Juan de Puerto Rico en 1958, dejó miles de textos inéditos. Unos años antes había dejado de escribir, asediado de nuevo por sus fantasmas y sin la tutela de su esposa, Zenobia, fallecida a los tres días de que se le comunicase el Nobel de Literatura en 1956. Pero ya no necesitaba más. Había dejado montañas de textos, muchos inéditos, que le habían izado hasta el olimpo de la literatura: “Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo”.

    lunes, 2 de julio de 2012

    La generación a la que Juan Ramón Jiménez denostó


    • La publicación de su correspondencia revela su rechazo a la generación del 98
    • "Baroja me parece que está bien ya para estudiantes", dice en una carta
    • Azorín, D'Ors, Gómez de la Serna o Pérez de Ayala recibien ácidas críticas
    El Premio Nobel Juan Ramón Jiménez rechazó, en su correspondencia particular, de la que la Residencia de Estudiantes ha publicado un segundo tomo, "Correspondencia II", pertenecer a la Generación del 98, a la que denostó en numerosas misivas, en las que también criticó a los escritores de su época.
    Juan Ramón, en Madrid.
    Juan Ramón, en Madrid.
    "Dejemos eso para los viejos del todo, para los académicos ya sentados en su poltrona eterna, para los laureados en seco, para esos tontos caídos, en suma, de esas jeneraciones del 98 y siguiente, a ninguna de las cuales (...) tengo el mal gusto de pertenecer" escribió, a sus 45 años, a Ernesto Giménez Caballero.
    También sobre el 98, en 1921, al pintor Juan Echevarría, le escribe:"Yo no tengo nada que ver, además, con ese montón estético-social-náufrago que llaman jeneración del 98", y cinco años más tarde, a Ricardo Baeza: "A mí me da dolor de estómago sólo de pensar que mi poesía tenga nada que ver con el consabido 'desastre'".
    En otra carta a un amigo en 1920 dice: "Baroja me parece que está bien ya para estudiantes; Pérez de Ayala, para viejos secos; y Gómez de la Serna no acaba de poder por mucho que quiera", mientras que en 1923 le dice al escritor mexicano Alfonso Reyes: "Canero y Moreno Villa, que han venido descendiendo día tras día, hasta llegar a significar uno lo plebeyo (...) y el otro, la suprema sordidez".

    Azorín, el 'amigo de otros días

    La peor parte se la llevan Eugenio d'Ors y Azorín, a quien Juan Ramón Jiménez escribe directamente encabezando sus cartas como "Amigo de otros días" y las firma como "su ex amigo", y a quien le dice sobre sus obras recientes: "Lo que hoy hace usted, teatro, cuento, es una desagradable sopa vieja en donde las hierbas secas de Maeterlinck se enredan con la pasta rancia del majadero de Pirandello".
    "Da verdadera pena ver cómo desteje usted su obra y su nombre. Porque con sus necedades de estos últimos tiempos no consigue sino echar antipatía, desdén y asco sobre lo mejor de su vida antigua", le dice a Azorín en el encabezamiento de esa misma misiva.
    En Carta dirigida a Eugenio d'Ors, el poeta onubense se queja de ser objeto de crítica en sus artículos de prensa y después de llamarle "gandul, perezoso farsante" le escribe: "parece usted uno de esos tristes cómicos viejos que van de tablado en tablado adulando desvergonzadamente a quien les paga".
    "Yo soy un poeta de deleite -y usted un periodista de mercado- (...) Ahora ya puede usted atacarme directa y claramente -superficial, lijero, desecho 'articulista' catalán-", concluye el poeta su carta a Ors. "Qué vergüenza repetida los artículos tontos de Azorín y los tomos vacíos de Ors:facilidad, repetición, amaño", escribe en otra carta de esos mismos años a un amigo.

    Árida respuesta a Buñuel y Dalí

    A una carta impertinente de Dalí y Luis Buñuel en que califican de "merde" su 'Platero y yo', el poeta de Moguer también recurre al insulto en su contestación llamándoles "manfloritas".
    En los años veinte, era mucho más indulgente con los escritores jóvenes que con los mayores, y a Waldo Frank le escribe en 1924: "Me pregunta usted por la juventud actual española. Le voy a decir: nunca tan hermosas plantas. Vale más que la francesa, es menos 'virtuosa', pero mucho más pura; más idealista, más severa. Los ya maestros: Salinas, Guillén, Espina".
    Un afecto que se multiplica al pasar de los jóvenes a los niños, a juzgar por lo que escribe a una amiga en 1927: "Tengo mis mejores amigos entre los niños, y con ellos paso ratos felices e inolvidables, que me compensa de Ñotros! y se llevan en el agua pura y fresca de la sinceridad las sombras de los engaños de cada día".

    Andalucía por bandera

    De su amor por Andalucía, el poeta deja constancia en una carta a Isabel García Lorca, en 1924: "Mi porvenir, como mi pasado, está en Andalucía y sólo Andalucía. Los andaluces tenemos que quererla tanto que por nosotros se derrame en todo el mundo, no universalizándose ella -para tu hermano Federico el conmovedor- sino andalucizando nosotros el mundo entero".
    Este segundo volumen del 'Epistolario' recoge cientos de cartas escritas entre 1916 y 1936 y ha sido editado por Alfonso Alegre Heitzmann, especialista en la obra del Nobel onubense, quien ha escrito para la ocasión una introducción que supera el centenar de páginas.

    sábado, 21 de abril de 2012

    Amor y odio en la Generación del 27


    Las cartas de Juan Ramón Jiménez revelan la complicada relación con sus discípulos

    JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS Madrid 20 ABR 2012 - El País

    Homenaje a Ortega y Gasset en Madrid,1920.Juan Ramón es el primero a la derecha en la fila de abajo; junto a él, Ortega y, al lado de este, Azorín. / RESIDENCIA DE ESTUDIANTES

    “En su revista: se anuncia por dinero cualquier libro; se publica un elojio de usted, en letra grande y sitio de honor cada vez que usted hace esto o lo otro o lo de más allá; no se hace crítica de los libros dignos que se publican, sino de los que usted quiere que se hagan. De modo que la Revista de Occidente no es otra cosa que un desahogo y un negocio de usted, no, como usted me dijo, un intento definitivo de revista seria, pura, noble en lo científico y en lo literario. No me es posible por lo tanto seguirle ayudando como le prometí”. En julio de 1924, con su particular ortografía, Juan Ramón Jiménez escribió esta carta a José Ortega Gasset, pero no la envió. Casi un siglo inédita, no se conserva el original en la letra de ejipcio del poeta, eso sí, existen dos borradores en la Universidad de Puerto Rico, la isla del tesoro para juanramonianos como Alfonso Alegre Heitzmann, que la incluye en el segundo volumen de la correspondencia del andaluz universal. La Residencia de Estudiantes, editora del proyecto, lo presentará la semana que viene.


    Seis años después del primer tomo (420 cartas) y a falta de un tercero dedicado al exilio, este segundo es una mina para la historia de la literatura: 520 misivas (236 inéditas) dirigidas entre 1916 y 1936 a corresponsales llamados Unamuno, Valle-Inclán, Azorín, Lorca, Salinas o Guillén. Sin olvidar a Paul Valéry o Nikos Kazantzakis.

    Sin Juan Ramón Jiménez (1881-1958), que consideraba las cartas parte fundamental de su obra, no se entiende la cultura española del siglo XX. No solo por el valor de su producción poética —consagrada dos años antes de su muerte con el Premio Nobel— o por su popularidad —Platero y yo es el libro es prosa más vendido de la literatura española después de el Quijote—, también por su papel como catalizador del talento ajeno. Si las publicaciones de la Residencia de Estudiantes, bajo su dirección, publicaron el primer ensayo de Ortega (Meditaciones del Quijote, 1914) y las Poesías Completas de Antonio Machado (1917), Juan Ramón se convirtió enseguida en el maestro de los más jóvenes, ese grupo de escritores al que la posteridad conoce como generación del 27. Casi cien cartas a distintos corresponsales permiten seguir de cerca la evolución del grupo. “Jamás poeta español iba a ser más querido y escuchado por toda una rutilante generación de poetas”, escribió en sus memorias Rafael Alberti.


    Además, el arco temporal de las cartas publicadas ahora no puede ser más simbólico: se extiende desde marzo de 1916, el año de la boda del escritor con Zenobia Camprubí y de la publicación del decisivo Diario de un poeta recién casado, hasta agosto de 1936, el momento del exilio definitivo de la pareja. Libros clave como Eternidades, Piedra y cielo o Segunda antolojía poética vieron la luz en ese tiempo. Fue también el periodo en que el poeta se volcó en los escritores emergentes a través de revistas como Índice o Sí, financiadas, dirigidas y diseñadas por él. Era así fiel a su idea de “alentar a los jóvenes; exijir, castigar a los maduros; tolerar a los viejos”.

    Retrato de boda de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. 
    “Me parece que tiene este cerrado granadí un gran temperamento lírico”, dice por carta Juan Ramón hablando de Lorca en 1920. “¡Qué gusto ver llegar buenos nuevos! ¡Espina García, Salazar, Guillén, García Lorca…”. El maestro acogió a Federico en Madrid con todas las atenciones, visitó a su familia en Granada, creó la colección que publicó el primer poemario de Pedro Salinas —Presagios, “libro de maestro interior”—, manifestó su devoción por Guillén — “májico escritor”— y colaboró incluso en la revista ultraísta Reflector pese a sus reservas hacia la supuesta novedad de las vanguardias. “En Rimbaud”, escribe a Gerardo Diego, “está también el cubismo”.

    La cercanía de Juan Ramón Jiménez con los jóvenes coincide con su paulatino alejamiento de los mayores, “ese montón estético-social-naufrago que llaman jeneración del 98”, escribe. Y también: “venimos y vamos a sitios distintos (además de la Academia, el Congreso, la Prensa y el Salón). A mí me da dolor de estómago sólo de pensar que mi poesía tenga nada que ver con el consabido desastre”.

    Curiosamente, 1927 será la fecha que marque el alejamiento de sus discípulos por la necesidad de matar al padre y el choque de vanidades. Lo que empieza con alguna que otra diferencia sobre el célebre homenaje a Góngora coordinado por Gerardo Diego —“Góngora pide director más apretado y severo, sin claudicaciones ni gratuitas ideas fijas provincianas”— termina siete años más tarde con un furibundo ataque del autor joven más cercano a Juan Ramón: José Bergamín. Su antiguo colaborador aprovecha un artículo sobre Pedro Salinas para tachar la obra de su mentor de “amoralismo esteticista”, “falsa e inhumana”, “agonizante y espectacular”. Finalmente, este retira sus poemas de la antología con la que Diego amplió su famosa selección de 1932 —decisiva para consagrar al grupo— y escribe un seco telefonema a Jorge Guillén: “Quedan hoy retirados trabajo y amistad”. En una hoja conservada en sus archivos escribe: “J.R.J. asesinado en 1934 por sus discípulos: PS, JG, DA, JB y sus paniaguados”. Es decir, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso y José Bergamín.

    Juan Ramón Jiménez con
    Jorge Guillén y Pedro Salinas,
     en la terraza de su casa del número 8
    de la calle Lista de Madrid, en 1924.
    Pero no todo es disputa literaria en Juan Ramón Jiménez. En su correspondencia viven también el poeta agradecido que se cartea con corresponsables anónimos y el que hombre comprometido que en mayo de 1931 escribe al ministro Fernando de los Ríos celebrando “esta primaveral República alegre, sana, milagrosa” pese a que “sus ideas sociales son más extremas que las republicanosocialistas españolas”. Cuando estalla la Guerra Civil, el escritor y su esposa acogen en un piso de la calle Velázquez a 12 niños abandonados. De Zenobia, que considera a su marido “un corresponsal catastrófico”, es la carta que cierra el volumen. En ella habla del trabajo con los chicos —“han desplazado toda nuestra vida anterior y nos absorben por completo” (el hombre que toda su vida buscó el silencio vive en el más constante estruendo y estrépito). Los niños, añade, “le compensan a uno de todo”. Y concluye: “Todos nos hacemos a la nueva vida: un poco-mucho desaliñados, empezando porque no se puede estar vistiendo y bañando y alimentando niños con medias y trajes de seda. Yo me endoso una bata, un delantal y un par de zapatillas y lo demás me parece tan superfluo que sea lo que fuera vamos a cambiar radicalmente de vida”. Les esperaban, antes de morir sin ver España, veinte años de exilio.

    domingo, 12 de febrero de 2012

    Textos literarios del Tema 4 - Editorial Bruño 4º ESO


    RUBÉN DARÍO


    "BLASÓN"


    El olímpico cisne de nieve
    con el ágata rosa del pico
    lustra el ala eucarística y breve
    que abre al sol como un casto abanico.

    De la forma de un brazo de lira
    y del asa de un ánfora griega
    es su cándido cuello, que inspira
    como prora ideal que navega.

    Es el cisne, de estirpe sagrada,
    cuyo beso, por campos de seda,
    ascendió hasta la cima rosada
    de las dulces colinas de Leda. […]

    Su blancura es hermana del lino,
    del botón de los blancos rosales
    y del albo toisón diamantino
    de los tiernos corderos pascuales. […]


    …………………………………………………………………

    "MARCHA TRIUNFAL"

    ¡Ya viene el cortejo!
    ¡Ya viene el cortejo!  Ya se oyen los claros clarines.
    ¡La espada se anuncia con vivo reflejo;
    ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines!
    Ya pasa debajo los arcos ornados -de blancas Minervas y Martes,
    los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas,
    la gloria solemne de los estandartes,
    llevados por manos robustas de heroicos atletas.
    Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros,
    los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,
    los cascos que hieren la tierra,
    y los timbaleros
    que el paso acompasan con ritmos marciales.
    Tal pasan los fieros guerreros
    debajo los arcos triunfalesl! […]

    ……………………………………………………

    "CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA"


    Juventud, divino tesoro, 
    ¡ya te vas para no volver! 
    Cuando quiero llorar, no lloro... 
    y a veces lloro sin querer...

    Plural ha sido la celeste 
    historia de mi corazón. 
    Era una dulce niña, en este 
    mundo de duelo y de aflicción.

    Miraba como el alba pura; 
    sonreía como una flor. 
    Era su cabellera obscura 
    hecha de noche y de dolor. […]

    Juventud, divino tesoro, 
    ¡ya te vas para no volver! 
    Cuando quiero llorar, no lloro... 
    y a veces lloro sin querer... […]

    Otra juzgó que era mi boca 
    el estuche de su pasión; 
    y que me roería, loca, 
    con sus dientes el corazón.

    Poniendo en un amor de exceso 
    la mira de su voluntad, 
    mientras eran abrazo y beso 
    síntesis de la eternidad;

    y de nuestra carne ligera 
    imaginar siempre un Edén, 
    sin pensar que la Primavera 
    y la carne acaban también...

    Juventud, divino tesoro, 
    ¡ya te vas para no volver! 
    Cuando quiero llorar, no lloro... 
    y a veces lloro sin querer.

    ¡Y las demás! En tantos climas, 
    en tantas tierras siempre son, 
    si no pretextos de mis rimas 
    fantasmas de mi corazón.

    En vano busqué a la princesa 
    que estaba triste de esperar. 
    La vida es dura. Amarga y pesa. 
    ¡Ya no hay princesa que cantar!

    Mas a pesar del tiempo terco, 
    mi sed de amor no tiene fin; 
    con el cabello gris, me acerco 
    a los rosales del jardín...

    Juventud, divino tesoro, 
    ¡ya te vas para no volver! 
    Cuando quiero llorar, no lloro... 
    y a veces lloro sin querer...

    ¡Mas es mía el Alba de oro!

    ………………………………………………………
    MANUEL MACHADO


    "CANTARES"

    Vino, sentimiento, guitarra y poesía
    hacen los cantares de la patria mía.
    Cantares...
    Quien dice cantares dice Andalucía.

    A la sombra fresca de la vieja parra,
    un mozo moreno rasguea la guitarra...
    Cantares...
    Algo que acaricia y algo que desgarra.

    La prima que canta y el bordón que llora...
    Y el tiempo callado se va hora tras hora.
    Cantares...
    Son dejos fatales de la raza mora.

    No importa la vida, que ya está perdida,
    y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
    Cantares...
    Cantando la pena, la pena se olvida.

    Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,
    ojos negros, negros, y negra la suerte...
    Cantares...
    En ellos el alma del alma se vierte.

    Cantares. Cantares de la patria mía,
    quien dice cantares dice Andalucía.
    Cantares...
    No tiene más notas la guitarra mía.

    …………………………………………….
    JUAN RAMÓN JIMÉNEZ


    ¡La otra tarde, se ha llevado
    el viento más hojas secas!
    ¡qué pena tendrán los árboles,
    esta noche sin estrellas!
    he entreabierto mi balcón:
    La luna camina muerta,
    sin luz de besos ni lágrimas,
    amarilla entre la niebla.
    y he acariciado los árboles,
    con miradas de terneza,
    que les van abriendo hojitas
    verdeluz de primavera.
    ¿Es que están soñando, así
    con sus pobres hojas secas?.
    yo les digo:”No lloreís;
    vendrán con las hojas nuevas”.

    ...............................................................................


    Mi alma ha dejado su cuerpo
    con las rosas, y callada
    se ha perdido en los jardines
    bajo la luna de lágrimas.

    Quiso mi alma el secreto
    de la arboleda fantástica;
    llega... el secreto se ha ido
    a otra arboleda lejana.

    Y ya, sola entre la noche,
    llena de desesperanza,
    se entrega a todo, y es luna
    y es árbol y sombra y agua.

    Y se muere con la luna
    ente luz divina y blanca,
    y con el árbol suspira
    con sus hojas sin fragancia,

    y se deslíe en la sombra,
    y solloza con el agua,
    y, alma de todo el jardín,
    sufre con todo mi alma.

    Si alguien encuentra mi cuerpo
    entre las rosas mañana
    dirá quizás que me he muerto
    a mi pobre enamorada.
    …………………………………………………………..

    "EL OTOÑADO"

    Estoy completo de naturaleza, 
    en plena tarde de áurea madurez, 
    alto viento en lo verde traspasado. 
    Rico fruto recóndito, contengo 
    lo grande elemental en mí (la tierra, 
    el fuego, el agua, el aire), el infinito.
    Chorreo luz: doro el lugar oscuro, 
    trasmito olor: la sombra huele a dios, 
    emano son: lo amplio es honda música, 
    filtro sabor: la mole bebe mi alma, 
    deleito el tacto de la soledad.
    Soy tesoro supremo, desasido, 
    con densa redondez de limpio iris, 
    del seno de la acción.  Y lo soy todo. 
    Lo todo que es el colmo de la nada, 
    el todo que se basta y que es servido 
    de lo que todavía es ambición.
    …………………………………………………………………..

    Vino primero pura,
    vestida de inocencia;
    y la amé como un niño.
    Luego se fue vistiendo
    de no sé qué ropajes;
    y la fuí odiando sin saberlo.
    Llegó a ser una reina
    fastuosa de tesoros...
    ¡Qué iracundia de hiel
    y sin sentido!
    Más se fue desnudando
    y yo le sonreía.
    Se quedó con la túnica
    de su inocencia antigua.
    Creí de nuevo en ella.
    Y se quitó la túnica y
    apareció desnuda toda.
    ¡Oh pasión de mi vida,
    poesía desnuda,
    mía para siempre!

    domingo, 30 de octubre de 2011

    Juan Ramón Jiménez, en movimiento


    En la mini película, que se presentará mañana en un congreso internacional en Huelva, se ve al Premio Nobel con la hija del director de la Residencia de Estudiantes

    AGENCIAS / W. MANRIQUE SABOGAL - Huelva
    ELPAIS.com - Cultura - 26-10-2011

    Las primeras imágenes en movimiento de Juan Ramón Jiménez salen a la luz. Se trata de una mini película a la que ha tenido que se ha presentado en el congreso internacional que se está desarrollando en Huelva sobre el Premio Nobel y su influencia en los poetas de la generación del 27.

    Son unas imágenes en blanco y negro halladas en el Archivo Histórico Nacional y pertenecientes al archivo Zenobia-Juan Ramón Jiménez en las que se ve al poeta muy sonriente y relajado, elegantemente vestido y sentado en un banco de la Residencia de Estudiantes, más concretamente en el banco Duque de Alba (porque fue Él quien lo patrocinó), junto a una niña. Una niña con la que conversa y a la que sonríe y acaricia con ternura. Se trata de Natalia Jiménez de Cossío, hija de Alberto Jiménez Fraud, director de la Residencia de Estudiantes.
    "Estas imágenes ineditas en movimiento son importantes en sí mismas porque crean un juego acorde con el título de sus libros Cuaderno, Obra en marcha y Sucesión. La imagen en la Residencia de Estudiantes, en el banco del Duque de Alba, corresponde a una etapa de madurez de su creación y de su relación con los jóvenes del 27", dijo José Antonio, experto en la obra de Juan Ramón Jiménez y encargado de hacer la edición crítica, la introducción y las notas del libro Arte menor (Linteo), con 43 inéditos, uno de los proyectos más anhelados del poeta y que no alcanzó a publicar en vida. "Su comportamiento con la niña Natalia Jiménez muestran su lado alegre y jovial. Con esto ha ocurrido lo contrario que con Lorca, mientras que del poeta granadino teníamos imágenes en movimiento pero no voz hasta que aparecieron, con JRJ sucedió al revés, había voz y faltaba su imagen en una película", añadió Expósito.
    "La propia Natalia tenía en su álbum familiar esta fotografía dedicada por Juan Ramón Jiménez, que data del año 29 o 30", explicó Carmen Hernández Pinzón, sobrina nieta del autor de Platero y yo y legataria de toda su obra.
    La fotografía, que también está reproducida en el libro Álbum, una biografía literaria y gráfica del poeta de Moguer, editada por la Residencia de Estudiantes, incluye una dedicatoria del poeta que dice así: "Natalita, por más que te persigo no quieres nada conmigo".
    Esta película se presentará oficialmente mañana en el Congreso Internacional Presencia de JRJ en los poetas del 27, coincidiendo con la entrega de la Fundación Zenobia-Juan Ramón del Perejil de Plata al Archivo Histórico Nacional, el reconocimiento más alto que concede dicha fundación. La entrega también coincide con el aniversario de la concesión del Premio Nobel a Juan Ramón Jiménez, el 25 de octubre de 1956.
    El congreso internacional se celebra en Santa María de la Rábida (Huelva) y por él están pasando grandes especialistas y escritores, como el premio cervantes Antonio Gamoneda o Andrés Trapiello, quien ha calificado al poeta como el "Einstein de la literatura española".

    sábado, 13 de agosto de 2011

    "Juan Ramón Jiménez fue una mina para Federico García Lorca, Alberti y Salinas"

    José Antonio Expósito Hernández, con Manuel Ramos, en el Liceo. // Iñaki Osorio

    "El libro Arte menor, que publica Ediciones Linteo, permaneció inédito durante cien años" 

    X.M. DEL CAÑO - OURENSE - El Faro de Vigo

    El investigador José Antonio Expósito Hernández y Ediciones Linteo, que dirige el profesor ourensano Manuel Ramos, rescataron cuatro libros inéditos de Juan Ramón Jiménez (JRJ): Ellos (2006), Libros de amor (2007), La frente pensativa (2009) y Arte menor, con los que se ensancha el mundo literario del Premio Nobel de Literatura (1956), que muchas generaciones simplificaron y conocieron solamente por una obra: Platero y yo.

    Tendría que sonrojarse más de uno, al conocer que hay un Premio Nobel en España con más de cuatro libros inéditos de gran calidad.
    –Eso solo ocurre en este país.

    –Usted vino a Ourense para presentar el último: Arte menor.
    –Es un acontecimiento de primera magnitud, que se haya publicado este libro, y además con la importancia que tiene esta línea de poesía neopopular. Mucho hablamos de Lorca, de Alberti y de otros grandísimos poetas, olvidando la fuente, que fue Juan Ramón Jiménez. Menos mal que hemos recuperado y rescatado este libro, que fue muy querido y muy soñado por Juan Ramón.

    –A pesar de que se trata de un inédito, muchos autores bebieron de estas fuentes.
    –Juan Ramón fue una mina para todos los poetas que vinieron detrás, como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Salinas y toda la generación del 27. Fue una referencia, no solamente estética, sino poética y de pensamiento. Hemos rastreado una gran cantidad de versos de Juan Ramón, que tienen eco en los poetas del 27. El famoso "Córdoba lejana y sola" que decía Lorca, está basado en "Huelva lejana y rosa" de JRJ. Alberti dice en unos versos: "Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar". JRJ había dicho antes: "Llevadme a la mar, si me duermo". Los ejemplos se suceden uno tras otro. Alberti decía: "La blusa azul ultramar, y la cinta milagrera". Y JRJ había dicho: "La blusa azul, y la cinta milagrera sobre el techo". Son muchos los ejemplos que encontramos de esa influencia manifiesta.

    –Conocían incluso los inéditos.
    –La casa de Juan Ramón era un lugar de peregrinación para los poetas del 27. Allí acudían, constantemente, para entregarle sus versos, para pedirle consejo. Alberti llegó con su Marinero en tierra a su casa, que se titulaba Mar y tierra, y Juan Ramón fue el que le cambió el título. Y habló con él, sobre los versos. Y ocurrió lo mismo con el joven Lorca y con Salinas. Salinas llegó allí con su primer libro, totalmente desordenado. Juan Ramón se lo ordenó, eliminó poemas, le corrigió cosas y se lo publicó en una editorial que dirigía. Les dio un espaldarazo a todos ellos. En la revista Índice, que dirigía JRJ, anticipa en 1921 lo que sería la nómina del 27. JRJ publicaba algunos de los versos que ahora aparecen en Arte menor en esa revista, en la que se inspiraron estos jóvenes. Lorca escribe: "Verde, que te quiero verde", después de leer los versos de JRJ: "Verde es la niña, tiene verdes ojos, pelo verde", que había publicado la revista de Murcia.

    –Fue el maestro de la generación del 27.
    –Juan Ramón fue un faro para los poetas de la generación del 27, para el que ellos miraban constantemente. Les indicaba el camino, incluso hasta como se debían hacer los libros. Los poetas del 27 acudían a Juan Ramón para buscar consejos, sobre el papel, las tintas y los tipos que debían utilizar.

    Arte menor no incluye la obra menos exigente de JRJ.
    Arte menor es arte, pero con mayúsculas. JRJ recurre al adjetivo menor, porque utiliza versos de seis, siete y ocho sílabas. Es una poesía más popular. El arte mayor corresponde a versos de más de ocho sílabas. Juan Ramón decía que "para ser un verdadero poeta, hay que cultivar este verso corto, de arte menor". Tenía una estima enorme por esta cancioncilla, por eso la dosificó a lo largo de toda su vida.

    –Apreciaba mucho la sencillez.
    –Sí, siempre tuvo eso presente. Consideraba que el poeta debe ir a la esencia de las cosas. Renunció, en algún momento, a esos precipicios que suponen un lenguaje más barroco, más recargado, con mucha mayor adjetivación. La poesía de Juan Ramón fue caminando, progresivamente, hacia la desnudez y hacia la sencillez.

    –¿Cuántos años permaneció inédito este libro?
    Arte menor permaneció inédito durante cien años. Lo empezó a escribir en 1909, en 1910 o 1911 ya estaba terminado. Lo intentó publicar dos veces, en París y en España, y luego acabó desistiendo, debido a su gran producción.

    –¿Rescatarán más inéditos?
    –Sí, Linteo prepara la publicación de otro inédito de Juan Ramón.

    –Tiene mucha producción.
    –Juan Ramón es el poeta más prolijo de toda la literatura española. No hay nadie que le pueda superar en poemas. Se preocupó mucho más de crear que de publicar. Y cuando los libros se le quedaban atrás, en un cajón, había siempre otro proyecto que le atraía mucho más. Esa fue la razón por la que hemos publicado cuatro libros inéditos con Linteo.

    –El primero fue Ellos.
    –Es un libro hermosísimo, que le dedicó a su madre. Quiso llevarla, a través de esos versos, hacia la eternidad. Ofrece una imagen de un Juan Ramón más humano.

    –Luego publicaron Libros de amor.
    Libros de amor supuso una conmoción en la poesía española y en el mundo cultural. Juan Ramón hace un repaso en ese libro de todos los amores que había mantenido, anteriores a su matrimonio. La imagen que había de Juan Ramón era la de un señor ensimismado, con su burro, una especie de franciscano… Y ahí aparece un joven, apasionado, entregado, carnal, con unos poemas de amor encendidos, un erotismo evidente, muy fogoso. Y detrás de esas historias amorosas había una complicación enorme, porque nos habla de mujeres casadas, de otras muy jóvenes y de idilios con alguna monja, por lo que llegó a escandalizar. La noticia tuvo enorme eco en Italia, Alemania y América.

    Voces comunicantes

    JOSÉ ANTONIO EXPÓSITO 13/08/2011 - El País
    Juan Ramón Jiménez sostuvo una y otra vez que Pedro Salinas tomaba de sus versos para construir los propios. El libro en preparación Ecos de una voz (II). JRJ y Salinas: La voz a mí debida indaga en esta relación literaria.
    Cuando Pedro Salinas publicó en 1933 con notable éxito La voz a ti debida, se dice que JRJ tras leerlo modificó sagazmente el título y exclamó socarrón: "La voz a ti debida, ¡no! ¡La voz a mí debida!". Esa leve pero significativa corrección revelaba años de indignación. A su juicio, buena parte de los hallazgos de esa y de otras obras más del grupo del 27 estaban sacados de las suyas. Eran su eco mejor: a veces desarrollo, otras complemento y quizá, en algún caso, superación. En aquella ocasión, su irritación debió de llegar hasta el círculo de amigos de Salinas, entre los cuales pronto comenzó a propagarse esta ácida coplilla alirada con reminiscencias luisianas, obra tal vez de Alberti o de Lorca o más probablemente de Miguel Hernández: "El aire se serena / y Jota Barba Jota se suicida, / Salinas, cuando suena / La voz a ti debida". Ahora bien, no era envidia o exceso de vanidad lo que provocó la desazón de Juan Ramón, sino el cansancio de ver cómo esos mismos poetas, que acudían con frecuencia a su domicilio en busca de ayuda y consejos, una y otra vez le copiaban versos e ideas y después negaban la evidencia. Hace unas semanas mostrábamos la huella de los versos de JRJ en otros muy conocidos y populares de Lorca (Babelia, 19 de febrero, de 2011).
    Cierto día tuvo JRJ que reprender a Bergamín: "No siga escribiendo por ahí lo que me oye, porque entonces ya no puedo publicarlo yo". La estela de JRJ en el caso de Salinas no fue solo temática o estilística, sino incluso tipográfica. Le editó su primer libro Presagios (1923), y el murciano Juan Palazón hizo lo propio con La voz a ti debida, siguiendo los atestiguados criterios estéticos del moguereño hasta en los mínimos detalles. Fueron, sin duda, los dos mejores libros de Salinas en todos los aspectos.
    Salinas, el gran poeta del amor del 27, casado ya con Margarita, enmascaró en sus versos mediante unos ambiguos "tú" y "yo" la relación mantenida con su secreta amada, la profesora estadounidense Katherine Whitmore. La conoció en el curso de verano que impartió en la Residencia de Estudiantes en Madrid durante el verano de 1932. Independientemente de quién fuera la destinataria oculta de esos poemas, lo que resulta manifiesto es cómo Salinas atipló su voz "escuchando" la de JRJ. He aquí algunos sonoros ejemplos.
    Parecía original Salinas al teorizar lo esencial de su amor encubierto en esos apasionados pronombres: "¡Qué alegría más alta: / vivir en los pronombres!". Pero es que JRJ ya en 1915 había pasado de manera espléndida de la teoría a la práctica: "Yo y tú somos ya tú y yo, / como el mar y como el cielo / cielo y mar, sin querer, son". Incluso anticipó este famoso comienzo tan saliniano: "Para vivir no quiero / islas, palacios, torres", en este otro que evidentemente no desmerece: "Para quererte, al destino / le he puesto mi corazón".
    JRJ, tan atento siempre a la lírica francesa, halló en los versos de A. de Musset un sutil divertimento que se apoyaba en una solitaria letra "i" y que importó con notable habilidad: "Tú, que entre la noche bruna, / en una torre amari- / lla, eras como un punto, ¡oh, luna! / sobre una i". Salinas trastocaba lo ya adaptado en una extraña asociación de la "I" con la muerte: "Y de pronto la muerte / alta, recta, clarísima, / seria como una I". El alado juego conceptual de JRJ, "estás, eterna, en su inmanencia, / igual, en lo sin fin de tu mudanza, / en lo sin fin de su mudanza" se torna más terrestre en Salinas: "Fatalmente, te mudas / sin dejar de ser tú, / en tu propia mudanza, / con la fidelidad / constante del cambiar".
    La intensidad de JRJ en el empleo de los símbolos, "el dormir es como un puente / que va del hoy al mañana. / Por debajo, como un sueño, / pasa el agua", tuvo su eco más narrativo después en Salinas: "Una lágrima en mayo, / es como un largo puente / uniendo dos orillas / que se miraran desde lejos, solas". Tres versos necesita JRJ para expresarse con rotundidad: "Ante mí estás, sí. / Mas me olvido de ti / pensando en ti". Salinas es más discursivo cuando los desarrolla en estos otros seis: "Dejarte. Te dejaré / como olvidada / y pensando en otras cosas / para no pensar en ti, / pero pensándote a ti / en ellas disimulada".
    Descubrir el alma no es tarea fácil. JRJ lo intentó y lo cantó con una sugerente carga simbólica: "Te deshojé, como una rosa, / para verte tu alma, / y no la vi". Los de Salinas, deudores de los del maestro, en cambio caminan más pegados a la tierra: "Que yo nunca pude / entrarme en tu alma. / Busqué los atajos / angostos, los pasos / Te busqué la puerta / estrecha del alma, / pero no tenía". Consideraba acertadamente JRJ las puertas más propias para los cuerpos, aunque fueran misteriosos, que no para las almas: "Dejad las puertas abiertas / esta noche, por si él / quiere, esta noche, venir, / que está muerto". Luego Salinas siguió ese mismo rastro lírico: "No, no dejéis cerradas / las puertas de la noche, / del viento, del relámpago, / la de lo nunca visto. / Que estén abiertas siempre / Porque puede venir".
    Un JRJ muy ilusionado insistía en la singularidad de Zenobia entre las demás mujeres: "Jamás el que te ame / te amará a ti, mujer, amará a otra; / tú eres tú solamente / para mí". Aunque el amor siempre es el mismo, lo hermoso es que los poetas lo renueven. Salinas recogió quince años después la misma idea e incluso casi calcó el mismo verso: "Sé que cuando te llame / entre todas las gentes / del mundo, / sólo tú serás tú". Advertía elevarse JRJ espiritualmente a su enamorada en la sencillez de una imagen solitaria: "Subes de ti misma, / como un surtidor / de una fuente". Salinas más tarde empleó idéntica expresión: "Subida sobre ti, como te quiero, / tocando ya tan sólo a tu pasado / con las puntas rosadas de tus pies, / en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo / de ti a ti misma". Juan Ramón situaba a su amada simbólicamente en un plano más alto e inmaculado: "Tú estás allá arriba, blanca. Tú estás allá arriba, casta". Versos que tuvieron posteriormente su correlato en forma y fondo con estos otros de Salinas: "Tú no puedes quererme; / estás alta, ¡qué arriba!". E insiste también en la castidad: "Te quiero pura, libre / irreductible: tú".
    JRJ buscará en un delicioso enredo conceptual la esencia ignorada por su amada en su interior: "La sencilla / verdad que está en tu fondo, sin saberlo / tú, / Serás tú, sin quererlo, / la tú que, estando en ti, no es tuya, / sino mía!". A su vez, Salinas trata de continuar esa misma señal poética: "Perdóname por ir así buscándote / tan torpemente, dentro de ti. / Es que quiero sacar / de ti tu mejor tú". Veía Juan Ramón en Zenobia lo que ella misma no podía descubrir: "Jamás te has visto, nunca / te verán, cual mis ojos / te vieron y te ven". Muy presente estuvo ese recuerdo de JRJ en Salinas: "Ese que no te viste y que yo veo".
    Expresaba JRJ su incertidumbre ante el incierto futuro del amor: "Si me quisieras por siempre". Dudaba después también Salinas: "¡Si me llamaras, sí, / si me llamaras!". Juan Ramón habla de "apretado llanto": "¡Si tú supieras -¡no! / que esta alegría abierta / es apretado llanto; / que no nos inclinamos, dulces, / a tu futuro, sino a tu pasado". Salinas repite la misma música, aunque con distinto ritmo en análoga estrofa: "¡Si tú supieras que ese / gran sollozo que estrechas / en tus brazos, que esa / lágrima que tú secas / besándola, / vienen de ti, son tú". No es extraño, pues, que ante este vaivén de "semejanzas", JRJ rematase un día: "Pedro Salinas no tiene ideas poéticas sino ideas secundarias. Su destino parece que es seguir o desviar ideas ajenas. No en balde es tan buen aficionado al deporte. Tiene un 'bonito juego', como se dice de los tenistas. Su arte es un excelente juego de pelota, derecho y revés".
    Ejercítese el lector indagando deportivamente quién escribió estos versos, ¿JRJ o Salinas?: "Los dos que fuimos uno, / en mí han quedado. Tú has seguido siendo / sola nada, sin mí y / sin ti, pues te quedaste en mí. / [...] la huéspeda importuna / de ti y de mí, que estamos en mí, eternos". Son sublimes, son de JRJ. Y ¿estos otros?: "Y pensamos en ti, los dos, yo solo" o "Posesión tú me dabas / de mí, al dárteme tú". Suenan parecidos, pero no tienen esa excelsitud. Son, eso sí, buenos ecos de Salinas. Juan Ramón había escrito en su Diario de un poeta recién casado al cruzar el Atlántico en 1916: "¡Mar fuerte, oh mar sin sueño, / contemplador eterno". Salinas curiosamente en 1946 ante ese mismo mar en Puerto Rico halló inspiración similar: "¡Oh Contemplado eterno!".
    La enorme admiración que ha despertado siempre la poesía amorosa de Salinas, debe llevarnos necesariamente a estimar también la de JRJ en Estío o en el Diario de un poeta recién casado como fuente indudable del mejor Salinas. Cuando JRJ enmendó el título del libro de aquel, La voz a mí debida, ¿se trataba de un ataque de vanidad o más bien era un desesperado grito de un poeta solo que clamaba justicia poética y al que muchos se han negado a prestar oídos durante ya demasiados años? Continuará.


    José Antonio Expósito ha publicado recientemente Arte menor (Linteo), libro inédito de JRJ. Este fragmento pertenece a Ecos de una voz: JRJ y los poetas del 27, obra de próxima aparición.

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